EL MISTERIO DE LAS ESTADÍSTICAS

Cómo leer los (sorprendentes) datos de paro y empleo

Los datos de empleo oscurecen la realidad laboral. Muchos ERTEs no están recogidos todavía en los datos de marzo. Y los que están se excluyen del paro registrado.

Foto: Foto: EFE.
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Una lectura superficial de los datos publicados esta mañana por la Seguridad Social y el Sepe puede provocar indignación. Incluso, dosis de frustración colectiva al ver que la realidad económica va por un lado y las estadísticas por otro, por duro que suene. Como se sabe, la pérdida de empleo ha registrado niveles desconocidos.. Pero como ocurre con casi todas las estadísticas, esa discrepancia tiene una explicación. En todo caso, necesaria si se tiene en cuenta que en marzo el número de parados creció en apenas 302.265 trabajadores, pero la afiliación se hundió en 833.979. ¿Milagro?

En primer lugar, el desempleo. Las cifras que ofrece el Sepe se refieren al paro registrado. Es decir, a aquellos ciudadanos -con empleo o no- que acuden a una oficina reclamando un puesto de trabajo. Se trata, por lo tanto, de un registro bruto, ya que incorpora a ciudadanos que están en una muy distinta situación. Unos entran en la lista de paro registrado y otros, no.

Entran, por ejemplo, y como es lógico, parados que buscan un empleo, pero no trabajadores en activo que quieren tener una segunda ocupación, pensionistas que buscan reiniciar su actividad laboral, demandantes que quieren trabajar menos de 20 horas a la semana o demandantes sin disponibilidad inmediata para trabajar.

Es decir, una casuística muy diversa que explica que, aunque en marzo el número oficial de parados fue de 3,54 millones, la realidad es que el número de demandantes de empleo fue de 4,98 millones.

Cómo se ha llegado, sin embargo, a aquella cifra. Pues simplemente, restando a diversos colectivos. El más numeroso, precisamente, al de ocupados que, paradójicamente, no pueden trabajar, Por ejemplo, quienes están sometidos a un expediente de regulación temporal de empleo (ERTEs), ya sea a través de una suspensión de su relación laboral con la empresa o mediante una reducción sustancial de su jornada de trabajo. En esa situación, el mes pasado, estaban 939.484 trabajadores. Es decir, la lista de parados, según la metodología de Sepe, baja de 4,98 millones a 4,04 millones.

Esa cifra es, precisamente, la que más se verá alterada por la crisis de coronavirus. Como se sabe, el Gobierno ha querido evitar los despidos, y por eso ha incentivado la utilización de los ERTEs, que, casualidad o no, no se incorporan a la cifra oficial del paro registrado porque esos trabajadores, en realidad, no han perdido su empleo, sino que está suspendido.

¿Cuál es el problema? Ni más ni menos que el paro registrado, si se hace una lectura superficial, no mide esta realidad laboral. Entre otras cosas porque la tramitación de los ERTEs lleva tiempo, cinco días en el mejor de los casos, y muchos de los que se han presentado en los últimos días no aparecen todavía en las estadísticas oficiales, que se refieren al mes de marzo, ya que no han sido aprobados por la autoridad laboral correspondiente (las comunidades autónomas.). Un dato lo refleja con toda nitidez. En febrero, el número de ocupados demandantes de empleo (donde están los ERTEs) era de 789.441 trabajadores, pero en marzo ese epígrafe se ha situado en 939.484. Por lo tanto, apenas un incremento de 150.043, cuando hay evidencia de que el número de trabajadores con empleo suspendido supera ampliamente el millón.

Por el momento, y como ha reconocido la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya se han reconocido 620.000 prestaciones, a las que hay que sumar (en este caso como despidos) los casi 834.000 trabajadores que han perdido su empleo. En total, 1,45 millones de puetsos de trabajo. Esos serían las víctimas laborales del coronavirus hasta ahora.

El único país

No es de extrañar, por eso, que España sea prácticamente el único país de Europa que mantiene el paro registrado como un indicador de coyuntura del mercado laboral. En Europa, lo que manda es la EPA, que es trimestral, mientras que en EEUU priman las demandas semanales de empleo.

El paro registrado, igualmente elimina a los demandantes de empleo con disposición limitada (248.318 en marzo), hasta llegar a lo que se denomina Denos, que, a su vez, hace una última poda. Denos es el acrónimo de ‘demandantes de empleo no ocupados’, cuya cifra se aproxima más al paro registrado. Eso sí, después de eliminar a otros 245.045 encajados bajo el epígrafe Otros no ocupados, que engloba a los trabajadores eventuales agrarios sin empleo.

La tramitación de los ERTEs lleva tiempo. Y muchos de los que se han presentado en los últimos días no aparecen todavía en las estadísticas

Y es así como por arte de birlibirloque se pasa de 4,98 millones de demandantes a 3,54 millones. Las cifras no engañan, pero sí oscurecen una realidad. El mes de marzo, que ha sido el peor para el empleo desde que hay series históricas, no lo recogen fielmente las estadísticas oficiales.

Algo parecido sucede con la afiliación a la Seguridad Social. Los trabajadores despedidos causan baja al perder su empleo, y esto lo incluyen las estadísticas oficiales, pero no ocurre así cuando un trabajador está suspendido de empleo. En este caso, por razones de fuerza mayor. Esto se debe a que el trabajador sigue cotizando, lo haga su empresa o, en este caso, el Estado. La confusión es todavía mayor si se tiene en cuenta que la cifra de afiliados puede leerse en términos de afiliación media (más representativa) o a final de mes. En el primer caso, el resultado ha sido que ha habido 243.469 cotizantes menos, pero en el segundo nada menos que 833.979.

En este número, sin embargo, no se incluyen los trabajdores afectados por un ERTE, ya que cotizan al sistema público de protección social, sino los despedidos, en su gran mayoría trabajadores con empleo temporal.

¿La conclusión? El número de afiliados puede no variar, incluso subir, pero esconde la realidad laboral de cientos de miles de trabajadores que están, en realidad, sin trabajar, pero que son invisibles a efectos estadísticos. En febrero, por ejemplo, había 20,11 millones de afiliados, pero 1,27 millones estaban en situación de desempleo. Por lo tanto, las cifras son muy distintas si se analizan de una forma u otra. Es lo que tienen las estadísticas.

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