La reforma laboral pone a prueba el acuerdo de coalición entre Sánchez e Iglesias
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UP NO ACEPTA LA RECTIFICACIÓN DEL PSOE

La reforma laboral pone a prueba el acuerdo de coalición entre Sánchez e Iglesias

El debate está en interpretar la letra pequeña del acuerdo de gobierno. Para los socialistas, el texto no se compromete a derogar toda la reforma laboral, mientras que para los morados sí

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La reforma laboral pone a prueba el acuerdo de coalición entre Sánchez e Iglesias

"Lo firmado obliga" o "programa, programa, programa". La rectificación del PSOE matizando que la derogación de la reforma laboral será parcial y no íntegra, como se había comprometido en un acuerdo con los grupos parlamentarios de Unidas Podemos y Bildu, es para el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, poco más que libertad de expresión porque lo único que contaría sería lo firmado. "Lo firmado y escrito en un papel es lo que se ha acordado", ha zanjado esta mañana en una entrevista en Catalunya Ràdio. La relación entre Iglesias y Sánchez se fía, cada vez más, a la letra pequeña del contrato de coalición. Precisamente, en la citada entrevista, Iglesias también especificaba que el acuerdo de Unidas Podemos con el PSOE para la legislatura y la investidura y el Gobierno de coalición no se habla de derogación parcial, se habla de la derogación de la reforma laboral, y eso es un acuerdo de Gobierno de coalición.

El "programa, programa, programa", como homenaje póstumo al recientemente fallecido Julio Anguita. Este desencuentro y la respuesta de Iglesias a la rectificación del PSOE no se entendería sin que en las últimas semanas haya sobrevolado el fantasma de la geometría variable, con Sánchez apoyándose en Ciudadanos para sacar adelante las prórrogas del estado de alarma. El temor para los morados es que, más que un apoyo coyuntural, sea estructural, por el cambio de roles entre ERC y Cs, mirando a los Presupuestos. Ante esta posibilidad se resguardan en el pacto programático firmado entre el presidente del Gobierno y Pablo Iglesias para alumbrar la coalición. De hecho, la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, era más conciliadora sobre el paso atrás del PSOE, al referirse a este como una mera "matización terminológica" y negar que sea una rectificación, si no solo una aclaración.

El acuerdo de medio centenar de páginas es un programa netamente socialdemócrata que se hace incompatible con Ciudadanos y cuyo cumplimiento ata a Sánchez al bloque de la investidura. La estabilidad del Gobierno depende de que se cumpla este compromiso. Un aviso que los morados han dejado claro a propósito del alcance de la reforma laboral. Ahora más que nunca, debido a la crisis económica en ciernes, es la única hoja de ruta que maneja Unidas Podemos y así ha pactado con el PSOE defenderla en la comisión de reconstrucción.

Las tensiones en la coalición se incrementaron desde que comenzaron las discusiones sobre el estado de alarma y han acabado haciendo mella. De ello da cuenta que unos y otros acudan a letra del contrato para ver quien tiene razón. El debate está en interpretar la letra pequeña plasmada en el acuerdo de gobierno. Para los socialistas, este texto no se compromete a derogar íntegramente la reforma laboral, mientras que para los morados sí.

"Todo el mundo en el Gobierno tiene claro con quien se pueden hacer las mayorías que cumplen los acuerdos programáticos y dan un sentido de izquierdas al Gobierno", explicaban fuentes del sector de Unidas Podemos en el Ejecutivo horas antes de que se produjese esta última polémica. El portavoz parlamentario, Pablo Echenique, tampoco escondía sus preferencias desde la tribuna del Congreso este miércoles al dirigirse a sus homólogos de ERC y Bildu, pero indirectamente enseñando las llaves del Gobierno a Pedro Sánchez: "Tenemos completamente claro que cuando superemos la epidemia del coronavirus tendremos que seguir poniendo en marcha medidas sociales, y nosotros tenemos muy claro con quien hay que negociar esas medidas. Y me parece que Ciudadanos también lo tiene bastante claro". A modo de aviso mencionaba también a Anguita y su máxima de "programa, programa, programa".

El presidente del Gobierno, sin embargo, ha querido dejar el campo más abierto. En su réplica durante el debate de este miércoles al portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, lo parafraseaba asegurando que "efectivamente no estamos eligiendo socios", pero acto seguido le tendía mano de cara a los acuerdos que pretenden guiar la legislatura: "Esperamos las propuestas que puedan hacer en la comisión parlamentaria" de los pactos de reconstrucción. La antesala de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que si no surgen de la aritmética parlamentaria que facilitó la investidura de Sánchez serían un foco de tensiones en la coalición que pondría en riesgo su continuidad.

Geometría variable en la que también se sentirían más cómodos los ministros del ala ortodoxa del PSOE en el Ejecutivo, encabezados por la vicepresidenta económica Nadia Calviño, pactando las cuestiones económicas con Cs y PNV. Los nacionalistas vascos, asimismo, tendrían más puntos en común con Cs que con Unidas Podemos en estas cuestiones, principalmente en lo referente a la reforma fiscal que defenderán los morados. Su portavoz, Aitor Esteban, fue el único representante de los partidos del bloque de la moción que no reprochó a Sánchez su supuesta preferencia por Ciudadanos a la hora de negociar. Su posición de cara a los pactos de reconstrucción y posteriormente en los PGE será determinante para el devenir del bloque de la investidura, para el cual han actuado de pegamento, más que Sánchez o incluso ERC.

Si desde el PNV no ven incompatible que Sánchez se apoyara en sus votos y en los de Ciudadanos, para el resto de sus socios en la investidura es una línea roja. "¿De qué va esta legislatura?", se preguntaba el portavoz de los republicanos catalanes, Gabriel Rufián, asegurando que "con Ciudadanos va de una cosa y con nosotros de otra". Junto a ERC, Compromís también pasó al no en la votación de la prórroga del estado de alarma, lo que quizá sea un termómetro más preciso sobre las basculaciones del PSOE, a la hora de anticipar la respuesta. Aunque independientemente de ello, Unidas Podemos quiere tener la última palabra aferrándose el cumplimiento del acuerdo de coalición.

El perenne clima preelectoral en Cataluña y la particular batalla entre republicanos y posconvergentes arroja todavía más incertidumbre a la legislatura de un Gobierno de coalición y en minoría, por los vaivenes del ERC. Iglesias y los 'comuns' han mantenido contactos en los últimos días con la dirección de ERC para intentar rearmar el bloque de la investidura. La portavoz de los socialistas, Adriana Lastra, que mantiene línea directa con Rufián, también. Infructuosamente, reconocía la socialista, dejando el futuro de la legislatura al albur de la matemática, que no de la ideología: "Le dije que para el Gobierno no había nada más importante que sacar la prórroga del estado de alarma. Usted dijo que para ERC era imposible votar que sí. Lo demás, son matemáticas".

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