"En una desescalada, quien habla de fechas no entiende de virus"
  1. Economía
ENTREVISTA A MIGUEL OTERO IGLESIAS

"En una desescalada, quien habla de fechas no entiende de virus"

El economista político español ha formado parte del grupo de expertos que ha asesorado al Gobierno en la estrategia para levantar el confinamiento social y sacar la economía del coma inducido

Foto: "En una desescalada, quien habla de fechas no entiende de virus"
"En una desescalada, quien habla de fechas no entiende de virus"

Miguel Otero Iglesias (Basilea, 1979), economista político español, experto en la Unión Europea y China, ha formado parte del grupo de expertos que ha asesorado al Gobierno español en la elaboración del plan para levantar el confinamiento de la sociedad española y despertar la economía del coma inducido al que se la ha llevado para contener el avance del covid-19. Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor del IE School of Global and Public Affairs, atiende telefónicamente a El Confidencial, en una conversación en la que desgrana los principios sobre los que se ha construido el plan de desescalada, responde a algunas de las críticas que ha recibido y lanza varias ideas clave: el estado de alarma es imprescindible para que el plan funcione; poner fechas de salida a una epidemia es no conocer cómo funcionan los virus; España debe mejorar su capacidad para realizar test y rastrear de nuevos casos. Cuanto más mejore esto último, más cerca estaremos de una recuperación en V.

PREGUNTA. ¿Qué se juega España con esta desescalada? Vidas, empleos, imagen internacional...

RESPUESTA. Sí, todo eso está en juego. Para todos los que estábamos allí, todo el mundo era consciente de la importancia de esta labor. Está en juego el futuro inmediato del país. Por eso, había gente de distintas disciplinas. Era un tema muy complejo.

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P. Era un grupo de expertos multidisciplinar, pero también había una coordinación política. ¿Cómo se han mezclado los criterios políticos, económicos, científicos a la hora de diseñar el plan?

R. Se han tenido en cuenta los más importantes. Fundamentalmente, los sanitarios, los epidemiológicos y los de salud pública, y después los económicos. Había muchos elementos a valorar: sociales, de tecnología, incluso filosóficos. Había que tener en cuenta desde el ciudadano hasta la empresa, las fronteras... Todas las dimensiones que se puede uno imaginar. Por eso fue un trabajo de casi un mes.

P. Vistos los problemas que están surgiendo con algunas comunidades autónomas o con partidos como PP, ERC o PNV, que ponen pegas a prorrogar el estado de alarma, ¿se tuvieron en cuenta factores políticos, la posibilidad de que el plan fuera luego aplicable políticamente? ¿O la labor fue puramente técnica para dejar luego al Gobierno la tarea de sacarlo adelante?

R. Con Teresa Ribera ya había una interlocución con alguien del Gobierno, así que había también un ‘feedback’ sobre las propuestas y una interacción. Pero muchos de los que estábamos allí conocemos la realidad de España y somos conscientes de la descentralización del país, de los distintos intereses, de las distintas prioridades… El trabajo no se hizo en el vacío.

P. ¿Hasta qué punto es compatible el plan que han diseñado con un decaimiento del estado de alarma? ¿Se podría aplicar si no sale adelante la prórroga?

R. No soy jurista, pero entiendo que no. Uno de los elementos clave del plan es que durante una época la restricción a la movilidad va a estar presente. Y por ahí es necesario el estado de alarma.

Todos queremos que la economía se reactive cuanto antes. Pero había que valorar la importancia de la epidemiología

P. Entonces, ¿sería necesario para esa parte, para la movilidad?

R. Desde la lógica y filosofía del plan, esa parte es el eje vertebrador. Todos queremos que la economía, entendida ampliamente, incluyendo la libertad de acción y circulación, se reactive cuanto antes. Pero en la tensión que ha habido de cuánta importancia hay que dar a la epidemiología y cuánta a la economía, ya desde muy pronto fuimos muy conscientes de que el distanciamiento físico, incluyendo el confinamiento de la población, era clave, y eso determinó muchas de nuestras decisiones.

P. ¿Por qué la provincia y no una comunidad o un área sanitaria?

R. Al principio, la pregunta era: ¿hay que salir asimétricamente o no? El único país que ha salido realmente de una cuarentena como la nuestra ha sido China. Pero luego tenemos zonas de Asia oriental, como Hong Kong o Taiwán, que al principio lidiaron bien con el virus y que no tenían la simetría incorporada en sus acciones. Desde el punto de vista económico y epidemiológico, llegamos a un consenso de que la asimetría era necesaria. Una vez decidido esto, había que decidir a qué nivel. Sabíamos que en China se hace por distrito o por ciudad. Y nosotros consideramos primero la opción del municipio, pero tenía ciertos problemas, porque mucha gente trabaja y reside en municipios diferentes. Era demasiado pequeño, pero la comunidad autónoma era demasiado grande, y la provincia empezó a coger peso. Sobre todo porque desde el punto de vista económico existen lo que llamamos áreas urbanas funcionales, que son las zonas en que la gente vive y trabaja, donde están las cadenas de valor locales. Y en España eso coincide bastante con las provincias. La mayor parte de la gente vive y trabaja en la misma provincia. Es un área geográfica que todo el mundo conoce, y además cuenta con un factor importante a la hora de salir: un sentimiento de comunidad, de unión, de identidad, de solidaridad, pero también de responsabilidad. No solo es un tema geográfico, sino también psicológico.

P. Pero ese sentimiento identitario también lo tienen las CCAA...

R. Las CCAA nos parecen demasiado grandes. Sobre todo algunas, como por ejemplo Andalucía. Si en Málaga hay que esperar a que Sevilla se ponga bien para poder salir… Pero no solamente en Andalucía. En Galicia, si Lugo tiene que esperar a que salga A Coruña, es una pérdida innecesaria de dinero y de actividad. Epidemiológicamente y económicamente, nos parecía que era una unidad territorial demasiado grande.

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Paseos, deporte, tiendas, bares... Guía de la desescalada en España, fase por fase
Paloma Esteban Juanma Romero Paola Bruni Gráficos: María Zuil

P. ¿Cuán importantes han sido los datos a la hora de elaborar el plan? ¿Han tenido acceso a datos de calidad?

R. El tema de los datos, al igual que ocurría en todos los países, ha sido algo que se podía mejorar. Al hablar con las 'task forces' de otros países, todos coincidimos en que los datos no eran de la calidad necesaria para atender una pandemia de este calibre. Por eso se ha hecho hincapié en mejorar la recogida de datos y las capacidades, tanto de testeo, de rastreo y de aislamiento. Y a ello hay que añadir todas las capacidades sanitarias, desde la recogida de datos homogéneos en la atención primaria, que es el primer punto de llegada, hasta las capacidades de camas en hospitales, de camas en las UCI. El diagnóstico del virus en la población y las capacidades, desde las más micro, como la recogida de datos de pacientes de forma rápida y homogénea, ha sido una insistencia del grupo con Teresa Ribera.

P. ¿Cuán importante es esa parte de sistematización de los test, de rastreo de casos para el plan de desescalada? En EEUU, se calcula que harían falta entre 100.000 y 300.000 personas para esa labor. La cifra equivalente en España sería entre 15.000 y 45.000 personas, pero esos trabajadores no están y no hay indicación todavía de que se vayan a buscar. Tampoco sé hasta qué punto la tecnología podría compensar esto...

R. Es un factor muy importante. Ponerlo sobre el papel se hace rápidamente, pero luego llevarlo a cabo es lógicamente un proceso muy complicado en muchos sitios. Está fuera de nuestra capacidad como grupo de trabajo, pero hemos insistido mucho en eso. Una vez que el plan se ha presentado, nuestro encargo acaba y ahí empieza el debate político y el desarrollo del plan en la práctica.

Había mucha obsesión con las fechas, pero el que pone fechas entiende poco de virus

P. Pero para poder ejecutar el plan, entiendo que todo sería más fácil si estas capacidades estuvieran desarrolladas...

R. Seguro. Y lo importante es que se llevase a cabo, que se aumentasen todas estas capacidades, y cuanto antes mejor.

P. Sin esas capacidades desarrolladas, ¿qué ocurre?, ¿se pasaría fase a fase más lentamente o con más riesgo?

R. En nuestra filosofía, si no hay capacidades, la idea es que no se puede avanzar. El plan está diseñado de tal forma que es flexible. No va en una dirección. Es asimétrico, pero igual que se puede ir para adelante se puede ir hacia atrás. Un territorio se puede quedar estancado por la falta de datos y la falta de capacidades.

P. ¿Cómo se ha desarrollado el debate entre fechas y fases por hitos?

R. Todo el mundo quiere salir, pero siempre que se hablaba con actores políticos o económicos, había una insistencia en las fechas, fechas, fechas, y nosotros desde nuestra filosofía siempre nos resistimos a eso. Como dijo uno de los expertos sanitarios del grupo: "El que pone fechas entiende poco de virus". Y eso se nos quedó a todos muy grabado. El diseño del plan sigue esta filosofía. Todo dependerá de cómo aprendamos a convivir con el virus. Si vuelve a hacer daño y a causar más muertes, habrá que replegarse.

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P. ¿Por qué la vuelta al colegio en septiembre y no antes?

R. Se ha priorizado que puedan volver los que más lo necesitan. Hay muchos alumnos que por el hecho de estar en casa están perdiendo educación por múltiples factores, como puede ser la falta de recursos; y luego también está la idea de que para los niños más pequeños es muy perjudicial pasar mucho tiempo sin tener educación. Y la otra preocupación es que no hubiese masificación. No puedes volver del todo, porque al principio no hay espacio para que haya el suficiente distanciamiento físico. No podíamos volver a la situación de aulas llenas como antes del covid. Y se buscó una solución intermedia. De ahí las clases de refuerzo.

P. Parece que hemos pasado ya de una fase de crisis sanitaria, en la que lo que preocupa es la salud e incluso perder la vida, a la fase de crisis económica, en la que lo que preocupa es perder el empleo. ¿Es una visión demasiado complaciente?

R. Nuestro plan era más conservador que el que se está ejecutando ahora mismo. El Gobierno ha valorado todos los factores y le ha dado un punto de celeridad, también justamente por esta preocupación económica. Además, otros países están empezando a abrir y también tienes que competir… En ese gran debate de cuánto miramos la epidemiología y cuánto la economía, la jerarquía era clara en favor de la epidemiología. Aunque lógicamente son vasos comunicantes. Pero lo bueno del plan es que se puede ir para atrás. Por eso lo de no salir por fechas sino por capacidades, y hacerlo asimétricamente, nos da un plan válido para las próximas fases, incluso si hay que volver a confinar ciertas zonas.

Tenemos que aprender a convivir con el virus, hay que experimentar, hacer las cosas gradualmente

P. ¿Era más conservadora, con fases más largas?

R. No, en el sentido de lo que se puede hacer en cada fase. Pero siempre sabiendo que el aterrizaje de este plan tiene que seguir el principio de subsidiariedad, el establecer cuánto porcentaje abres de las terrazas, si hay o no mamparas… Esa ejecución tiene que hacerse con la involucración de las comunidades, los municipios, los actores sociales... Y siendo conscientes de que la protección del cliente y del empleado es básica. Había cierta tensión entre las fechas y salir cuanto antes, pero necesitamos explicar que tenemos que ir aprendiendo a convivir con el virus. Tenemos que experimentar, hay que hacer las cosas gradualmente. No queda otra. Nadie ha hecho esto hasta ahora. Estamos navegando en aguas desconocidas. Tienes que ir despacio, porque si chocas con un iceberg y vas muy fuerte, vas a sufrir mucho más.

P. Hay una línea argumental que dice que la crisis económica también cuesta vidas. ¿Se ha tenido eso en cuenta?

R. Por supuesto. Por eso tampoco nos propusimos solucionar toda la epidemiología antes de salir, porque entonces no se saldría. Por eso, se trata de una jerarquía epidemiológica entre comillas. Reino Unido se ha acabado replegando. O Nueva York. Si hay una ciudad donde la gente no tiene miedo a la vida es Nueva York. Pues está replegada. No es un debate conceptual o teórico. La realidad demuestra que la epidemiología es más importante. Pero eso no quiere decir que haya dominado sin considerar el resto de intereses. Era como un tango entre economía y la epidemiología, en el que una dirigía más que la otra.

P. ¿Bajo qué premisa de recuperación económica han trabajado: V, V asimétrica, L, U?

R. Igual que muy pronto rechazamos la obsesión por las fechas, también rechazamos la opción de considerar modelos de salida de la crisis. La tesis era que cuanto antes aprendamos a convivir bien con el virus, más nos acercaremos a la V. Y para eso necesitamos capacidades, datos, etcétera. Esa ha sido la lógica. Primero, controlar el virus; segundo, convivir con el virus, y tercero, tener la mayor actividad económica posible mientras no haya tratamiento o vacuna, sin poner en peligro la salud pública.

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