doblete del portugués en su regreso

Cristiano siempre aparece, pero el Bernabéu sigue esperando que Bale haga algo

No hubo goleada en Chamartín ni tampoco la recuperación del fantástico fútbol de agosto, pero al menos el Real Madrid se reconcilió con su grada con un triunfo tranquilo y muy aseado

Foto: Cristiano volvió a besar la red. (Reuters)
Cristiano volvió a besar la red. (Reuters)

A la Champions se le puede hacer un análisis relativamente similar al que se hace a los clasificatorios europeos para Eurocopa y Mundial. Gracias a la democratización del fútbol continental que promovió Michel Platini, la máxima competición europea llega a la periferia de Europa para incluir a clubes que apenas sí soñaban con participar en ella. Al Real Madrid, como cabeza de serie, le suele caer siempre uno de estos equipos de bajo 'ranking' que apenas oponen resistencia en el Bernabéu y que rara vez lo hacen lejos de él. Esta vez cayó el APOEL, que una vez ya tocó en cuartos de final, y que tiene pinta de ser tan poco complicado como entonces. Mucho menos si Cristiano está en el césped, obviamente.

Era la novedad. Suena raro que el hecho de ver a Ronaldo jugar de titular resulte nuevo, poco habitual. Hacía un mes que no jugaba ni un minuto oficial, pero para verlo iniciar un encuentro hay que remontarse a la final de la Copa de Europa. En Cardiff, hace algo más de tres meses, Cristiano jugó y marcó dos goles. Pues cuando ha regresado a casa ha hecho lo mismo. Dos goles para que nadie se acuerde ya de que falta un delantero centro, otro, o el primero, según se mire, pues no está Benzema... Pero tampoco lo es el francés. Es algo que sucede de manera automática: juega y marca. Lo lleva haciendo desde siempre, multiplicando su promedio realizador casi por dos desde que se vistió de blanco en julio de 2009. Y ni la edad ni la evidente ausencia de chispa e inspiración le merman sus registros, cada vez más inalcanzables para las generaciones futuras de futbolistas mortales.

No hay quien no haya pensado alguna vez que a Cristiano le vendría bien, como consejo constructivo, calmarse un poco y sentirse menos bueno de lo que se cree y, a veces, de lo que realmente es. Pero ese autobombo que realiza en cada partido, en cada acción, es parte de su calidad. Ronaldo no sería tan bueno si no se creyese mejor de lo que es, si no demostrase una ambición absoluta y constante por ser el más grande de siempre, aunque no lo sea para muchos. De ninguna otra manera se explica que después de hacer el 2-0 de penalti (inexistente, por cierto) fuera corriendo a la red a recoger la pelota y, como si el Madrid hubiese ido perdiendo, se marchara raudo al centro del campo para acelerar la reanudación del partido; que poco después cayese en fuera de juego y facilitara el balón al portero del equipo chipriota para que sacara lo antes posible, sin importar que la victoria estuviera sentenciada.

El Bernabéu le quiere por y pese a ello. Porque bien puede ser el APOEL, un equipo muy limitado que probablemente sufra muchísimo para no perder sus seis partidos en un grupo complicadísimo para ellos, o bien puede encontrarse frente al Bayern, el Atlético o la Juventus, que da igual, los va a triturar o como mínimo lo intentará hacer. Siempre está cuando se le necesita, como los bomberos en el incendio o el protagonista de una película antes de que maten a su compañero o pareja. Y el Madrid ahora mismo le necesitaba como si llevara 20 derrotas seguidas, no hay término medio en el tremendismo madridista. Ganar y ganar bien al APOEL era indispensable tras dos encuentros con resultados no favorecedores.

Bale asistió a Cristiano en el primer gol. (Reuters)
Bale asistió a Cristiano en el primer gol. (Reuters)

Y el Madrid ganó y ganó bien, pero sin el más mínimo alarde, a no ser que consideremos como tal esa chilena muy forzada, llamada también 'churro', que convirtió Sergio Ramos en el tercer gol. Y justo en un día así, tranquilo, sin la más mínima preocupación más que la suma de goles conforme avanza el encuentro hacia el triple pitido final, el madridismo volvió a echar en falta que Gareth Bale apareciese un poquito más. Rara vez la afición se queda con un grandísimo pase como motivo para aplaudir hasta que acabe el choque a un futbolista. Y Bale puso un pase impresionante a Cristiano para el 1-0, pero casi nada más.

Bale se está transformando poco a poco en una sombra de sí mismo, una copia inexacta y defectuosa de aquel que vino de Londres cargado de ilusión y con un madridismo juvenil en las venas. Al contrario que a Sansón, la coleta parece haberle mermado. Bale sigue siendo buenísimo, pero por algún motivo que todavía nadie se ha aventurado a descifrar, ha dejado de aparentarlo. ¿Alguien recuerda la última cabalgada infinita del galés en pos de un gol, o el último disparo a la escuadra o el último remate imposible de cabeza? Le falta todo eso, y el Bernabéu lo nota y se lo reprocha en cuanto aprecia un fallo menor. Esas críticas públicas, aun así, no le sacan del letargo y no recupera la vitalidad perdida en algún punto de estos cuatro años de blanco.

Desde que entró en ese estado cercano a REM, a su lado han estado y renacido una serie de futbolistas que le dejan en evidencia. Les ha pasado a Isco, Morata, James, Casemiro, Nacho, Di María... Todos tuvieron un punto de falla y a partir de él fueron escalando la montaña y alcanzaron la cima, de la cual varios de ellos todavía no se han bajado, jueguen aún o no en el Real Madrid. Bale fue de más a menos. Si algún día se verá de nuevo la versión más parecida al fino extremo que ganó la Décima y la Copa del Rey como protagonista principal, es una incógnita de dimensiones titánicas.

Ficha técnica

3 - Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Nacho, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Kovacic (Kroos, m.25), Modric, Isco (Ceballos, m.73); Bale (Borja Mayoral, m.82) y Cristiano Ronaldo.

0 - APOEL: Waterman; Roberto Lago, Jesús Rueda, Vuros, Carlao; Vinicius, Nuno Morais, Ebecilio (Zahid, m.73), Aloneftis, Sallai (Farias, m.60) y De Camargo (Poté, m.83).

Goles: 1-0, m.12: Cristiano Ronaldo. 2-0, m.51: Cristiano Ronaldo de penalti. 3-0, m.61: Sergio Ramos.

Árbitro: Benoit Bastien (FRA). Amonestó a Carvajal (52) por el Real Madrid; y a Sallai (53), Ebecilio (63) y Farias (89) por el APOEL.

Incidencias: encuentro correspondiente a la primera jornada de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 71.000 espectadores.

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