BAJO LA INFLUENCIA DE JOAQUÍN ALMUNIA

Nadia Calviño, el último bastión del guerrismo, ministra de Economía

Es la funcionaria española de mayor alto rango en Bruselas y será la encargada de mantener las relaciones económicas del Gobierno con Bruselas. Su referente político es Joaquín Almunia

Foto: La nueva ministra de Economía será Nadia Calviño | EFE
La nueva ministra de Economía será Nadia Calviño | EFE

El recién estrenado presidente Pedro Sánchez ya tiene casi diseñado su Gobierno y ya ha decidido quién se encargará del Ministerio de Economía: lo hará Nadia Calviño —hija de José María Calviño, el primer director general de RTVE de la era Felipe González—, actual directora general de Presupuestos de la Unión Europea. Es, por lo tanto, una de las funcionarias españolas de mayor rango en Bruselas (sin contar los cargos políticos). Y, de hecho, es la número dos del comisario alemán Günther Oettinger.

Llega de la mano del excomisario Joaquín Almunia, de quien fue su número dos en los tiempos en que el ex secretario general del PSOE era vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Competencia. Almunia forma parte del núcleo de economistas que asesoran a Pedro Sánchez, y mantiene buenas relaciones con el responsable de Economía de la ejecutiva federal, Manu Escudero.

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Escudero es uno de los antiguos guerristas que continúan en Ferraz, la sede del PSOE, y aunque aquel grupo se disolvió, Pedro Sánchez tuvo el respaldo inicial del propio Escudero y de José Félix Tezanos, otro conocido guerrista, como el propio José María Calviño, con despacho de abogados muy cerca de Ferraz. Ese antiguo grupo de guerristas —representantes del sector socialdemócrata más clásico— continúa reuniéndose, aunque su antiguo jefe de filas hace ya mucho tiempo que optó por Susana Díaz frente a Sánchez.

Visión y brillante carrera internacional

La primera vez que el nombre de Nadia Calviño apareció en la prensa nacional fue a cuenta de Alianza Popular, el Partido Popular de hoy en día. Era 14 de marzo de 1986 y Calviño, por entonces menor de edad, había logrado votar en el referendo sobre la adhesión de España a la OTAN, lo que le valió una 'denuncia' de los conservadores y salir por ello referenciada en una página del 'ABC'.

En aquel artículo de 1986, a Nadia Calviño se la presentaba como la hija de José María Calviño, quien llegó a director de RTVE al tiempo que Felipe González cruzaba la puerta de La Moncloa. A día de hoy, esta brillante economista —también licenciada en Derecho— quizá necesite esta coletilla para ser presentada en España, donde es prácticamente una desconocida. Pero en Bruselas, donde ha desarrollado buena parte de su carrera, a José María le felicitarían por ser el progenitor de uno de los pesos pesados de las instituciones comunitarias.

La nueva ministra se ha forjado un extraordinario currículo. Primero en la antigua dirección general de Previsión y Coyuntura, a finales de los años noventa, cuando España entró a formar parte de la unión monetaria. Calviño, nacida en 1968 en A Coruña, alcanzó en 2004, de la mano del entonces ministro y vicepresidente socialista Pedro Solbes, la dirección general de Competencia del Ministerio de Economía.

Quizás a consecuencia del eco mediático que causó su participación en el referendo, que mostró un inconformista y temprano interés por participar activamente en las cuestiones estatales e internacionales, Calviño ha propiciado tanto su discreción como la cordial distancia que mantiene con los medios. Poco amiga de darse importancia, Calvino, no obstante, no ha pasado desapercibida en Bruselas, donde se valoran su talento y su profesionalidad, así como su espíritu europeísta.

Europeísta y poco amiga de los nacionalismos

Su solvencia en Competencia fue su trampolín para dar el salto a la capital de la UE, de donde Solbes había llegado dos años antes, tras su periodo como comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios en la Comisión de Romano Prodi. Lo hizo en 2006, como adjunta del director general de Competencia, el departamento más potente de la Comisión Europea. Su segundo puesto en Bruselas llegaría en 2010, cuando se puso a las órdenes de un comisario hoy conocido por capitanear la armada europea que negocia el Brexit con Londres: Michel Barnier.

Barnier, entonces responsable de la cartera de Mercado Interior y Servicios, emprendió una importante reforma de los mercados financieros en plena crisis financiera, en la que Calviño destacó. Europeísta convencida y poco amiga de los nacionalismos —ha afirmado que 'Patria', de Fernando Aramburu, es un "excelente recordatorio de un doloroso conflicto sin sentido, alimentado (como todo) por el miedo, la ignorancia, la manipulación, el fanatismo político y los mitos del nacionalismo"—, con los años se ha ido labrando una muy buena reputación en Bruselas por su trabajo en los distintos departamentos por donde ha pasado.

Hoy, Calviño emprende el camino inverso: suelta las riendas de la Dirección General de Presupuesto, la división dirigida por el alemán Günther Oettinger donde recaló en 2014 con la constitución de la Comisión Europea de Jean-Claude Juncker, para regresar a Economía, esta vez al frente del ministerio. Se trae consigo la experiencia recogida en 12 años en el corazón de la Unión Europea, donde vio madurar, explotar, templarse y ahora cicatrizar la crisis económica que tan profundamente ha marcado a la UE.

Peso pesado de Bruselas en un momento clave

Su nombramiento, por lo tanto, abre muchas puertas a Pedro Sánchez en unos momentos clave desde el punto de vista presupuestario. España se ha comprometido a reducir hasta el 2,2% el déficit público en 2018, y los propios servicios de la Comisión Europea han adelantado que el Gobierno debe hacer ajustes en el gasto para cumplir con ese objetivo.

Su profundo conocimiento de los ritmos y tiempos de Bruselas, así como de las normas comunitarias, es una clara ventaja para el Gobierno de Sánchez. A Calviño se le presentan otros retos, como mantener la buena trayectoria de la economía española, ahora que los vientos de cola parecen extinguirse, y continuar peleando para reducir tanto el alto desempleo que acumula España como su elevada deuda pública, aún peligrosamente cerca del 100% del PIB.

Calviño, de hecho, cubre las dos áreas fundamentales de lo que todavía es hoy el Ministerio de Economía. Por un lado, todo lo que tiene que ver con la defensa de la competencia, y, por otro, todo lo referente a las previsiones macroeconómicas. El nombramiento de Calviño confirma que el presidente del Gobierno renuncia a volver a unir los ministerios de Economía y Hacienda, algo que ha sido tradición en los ejecutivos socialistas. La nueva ministra de Economía será la encargada de mantener la interlocución con Bruselas, y tendrá que coordinarse con María Jesús Montero, que será nombrada ministra de Hacienda.

En lo personal, Calviño tendrá que aprender a desarrollar una garra política que, por el momento, no ha tenido necesidad de ejecutar en su calidad de experta. Le será necesaria ahora que se tendrá que sentarse en la mesa de los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona (Eurogrupo), donde se toman las grandes decisiones que marcan el futuro económico de la moneda única. El momento no podría ser más determinante, dado el pulso que se libra en la eurozona para definir cómo será el futuro del euro y cuánta la ambición que se ponga en las reformas necesarias.

Su predecesor, el también veterano de las instituciones comunitarias Román Escolano, presentó una agenda de moderada ambición para la reforma del euro. Queda por ver si Calviño viene con más hambre de dejar su huella.

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