Castelvetrano

El idílico pueblo siciliano donde se esconde el 'capo di tutti i capi' y nadie paga impuestos

Dejó de ser una rica villa renacentista para convertirse en una ciudad moribunda señalada por todos, tiene el apellido del capo de los capos: Messina Denaro

Foto: Entrada a Castelvetrano. (J.B.)
Entrada a Castelvetrano. (J.B.)

Las calles del centro histórico, de noche, están casi vacías. No hay turistas, ni restaurantes con sus terrazas llenas de gente como en algunas localidades cercanas. Pasa alguna moto, algún coche y poco más. ¿Dónde podemos cenar? "Mejor vayan a Selinunte (a 14 kilómetros), aquí hay una pizzería abierta que está bien pero no hay mucho ambiente. Es mejor que vayan al puerto", dice una mujer a la que preguntamos.

Hoy, 5 de septiembre, parece que la cosa está tranquila y no habrá una redada nocturna en la que como el pasado 27 de junio 130 policías entren con sus vehículos, registren casas, detengan algunos cómplices y se marchen sin su objetivo. Porque al que buscan, Matteo Messina Denaro, el capo de los capos de la mafia siciliana, nacido y escondido aquí supuestamente, nunca lo encuentran y mientras, en estos años de lucha, la ciudad sigue muriendo de esa enfermedad real y ficticia llamada mafia que genera insomnio y pobreza. ¿Por qué nadie viene a la "maldita" Castelvetrano?

En esta bella localidad siciliana está la imponente iglesia de San Domenico, de 1470, con su árbol de Jesse por el que trepan esculpidas en la piedra figuras bíblicas desde los tiempos del Rey David hasta llegar a la Virgen María. Bajo la mirada de ella, detrás, está la tumba de Carlos de Aragón y Tavigliavia, príncipe de Castelvetrano, duque de Terranova, virrey de Cataluña y otra larga lista más de títulos y méritos entre los que el guía del templo le concede haber sido el comandante supremo de las tropas en la batalla de Lepanto. No desentona la afirmación. El mausoleo es tan grande y lustroso que le cabe eso y si el guía se empeña hasta alunizó antes que Neil Armstrong.

En Castelvetrano hay también otra serie de importantes iglesias levantadas entre los siglos XVI y XVII, palacios nobiliarios de puertas artesonadas y columnas de mármol, así como un teatro neoclásico, Selinus, donde sonaba Verdi y que en tiempos pasados se hospedó el escritor alemán Goethe. "Fuimos una ciudad rica, pero ahora los jóvenes deben emigrar porque no hay trabajo. ¿Probaron el pan negro y el aceite que tenemos?", dice un anciano en la plaza principal. El pan negro de Castelvetrano fue premiado por el 'New York Times' y, como sus aceitunas verdes y su aceite de oliva, son un orgullo para los habitantes de esta tierra. "Tenemos una gastronomía fantástica con buenos productos locales", comenta el grupo de jubilados sentados a la sombra en la plaza principal. Parece que llevaran ahí sentados desde los tiempos en que se asentaban en esta tierra los fenicios y los griegos.

Fuga de cerebros y mafia

"Cada vez viene más gente por acá, hasta algunos españoles como usted también. Poco a poco. Aquí había cuatro familias de muchísimo dinero que controlaban todo". ¿Y qué pasó? "Que se fueron y todo se empobreció. Ahora hay algunas familias más ricas que se dedican a otras cosas", dicen las responsables de la oficina de Turismo, situada en el Palacio de la Casa Aragona-Pignatelli, un bello inmueble resquebrajado por los terremotos que podría ser él solo un museo y en el que las dos mujeres se afanan en vender su bella tierra. "Hay muchas cosas que ver. A la gente le sorprende siempre este lugar. No esperan nada...". Ambas dicen todo sin decir nada como marca la tradición. Porque de la mafia no se habla por hastío o por miedo. "Yo estoy harta de esa coletilla. Viví un año en Londres y cada vez que decía que soy siciliana me hablaban de la mafia y El Padrino. No he visto la película, ni quiero verla", explica Flavia, una joven de la zona.

No hay muchos como ella aquí. Los jóvenes escapan por tierra, mar o aire de la sentencia a pobre del lugar. "El 70% de los jóvenes se van al norte de Italia o al extranjero", asegura un reportaje sobre el declive de la localidad. Faltan nuevos vivos en este municipio de aún 31.000 habitantes y por eso el ayuntamiento ha decidido que del 1 de enero al 31 de diciembre de 2019 dará una ayuda de 1.000 euros para cada familia que tenga o adopte un hijo en la localidad, pese a estar quebrados económicamente. Castelvetrano tiene ese apellido impuesto, Messina Denaro, que ensombrece todo. El ayuntamiento está intervenido por las autoridades, así como muchas de sus empresas, tras declararse el pasado febrero una quiebra de sus cuentas públicas. ¿Por qué? Porque casi nadie paga desde hace décadas las tasas y porque tras varias inspecciones se encontró que muchas empresas y cuentas bancarias son lavaderos de dinero del hampa.

Castelvetrano es una ciudad de ancianos gobernada de memoria. Aquí ha gobernado durante mucho tiempo una institución tan vieja y profesional en la isla que es un secreto a voces que las tropas norteamericanas desembarcaron en la Segunda Guerra Mundial y comenzaron la conquista de Italia allí por sus tratos previos con la mafia, los dueños de la tierra.

Ante ese panorama, al Gobierno italiano no le ha quedado más remedio que meter a su oficina especializada antimafia a controlar todo y el pueblo es hoy un erial que intenta emerger de un pozo. "Me alegra que saque ese tema. La mafia y ese señor nos está perjudicando. Yo pago 11.000 euros de tasas cada año por recogida de basuras y otros servicios. Lo que pasa es que han intervenido el pueblo las autoridades, no hay inversión, la gente está sin trabajo y así no se pagan tasas ni se paga nada porque el pueblo se hunde", responde Giusy, la dueña del hotel Palazzo al Carmine. La tasa de desempleo entre la población activa de la comarca supera ya el 23%.

No parece en todo caso que el pago de tasas que asegura Giusy que realiza sea algo genérico entre sus vecinos. El propio alcalde, Enzo Alfano, del Movimiento 5 Estrellas y elegido la pasada primavera con más del 60% de los votos, reconoce el problema tras oficialmente cifrar la evasión fiscal en un 70%: "Querría que los vecinos pagaran las tasas municipales, de lo contrario el gran consenso electoral obtenido no tendrá los resultados esperados. Confío en el aumento inmediato de la recaudación de impuestos. Sin la intervención (la estatal), tendríamos una deuda en los próximos diez años de tres millones de euros anuales. Si la gente no cumple su deber, será difícil pagar esta emergencia".

¿Dónde estás, Matteo?

Una parte de la población, como comentaba la joven Flavia, está harta de este marco de mafiosos fantasmas y pobreza endémica. El pasado 21 de julio, en un espectáculo del movimiento Our Voice, un grupo de jóvenes de Italia, Argentina y Uruguay que denuncian las injusticias del planeta, se atrevieron por primera vez a gritar el nombre maldito en la plaza del pueblo. "Hola, Matteo, ¿dónde estás?", desafiaba Sonia Bongiovanni, presidenta de este movimiento, al capo de los capos, un hombre al que dicen que le gustan los coches deportivos, las prostitutas caras, las bañeras de oro, los trajes de Versace y los relojes Rolex. Matteo Messina Denaro se ha operado el rostro, cree la Policía, con la misma frecuencia con la que ha asesinado a alguien.

Todo eso forma parte de esa leyenda que los malos siempre necesitan para sustentar su trono. El oro de sus grifos muchas veces acaba siendo, en realidad, un agujero de la covacha en la que se esconden en el que defecan. Pero eso no vende, ni así se respeta a ningún líder. De Messina aseguran que ha matado a 50 personas. Él mismo, en una conversación telefónica interceptada por la Policía, dijo: "Con todos los muertos que tengo a mi espalda lleno un cementerio". Sus perseguidores, los que de vez en cuando perturban el sueño de los vecinos de Castelvetrano con sus redadas nocturnas, señalan que manda las órdenes en papelitos que sus secuaces distribuyen por la isla.

Da igual. Las leyendas no mueren, solo se transforman. Como Castelvetrano, que dejó de ser la rica villa renacentista y barroca de hace siglos para convertirse en una ciudad moribunda señalada por todos. La estampa que se tropieza justo en la entrada de la villa casi explica a la perfección lo que viene después. En un cartel gigante, sobre una foto algo decolorada y rajada en algunas partes, aparece la imagen del bello centro histórico y se lee "Bienvenido a Castelvetrano, la ciudad de los templos y el aceite". Está junto a una carretera con las líneas borradas, rodeada de unos edificios humildes y unos solares vacíos salpicados de basura. Tras parar a leerlo, uno no sabe bien si le invitan a entrar o a salir.

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