El gran dilema del entrenador: ¿se debe tratar a las estrellas igual que al resto?
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La gestión del vestuario es clave

El gran dilema del entrenador: ¿se debe tratar a las estrellas igual que al resto?

¿Hasta qué punto deben tener privilegios los 'cracks' del equipo? ¿Cómo se puede encontrar el equilibrio entre no reprimir el talento del genio y que siga las reglas generales?

Foto: Martino llegó a decirle a Messi que ya sabía que era "el puto amo", que no tenía que demostrarlo a diario. (EFE)
Martino llegó a decirle a Messi que ya sabía que era "el puto amo", que no tenía que demostrarlo a diario. (EFE)

Hace dos meses, el Liverpool de Jürgen Klopp alineó a todas sus estrellas ofensivas (Sadio Mané, Diego Jota, Roberto Fimino y Mohamed Salah) ante el Manchester City de Pep Guardiola. Tan solo cuatro días antes, el Barça de Ronald Koeman sufría para vencer al Dinamo de Kiev en la Champions League mientras Leo Messi contemplaba en la última jugada del partido cómo su defensor pasaba por delante sin inmutarse. El argentino, único futbolista del Barça con libertad para descansar en fase defensiva, combina su posición de falso ‘9’ con la de mediapunta y extremo por derecha, donde yace a la espera de que su equipo, parapetado en un 4-4-2, logre encontrar el equilibrio defensivo correcto para no verse descompensado tras perder el cuero.

¿Había dejado Messi de presionar de golpe? La respuesta es que el astro argentino acumula años desentendiéndose de la recuperación de balón de su equipo y centrándose en atacar, pero nunca había sido tan sencillo señalar sus carencias como ahora. Jamás había sido un ser tan mortal. Al fin y al cabo, esta temporada estamos siendo testigos del Leo más humano, que no es poco. Lo explicaba el técnico del Dinamo de Kiev, Mircea Lucescu, en la previa del encuentro ante los azulgranas: “Sin Leo Messi, el Barça pierde ofensivamente, porque es un jugador extraordinario. Sin embargo, el equipo también gana en términos defensivos, porque todos se implican del mismo modo en labores defensivas”.

placeholder Leo Messi saluda a Mircea Lucescu. (EFE)
Leo Messi saluda a Mircea Lucescu. (EFE)

¿Cómo convencer a un futbolista de que es igual que el resto cuando hace cosas extraordinarias que solo están a su alcance? ¿Debe ceñirse un 'crack' al plan preestablecido o puede escapar de la rigidez táctica grupal? “A veces, les dices: ‘No te haré correr 40 metros como al atleta de 20 años del equipo, pero dame una razón para no correr, la estrellas necesitan correr como cualquier otro jugador’. Si alguien no corre, pero marca tres goles en cada partido, puedo aceptar eso, pero solo Leo Messi se acerca a eso”, confesaba Pep Guardiola en 2019 en los micrófonos de Catalunya Ràdio.

En esta línea, Luis Enrique explicaba la implicación defensiva de su tridente formado por Luis Suárez, Neymar y el argentino: "Messi jugaba de falso '9' con Guardiola en la época en que Ibrahimovic no era titular. Buscaban esa solución pensando claramente en cómo iban a defender al perder el balón. Si un 'crack' no corre en defensa, lo podemos gestionar, con dos también, pero si lo hacen tres, no hay nada que hacer cuando no tengas acierto y juegues contra un rival de nivel". Por su parte, Jürgen Klopp, quien afirma que "la presión es el mejor mediapunta", se inclinaba por la misma teoría en una entrevista concedida a 'Unisport' en 2019 al hablar del Liverpool: “Nosotros creemos en una organización defensiva donde todos trabajan. A menos que tú seas Leo Messi, tienes que trabajar defensivamente”. Excepciones que confirman la regla.

Foto: Quique Setién, durante el FC Barcelona-Granada. (Reuters)

Es una cuestión ancestral

El debate entre colectivo e individuo tan solo es una extensión de la dualidad libertad vs. inflexibilidad táctica, presente en el fútbol desde los albores del mismo. Según publica el documentalista David Mata, en 1965, el entrenador paraguayo de la Juventus de Turín, Heriberto Herrera, declaró en su primera entrevista como técnico turinés que “nadie se beneficiaría de un trato particular” en referencia a la estrella del conjunto italiano, el argentino Omar Sívori.

No obstante, puede que no haya habido una década en que este conflicto se volviese tan mediático como en los noventa, gracias a la rivalidad ideológica entre Johan Cruyff y Louis Van Gaal. Herederos ambos de Rinus Michels, Johan creía más en la intuición y creatividad de sus futbolistas mejor dotados técnicamente, mientras que Louis fiaba la victoria en mecanismos tácticos perfectamente engrasados sin espacio para la improvisación. Por otra parte, Cruyff perdonaba las salidas de tono de sus astros con aire paternal, reparando en las individualidades como parte de un todo, y Van Gaal deseaba moldear futbolistas que conformaran "el mejor XI, no los 11 mejores”, en sus propias palabras. Dicho de otro modo, no estaba dispuesto a dirigir egos, sino a mecanizar conjuntos.

placeholder Johan Cruyff y Pep Guardiola, durante su etapa como entrenador y jugador en el FC Barcelona.
Johan Cruyff y Pep Guardiola, durante su etapa como entrenador y jugador en el FC Barcelona.

De sobras es conocido aquel pasaje de la vida de Romário en Barcelona donde, tras proclamarse campeón del mundo en 1994, el astro brasileño se tiró un mes de celebración en Brasil y llegó tarde a la vuelta de los entrenamientos. Ofendido por su falta de empatía, el núcleo duro del equipo azulgrana formado por Bakero, Zubizarreta, Koeman, Stoichkov, Laudrup y Berigistain pidio al técnico neerlandés una reunión con Romário. Después de varios minutos escuchando las quejas de sus compañeros, llegó el turno del sudamericano que, sin titubear, dijo: “Tú, tú y tú quedasteis eliminados en la primera ronda [del Mundial], fuera [de aquí], Tú [Koeman] fuiste eliminado por mí, y tú [Laudrup] ni siquiera participaste en la Copa del Mundo, tú [Stoichkov], Bulgaria quedó eliminada en la tercera ronda. Quiero saber por qué tengo que disculparme ante vosotros, yo fui el ganador y vosotros los perdedores. La verdad es que creía que la reunión era para felicitarme [por ganar la Copa del Mundo del 94] o para darme un regalo. ¿Queréis una disculpa? Iros al carajo. Eso fue lo que pasó”. A lo que Cruyff respondió, “cierto, vamos a entrenar”.

A lo largo de esa temporada, Romário continuaría su modelo de vida hedonístico con varios desplantes en el entrenamiento, muchas noches sin dormir y otras tantas mañanas sin entrenar. Ese año, que terminaría en tragedia barcelonista coronada por el 4-0 de Atenas ante el A.C. Milan de Capello, marcaría el punto de inflexión del técnico del Dream Team y el adiós de un Michael Laudrup que había venido perdiendo jerarquía en los meses anteriores.

Foto: Romario: "El fútbol es lo que más me gusta después del sexo"

Tras un año con Bobby Robson, llegó Van Gaal y se presentó como la estrella del equipo en su primera rueda de prensa. El caso es que el Barça ya tenía estrellas y surgieron problemas tácticos con algunas de ellas, como con Rivaldo: “En Brasil, la gente no habla de táctica y eso significa libertad. Aquí es más complicado y más táctico, durante años, he estado haciendo cosas por el equipo y nada pensando en mí. Quiero disfrutar más, he jugado en la izquierda durante un tiempo, pero ahora quiero jugar en el centro con el '10' y actuar como un '10”. Tal como explica Michael Cox en su obra ‘Zonal Marking’, la guerra de poder entre astro brasileño y técnico neerlandés se saldó con la victoria de Rivaldo pese al castigo inicial.

Si bien en el siguiente partido en el empate ante el Rayo Vallecano fue desconvocado y tampoco jugó en la victoria contra la Real Sociedad, Van Gaal acabó recurriendo a su figura para poner el 2-0 ante el Celta de Vigo tras salir desde el banquillo. Luego enlazaría siete partidos consecutivos como titular. "El equilIbrio en el vestuario se ha roto, ese ha sido mi mayor error esta temporada. Esta cultura necesita estrellas. Ahora tengo dos jugadores que están entre los 10 mejores del mundo. En el Ajax, en 1995, cuando no perdí ni un solo partido, no había nadie en esa lista". Van Gaal, claro, quería exportar su modelo, pensaba que la estrella era él y no se molestaba en ocultarlo. Su tercera temporada estuvo marcada por los enfrentamientos abiertos con el astro brasileño.

placeholder Louis Van Gaal y Pep Guardiola charlan antes del Manchester City-Feyernoord de Champions League, en 2017. (Reuters)
Louis Van Gaal y Pep Guardiola charlan antes del Manchester City-Feyernoord de Champions League, en 2017. (Reuters)

Esta tendencia y dificultad para seducir a los futbolistas más diferenciales seguiría a lo largo de su carrera. Así lo ilustraría Franck Ribery 20 años después tras el paso del técnico neerlandés por el Bayern de Múnich, donde estuvo a punto de lograr un triplete histórico: “Tuvimos problemas de entendimiento. Cuando él vino, nadie sabía lo que estaba ocurriendo. Su idea era no pensar en nombres propios, porque consideraba que no necesitaba estrellas". Por tanto, no es de extrañar su opinión sobre Messi y Neymar: "No lo creo. Mire al Barcelona. ¿Cuántas Champions han ganado con el que dicen que es el mejor jugador del mundo? Mire a Neymar en el PSG. ¿Cuántas Champions ganó? Neymar y Messi me gustan como futbolistas individuales, no como jugadores de equipo. Yo creo que en los juegos colectivos no hay nada más importante que el jugador de equipo".

El futbolista como epicentro

En esta línea, Charly Rexach, testigo privilegiado del Dream Team, cuenta cómo funcionaba ese vestuario a través de su experiencia: "Las reglas son iguales para todo el mundo. Si el equipo se tenía que concentrar, todos iban a hacerlo". Sin embargo, también apunta que "algunos jugadores de alto nivel a veces hacían lo que querían y decían 'me voy al gimnasio porque estoy cansado'. Todo el mundo debe hacer lo mismo, pero el jugador de más renombre se ha ganado unos derechos que el otro no tiene. Algunos siguen la senda marcada y otros van a su aire, pese a que deberían ir en línea recta. Por ejemplo, Rivaldo ya era un jugador anárquico cuando llegó a España, pero si le dices 'tienes que hacer esto, cuando él suba, tú bajas..', le estás quitando su encanto como futbolista. Tenía que jugar en función de su inspiración divina y, además, se lo había ganado como resultado de la ascendencia de su figura. Si las diferencias se trasladan al entrenamiento, eso dañará al grupo".

placeholder Charly Rexach, junto a Leo Messi. (EFE)
Charly Rexach, junto a Leo Messi. (EFE)

"Cuanto más ofensivo eres como jugador (Maradona, Pele, Cruyff, Messi..), más libertad debes tener. A esos jugadores no puedes amenazarlos, debes dejarlos a su aire y a los delanteros igual. Cuando piensas en centrocampistas y defensas, la cosa cambia. Johan decía que dos gallos no podían estar en el mismo gallinero, pero puede haber tres si cada uno hace lo que tiene que hacer y se implican. Teníamos a Romário, Laudrup, Stoichkov o Koeman, pero cada uno tenía un rol diferente en el equipo y no se pisaban. El problema viene cuando hay dos jugadores que quieren jugar en el mismo sitio, como Griezmann y Messi, y el otro se debe adaptar. Después, a nivel disciplinario, se ponían multas y todos pagaban, porque si no era un cachondeo. Johan les comentaba 'si vas con la selección y juegas tres partidos seguidos, conmigo no jugarás el próximo', esto también se aplicaba a los 'cracks' extranjeros", cierra Rexach.

Para el campeón del mundo y exentrenador del Real Madrid de los Galácticos, Vicente del Bosque, no se pueden aplicar criterios generales: "No hay mayor injusticia que tratar a todos por igual. En una plantilla de 23, siempre hay distinciones. El entrenador debe ser justo, pero luego sería injusto tratar a todos del mismo modo. Lo más importante es que te tengan respeto tanto a ti como a sus compañeros y tener un clima laboral sano. Si no eres laborioso ni tienes conocimientos, los jugadores te desnudan en dos días. Escarban en ti hasta que encuentran tus debilidades. Te analizan. Si tú les das indicaciones y no creen en ti, no te van a seguir. Esa credibilidad te la tienes que ganar para sacar el máximo jugo de todos. Si puedes liberar a alguno de ciertas funciones, lo haces".

placeholder Vicente del Bosque, en sus días como técnico del Real Madrid. (Reuters)
Vicente del Bosque, en sus días como técnico del Real Madrid. (Reuters)

El exentrenador habla de nombres propios: "En el Madrid, por ejemplo, tuvimos a Nicolas Anelka, que era un poco especial, pero no tuvimos un trato diferente con él. No tuvimos problemas salvo un malentendido, porque los vestuarios tienen su problemática. Raúl tenía carácter, pero siempre desde la competitividad, que es lo que necesita un grupo". La mano izquierda de Del Bosque gustaba a las estrellas, como confesó Roberto Carlos: "No necesitaba reglas. Nos entendíamos perfectamente. Los entrenamientos de los lunes y a veces de los martes eran a las cinco de la tarde. No los ponía a las 11 de la mañana porque casi nadie llegaba".

La clave, por tanto, parece estar en la difícil tarea de encontrar el equilibrio entre privilegios tácticos y poner ese talento al servicio del equipo. Para ello, es clave seducir a las estrellas y convencerlas de tu idea. Aunque, claro, todo dependerá de la rigidez táctica del técnico y de su escuela futbolística.

Del mismo modo que Marcello Lippi, al hablar sobre Zinédine Zidane, menciona: "Con los grandes jugadores, el entrenador debe simplemente hacerles comprender el peso de algunas situaciones, enseñar una cierta mentalidad y la importancia de ponerse al servicio del equipo". Otros pupilos, como Antonio Conte, expresan: "No hay espacio en mi equipo para quien antepone el yo al nosotros, el equipo no es un elemento individual, claro que a más talento, más opciones de ganar, pero quiero ese talento al servicio del equipo. El conjunto siempre ha sido mi prioriodad, nunca me encomendé a un jugador por muy bueno que fuera. Yo, que corría mucho en la Juventus, corría contento porque veía que las estrellas jugaban para el equipo".

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