también ganó como asistente de ancelotti

Zidane, de llegar al banquillo por accidente a convertirse en historia como entrenador

Zinedine Zidane ha dimitido como entrenador del Real Madrid. En menos de tres temporadas completas ha ganado tres Champions y una Liga española

Foto: Zidane aplaude en el Olímpico de Kiev. (Reuters)
Zidane aplaude en el Olímpico de Kiev. (Reuters)

Zinedine Zidane se va del Real Madrid en lo más alto, pues no ha pasado ni una semana desde que ganó su tercera Champions League como técnico del equipo blanco. En dos años y medio en la élite ha conseguido un logro que solo Ancelotti y Paisley lograron previamente, a lo que suma una Liga y una catarata de títulos de menor rango, Supercopa, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes.

Zidane, que ahora dimite, llegó al banquillo del Real Madrid casi de rebote, una decisión afortunada que sin duda le ha dado réditos al club. Todo en la carrera de técnico del francés suena de algún modo accidental, pues cuando era jugador nunca expresó su deseo por terminar en un banquillo. Su tiempo en ellos, finalmente exitoso, también tuvo bastantes curvas hasta llegar a colocarse en un lugar histórico dentro del madridismo.

El entrenador del Real Madrid no tiene ninguna experiencia lejos de la casa blanca. Cuando dejó las botas, en aquella ignominiosa final del Mundial de 2006, encontró refugio en el palco blanco, junto a Florentino Pérez, su gran valedor siempre. El presidente le dio un espacio como enlace entre el club y los jugadores, una figura más institucional que otra cosa. Hasta que un día decidió Zidane que quería entrenar y sus deseos fueron concedidos.

El club le acomodó como asistente de Mourinho, cuando el luso se marchó se mantuvo en esa posición con Ancelotti. Junto al italiano ganó su primera Champions en el banquillo, ya había ganado una como jugador, con el mítico gol de Glasgow, uno de los mejores de todos los tiempos. En el fútbol profesional es difícil discernir cuál es la valía exacta del segundo de un entrenador, pero de Zidane se dice que ayudó a enchufar Benzema, que apoyó el desarrollo de Varane, un descubrimiento suyo, y que fue una influencia positiva tanto para la moral del grupo como para el desarrollo individual de varios jugadores.

Un día decidió que ya estaba bien de ser segundo, que no quería seguir siendo auxiliar. Deseo concedido, Florentino Pérez le entregó la dirección del filial. Hubo polémica por el título, sacado en Francia, que según la asociación de entrenadores no valía lo que terminó por ser un problema resuelto con el tiempo. En el Castilla no brilló, no fue capaz de ascender al equipo y no dejó buenas sensaciones. Mientras eso sucedía, Ancelotti perdía la confianza del dirigente y le sustituía Rafa Benítez.

Lo del técnico madrileño fue un desastre, unos meses en los que no consiguió ni sintonía con el club, ni con los jugadores, ni con la grada. Florentino Pérez recurrió a su hombre de confianza, subió a Zidane al primer equipo a pesar de las muchas dudas que suscitaba su paso por el Castilla.

Zidane y su cuerpo técnico. (EFE)
Zidane y su cuerpo técnico. (EFE)

El sucesor de Benítez

El tiempo le dio la razón, pues en el fútbol a eso se llega a golpe de títulos. Fue capaz de remontar la moral del equipo en esa primera temporada, que terminó con la final de la Champions en Milán y el título del equipo blanco. Su segunda temporada en el banquillo, la primera completa, fue otro éxito. Supercopa de Europa, Mundial de Clubes, la Champions de Cardiff y, también, La Liga. El Real Madrid se ha olvidado un poco de cómo se gana la competición doméstica, pero ese año Zidane se empeñó en que también había que ser regulares y lo consiguió.

La regularidad duró poco, es cierto, esta última temporada de blanco el Madrid enterró la Liga en invierno, cuando aún quedaban meses de competición por delante. Había empezado bien, ganando las dos supercopas, también en diciembre el mundialito. La temporada solo tenía una vía de escape que pasaba por Kiev. Y una vez más lo logró.

Los críticos, que los hay, dicen que no es un gran estratega, que la mano de Zidane no se nota en los partidos y que no es muy capaz de darle la vuela a situaciones complicadas. Esto se puede cuestionar más o menos, pero lo que es incuestionable es su éxito, su capacidad para haber hecho del Real Madrid un club prácticamente infalible en la máxima competición continental. Ese es el legado de Zidane, tres Champions y una Liga como entrenador, una copa de Europa más como asistente, otra más como entrenador. Pase lo que pase en el futuro, es parte de la historia más brillante e importante del club de la Castellana.

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