socialista y antifranquista

Josep Borrell, la bestia negra del soberanismo vetada en TV3

Los secesionistas van a tener su principal escollo en este catalán que siempre ha militado en la izquierda y que tiene al Estado en la cabeza

Foto: El expresidente del Parlamento Europeo Josep Borrell. (EFE)
El expresidente del Parlamento Europeo Josep Borrell. (EFE)

La importante cartera de Exteriores, la cara de España fuera de nuestras fronteras, estará a partir de ahora representada por un político de altura. Nacido en la localidad leridana de La Pobla de Segur en 1947, Josep Borrell ya trotaba por el mundo antes de cumplir los 18 (recorrió Europa con un amigo durante su primera juventud). Estudió para ingeniero aeronáutico, cosa que su padre panadero le dejó hacer, y recorrió universidades de medio mundo para realizar distintos másteres. Los que le conocen dicen de él no solo que era trabajador y muy simpático, sino un joven estudiante “con un cerebro privilegiado”. En pleno franquismo, ya militaba en el socialismo, y con Felipe González llegó a la Administración, como secretario de Estado de Presupuesto y Gasto Público primero y, más tarde, como temido secretario de Hacienda, desde donde lanzó mediáticas campañas de concienciación de pago de impuestos, que le llevaron a sonados encontronazos con Lola Flores o con Pedro Ruiz.

En 1991 fue nombrado ministro de Obras Públicas, donde se mantuvo hasta que el PSOE fue desalojado del poder por el PP de José María Aznar. Su estrella podría haber sido mucho mayor si, en plena campaña de primarias por hacerse con la secretaría general del partido, no hubiese dimitido. ¿El motivo? Haber nombrado, 12 años antes, a dos altos cargos que luego fueron procesados por fraude a Hacienda. Desde entonces, fue eurodiputado y presidente del Parlamento Europeo. Hasta que el 'procés' y su intervención el pasado octubre en la gran marcha constitucionalista en Barcelona le devolvieron al centro de la actualidad política española.

Josep Borrell, la bestia negra del soberanismo vetada en TV3

Los independentistas catalanes, que ahora inician una etapa crucial de internacionalización del ‘procés’ con la creación del Consell de la República (se espera que en una o dos semanas esté constituido y pilotado por Carles Puigdemont desde el ‘exilio’), van a tener su principal escollo en este catalán que siempre ha militado en la izquierda y que tiene al Estado en la cabeza.

El ‘procés’ lo tiene más difícil

Porque, precisamente, una de sus principales tareas será contrarrestar la propaganda independentista a lo largo y ancho del planeta. Un informe incautado hace menos de dos semanas a dirigentes independentistas (en el marco de la investigación por un fraude de fondos de la diputación que deberían haber ido a cooperación internacional) explicaba cuál debía ser la hoja de ruta del independentismo, haciendo especial hincapié en el cultivo de relaciones con Alemania, Reino Unido, Canadá o Estados Unidos, pero también con una serie de países emergentes como Brasil, China, India, Rusia o Corea. El interés del soberanismo era bombardear con informes ‘democráticos’ a los gobiernos de estos países para, por lo menos, sembrar una ‘duda razonable’ sobre la democracia en España.

Con Josep Borrell en la cartera de Exteriores, el ‘procés’ lo tiene más difícil. No solo porque es un político conocido y reconocido en el panorama internacional, sino también porque, si hablamos de democracia, no puede reprochársele precisamente a él algún déficit en ese sentido. El independentismo se queda, así, sin una de sus principales bazas, que era achacar todos los males del conflicto al PP y a los dirigentes de este partido, supuestos herederos del franquismo.

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Cómo destrozó a Junqueras

Borrell, un luchador antifranquista, no tiene madera antidemocrática. Además, es uno de los pocos hombres de Estado que afloran en la galaxia política española. Por su alineamiento antisoberanista, Borrell se ha convertido en uno de los iconos más temidos y odiados del independentismo, quizá porque tiene pocos puntos débiles. En 2015, publicó una pequeña obra titulada ‘Las cuentas y los cuentos de la independencia', junto a Joan Llorach. Desmenuzaba en ella los conceptos y las mentiras del independentismo. Muy sonado fue el debate que mantuvo en 2016 con el entonces vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, al que inutilizó argumento tras argumento. Literalmente, destrozó al vicepresidente hoy preso. Y, lo que es más importante, tanto el libro como su autor fueron vetados en los medios públicos catalanes. De ahí que el debate con Junqueras tuviera que hacerse en una cadena privada.

Por si fuera poco, Borrell fue una de las caras más esperadas y aplaudidas en las grandes manifestaciones antiindependentistas de Barcelona celebradas en otoño pasado, lo que contribuyó a situarlo en la diana de los dardos soberanistas. Su discurso, sin papeles y con las tres banderas —la europea, la española y la catalana—, le granjeó la simpatía de muchos y más odio de otros. Este mismo lunes, tras conocerse que había aceptado el ofrecimiento de Pedro Sánchez, las reacciones negativas por parte de 'figuras' independentistas como Gabriel Rufián no se hicieron esperar.

Las falacias del expolio

El nuevo titular de Exteriores lo tiene claro: Cataluña no es una colonia. No está ocupada militarmente. Ni ha sido invadida por España. No hay violación sistemática de derechos humanos en Cataluña. Ni, por supuesto, expolio: los 16.000 millones de déficit fiscal son falsos. “En el informe que hizo el año pasado el señor Mas-Colell [entonces consejero de Economía], se recoge que los catalanes no pagan 32 millones, sino 78.500 y que reciben de todas las administraciones 76.000. Por tanto, la diferencia es de 2.400, no de 16.000”, le espetó al vicepresidente catalán, echando mano de las cuentas del departamento que ya dirigía el propio Junqueras. Y, tras presentarle todas las cuentas de la Consejería de Economía, le recordó: “Alguno de los dos no dice la verdad”. De un plumazo, liquidó el principal mito ‘indepe’ y dejó meridianamente claro que el independentismo estaba utilizando a sabiendas argumentos y datos falsos y manipulados. Junqueras no supo qué contestar.

Ahora le tocará el turno de responder a los mitos secesionistas desde un cargo de responsabilidad. Sus contactos a nivel internacional, su prestigio, su inteligencia y su preparación son herramientas que juegan en contra del separatismo. Y, paradojas de la vida, es un catalán que presume de serlo y que acude cada verano a bajar troncos por el Noguera Pallaresa como un ‘raier’ más (fiesta tradicional de su comarca, bajando troncos de árbol por el río en balsas realizadas con los propios troncos, a los hombres que se de dedicaban a ese oficio, que ahora se realiza en grandes camiones, se les llama ‘raiers’), el encargado de dar la puntilla al ‘procés’ en el panorama internacional.

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