Cuando la mafia desembarcó con las tropas aliadas en las playas de Sicilia y 'liberó' Italia
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Cuando la mafia desembarcó con las tropas aliadas en las playas de Sicilia y 'liberó' Italia

Las tropas americanas pactaron con Lucky Luciano la toma de la isla y entregaron a la Cosa Nostra alcaldías y un total poder que ha desangrado hasta hoy el país

placeholder Foto: Representación por el 70 aniversario del desembarco aliado en la costa italiana. (EFE)
Representación por el 70 aniversario del desembarco aliado en la costa italiana. (EFE)

“Los aliados dieron a la mafia el control de Sicilia”, explica a El Confidencial Ezio Costanzo, escritor y periodista autor de numerosos libros sobre el desembarco angloamericano en la isla entre los que destaca 'Mafia&Aliados'. Los servicios secretos americanos y el desembarco en Sicilia. De Lucky Luciano a los alcaldes "hombres de honor". La toma de Sicilia, de la que el 9 de julio se cumplen 78 años, y la posterior toma de Nápoles y el sur de Italia, han tenido un alto coste para los liberados: se entregó a los colaboracionistas de la mafia y la camorra el total poder territorial. Esa herida ha desangrado el país hasta hoy.

Todo comienza años antes con una figura clave de los gánsteres italoamericanos, el siciliano Lucky Luciano, jefe de la Cosa Nostra. “En 1942, las autoridades estadounidenses contactan con Luciano (encarcelado desde 1936, pero que controla la organización desde prisión) porque saben que en los muelles del puerto de Nueva York hay espías que dan información a los alemanes. Los submarinos nazis hunden decenas de embarcaciones americanas con cargamentos que van a sus aliados británicos. Cuando se abre una investigación, descubren que los muelles del puerto están controlados por la mafia italiana y se habla con Luciano para que se “liberen”. Todo esto está documentado”, señala Costanzo.

Esa estrecha relación con el criminal más importante del país se profundiza cuando estadounidenses y británicos preparan la operación Husky, el primer gran desembarco conjunto aliado de la Segunda Guerra Mundial, con el que se pretendía conquistar Sicilia y desde ahí conquistar toda Italia. Los servicios de inteligencia estadounidenses entienden entonces que parte de la “incómoda” comunidad italoamericana que controla buena parte de los negocios sucios de su país puede tener un papel relevante. Su capo, Luciano, juega un rol determinante a cambio de su libertad: la mafia ayudará en el desembarco y control de la isla.

Foto: Entrada a Castelvetrano. (J.B.)

“Se piden fotos, datos, mapas, y todo tipo de información a los italoamericanos. Luciano da el visto bueno a esta colaboración y da una lista, que sigue siendo un misterio que se busca desde hace décadas, con nombres de sus contactos en la isla que ayudaran a las tropas aliadas”, señala Costanzo.

En el libro 'Nápoles 1944', del escritor y miembro de los servicios secretos británicos Norman Lewis, que vivió más de un año en la Nápoles recién liberada, queda constancia de este acuerdo en diversos párrafos como este: “Vito Genovese (mafioso napolitano que huyó de EEUU a Italia en 1937) había sido el segundo de una familia de la mafia neoyorquina dirigida por Lucky Luciano, añadió Edwards, y había ocupado la jefatura cuando encarcelaron a Luciano. Había regresado a Italia poco antes de que estallara la guerra para eludir la acusación de homicidio en EEUU, se había hecho amigo de Mussolini y cuando cayó el Duce transfirió su lealtad al Gobierno Militar Aliado donde se cree que ejerce el poder entre bastidores. Genovese controla los alcaldes de todas las ciudades en un radio de 80 kilómetros de Nápoles (…). ¿Qué había que hacer? Nada contestó Edwards. El CIC (contraespionaje americano) había aprendido a no meterse en ningún asunto en que interviniera Genovese, que intervenía en casi todos. Muchos oficiales americanos habían sido elegidos para la campaña italiana porque eran de origen italiano”, narra el esclarecedor libro del espía británico que no para de toparse durante su estancia en Nápoles con camorristas que ostentan el poder con el beneplácito de los militares aliados.

Foto: Nicola Gratteri, durante una pausa del juicio que empezó ayer. (EFE)

El mismo Genovese, que menciona Lewis que se movía a sus anchas por la Italia del sur liberada, acabó regresando a EEUU y controlando en Nueva York al clan de los Genovese, uno de los más despiadados y con mayor poder de la mafia americana. Luciano, en 1946, fue extraditado a Italia por los americanos por, dice el informe, “su incalculable servicio al país”. Falleció en Nápoles en 1962 sin que nunca dejara de ejercer su profesión, mafioso, a ambos lados del Atlántico.

Legitimar la Cosa Nostra

El gran problema fue la total cesión del poder territorial que los aliados dieron a la mafia. El colaboracionismo de la Cosa Nostra con el desembarco tenía, además de las llamadas de Luciano, el interés de abatir a un enemigo común: el fascismo. Mussolini y su prefecto para Sicilia, Cesare Mori, habían puesto contra las cuerdas a la vieja organización delictiva con una política durísima de encarcelamientos y represión desde 1924 hasta 1929. El policía turinés, apodado como el prefecto de hierro, plantó cara a los mafiosos a los que humillaba públicamente. Su caída en desgracia fue por llegar muy lejos y destapar ciertas conexiones entre la organización criminal y el partido fascista en la isla, lo que supuso su obligado retiro. El fascismo no podía tolerar que se supiera que sus miembros no eran inmaculados patriotas, pero el trabajo de Mori en cinco años había casi desmantelado el aura y poder de la organización criminal.

Foto: El ataúd con el cadáver de Toto Riina llega al cementerio de Corleone, en Italia. (Reuters)

La llegada de los soldados aliados y su necesidad de controlar la isla tras la victoria militar le devolvió a la mafia ese poder. “En el año 43, las autoridades americanas nombran numerosos alcaldes entre los mafiosos sicilianos. El más destacado fue don Calogero Vizzini, al que se nombre alcalde de Villalba. Los aliados creen que necesitan asentar su poder en la isla para evitar revueltas”, explica Costanzo.

Esos son años convulsos en el sur de Italia, donde hay también varios movimientos independentistas en marcha que abogan por el regreso del reino de las Dos Sicilias y la separación del norte. Se agita el fantasma del comunismo en ese reclamo. En el norte de Italia, aún zona ocupada por los nazis y Mussolini, se sabe que la revuelta la encabezan los partisanos y muchos ven ahí la amenaza de un futuro régimen comunista. Los americanos dudan e intentan controlar el territorio mirando a otro lado ante esos movimientos independentistas estrechamente ligados también a clanes mafiosos.

Don Calò es un claro representante de ese conflicto. En el 43 forma parte del Movimiento Independentista Siciliano para acabar formando parte años después de la Democracia Cristiana, un nuevo partido que gobernará finalmente Italia durante décadas bajo el velo de una nueva democracia que desembarcó con los aliados y que en realidad todos sabían que estaba podrida por dentro. “Se le permitió portar armas, llevar guardaespaldas y los propios 'carabinieri' le preguntaban a él qué debían hacer. Hubo alcaldes mafiosos a los que se les dio en un lugar donde había hambre el control del reparto del grano. Eso era un poder inmenso”, explica Costanzo.

Foto: El general Giuseppe Governale, jefe de las unidades de élite de la antimafia de Italia. (Foto: I. Savio)

“¿Y cuál será el premio que se conseguirá el final? El renacimiento de la democracia. La maravillosa perspectiva de poder elegir algún día a sus gobernantes entre una lista de hombres poderosos cuyas corruptelas son casi todas del dominio público y se aceptan con cansina resignación. Los tiempos de Benito Mussolini deben de parecer un paraíso perdido comparados con eso”, escribe un desencantado Norman Lewis ante la realidad que vive de la supuesta democratización y liberación aliada.

Más dura y significativa aún es la carta que el capitán norteamericano W.E. Scotten, miembro de los servicios de inteligencia, escribió sobre la situación en la isla tras el desembarco. Una película italiana de 2016 titulada 'In guerra per amore' recoge esta historia. La comedia, de hecho, se hizo con la ayuda de diversos historiadores y sirvió para destapar esta cruda historia del colaboracionismo de la mafia. El 29 de octubre de 1943, Scotten hace un informe que titula 'El problema de la mafia en Sicilia' y dice que “se trata de un fenómeno que tendrá graves implicaciones en la situación política actual y futura de la isla y el resto de Italia”. El capitán señala en su informe tres opciones para afrontar este problema: una acción directa contra la mafia, una tregua negociada o dejar a la mafia el control de la isla y las tropas americanas fortificarse en pequeños enclaves regidos por la autoridad militar. Los americanos optaron por la opción tercera y entregaron la isla, como pasó con las regiones de Campania o Calabria, a los grupos delincuentes a los que no solo se les permitió actuar, sino que se legitimó su poder con numerosos cargos públicos. La democracia regresaba a Italia.

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