FC Barcelona: A Iniesta no le hacía falta tanto ruido para despedirse del Barcelona entre lágrimas
ÚLTIMO PARTIDO, TRAS 22 AÑOS, CON EL BARçA

A Iniesta no le hacía falta tanto ruido para despedirse del Barcelona entre lágrimas

Iniesta ha puesto punto y final este domingo a su relación con el FC Barcelona. Toda una vida dedicada al escudo azulgrana que, entre lágrimas, ha llegado a su último capítulo

Foto: Ineista siendo manteado por sus compañeros. (EFE)
Ineista siendo manteado por sus compañeros. (EFE)

22 años en el FC Barcelona, debutó con el primer equipo el 29 de octubre de 2002 y desde entonces ha ganado 32 títulos con el equipo de su vida: cuatro Champions League, ocho Ligas, tres Mundiales de club, seis Copas del Rey, tres Supercopas de Europa y siete de España en un total de 674 partidos con la camiseta azulgrana. Andrés Iniesta jugó este domingo sus últimos 80 minutos con el Barça antes de ser sustituido por Alcácer y colocarle el brazalete de capitán a Leo Messi, con el que coincidió en su último día solamente 14 minutos sobre el terreno de juego.

Los 84.168 espectadores que acudieron al Camp Nou entendieron que esto del fútbol es, sobre todo, ante todo, emoción y los números no podrán explicar lo que es y ha significado Iniesta para el Barcelona y el fútbol español. Y justo por eso desde que se marchó del césped no pararon de corear su nombre como homenaje a quien ya ha dejado un legado infinito y que miraba al suelo desde el banquillo mientras se masajeaba la cabeza intentando reprimir unas lágrimas que eran imparables. “Jugaré llorando el partido”, había dicho en la despedida institucional del viernes. Y no, no lo hizo al menos exteriormente, pero en cuanto se sentó y escuchó a su afición se rompió. No resulta difícil empatizar y tratar de imaginar la pena, la nostalgia, los recuerdos que debían pasarle por la mente, a pesar de ser el momento que él ha elegido para decir adiós. Dueño de su vida y de sus tiempos, aún teniendo un contrato vitalicio -el primero en la historia del club- decidió que ya no estaba en condiciones de dar lo mejor de sí y que lo adecuado era marcharse. Por la puerta grande, como se merecía. Nadie intentó convencerle de lo contrario, porque le conocen y sabían que era algo meditado y no había marcha atrás.

En cuanto se terminó el encuentro ante la Real Sociedad (en el que Xabi Prieto también pudo despedirse jugando los últimos tres minutos), se apagaron las luces del estadio y comenzó un espectáculo cuya intención era ser espectacular, con DJ, batucada, cuerpo de baile, cañones de humo y una música a prueba de tímpanos sensibles. Los jugadores comenzaron a desfilar con sus vástagos en medio del despliegue; Iniesta salió el último y solo con los ojos enrojecidos y a continuación levantó su último trofeo al cielo, el de la Liga, que le entregó el recién elegido presidente de la Federación Española Luis Rubiales, mientras la música seguía atronando. En cuanto bajaron un poco los decibelios sonó el Camp Nou con el cántico: “Madrid, cabrón, saluda al campeón”. Cosas que pasan.

En los videomarcadores aparecieron entonces imágenes de Iniesta desde que era un crío y llegó con 12 años a La Masía mientras él se mordía los labios haciendo esfuerzos para no llorar. Era imposible. Su mujer Ana y su hija mayor Valeria aparecieron entonces sobre el terreno de juego para regalarle una camiseta enmarcada con las firmas de toda la plantilla. A continuación sus padres y su hermana. Y por fin, el micro para él y el silencio en las gradas: “Buenas noches. Es un día difícil, pero han sido 22 años maravillosos, ha sido un orgullo y un placer defender y representar este escudo, para mí el mejor del mundo. Gracias a todos mis compañeros, a todos y cada uno. Os voy a echar muchísimo de menos y gracias a vosotros, a mi afición por todo el cariño desde que llegué aquí como un niño y me voy como a un hombre de 34 años. Gracias por todo este mes que me habéis pedido que me quedara. Sólo os puedo decir que os llevaré en el corazón para siempre. Y para acabar, esta semana me he quedado sin palabras… ¡Visca el Barça! ¡Visca Catalunya! ¡Y visca Fuentealbilla!”. Lo siguiente, como no podía ser de otra manera, fue que sus compañeros le mantearan.

Iniesta y la última copa. (EFE)
Iniesta y la última copa. (EFE)

"El capitán silencioso"

Las luces seguían apagadas mientras Iniesta y el resto de la plantilla daban la vuelta de honor al estadio. Y otra vez la música a todo trapo, restando calor, intimidad y cercanía. Cosas que pasan. Estos tiempos modernos en los que la despedida de Iniesta se convirtió en un festival de Eurovisión, una discoteca gigante con confeti y en la que los que se quedaron en el Camp Nou a duras penas podían ver cómo los jugadores saltaban y celebraban el doblete, una lástima. Al manchego le sobraban luces, pirotecnia y ruido. “Nos entendíamos con la mirada”, afirmaba Xavi Hernández en una carta que le dedicó este domingo en El Periódico, al “capitán silencioso”. No le han hecho falta muchas palabras a Andrés Iniesta, siempre discreto y sin un mal gesto, para hacer historia. Sólo una pelota.

Terminó Iniesta recostado sobre el césped observando los fuegos artificiales, solo otra vez porque así lo había buscado. Ha dicho adiós. Va en serio: Iniesta se va, pero todos los que hemos tenido la suerte de disfrutarle jamás le olvidaremos. Y la historia le contará como lo que es: infinito.

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