TENSIONES EN LA COALICIÓN

El sector del Gobierno liderado por Calviño sube la presión para restar peso a Iglesias

El consenso en la coalición se aleja sumando una potencial crisis política a la sanitaria, social y económica. Sánchez ha mantenido hasta ahora los equilibrios, pero se le pide que decante la balanza

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, interviene en una sesión de control al Gobierno, junto a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, interviene en una sesión de control al Gobierno, junto a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)

El acuerdo para acelerar la derogación de la reforma laboral, que ya se había iniciado y que formaba parte del acuerdo programático de la coalición, ha hecho escalar las tensiones entre el sector del Gobierno más ortodoxo, encabezado por la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, y el sector de Unidas Podemos, que lidera el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Tanto es así que fue Calviño quien exigió personalmente al presidente Pedro Sánchez frenar dicho acuerdo, que para los morados es una línea roja, para finalmente conseguir una rectificación o matización, según las interpretaciones. Se incrementa así la presión del sector más reacio a las políticas expansionistas para restar peso e influencia en las decisiones del Gobierno al líder de Unidas Podemos.

Las tensiones entre ambos sectores, que no responden a una alineación con los dos partidos del Gobierno sino que son más transversales, vienen produciéndose desde los debates previos para desarrollar el decreto del estado de alarma por la pandemia del coronavirus. Luego se intensificaron a cuenta de cómo dar forma al denominado 'escudo social'. Y en las últimas semanas, en el medio de esta disputa, se ha colado Ciudadanos, a cuenta de la geometría variable practicada por Sánchez para llegar por distintos caminos a las necesarias mayorías parlamentarios. Calviño y otros ministros priorizan que de cara al futuro se centren las negociaciones en buscar el apoyo de los naranjas, que siguen abiertos a acuerdos, negociando votación a votación, sobre todo mirando a los Presupuestos Generales del Estado. Que lo coyuntural se convierta en estructural.

Esto es, cimentar el bloque de las dos últimas prórrogas del estado de alarma, del que también forma parte el PNV. Iglesias, por su parte, prefiere seguir apoyándose en el bloque de la investidura. Que el apoyo de Ciudadanos sea meramente coyuntural y que, sobre todo, los naranjas no influyan en las decisiones económicas del Gobierno. El acuerdo con Bildu iba en esta última línea, de ahí las reacciones contrapuestas de Calviño y de Iglesias. "Cuando lo conoció, intervino. Las circunstancias de este país hoy son las que son", indicaban a este diario fuentes del entorno de la vicepresidenta tercera. Casi 24 horas después del acuerdo, aumentaba los decibelios con unas declaraciones en las que aseguraba que sería "absurdo y contraproducente abrir este debate". Desde el entorno de Iglesias, por su parte, se afanan en recalcar que "Calviño no ha frenado nada" porque lo que cuenta es el acuerdo firmado. Es decir, una derogación íntegra de la reforma laboral y no parcial.

Liberales ortodoxos frente a keynesianos, más o menos circunstanciales, según la caricatura que más se ha repetido durante los dos últimos meses. Sánchez, en el medio, ha ido decantando la balanza en unas ocasiones hacia un lado y en otras hacia el otro, manteniendo los equilibrios. Ahora, aumenta la presión para que tome partido por uno de los dos sectores, con la dificultad añadida de que hay ministros socialistas en ambos. Geometría variable, tanto en el Congreso como en el seno del Consejo de Ministros.

Las tensiones y declaraciones cruzadas también van 'in crescendo' a medida que se comienzan a visualizar los pilares para los pactos de reconstrucción, que pretenden servir como guía para el resto de la legislatura. Hay mucho en juego y en ello no caben las geometrías variables. Uno de los principales puntos calientes tiene que ver con la reforma fiscal. Existe un principio de acuerdo al que han llegado Sánchez e Iglesias, de cara a avanzar hacia una "fiscalidad progresiva" y como propuesta de consenso en la Cámara Baja, según fuentes conocedoras de las conversaciones. Su intención no solo pasa por implantar nuevos tributos, principalmente a las grandes fortunas, a las transacciones financieras y a los servicios digitales, tal y como adelantó este diario, sino también por subir de forma progresiva el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), tanto a las rentas altas como al rendimiento de capitales.

Ni Calviño ni la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, lo ven con buenos ojos. El apoyo en Ciudadanos diluiría la posibilidad de llevarse a sus últimas consecuencias el acuerdo programático firmado entre Sánchez e Iglesias para alumbrar la coalición. De decantarse la balanza de la geometría variable por el lado de Ciudadanos, en lugar de por el del bloque de la investidura, el margen de maniobra de Unidas Podemos en el Gobierno se reduciría.

El peso que perderían los morados sería también proporcional al espacio que ganaría el sector más liberal del Ejecutivo. No en vano, el temor de Iglesias siempre fue que la ansiada geometría variable por la que Sánchez decidió repetir las elecciones pasaba por pactar las cuestiones económicas con la derecha y las sociales con la izquierda. En resumen, la flexibilidad para acordar los PGE con Cs y PNV supondría que fuesen menos expansionistas de lo que desearía Unidas Podemos, acompañados también de una reforma fiscal menos ambiciosa.

Sánchez tendrá que elegir socios y cada sector toma posiciones escalando las tensiones. Lejos queda ahora la unidad que salieron a escenificar en una rueda de prensa conjunta en la Moncloa, tras el Consejo de Ministros del pasado 30 de marzo, Calviño, Montero e Iglesias. Lo hacían después de que trascendiesen las dos posiciones divergentes en el seno del Consejo de Ministros a cuenta del 'escudo social'.

El sector del Gobierno liderado por Calviño sube la presión para restar peso a Iglesias

El consenso se aleja sumando una potencial crisis política a la crisis sanitaria, social y económica. Una debilidad añadida a un Gobierno de coalición en minoría, pero ante la que Iglesias tampoco deja de dar la batalla empujando sus tesis porque interpretan que el Ejecutivo no puede permitirse una crisis de Gobierno en estos momentos, que solo podría desembocar en nuevas elecciones. La relación entre Iglesias y Sánchez se fía, cada vez más por parte de los morados, a la letra pequeña del contrato de coalición. "Programa, programa, programa", repiten como principal asidero para legitimar su posición en unos debates internos que comienzan a tomar forma de disputa abierta.

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