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Un verano de libros IV: Malaparte, el escritor que renegó de Mussolini, Hitler y las guerras
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Un verano de libros IV: Malaparte, el escritor que renegó de Mussolini, Hitler y las guerras

Su compromiso no pasaba por la obediencia a un partido o ideología, que es como lo entendemos ahora, sino por una independencia radical e imprevisible

Foto: Curzio Malaparte. (Wikicommons)
Curzio Malaparte. (Wikicommons)

Curzio Malaparte es uno de los grandes escritores europeos del siglo XX y resulta particularmente apropiado de leer en este verano en el que estamos viviendo una guerra en Europa, pues fue un testigo excepcional de los desastres de las dos guerras mundiales y narró como nadie la descomposición europea.

Afirma Milan Kundera, en un librito delicioso titulado ' Un encuentro' —el librito reúne un puñado de ensayos sobre algunos de sus artistas más admirados—, que Malaparte ejerció de escritor comprometido unos veinte años antes de que Sartre acuñara el término. Su compromiso no pasaba por la obediencia a un partido o ideología, que es como lo entendemos ahora, sino por una independencia radical e imprevisible. De origen pequeñoburgués —su madre era lombarda y su padre un alemán que comerciaba con telas—, se crio con una humilde familia campesina de la Toscana afín al republicanismo garibaldino. Su verdadero nombre es Kurt Erich Suckert, y eligió muy elocuentemente 'Malaparte' —que significa “de mal lugar”— para firmar sus numerosos artículos y obras. Fue siempre un tocapelotas y su actitud le salió cara. Le encarcelaron varias veces y una de sus novelas sería prohibida por el Santo Oficio.

Foto: Indeseables y nocivos literatos para el espíritu nazi

Nacido en 1898, con tan solo dieciséis años abandonó sus estudios secundarios y se fugó a Francia para combatir en la Primera Guerra Mundial con la Legión Garibaldina. Le hirieron gravemente, lo que le acarrearía una dolencia crónica de pulmón. De vuelta en Italia, se hizo diplomático, y en 1922 se adhirió al partido fascista seducido por un Mussolini que venía del socialismo, con la esperanza de que la revolución acabara con el mundo que llevó a Europa a la guerra. Fue director del semanario fascista 'La Conquista dello Stato' y del diario turinés 'La Stampa', y sus diferencias con el Duce comenzaron a raíz de los pactos de Letrán. En 1931 Malaparte rompe públicamente con el fascismo a través del ensayo ' Técnica del golpe de estado', donde ataca tanto a Hitler como a Mussolini, motivo por el cual se le condenó primero a la cárcel y luego al exilio interno en la isla de Lipari. Mussolini arrestaría a Malaparte en cuatro ocasiones más.

Pero lo decisivo para que Malaparte se convirtiera en un escritor imprescindible viene con la Segunda Guerra Mundial, a raíz de ser enviado como oficial del Ejército italiano y corresponsal del 'Corriere della Sera'. Fue el único que estuvo en la primera línea del frente ruso. Iba acompañando al Ejército alemán, y Joseph Goebbels le expulsó por no obedecer las consignas oficiales. Mussolini censuró sus artículos, pero estos se recopilaron en 1943 y se publicaron bajo el título 'El Volga nace en Europa', donde sostiene la tesis de que la guerra alemana contra la Rusia soviética no era una guerra de Europa contra Asia, sino de la Europa alemana contra el resto de los pueblos europeos, de los que la Rusia bolchevique formaba parte.

Foto: Benito Mussolini es arrestado después de un mitin en 1915

Su experiencia en el frente daría lugar a la primera de sus dos obras capitales, ' Kaputt' (1944), donde mezcla magistralmente autobiografía y ficción a través de pasajes expresionistas y surrealistas para alzar un retrato feroz de la derrota moral de Europa a través de algunos aristócratas, como su gran amigo Agustín de Foxá —otro personaje incómodo e incorregible—, y de altos cargos militares y políticos. De estos últimos hace una crítica salvajemente mordaz mediante el contraste de sus vidas con la de las pobres gentes que sufren la contienda. Fue asimismo de los primeros en hablar de la persecución de los judíos en todos los países ocupados, cuando todavía se ignoraba lo que estaba sucediendo con ellos. Por ejemplo, cuenta esta repugnante anécdota del gobernador nazi de Polonia: después de una cena opulenta, este se sienta al piano para tocar algunas composiciones de Chopin. Tras dejarse besar las manos por las damas que acuden a la cena, asesina en un paseo a un niño judío que cruzaba el muro del gueto de Varsovia para buscar alimento. Los nazis llamaban a esos niños “ratones”, y los cazaban como tales.

"¿Nos claváis a los árboles para matarnos de un tiro en la cabeza?". La crítica motivó que el Vaticano colocara esta obra en el Índice

El mismo estilo de narración casi delirada, cínica, piadosa, dolida y poética, sumamente adecuada para contar el mundo dislocado y agonizante de la guerra, usa para ' La piel' (1949), donde ahonda en lo que significa cualquier contienda: pura destrucción de la que, antes o después, todo el mundo sale envilecido. El libro empieza en el Nápoles del desembarco americano, comprendiendo desde 1943 hasta 1945. Se abre con una cita de Esquilo —“Si respetan los dioses y los templos de los vencidos, los vencedores se salvarán”— para, acto seguido, ofrecer un retrato no exento de crueldad sobre la inocencia de los soldados americanos, que a menudo acaba pervertida por aprovecharse de lo que el pueblo napolitano se ve obligado a hacer para sobrevivir. “Todos los vencedores necesitan ver estas cosas para sentirse héroes”, dice el Malaparte personaje en el segundo capítulo del libro, titulado “La virgen de Nápoles”. “Necesitan meterle el dedo a una pobre chiquilla vencida”, continúa. La virgen es una chiquilla que se deja meter el dedo por los soldados norteamericanos para ganarse un dinero. “Si hubieseis perdido la guerra, sería una virgen americana la que estaría en esa cama”.

Foto: Representación por el 70 aniversario del desembarco aliado en la costa italiana. (EFE)

Dividida en doce capítulos, destaca el que ocupa la parte central, “El viento negro”, donde el autor construye una metáfora con un viento que lo cubre todo, como un heraldo de la muerte, hasta llegar a una escena aterradora donde el narrador se encuentra con un grupo de judíos crucificados por los nazis en Ucrania. El pasaje es una feroz crítica al cristianismo que consintió la barbarie. “¿Es esta vuestra piedad?”, grita un crucificado. “¿Nos claváis a los árboles para matarnos de un tiro en la cabeza?”. La crítica motivó que el Vaticano colocara esta obra en el Índice de libros prohibidos.

Lo más sobrecogedor de la novela le da título y sintetiza su idea central: un hombre aplastado por las orugas de un tanque cuya piel, al levantarla, forma una alfombra de piel humana que Malaparte convierte en bandera: “Esa era la bandera de Europa”, afirma, y más adelante: “una bandera de piel humana, la bandera de nuestra patria, era nuestra patria misma. Y así fue cómo vimos arrojar la bandera de nuestra patria, la bandera de la patria de todos los pueblos, de todos los hombres, al vertedero de la fosa común”.

Y es que se empieza por colgar trapos en los balcones, se sigue por convertir al otro en un enemigo y se termina justificando la guerra. Cuando lo lamentamos, ya es demasiado tarde.

Curzio Malaparte es uno de los grandes escritores europeos del siglo XX y resulta particularmente apropiado de leer en este verano en el que estamos viviendo una guerra en Europa, pues fue un testigo excepcional de los desastres de las dos guerras mundiales y narró como nadie la descomposición europea.

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