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¿A qué juega Luis Enrique? El Mundial de Qatar le ha superado y su futuro no lo puede dilatar
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pendiente de reunirse con rubiales

¿A qué juega Luis Enrique? El Mundial de Qatar le ha superado y su futuro no lo puede dilatar

Luis Enrique tiene que decidir si sigue tras un mal Mundial. Marca los tiempos a la Federación y es imprevisible. Se puede agarrar al cargo para tomarse una revancha

Foto: Luis Enrique felicita a Bono tras caer eliminada España. (Reuters/Lee Smith)
Luis Enrique felicita a Bono tras caer eliminada España. (Reuters/Lee Smith)
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A Luis Enrique no se le notó dolido con la eliminación de España en el Mundial de Qatar. Acabó la tanda de penaltis, la Selección se despidió de la competición y se le vio resignado y felicitando a Bono. Con una sonrisa y sin un gesto de rabia o frustración. Es el peor final de un seleccionador que tiene pendiente resolver su continuidad y en los micrófonos se negó a dar alguna pista. "El futuro me importa cero", dijo en La 1. Lo que le pedía el cuerpo en ese momento, lo que pasaba por su mente, era llegar a su casa para estar con su gente y sus perros. Estos son sus planes más inmediatos.

¿A qué juega Luis Enrique? El Mundial le ha superado. El partido contra Marruecos es la demostración de que su idea de fútbol no es ganadora, ni su liderazgo alcanza para convencer a los jugadores, que asumen el rol de soldados de Luis Enrique, o directamente se equivoca en sus convocatorias. España está lejos de competir con las mejores del mundo. En un momento decisivo, ante un rival inferior, fue incapaz de armar un equipo ambicioso, valiente y asumir riesgos. La excusa es tan simple como irresponsable. Luis Enrique dice que hay que felicitar al rival, que en el fútbol también se pierde, que esta derrota puede ser una lección para entender que no siempre se puede ganar en la vida y que es producto del partido cerrado que hizo Marruecos.

placeholder Luis Enrique se lleva las manos a la cabeza tras caer eliminada España.
Luis Enrique se lleva las manos a la cabeza tras caer eliminada España.

Está orgulloso del Mundial que ha hecho España. "Los niños tienen que aprender a perder", comenta. Lo que genera es un desengaño. Lo que le falta a Luis Enrique es reconocer que la Selección se le cayó desde que Alemania la puso contra las cuerdas en los últimos 20 minutos de la segunda parte. Empató pidiendo la hora. En la derrota contra Japón, sufrió un colapso en el inicio de la segunda parte y un ataque de pánico. Contra Marruecos, un rival inferior, ha sido incapaz de meter a España entre los ocho mejores del mundo.

Se siente imprescindible

Luis Enrique juega a enfriar su decisión y que Luis Rubiales le dé los motivos por los que tiene que seguir como seleccionador. Maneja los tiempos y tiene a la Federación en vilo. Se siente el amo de un proyecto en el que inició un cambio generacional con jugadores jóvenes y no acepta el fracaso. Luis Enrique se siente imprescindible. No debería ser así. Lo que tendría que hacer es tener más respeto a la Federación y a los aficionados españoles, que creían en él y se les ha caído un ídolo tras el fiasco en el Mundial.

Foto: Luis Enrique durante el partido de España contra Japón. (Efe/José Méndez)

El problema que tiene es que se considera el mejor del mundo, como ha dicho en diferentes ocasiones, y el césped le ha puesto en su sitio. España hizo un mal partido contra Marruecos. Su estilo de equipo que tiene el control del partido con más posesión de la pelota es inofensivo. Fue incapaz de marcar un gol a la selección marroquí en 123 minutos. España jugó andando, sin vértigo y en ningún momento puso contra las cuerdas al adversario. El fútbol de España cayó en la monotonía por el exceso de precauciones, por dar prioridad a ser un equipo cuidadoso y evitar recibir un gol por un error.

Después de un Mundial decepcionante, en el que ha ido de más a menos, es incapaz de hacer un balance. "Soy muy malo para poner notas. Ponedlas vosotros", le dijo a un periodista. La única certeza es que Luis Enrique es imprevisible y que se puede acostar con la idea de que es mejor no seguir y levantarse, hacer deporte, desayunar seis huevos y echarse para atrás y decirle a Rubiales que se siente con fuerzas para renovar.

Un desengaño

Este es el culebrón que nos espera hasta que se decida un entrenador que es carismático, pero que no ha sido capaz de hacer una Selección competitiva. La sensación es que se guía por impulsos y que toma decisiones en función de su estado de ánimo y también de llevar la contraria a los que le critican. Sus enemigos, como él los nombra en el papel de streamer, pedirán que no siga. Por lo que se puede esperar que acabe renovando y diga que su proyecto no ha terminado, que no puede dejar tirados a estos jugadores ni a Rubiales y necesita tomarse una revancha. No renovar, irse con este mal resultado en el Mundial, será una mancha en su brillante currículo. La decisión no es fácil para un entrenador que tiene un ego muy grande.

Foto: Sergoio Ramos en el partido entre el PSG y el Lorient. (Reuters/Stephane Mahe)

El desengaño con Luis Enrique está en que prometió que de miedo no iba a morir España y la realidad es que contra Marruecos fue un equipo conservador. Sin filo y amenaza. Del colapso contra Japón pasó al atasco contra la selección marroquí. Generó pocas acciones de peligro, no funcionó el plan inicial con Marco Asensio, Ferran Torres y Dani Olmo. Ni los cambios con Nico Williams, Morata, Ansu Fati y Sarabia. Al final del partido, le preguntaron qué le faltó a España y se limitó a decir que "el gol". España tiene futuro porque en la Selección hay jugadores jóvenes que cogen experiencia. Pero importa el presente y saber cuanto antes si Luis Enrique es el idóneo para seguir ejerciendo de líder.

A Luis Enrique no se le notó dolido con la eliminación de España en el Mundial de Qatar. Acabó la tanda de penaltis, la Selección se despidió de la competición y se le vio resignado y felicitando a Bono. Con una sonrisa y sin un gesto de rabia o frustración. Es el peor final de un seleccionador que tiene pendiente resolver su continuidad y en los micrófonos se negó a dar alguna pista. "El futuro me importa cero", dijo en La 1. Lo que le pedía el cuerpo en ese momento, lo que pasaba por su mente, era llegar a su casa para estar con su gente y sus perros. Estos son sus planes más inmediatos.

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