un nuevo escenario en España

La recuperación en España: los beneficios empresariales ganan terreno a los salarios

El 43% del valor agregado bruto de las compañías no financieras se convierte en beneficio, lo que supone tres puntos más que la media europea y supera en cinco puntos el reparto previo a la crisis

Foto: Salarios.
Salarios.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, disparó la polémica durante la presentación de los Presupuestos Generales del Estado. Montoro pidió un esfuerzo a las empresas para alcanzar un gran acuerdo a nivel nacional para mejorar los salarios. “Que suban tanto como los excedentes empresariales”, pidió. La realidad es que la negociación colectiva sigue bloqueada y a medida que pasan las semanas se complica más el acuerdo.

En este caso, el tiempo corre a favor de las empresas, ya que trimestre a trimestre siguen engordando sus beneficios gracias a mantener los costes salariales muy contenidos. La consecuencia es que el beneficio empresarial crece más rápido que su valor añadido. En otras palabras, las compañías cada vez se quedan con una porción más grande del pastel.

Según los datos difundidos por Eurostat, el beneficio empresarial de las compañías no financieras alcanzó el 42,8% del valor añadido bruto en 2017. En otras palabras, de toda la producción que realizan, casi la mitad se queda como beneficio empresarial para remunerar al capital (una vez descontado el coste de los productos intermedios). Esta cifra no dice mucho de forma aislada, pero la comparativa es sorprendente y muestra hasta qué punto los resultados de la recuperación se están concentrando sobre el capital.

La consecuencia es que el beneficio empresarial crece más rápido. En otras palabras, las compañías se quedan con una porción más grande del pastel

Hasta el estallido de la crisis, lo normal era que los beneficios empresariales se situasen por debajo del 40% del valor añadido bruto. La mayor parte de la renta se repartía entre los trabajadores en detrimento de la remuneración del capital. Sin embargo, con la crisis, la devaluación salarial permitió mitigar la caída de los beneficios empresariales, que lentamente empezaron a tener un peso creciente sobre la economía del país.

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En definitiva, el mayor ajuste ha recaído sobre las rentas salariales, mientras que los beneficios empresariales están claramente en máximos históricos. Este cambio en el equilibrio económico del país se produjo durante la crisis, pero no ha revertido con la recuperación. De hecho, es la primera vez en toda la serie histórica que un proceso de crecimiento económico y caída del desempleo no revierte en un incremento de la renta destinada al pago de salarios.

Este cambio de tendencia amenaza con convertirse en algo estructural a medida que España se aproxima a su tasa de paro estructural, que se sitúa en el entorno del 15%. Si los salarios no empiezan a subir ahora que se reduce la holgura en el mercado laboral, significará que el país ha entrado en un nuevo paradigma en el que el peso de los beneficios empresariales se situará entre los más altos de Europa. Para que esto se revierta, es necesario que los salarios empiecen a crecer más rápido que el valor añadido del sector empresarial, algo que parece todavía muy lejano.

El camino contrario

Los beneficios empresariales en España han seguido el camino opuesto al de Europa durante la crisis. Tras el colapso financiero, el porcentaje del beneficio en la UE se redujo desde el 41% hasta el 39% en apenas un año y medio. Esto significa que el ajuste afectó más al resultado empresarial que a las rentas salariales, o lo que es lo mismo, los márgenes empresariales asumieron una buena parte del impacto, por lo que no llegó con tanta intensidad al empleo.

Por el contrario, en España rápidamente se destruyó renta salarial a base de despedir trabajadores. El resultado es que el mercado laboral asumió la mayor parte del ajuste, con la destrucción de casi cuatro millones de empleos entre 2007 y 2013. Como España no tiene ninguna vía para reducir los costes laborales, la única vía de ajuste fue el despido, y así ocurrió. La sangría de trabajadores hizo que la renta salarial cayera más rápido que la renta del capital, por lo que el porcentaje del beneficio empresarial aumentó.

En el año 2009, y por primera vez en toda la serie histórica, el beneficio de las empresas españolas superó al de la Unión Europea y así se ha mantenido hasta hoy. En la actualidad, la brecha es de tres puntos, lo que en España supondría unos 19.000 millones menos de beneficio empresarial cada año. Sirva como comparativa que lo que pagarán las compañías este año en el impuesto de sociedades será de unos 24.300 millones de euros, lo que significa que más de dos tercios lo pagan solo con el crecimiento de su participación en los beneficios durante la crisis.

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Este vuelco en el reparto de la renta en España es tan evidente que el Gobierno ha empezado a reclamar a las empresas que sean generosas a la hora de distribuir los efectos de la recuperación. Es cierto que el mercado laboral todavía tiene un gran nivel de holgura (tanto por el paro registrado como por el subempleo), por lo que las compañías no tienen demasiados problemas en contener los costes salariales. En otras palabras, la oferta de mano de obra supera claramente a la demanda, por lo que los precios (salarios) siguen tirando a la baja.

Es por este motivo que Montoro piensa en el reparto de la recuperación no en términos de oferta y demanda en el mercado, sino de justicia social. Para el ministro, todos los sectores tienen que participar en los beneficios de la recuperación. Si los salarios creciesen tanto como las ganancias empresariales, no se revertirá el cambio en el reparto de la renta producido durante la crisis, pero al menos la brecha no seguiría aumentando.

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