sin '9' en donosti, mientras el canterano es feliz

Anoeta, uno de esos (muchos) días en los que Morata le salvaba la vida al Real Madrid

El Madrid llega a San Sebastián con solo Mayoral como opción en la delantera, mientras Morata reconoce en una entrevista que se fue al Chelsea porque no podía "quedarse para ser suplente"

Foto: Morata ha empezado de maravilla en el Chelsea. (Reuters)
Morata ha empezado de maravilla en el Chelsea. (Reuters)

Irse por voluntad propia de un gran club es la decisión más dura que jamás han tenido que tomar aquellos que han pasado por esa situación. Más si es en el caso del Real Madrid, este Real Madrid, que lo ha ganado prácticamente todo desde que le entrena Zinédine Zidane. Lo contó Marcelo hace unos días en 'The Players Tribune': "Si me voy, puede que no vuelva". Y por eso se quedó jugando poco hasta que la paciencia tuvo su premio. Álvaro Morata no aguantó la espera dos veces. A la primera deseaba empezar a jugar con regularidad, en la segunda quiso evitar sentirse siempre el segundo plato. Y ahora, en un momento de madurez de su carrera y de su vida personal, Álvaro es feliz en Londres, ciudad a la que todavía debe adaptarse, una liga que está conociendo a través de los goles, una casa que convertir en su hogar.

Mientras tanto, el Madrid le llora. Imaginar que esto podía pasar era aventurarse demasiado, pues no dejaba de ser un jugador que no tenía espacio en el equipo titular en los días de gran trascendencia y porque claro, si se iba, su hueco debía ser cubierto. No fue así. Zidane le transmitió la necesidad al presidente Florentino Pérez y a la dirección deportiva que organiza José Ángel Sánchez de contratar a un nuevo delantero centro, no a un futbolista de primerísimo nivel, sino a un hombre que diera un respiro al trío atacante y que garantizase un buen número de tantos al finalizar la temporada. La cúpula blanca le denegó la petición y le instó a hacer frente a los siguientes meses de competición con lo que había, que se apañase con Borja Mayoral, un canterano para reemplazar a otros dos, Mariano y Morata, que habían dejado 26 goles.

Con la brevísima perspectiva que le ofrecen sus inicios en la Premier League y en el Chelsea, Morata echa ya la vista atrás y habla con el 'Daily Mail' sobre cómo se siente una vez asumido el cambio más determinante de su vida deportiva. "Zidane quería que me quedase y yo estaba feliz en Madrid, pero no podía quedarme para ser suplente. Hay un momento en el que necesitas jugar, crecer y escapar de tu zona de confort. Parece que todo es sentirse cómodo y yo no quiero eso. Soy muy ambicioso y me muero de ganas de tener éxito". No había vuelta atrás cuando en la primavera de este año pensó que lo mejor era irse de casa, esta vez para no volver más. Es año de Mundial, y eso a un futbolista que no tiene el puesto asegurado le obliga a moverse. "Cuanto más juegue con España, más goles meteré y más oportunidades tendré de ir al Mundial y ser titular".

Según explica el madrileño, en su cabeza no había más opción que el Chelsea, pero su agente y su padre le pusieron sobre la mesa las ofertas de muchos otros equipos de varias ligas. Pero Antonio Conte ha sido determinante para él ya en dos ocasiones. Fue él quien le fichó para la Juventus en 2014, pero no le pudo entrenar allí porque dejó plantado al club 'bianconero' para irse a la selección de Italia. "Hablé con Conte varias veces, y no solo este verano. Me sentía en deuda con él. Solo pasé dos meses con él —en Turín— pero sentí que lo conocía de toda la vida. Desde que supe que me quería este verano, no lo pensé dos veces. Hice todo lo que pude para que se hiciera el fichaje. Pensé que si dejaba el Madrid, era solo para ir al Chelsea", dice el atacante en el tabloide británico.

Morata marca de cabeza al Everton. (Reuters)
Morata marca de cabeza al Everton. (Reuters)

A Morata le está costando sonreír en Inglaterra. De hecho, le suele ocurrir. No es un tío risueño externamente, sí en la intimidad, donde disfruta cada día al lado de Alice Campello, su esposa. Pero en el campo, Morata se autoexige tanto que le cuesta disfrutar. "Puede que sobreanalice las cosas. Pienso mucho, quizás demasiado, sobre las ocasiones que fallo. A veces he marcado en un partido que hemos ganado, pero llego a casa, me pongo el partido y veo otra vez esa ocasión o le digo a mi mujer: 'Debería haber marcado esa'". Como recuerda durante la entrevista, estuvo más de cien días sin marcar en la Juventus y ya no sabía qué hacer para romper la mala racha. "Durante esos días cambié de coche, de peinado, de botas, todo para intentar romper el gafe".

Esa presión que se autoimpone él mismo crece si tiene que estrenarse en un lugar que no conoce. "Cuando llegué sentí muchísima presión. El precio pagado no era poca cosa. Fallé un penalti importante en la Community Shield y supe instantáneamente que tenía que apretar los dientes y que tendría encima una avalancha de críticas. Eso solo consiguió que tuviera una mayor determinación para demostrar a los críticos que se equivocaban y para trabajar más que antes".

A cientos de kilómetros de distancia, en la costa donostiarra, el Madrid se juega no desengancharse más del liderato en la cuarta jornada del campeonato. Las urgencias apremian al campeón pese a que inició la temporada como un tiro. Y las incidencias le obligan a afrontar el duelo contra la Real Sociedad sin Marcelo, Cristiano, Benzema ni Kroos. Dos sancionas, dos lesionados. Solo hay un delantero ahora mismo disponible, Borja Mayoral, que claramente no cuenta con la confianza de su técnico ni del madridismo. Y luego está Bale, al que le ha mirado un tuerto, por lo menos.

Este, el año pasado, era uno de esos tantísimos partidos que Morata le solucionaba al Madrid. Le salvaba la vida con un cabezado, un remate, un desmarque en profundidad... No es una final de la Champions, ni un derbi ni un Clásico, pero es un encuentro que suma para el objetivo final del título, que es lo que cuenta realmente en el expediente. No era suficiente para Álvaro, que en el Chelsea jugará estos partidos, pero también estará sobre el césped en los días más grandes, los que todo futbolista sueña con jugar cada día. El Madrid ganó 80 millones de euros, pero perdió a Morata.

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