nunca quiso privilegios

El día que Zidane le dijo a Florentino que venía al Real Madrid a no molestar

Desde el día de su fichaje (2001) dejó claro a Florentino que sería uno más y sin privilegios. Eligió el dorsal '5' que estaba libre y respetó el '21', que llevaba en la Juventus, de Solari

Foto: Florentino Pérez junto a Zinedine Zidane en la rueda de prensa en Valdebebas para anunciar la marcha del francés. (EFE)
Florentino Pérez junto a Zinedine Zidane en la rueda de prensa en Valdebebas para anunciar la marcha del francés. (EFE)

De la despedida de Zidane como entrenador del Real Madrid llamó la atención que el lugar escogido fuera la sala de prensa de la Ciudad Deportiva de Valdebebas. Pudo haberse hecho mejor, como abrir el Bernabéu para tributarle un homenaje al estilo Iniesta o Fernando Torres porque se lo merece y seguro que se habría llenado de aficionados y fans. Pero no fue así porque Zidane es exageradamente sencillo y tímido. Una persona que ha tenido que hacer un esfuerzo tremendo para afrontar cada rueda de prensa, dar explicaciones y dejar satisfecho a todos los periodistas. No quería un acto de despedida multitudinario. Algo rápido, lo más íntimo posible y breve. Con la sola compañía de Florentino, al que sigue llamando 'Presi' cariñosamente, y sin más brillo. El día de la celebración de la Champions en el Bernabéu le tuvo que insistir Sergio Ramos que cogiera el micrófono y dijera unas palabras porque seguía en un sorprendente segundo plano. "Vamos, carajo, míster que te toca hablar". Y lo hizo, pero fue demasiado conciso.

Así es Zinedine Zidane. El hombre tranquilo, sencillo y tímido que en el día de su presentación como jugador del Real Madrid (9 de julio de 2001) se quedó abrumado por el acto que se celebró en la antigua Ciudad Deportiva que estaba en La Castellana. Lo primero que quiso demostrar, antes de complacer a Florentino con una puesta en escena pomposa, es que venía a ser uno más de la plantilla. Sin privilegios ni vanidades. Se ganó al vestuario, que lideraban Fernando Hierro y Raúl, en el día de la presentación cuando eligió el dorsal número '5'. Zidane venía de la Juventus, donde estuvo cinco años, de jugar con el '21'. Este número estaba ocupado en el Real Madrid por Santiago Hernán Solari. Zidane dijo que él no le quitaba el número a nadie y que le tenían que asignar el que estaba libre. Se había quedado vacante el ‘5’ de Manolo Sanchís y fue el que eligió.


Enseguida se vio la personalidad de una estrella que venía a ser uno más y se ganó a sus compañeros con un gesto que le hacía más grande y humilde. Un detalle del que también tomó nota Vicente del Bosque para descubrir que no solo se incorporaba un enorme futbolista sino una buena persona. A Zidane le agobiaba la multitud en ese acto de presentación, en el que lo que más ilusión le hizo fue que Alfredo Di Stéfano le entregara la camiseta. La llevaba en la mano el vicepresidente Fernando Fernández Tapias, pero él la tenía que coger de otra leyenda y no de un directivo. Es cuando más cómodo se encontró. Después, durante el acto, se resguardó en un segundo plano. Delante de él estaban los numerosos directivos que querían salir en la foto.

Zidane, el fichaje por el que Florentino pagó 12.500.000 millones de pesetas (75 millones de euros), no quería alterar el orden del vestuario. Necesitaba ser uno más y adaptarse con el menor ruido posible. En su aterrizaje en la capital se sentía aliviado hablando de fútbol, con el director deportivo Jorge Valdano, y no tanto de temas de marketing y estrategias comerciales. En la mañana de su presentación se agotó la camiseta en la tienda oficial del estadio. Le agobió tanto espectáculo y la cantidad de periodistas (más de 300 acudieron a su presentación).

A partir de este momento se descubrió al verdadero Zinedine Zidane. Una estrella del fútbol que era una persona tímida y celosa de su intimidad, al que le gustaba pasar por ser normal y no crear agravios comparativos. Así ha sido su trayectoria como jugador y entrenador. El fútbol es más importante que el marketing. Defiende a los futbolistas que están más expuestos a la crítica interna y externa, se rebela ante una injusticia y está incómodo en los espectáculos institucionales. El secreto de Zidane siempre ha sido saber hacer vestuario. Así es su personalidad y así ha triunfado como entrenador porque desde el primer día le dijo a Florentino que él venía a no molestar y ser uno más.

Cristiano Ronaldo y Zidane, sonrientes, en Kiev tras ganar la Champions. (EFE)
Cristiano Ronaldo y Zidane, sonrientes, en Kiev tras ganar la Champions. (EFE)


Un hombre de palabra

Desde que llegó a Madrid ese 9 de julio de 2001 he podido seguir de cerca su trayectoria en el Real Madrid y en la selección francesa. Le empecé a conocer en la final del Mundial de Francia de 1998 y me ganó en su primera semana en Madrid. Veníamos de un viaje en El Cairo, en el que el Madrid disputó un amistoso, y tuvo el gran detalle de elegir la redacción de 'Marca' (donde yo trabajaba) como la primera visita a un medio español. Cumplió su palabra, la que me había dado en una visita turística a las pirámides en esa mañana antes del partido. Sabía la importancia de su fichaje, de su llegada a España, la repercusión y necesidades de la prensa. En las primeras conversaciones me lo dejó bien claro. Tanto él como su mujer, Veronique. "Lo único que quiero es que se respete mi vida privada, no se me persiga como si fueras paparazzi y mi familia esté al margen. Yo soy futbolista", me comentó. De la complicidad salió la promesa de 'bautizarse' en la redacción de 'Marca'.

Tenía detalles para los que se trabajan el día a día. Algo vio en mi desesperación cuando, en Seúl, a cuatro días de empezar el Mundial de Corea y Japón se lesionó en el cuádricpes y la alarma de su posible ausencia provocó que la prensa internacional persiguiera una foto y unas palabras con las que poder confirmar si se marchaba a Francia o apuraba plazos para recuperarse. Estuve dos días haciendo guardia en la puerta de un hotel bunquerizado, sin moverme y sufriendo los calores mientras otros tiraron la toalla o le buscaban por alguna clínica de una mega ciudad. Mi guardia tuvo premio. Bajó del hotel con un guardaespaldas y a lo lejos, tras una cristalera, se compadeció. Me dio permiso para entrar. En la puerta del comedor pude sacarle unas palabras y el guardaespaldas hizo la fotografía para la portada de Marca. "Me quedo en el Mundial, me dijo para tener una exclusiva mundial.

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