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La cruda realidad de España en el Mundial: muy buenos con el balón e inseguros sin él
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las dos versiones de la selección

La cruda realidad de España en el Mundial: muy buenos con el balón e inseguros sin él

El empate de España contra Alemania refleja lo bueno y lo malo de la Selección de Luis Enrique. Cuando tuvo la posesión, pudo hacer daño; pero sin la pelota es inconsistente

Foto: Unai Simón (i) y Thomas Müller ayer durante el partido de la Selección contra Alemania. (Getty/Clive Brunskill)
Unai Simón (i) y Thomas Müller ayer durante el partido de la Selección contra Alemania. (Getty/Clive Brunskill)

España demostró contra Alemania que es una selección competitiva e inexperta. Tuvo dos versiones en un mismo partido. La buena es que su idea de juego es vistosa y la mala es que le falta oficio. Está entre las mejores del Mundial, le basta con un punto contra Japón para clasificarse a los octavos de final, pero tiene que revisar la dependencia que tiene del balón. En el primer toro serio que tuvo en el Mundial, pudo cortar las dos orejas y el rabo, y acabó pidiendo la hora. Pasó de ser un equipo dominador a estar angustiado. Consiguió llevar la iniciativa del partido, con más posesión de la pelota, sin especular, se adelantó con el gol de Morata y acabó agobiada y desinflada.

Luis Enrique no está contento ni cabreado. El síntoma del seleccionador es el que tienen una gran mayoría de aficionados. España es una selección que puede hacer daño con la posesión de la pelota, pero, sin ella, es un flan, le falta ser consistente y está demasiado incómoda. Aparecen las fisuras. El seleccionador achaca el empate a la falta de finura, frescura y la confianza de los jugadores para no cerrar el partido tras el gol de Morata. Señaló la ocasión que desperdició Marco Asensio en una acción solo en la frontal del área en la que disparó alto.

A Luis Enrique le queda la tranquilidad de que España es una selección que está cómoda con la pelota, pero que es insegura sin ella. Considera que contra Alemania, en situaciones claves, faltó poso. Lo disfraza con la ausencia de finura en un plan de juego que requiere un altísimo porcentaje de precisión para salir con la pelota jugada desde atrás y en el que se compromete en exceso a Unai Simón. Es imposible que el portero tenga nervios de acero o un guante en los pies. España se asfixió con la presión de Alemania y no fue por un problema de frescura ni de confianza, sino porque nadie se atreve a hacer algo tan práctico como jugar al otro fútbol que te puede llevar a sobrevivir y ganar los partidos.

Está bien no salir a especular, pero también conviene ser inteligente para saber cómo superar las situaciones de apuro y bloqueo con la salida de la pelota desde la portería. En las eliminatorias, según avance el torneo, subirá el nivel de los rivales, y España se verá en escenarios como el de los últimos 20 minutos contra Alemania, donde los problemas o los errores se pueden resolver y minimizar con acciones más prácticas. No todo iba a ser tan sencillo como en el estreno contra Costa Rica.

España demostró contra Alemania que es una selección competitiva e inexperta. Tuvo dos versiones en un mismo partido. La buena es que su idea de juego es vistosa y la mala es que le falta oficio. Está entre las mejores del Mundial, le basta con un punto contra Japón para clasificarse a los octavos de final, pero tiene que revisar la dependencia que tiene del balón. En el primer toro serio que tuvo en el Mundial, pudo cortar las dos orejas y el rabo, y acabó pidiendo la hora. Pasó de ser un equipo dominador a estar angustiado. Consiguió llevar la iniciativa del partido, con más posesión de la pelota, sin especular, se adelantó con el gol de Morata y acabó agobiada y desinflada.

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