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El 'ranking' del empleo por provincias de la última década: ¿es Toledo la nueva Euskadi?
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La relocalización económica

El 'ranking' del empleo por provincias de la última década: ¿es Toledo la nueva Euskadi?

El empleo ha sufrido una reconfiguración sectorial y geográfica, desplazándose hacia el centro y sur. Cantabria y Guipúzcoa, las peor paradas, pierden tres posiciones; Toledo y Tenerife las ganan

Foto: La logística es uno de los sectores en auge en España. (EFE)
La logística es uno de los sectores en auge en España. (EFE)
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La economía española ha experimentado numerosos cambios en la última década, pandemia mediante, lo que ha provocado profundos cambios en la distribución territorial del empleo. Los sectores tradicionales han perdido relevancia rápidamente: comercio, industria y banca. Por el contrario, los servicios están en claro auge, tanto los vinculados al turismo como los de alto valor añadido (ingeniería, ciencia, informática...). También el sector público ha crecido intensamente en este periodo con la reversión de los recortes aplicados durante la crisis financiera.

Todos estos cambios tienen reflejo en el ranking del empleo por provincias. El motor del empleo se ha trasladado del Cantábrico al Mediterráneo, y no solo por el turismo. Y Madrid, por supuesto, que sigue acaparando el crecimiento del país. De hecho, la metrópoli ha crecido tanto que ya excede sus propias fronteras, extendiendo su economía a Toledo y Guadalajara. Se produce aquí uno de los cambios más relevantes de la economía española en esta década: el empleo industrial ha crecido en Toledo casi cuatro veces más que en todo Euskadi.

En términos porcentuales, Málaga es la provincia en la que más ha crecido desde 2013 hasta 2023 (medido en términos de afiliación a la Seguridad Social, empleando la media de los 11 primeros meses del año). El aumento del empleo ha sido del 41% en apenas 10 años, un ritmo alocado que ha enriquecido a la provincia, pero también ha generado grandes problemas a sus habitantes por el encarecimiento de los bienes y servicios. En especial, de la vivienda.

Por detrás de Málaga se colocan Baleares, Alicante, Tenerife y Valencia. Todas ellas tienen un nexo común: el turismo. El Mediterráneo ha experimentado un boom del empleo en estos años, ya que la llegada de viajeros no solo tira de la hostelería, también de todas las actividades auxiliares, desde el comercio hasta el ocio o el transporte. Muchos de estos destinos turísticos se encuentran ya saturados, por lo que su crecimiento futuro está en duda. Muchas localidades de Baleares, la Comunidad Valenciana o Cataluña se encuentran ya en niveles límite de ocupación, lo que está generando malestar entre sus vecinos.

Pero hay algo peor que recibir un exceso de viajeros: recibir muy pocos. Hay una España que vive de espaldas al turismo y, también, al crecimiento económico. Es el interior noroeste de la península. De hecho, Ourense es la única provincia que tiene ahora menos trabajadores en la hostelería que hace una década, con una caída de casi el 1%. Otras provincias del noroeste como Palencia, Zamora, León o Lugo también registran pobres datos de crecimiento de la ocupación en la hostelería.

Estas provincias no han perdido turistas porque nunca tuvieron muchos, por lo que no es la causa de su declive. Sin embargo, sí explica que se hayan quedado rezagadas respecto a las regiones de costa. Lugo, Zamora y Ourense son las tres únicas provincias de España cuyo crecimiento del empleo no llega al 10%. El diagnóstico de su economía es de sobra conocido: son provincias del interior que se encuentran lejos de las rutas comerciales hacia Europa y que se han vaciado y envejecido rápidamente en el último medio siglo.

El 'ranking'

En los primeros puestos del ranking de empleo no se han producido cambios en la última década. El orden es el siguiente: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Alicante y Málaga. Sin embargo, aunque no se han producido cambios en la clasificación, la distancia entre las provincias ha variado notablemente. Madrid se ha separado de Barcelona: la diferencia ha pasado de 486.000 afiliados a más de 767.000 (un 58% más).

Alicante está ya cerca de superar a Sevilla como la cuarta provincia con más empleo de España y Málaga le sigue de cerca. Hace una década Sevilla tenía 146.000 afiliados más que Málaga, distancia que se ha recortado en un tercio, hasta 102.000 en la actualidad.

El primer cambio de posiciones en el ranking lo protagoniza Baleares, que ha adelantado a Vizcaya. Baleares, como Málaga, ha experimentado un crecimiento acelerado basado casi exclusivamente en el turismo, lo que le ha permitido crear casi el triple de empleo que Vizcaya. De hecho, las tres provincias de Euskadi han perdido peso en el empleo nacional. Se trata de cambios históricos en la composición del empleo en España, ya que el País Vasco está teniendo grandes dificultades para conseguir un crecimiento similar al del resto del país.

Las pensiones sostienen su comercio, pero la industria atraviesa grandes dificultades. Hace una década Euskadi tenía casi el 9,5% del empleo industrial de España, en la actualidad es apenas el 8%. Esto significa que las dificultades de crecimiento de la comunidad autónoma no solo son consecuencia de la crisis de la industria, sino de su industria en particular. La industria pesada y la textil ha mantenido su proceso de deslocalización. Por ejemplo, la metalurgia ha perdido algo más del 3% de sus trabajadores y la textil, a más del 5%. También la industria del automóvil, con gran presencia en el norte de España, atraviesa un momento complicado, con un crecimiento acumulado en la última década de apenas el 7%.

Pero no toda la industria está en declive, eso sí, su localización está muy lejos del noroeste peninsular. Uno de cada cuatro empleos industriales creados en la última década es de la industria agroalimentaria, que ha experimentado un crecimiento del 28%. Esta industria se sitúa cerca de las zonas de producción, esto es, la parte que más produce del país, la huerta levantina, los valles del Ebro y el Guadalquivir y la meseta sur con los viñedos y olivos.

Así se explica, por ejemplo, que las provincias que más peso han ganado en el empleo industrial sean Valencia y Murcia. También destacan Alicante (completando la huerta del levante), Córdoba y Jaén. Por el contrario, las provincias del norte han perdido peso en el empleo industrial rápidamente, desde Barcelona (que registra la mayor caída) hasta Asturias, A Coruña o las ya mencionadas provincias vascas. El norte no consigue imponerse ni siquiera en los sectores en los que partía con ventaja.

También han experimentado un intenso crecimiento industrias punteras, como la farmacéutica o la química, con un crecimiento del 45% y del 28% respectivamente en esta década. Sus principales centros de producción se sitúan lejos de Euskadi y, en general, del norte de España. Sobre todo se concentran en torno a Madrid y Barcelona, donde localizan fácilmente titulados universitarios.

En este proceso, Toledo y Guadalajara han sido grandes receptores de empleo industrial porque muchas fábricas se han situado en estos dos enclaves estratégicos: próximos a Madrid y bien comunicados, uno con conexiones hacia Cataluña y Europa y, el otro, hacia el Sur de España. Esto explica, por ejemplo, que el empleo industrial en Toledo haya crecido casi cuatro veces más que el de Euskadi en la última década. En concreto, Toledo ha incorporado a algo más de 9.200 trabajadores frente a los 2.500 del País Vasco. Es más, la pequeña provincia (en términos de población) de Guadalajara ha crecido más en términos industriales que Euskadi, tras la contratación de 3.100 trabajadores.

La industria ligera también ha experimentado un fuerte crecimiento, muy centrada en la demanda nacional y la exportación hacia Europa. Aquí entra la producción de todo tipo de bienes de consumo, desde utensilios para el hogar hasta material de oficina. Se trata de plantas de un tamaño inferior a la gran siderurgia o automovilísticas, cuya localización se concentra cerca de los grandes núcleos de consumo (como Madrid o Barcelona) y que tengan buenas vías de comunicación. Guadalajara y Toledo son dos de los destinos preferidos, pero también destacan las provincias del Levante.

En definitiva, la industria española está experimentando una recomposición en la que el noroeste de España se queda al margen frente al auge del centro del país y el sureste. Se produce así la paradoja de que Toledo está sustituyendo a las provincias vascas en presencia de fábricas, aunque con una especialización muy diferente.

Centralización de los servicios

El único sector que ha destruido empleo en estos 10 años es el financiero. El cierre de oficinas por todo el país ha provocado la pérdida de 22.200 cotizantes a la Seguridad Social. Sin embargo, el comportamiento territorial es paradigmático, porque se destruye empleo en todas las provincias, salvo en Madrid. Los bancos han creado algo más de 17.600 empleos en la capital como consecuencia del crecimiento de sus sedes centrales. La mayor parte de entidades se han llevado sus equipos centrales a Madrid porque en la capital se concentra el poder político y el capital humano.

Este sector explica el tirón que tiene Madrid y por qué es inalcanzable para el resto del país. Ocurre lo mismo con el sector de la energía, que también concentra a sus mayores empresas en Madrid. En estos 10 años el sector apenas ha aumentado su afiliación en 66 personas, sin embargo, en Madrid ha crecido en casi 2.700 personas, frente a las más de 500 que ha destruido en León. La presencia creciente de las grandes empresas, y cada vez más de las medianas, hace que ningún territorio pueda competir contra Madrid.

El empleo público también sigue este patrón, en especial por la presencia de todos los ministerios, los organismos del Estado y las sedes de las empresas públicas. Casi el 36% del empleo de las Administraciones Públicas creado en estos 10 años (excluyendo Educación y Sanidad) se concentra en Madrid. La atracción de Madrid como centro político, financiero y del capital humano hace que ningún otro territorio del país pueda competir.

Ni siquiera Barcelona ha podido, aunque en su caso también se ha visto lastrada por los problemas políticos con el independentismo. Pero hay un sector en el que la capital catalana ha conseguido imponerse: el de la información y las telecomunicaciones, que incluye todas las actividades TIC. La provincia ha ganado dos puntos de peso del empleo tecnológico en el total nacional, pasando del 17,3% al 19,5%. Se ha convertido en el sector en el que más peso tiene Barcelona sobre el total nacional.

También en los servicios profesionales, científicos y técnicos, Barcelona ha superado a Madrid en crecimiento. En concreto, ha ganado 1,4 puntos de peso en el total nacional frente a los 0,6 puntos de Madrid. En definitiva, aunque la capital catalana ha logrado avances discretos en este periodo, ha construido cimientos sólidos, apoyándose en el sector servicios de mayor valor añadido.

De Guipúzcoa a Huelva

Guipúzcoa y Cantabria son las provincias que más puestos han perdido en el ranking de empleo en la última década. En concreto, han perdido tres posiciones. Guipúzcoa ha sido adelantada por Girona, Tarragona y Granada. Uno de los motivos de sus pobres datos es la destrucción de empleo en el sector financiero, que ha eliminado más de 1.700 puestos de trabajo. Su industria tampoco tira, ya que en este periodo ha crecido un pírrico 2,7%, el cuarto peor dato de España, solo mejor que Asturias, Vizcaya y Ourense.

Por su parte, Cantabria ha sido adelantada por Toledo, Castellón y Huelva. La provincia cantábrica ha perdido peso en el empleo nacional en casi todos los sectores, pero destaca especialmente en los tres en los que su participación era superior: el primario, la industria y la construcción. Una vez más se observa que las regiones del norte no consiguen retener ni siquiera las actividades en las que se han especializado.

Huelva lleva el camino opuesto a Cantabria y ha ganado dos posiciones, adelantando también a Valladolid, otra provincia que históricamente tuvo mucha relevancia en el tejido productivo nacional y que está venida a menos. La economía de Huelva ha contado con varios motores en estos años. El primero es la expansión del turismo del sur hacia el Atlántico, primero a Cádiz y posteriormente a Huelva. La afiliación de la hostelería ha aumentado casi un 55% en estos 10 años, lo que supone 6.300 empleos nuevos. Pero también las actividades tradicionales han funcionado bien, como la industria extractiva (con las minas de Riotinto) y la agricultura, que han crecido un 152% y un 73% respectivamente. Por el contrario, los servicios más modernos de alto valor añadido no han crecido en la región, de hecho, ha perdido peso a nivel nacional.

Los grandes adelantamientos

Las provincias que más posiciones han ganado son Toledo y Santa Cruz de Tenerife. Y lo han hecho con fundamentos económicos muy diferentes. Toledo es una de las provincias que más ha crecido en las dos últimas décadas gracias a su proximidad a Madrid, lo mismo que ocurre con Guadalajara. Madrid ha crecido tanto que su radio de acción ya excede sus propias fronteras. Este crecimiento se ha orientado hacia el sureste por dos motivos. El primero es que la orografía es sencilla, al contrario de lo que ocurre hacia el noroeste, donde la sierra ha complicado tradicionalmente las conexiones. Y la segunda, es que se encuentran en dos rutas estratégicas: Guadalajara se encuentra camino hacia Cataluña y Europa, mientras que Toledo se encuentra en la ruta hacia el sur.

Son unas condiciones imbatibles para atraer inversión, tanto extranjera como nacional. Su crecimiento se asienta sobre tres sectores: logística, industria manufacturera y oficinas. Por ejemplo, la logística y el transporte da empleo al 14% de los ocupados de Guadalajara, una participación que multiplica por tres la media nacional. En la última década, este sector ha experimentado un crecimiento del 93%, esto significa que prácticamente se ha duplicado en este periodo.

Toledo ha adelantado a Cantabria, Jaén y Córdoba en estos años y su próximo objetivo es Badajoz, a quien atrapará en apenas dos años si se mantiene la tendencia actual. Por su parte, Guadalajara no ha podido adelantar ningún puesto, pero será protagonista en los próximos años, ya que probablemente supere a Ourense y a Huesca de una tacada. Hace una década Ourense tenía un 32% más de afiliados, en 2023 la diferencia es de apenas un 4%. Y las siguientes serán Lugo y Salamanca.

El caso de Tenerife es muy diferente. Su crecimiento ha contado con el trampolín del turismo, que ha incorporado a más de 20.500 afiliados en la última década. Pero también ha conseguido dinamizar otros sectores, como el de la información y las comunicaciones (incluyendo el rodaje de películas extranjeras), o la mejora de los servicios públicos, con inversión en Educación y Sanidad en las islas.

Entre las provincias con menos afiliados de España también se han producido cambios. Teruel, la anteúltima hace una década, ha adelantado a Ávila y Segovia ha adelantado a Zamora. Aun así, todas ellas han perdido participación en el empleo nacional porque no pueden seguir el ritmo de crecimiento de las grandes ciudades. En cualquier caso, como provincias del interior norte del país, están condenadas a sufrir tasas de crecimiento muy reducidas durante los próximos años.

La economía española ha experimentado numerosos cambios en la última década, pandemia mediante, lo que ha provocado profundos cambios en la distribución territorial del empleo. Los sectores tradicionales han perdido relevancia rápidamente: comercio, industria y banca. Por el contrario, los servicios están en claro auge, tanto los vinculados al turismo como los de alto valor añadido (ingeniería, ciencia, informática...). También el sector público ha crecido intensamente en este periodo con la reversión de los recortes aplicados durante la crisis financiera.

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