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Carmen Calvo, la feminista torera que no pide permiso ni perdón

La exministra de Cultura es una de las grandes apuestas de Sánchez, su larga experiencia en la gestión y su formación jurídica, negoció el 155, han sido clave para su ascenso

Foto: Carmen Calvo. (EFE)
Carmen Calvo. (EFE)

“Iba muy cómoda”, dijo, tras proclamar que vestiría de moda española cada vez que pudiera. Carmen Calvo (Cabra –Córdoba-, 1957), entonces ministra de Cultura en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se enfundó un llamativo traje de Ágatha Ruiz de la Prada para la ceremonia de los Goya allá por 2006. Se sorprendió de la polémica y de tener que responder tantas veces sobre aquel modelo pero, una vez más, le dio exactamente igual. Empezó a elegir diseñadores españoles por orden alfabético, explicó. A las ministras de Zapatero las seguían muy de cerca desde aquel famoso ‘posado del Vogue’. Ahora, vuelve a la primera línea política como vicepresidenta del Gobierno y ministra de Igualdad.

Calvo es así. Una mujer, de formación académica sólida y voraz lectora de ensayo, de ideas claras, que se apoca ante pocas cosas. Y se calla ante menos porque si algo dicen de ella, incluso quienes la admiran, es que “habla bien, pero habla demasiado”. Ahora, tras años retirada de la primera línea política, viste de Zara pero habla igual o más que entonces y con la misma convicción. Sus ruedas de prensa se han hecho célebres en Ferraz en pocos meses. Para algo ella había sido "cocinera antes que fraila", como dijo en 2005 en unas declaraciones que entonces afilaron los colmillos de muchos.

Cuando en 1996 Manuel Chaves, entonces presidente de la Junta de Andalucía, la fichó para su gabinete Calvo era una “independiente”. No se afilió al PSOE hasta 2003. Ya era diputada en el Parlamento andaluz. Calvo fue uno de esos nombres fichados, desde el Consejo Económico y Social de Córdoba, para dar empaque más allá de las siglas socialistas. Entró en 1996 en la cartera de Cultura en el primer gobierno que Chaves abrió a los andalucistas. Entonces su hermano, José Calvo Poyato, novelista y uno de los diputados más célebres del PA, era mucho más conocido que ella.

Licenciada en derecho por la Universidad de Sevilla y doctora en Derecho Constitucional por la de Córdoba, la socialista dejó el mundo académico, fue vicedecana, para entrar en la Junta. Entonces no tenía ningún vínculo con la política y sí era reconocida como una importante feminista, una militancia que nunca ha abandonado y que le ha llevado a escribir varios libros ("La mujer en España", "Política social para la igualdad de los sexos" y "Política social y Estado de bienestar").

El primerr Ejecutivo de Zapatero. (Reuters)
El primerr Ejecutivo de Zapatero. (Reuters)

Aquella tarde de domingo que le sonó el teléfono y encontró la propuesta de ser consejera al otro lado fue toda una sorpresa pero le motivó el reto. Que Pedro Sánchez iba a contar con la secretaria de Igualdad de la ejecutiva del PSOE era mucho más probable. Con un cuarto puesto en el organigrama ha asumido en la última etapa tareas complicadas como la de negociar el 155 con el Ejecutivo de Rajoy y se ha convertido en un potente altavoz de las apuestas feministas y por la igualdad de su partido.

Con Chaves, ese que hizo como si no conociera semanas atrás cuando le preguntaron por los ERE y se refirió a él como “ciudadano Chaves”, labró una carrera brillante como consejera de Cultura. Fue el entonces presidente quien dicen que se la recomendó fervientemente a Zapatero para que la incorporara a su Ejecutivo. Chaves, siempre huyendo de los enfrentamientos, ya no podía soportar más la tensión que existía en su gobierno entre Calvo y la entonces consejera de Hacienda, Magdalena Álvarez, que repetía para quien quisiera oírla que “no tenía dinero para trombones”. Ambas recalaron en el primer ejecutivo de Zapatero.

Aterrizó en el Ministerio de Cultura con un currículum en el que destacaba la apertura del Museo Picasso en Málaga en 2003. Un proyecto de más de 60 millones de euros que no quiso compartir con nadie, ella misma negoció cada detalle con la nuera y el nieto del pintor, Christine y Bernard, y que capitalizó con gran rédito. “La del Picasso”, la llamaban. También lanzó Medina Azahara, otro de los hitos de su etapa, e inauguró “El esplendor de los Omeya”. De ella dicen que es muy vanidosa y capaz de vender la misma historia varias veces con tanta soltura que es difícil darse cuenta. Ahora, tras una etapa retirada, aseguran que ha perdido en soberbia y ganado en empatía.

Con Picasso ya Zapatero la llamó para darle la enhorabuena y le dijo que la quería en Madrid. Fue número uno al Congreso por Córdoba. Como ministra su primer reto fue el aniversario del Quijote. Su encomienda más delicada la pugna con la Generalitat por ‘Los papeles de Salamanca’ y como ministra impulsó el plan contra la piratería, con una ley de propiedad intelectual

Calvo en una gala de los Goya. (Reuters)
Calvo en una gala de los Goya. (Reuters)

A la cordobesa se le conocen tres pasiones. Los libros, los zapatos y su única hija, que le ha dado dos nietos con los que ejerce de abuela en Madrid todo el tiempo que no dedica al PSOE. Su primer marido, padre de su hija, era profesor de instituto y su segunda pareja, el sociólogo Manuel Pérez Yruela, fue durante años director del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (IESA) y recaló como portavoz del Gobierno de José Antonio Griñán. Cuando salió abruptamente del Gobierno de Zapatero tras una remodelación que pocos esperaban se dijo que Calvo preparaba su tercera boda con un apuesto joven que había sido su guardaespaldas. Ella nunca alimentó esta parte de su vida privada que saltó a algunas páginas de la crónica rosa.

Calvo es rockera, le gusta Bruce Springsteen y Bod Dylan, y también el heavy metal. Fue vista en festivales como el Espárrago Rock, donde acudía con su hija. "Un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes", tituló la revista Rolling Stones en 2004. En 2007 salió del Gobierno de Zapatero y recaló en la Mesa del Congreso como vicepresidenta primera. “No tengo que pedir permiso ni perdón porque me gusten los toros”, ha dicho alguna vez.

En 2011 dejó claro que “por dignidad” no iría en la lista del PSOE por Córdoba si estaba Rosa Aguilar. El enfrentamiento entre ambas viene desde que la ex de IU era alcaldesa de la ciudad. Calvo le recordó que había acusado a Felipe González de tener las manos manchadas de cal de los GAL y la actual consejera de Justicia andaluza tuvo que pedir perdón para ir a un Gobierno del PSOE. Calvo estaba apartada y dando clases en Córdoba hasta que decidió apoyar a Pedro Sánchez en las primarias. Como la de su ‘jefe’, la suya es una carrera política de altibajos y donde siempre supo estar en el momento justo en el sitio adecuado.

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