DESFASE TEMPORAL DE LA REALIDAD

Una EPA inservible que puede confundir más que aclarar

La EPA del primer trimestre es poco representativa por un problema de desfase temporal. Al ser una media trimestral, no recoge con nitidez lo que ha sucedido después del 15 de marzo

Foto: Unos 1.600 empleados de la planta navarra de Volkswagen han retomado este lunes la producción de vehículos, paralizada desde el pasado 15 de marzo por la pandemia. (EFE)
Unos 1.600 empleados de la planta navarra de Volkswagen han retomado este lunes la producción de vehículos, paralizada desde el pasado 15 de marzo por la pandemia. (EFE)

Hay pocas dudas de que la Encuesta de Población Activa (EPA) es uno de los trabajos más sólidos de la estadística española. No solo porque se trata de una de las muestras con más solera —nació en 1964, en pleno desarrollismo franquista— sino también porque es, junto a la contabilidad nacional y el IPC, la que tiene más trascendencia de cara a la opinión pública.

De hecho, es la encuesta nodriza de la que salen muchos otros trabajos estadísticos, lo que se explica por su elevada representatividad. No en vano, en su elaboración participan 65.000 familias que representan a más de 160.000 individuos, lo que da idea de su alta credibilidad. Las encuestas demoscópicas, salvo algunas del CIS, no suelen tener más de 2.000 entrevistados, y con ellas se dice quién va a ganar las elecciones.

La EPA del primer trimestre, sin embargo, ha tenido ‘mala suerte’. Cuando estaban a punto de cerrarse los resultados, el Gobierno declaró el estado de alarma y el consiguiente cese de actividades. Eso explica que, de las 13 semanas que recoge habitualmente la encuesta, 11 están construidas sobre la base de un mercado de trabajo ‘normal’, y solo dos recogen los efectos laborales de la pandemia. Aunque no solo eso.

Debido a que la muestra se presenta trimestralmente, aunque Estadística envía datos mensuales a Eurostat, las cifras son la media de 90 días, por lo que conocer de forma precisa la realidad laboral tras el cierre de actividades se antoja hoy imposible.

A esto hay que añadir otro hecho significativo. Como se sabe, y según la metodología de la EPA, los afectados con suspensión de empleo se clasifican como ocupados mientras dicha suspensión sea inferior a tres meses, que es la situación en que se encuentran hoy más de cuatro millones de españoles. Pero si es superior o igual a ese periodo y el trabajador continúa percibiendo al menos el 50% del salario, también sigue considerándose ocupado en la encuesta.

Es decir, en la población activa, que es la suma de los parados y los ocupados, se incluye casi la cuarta parte de los asalariados que no trabajan, pero que aparecen en la EPA como ocupados, aunque sea en unas circunstancias muy especiales. Están en casa porque no pueden trabajar.

Horas trabajadas

Esta realidad es la que hace la EPA del primer trimestre poco representativa. Es por eso por lo que la métrica que mejor mide hoy el mercado laboral es la afiliación a la Seguridad Social, pero también el número de horas trabajadas, que es lo que determina el avance o el retroceso del PIB.

Y el resultado, según el INE, es que el volumen de horas trabajadas ha caído un 4,25% respecto del tiempo trabajado en el trimestre anterior. Para encontrar un descenso del tiempo de trabajo superior en un primer trimestre, hay que retroceder a 2009, aclara Estadística.

Esa tasa de variación, y por los mismos motivos que en el caso de la ocupación, tampoco es representativa, ya que el desplome de las horas trabajadas arrastra la información obtenida entre el 1 de enero y el 13 de marzo, que fue un periodo ‘normal’. Y como el derrumbe se produjo durante la última quincena de marzo, eso quiere decir que, al promediar la cifra en el conjunto del trimestre, el resultado no es representativo.

La consecuencia de ello es que cuando dentro de algunos días el INE publique el avance del PIB del primer trimestre, se observará que tampoco recoge la situación real de la actividad por ese desfase temporal entre la economía real y la estadística. Será, por lo tanto, el segundo trimestre quien lo recoja con nitidez, ya que entonces la comparación tendrá menos distorsiones temporales.

Entre otras razones, porque en la EPA del segundo trimestre, según adelantó ayer el INE, se añadirán excepcionalmente preguntas sobre trabajo en el propio domicilio, causa por la que la persona dejó o perdió su último empleo y horarios atípicos (en fin de semana, nocturno, etc.), de las que habitualmente solo se publican resultados anuales.

Esta novedad, sostiene Estadística, tiene como objeto poder analizar con más detalle las causas de los despidos o supresiones del puesto de trabajo y la jornada laboral de los trabajadores de las ocupaciones consideradas esenciales durante el estado de alarma. Es decir, se trata de hacer una radiografía más compleja y completa.

Es por eso que, ahora, el mejor indicador para observar lo que está sucediendo en la economía y, en particular, en el mercado de trabajo es la afiliación a la Seguridad Social, que es un registro administrativo de altas y bajas, y, por lo tanto, poco dado a las interpretaciones mágicas. Y la realidad es que en medio mes del pasado marzo se destruyeron más de 900.000 puestos de trabajo. Esa es la dura realidad. Los facultativos del INE no tienen la culpa.

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