HISTORIA

Las Matanzas de la Guerra Civil, Madrid, de Corte a checa: un verano sangriento

Primer artículo de una serie sobre el terrible agosto del 36. Las checas, cárceles sin ley creadas por partidos y sindicatos de izquierda, ejecutaron a miles y sembraron el terror

Foto: Milicianos se burlan de la Iglesia durante la Guerra Civil.
Milicianos se burlan de la Iglesia durante la Guerra Civil.

"Detuvieron a los tres y se los llevaron a la checa de las Cuarenta Fanegas, un hotelucho de ladrillo incautado por la CNT en la carretera de Chamartín. Había polvo, olivos en torno del tranvía y viñas agrias. Al fondo, el colegio de los jesuitas, rodeado de unos pinos achaparrados, de ancha copa marítima. Presidía el tribunal un estudiante de bachillerato, ayudado por un mecánico. Les interrogaron:

—¿Sois fascistas?

—No; nunca nos hemos metido en política.

Era la peor contestación que podían dar. Los llevaron a un cuarto desnudo, con suelo de baldosines en forma de rombos azules".

La descripción del diplomático y escritor Agustín de Foxá, que vivió en el Madrid republicano el inicio de la Guerra Civil describe el terror en el que se sumió la capital tras el fallido golpe de Estado de los militares rebeldes el 18 de julio de 1936. Lo más remarcable de su 'Madrid, de Corte a checa', obra imprescindible para los vencedores en la inmediata posguerra, era el carácter arbitrario y totalmente descontrolado de aquel verano terrible. Ocurrió en toda España: se sucedieron las matanzas en uno y otro bando, las peores de toda la guerra durante el maldito verano de 1936, antes de la más sistemática: Paracuellos, ya en otoño.

Las checas eran "cárceles improvisadas [...] por partidos y organizaciones sindicales de izquierdas, con carta blanca para detener, requisar y asesinar"

Como explicó el historiador Julián Casanova, checa provenía de las siglas rusas para "Comisión Extraordinaria Panrusa para la Supresión de la Contrarrevolución y el Sabotaje" y consistían en "cárceles improvisadas y organizadas en numerosos edificios incautados donde se asentaban 'comisiones de investigación' creadas por partidos políticos y organizaciones sindicales de izquierdas, con carta blanca para detener, requisar y asesinar" —J. Casanova, 'República y Guerra Civil' (Crítica)—.

Técnicamente de inspiración soviética, participó de forma protagonista además de las milicias anarcosindicalistas, el Partido Comunista que la semana pasada defendió en el Congreso el presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Sin embargo, la realidad es que las checas de Madrid difirieron notablemente del instrumento represivo y asesino soviético, aunque solo en la forma. En Madrid apenas se refirieron a ella con esa denominación.

Según el historiador Julius Ruiz: "Ambos [las checas soviéticas de la guerra civil rusa entre 1917 y 1920 y los tribunales populares republicanos] se caracterizaron por sus arrestos arbitrarios y sus frecuentes interrogatorios brutales, "juicios" y ejecuciones. Sin embargo, los últimos nunca se basaron conscientemente en las primeras, sobre todo en la forma concreta de llevar a cabo los asesinatos. Tal y como escribió Agustín de Foxá, Madrid dio buena fe del 'crimen motorizado': a las víctimas se las llevaba 'a dar un paseo' en un vehículo confiscado y se las fusilaba a las afueras de la ciudad (...) en las rusas existía un amplio abanico, aunque el preferido era el de un disparo en el sótano o en el patio de la cárcel" —J. Ruiz, 'El Terror Rojo' (Espasa)—.

Los presos podían ser objeto de nuevo de las temidas "sacas", las evacuaciones sin juicio alguno destinadas a fusilamientos masivos

Para entender su alcance baste citar que ejercían básicamente como centros de detención y tribunales populares exprés sin ningún tipo de garantía que en 24 horas resolvían contra el acusado su sentencia, la mayor parte de las veces de muerte: un paseo por las tapias y zanjas de Madrid del que no se regresaba. En otras ocasiones se podía salir libre o en su caso ser detenido, esta vez ya formalmente y enviado a una de las cárceles del gobierno, como la Modelo, en donde los presos podían ser objeto de nuevo de las temidas "sacas", las evacuaciones sin juicio alguno destinadas a fusilamientos masivos como ocurrió especialmente a partir de noviembre de 1936 en la tristemente célebre carretera de Belvis a su paso por Paracuellos.

Terror revolucionario

Antes de eso, durante todo el verano se había impuesto un terror revolucionario ya que estas comisiones de orden público formadas por elementos de partido y sindicatos milicianos que ejercían prácticamente sin ningún control —solo en determinadas ocasiones el gobierno les puso freno— su propia justica revolucionaria, que consistió en una cascada de asesinatos vilmente encubiertos como de seguridad contra elementos de la "quinta columna" y que se llevó por delante a cualquiera que tuviera buena posición económica, religiosa, simpatizantes de derechas, miembros de algún partido contrario al Frente Popular y militares, aunque fueran retirados.

Ya no caían solo los falangistas, los sacerdotes, los militares, los aristócratas. Ya la ola de sangre llegaba hasta los burgueses pacíficos

"El cerco se cerraba. Se apretaba la esfera de los condenados. Ya no caían solo los falangistas, los sacerdotes, los militares, los aristócratas. Ya la ola de sangre llegaba hasta los burgueses pacíficos, a los empleadillos de treinta duros y a los obreros no sindicados. Se fusilaba por todo, por ser de Navarra, por tener cara fascista, por simple antipatía; los milicianos, como niños y como los brutos, eran arbitrarios, y lo mismo mutilaban a uno antes de matarlo que acababan bebiendo con él unas copas de coñac" —A. de Foxá, 'Madrid, de Corte a checa'—. Las checas, básicamente sirvieron no ya como purga ideológica o ni siquiera como supuesta defensa de la seguridad del orden republicano sino como elemento de rencor y ajuste de cuentas. Ruiz lo asemejó más a un comportamiento gansteril "como en el Chicago de los años 20" que al de un programa de exterminio soviético.

Otro diplomático, el alemán Felix Schlayer, que representaba sin embargo los negocios de la embajada noruega en Madrid, escribió una detallada crónica del terror que vivió y que intentó detener en la medida de lo posible a través de sus denuncias y apelaciones al gobierno en su calidad de representante extranjero. Se enfrentó a esa justicia vengativa del pueblo que se había diseminado por toda la capital. Nunca se valorará lo suficiente el papel de tantos diplomáticos en tiempos de guerra, como haría también el español Ángel Sanz Briz, cuando comenzó la Solución Final en el Budapest de 1944.

Felix Schlayer, 'Diplomático en el Madrid rojo'.
Felix Schlayer, 'Diplomático en el Madrid rojo'.

"Seguían existiendo los muchos 'tribunales privados' de las organizaciones particulares. En competencia con ellos se constituyó un tribunal semioficial, ocupado por miembros de los diferentes partidos, pero sin jueces profesionales del Estado, en un club señorial de la calle Alcalá y que fue llamado 'Checa de Bellas Artes'. El proceso era extremadamente breve y acababa, si no había forma de activar las influencias de los partidos del Frente Popular, lo más brutalmente posible, y en la mayoría de los casos en el paseo nocturno. No se ocupaba de hombres ya encarcelados, sino de los detenidos en el día, quienes en 24 horas, o estaban de nuevo en libertad o en las fosas de los alrededores, pero rara vez en prisión. La policía hacía causa común con esta checa y con otras, manándoles los nuevos detenidos, en lugar de enviarlos a una prisión del Estado" —Felix Schlayer, 'Un diplomático en el Madrid rojo'.

La checa de Bellas Artes, después trasladada a un palacio y denominada de Fomento, fue una de las más importantes

La checa de Bellas Artes, después trasladada a un palacio y denominada de Fomento, fue una de las más importantes, aunque según la lista de la Causa General franquista elaborada tras la Guerra Civil se identificaron 225, publicadas en el informe 'La dominación roja en Madrid'. Sin embargo, un reciente proyecto de la Universidad San Pablo CEU aumentó la cifra a 345 —solo en Madrid ya que también hubo muchas en Barcelona y Valencia—.

El diplomático y escritor Agustín de Foxá. Ayudó a escribir los versos de 'Cara al sol'.
El diplomático y escritor Agustín de Foxá. Ayudó a escribir los versos de 'Cara al sol'.

Según el equipo de investigación encabezado por Alfonso Bullón de Mendoza, Luis E. Togores y Sara Izquierdo Álvarez: "La responsabilidad de lo ocurrido estaba en manos de todas las fuerzas frentepopulistas y del mismo aparato del Estado. Las checas actuaban según su propia iniciativa, aunque no por ello carecieran del apoyo de las autoridades oficiales, que dotaron de carnets de agentes de orden a numerosos chequistas. Sin embargo, nunca se llegó a una actuación coordinada, por lo que el terror de las checas, siendo particularmente cruel y sanguinario, resultó contraproducente e ineficaz en relación con el esfuerzo que supuso la guerra durante los primeros meses".

Según los investigadores del CEU, A. Bullón de Mendoza y L. Togores, las víctimas ascendieron a 1.823, aunque podría haber más, cerca de 3.000

El funcionamiento que describen los historiadores coincide con los recuerdos del diplomático Schlayer: "Poco tiempo estuvo la checa en la calle Alcalá [Bellas Artes]. En cierto sentido, estaba allí a la vista de todos. Por eso se mudó a la calle Fomento numero 9, al palacio de un duque que se encontraba en un rincón del viejo Madrid. La expresión "Fomento 9" adquirió en el Madrid de 1936 un carácter temible que ponía la piel de gallina a cualquier madrileño. Quien era allí enviado raramente salía con vida. Los hombres allí conducidos eran encerrados en celdas del sótano y como mucho 48 horas más tarde estaban frente al tribunal. Este se reunía cada noche. En las primeras horas de la mañana se anunciaba el veredicto y era llevado a cabo. El que era resultaba condenado era cargado con otros en uno de los coches preparado para ello, luego, en una de las carreteras de los alrededores le hacían bajar y lo mataban a tiros".

Mientras, en Badajoz...

En total durante los meses en los que funcionaron las checas en Madrid, especialmente en verano y otoño de 1936, a partir del cual se desmontaron, fue macabro. Según los investigadores del CEU ascendieron a 1.823 víctimas, aunque aseguran que es difícil dar una cifra exacta, ya que según nuevas evidencias, que no pueden confirmar, la cifra ascendería a 3.000 aproximadamente.

Para Julián Casanova la Causa General agrandaría la siniestra leyenda de las checas, y se copiaría y repetiría la obra de Foxá, pero reconoce en 'República y Guerra Civil' (Crítica) que en realidad, "en aquel verano y otoño de 1936 todo Madrid, que antes había sido Corte, sería una checa, pero los datos y no la leyenda dicen que las sacas más numerosas procedían de las cárceles, especialmente la Modelo". Se refiere, sin duda, al operativo de Paracuellos. Y mientras todo esto ocurría en Madrid, las tropas rebeldes, que habían tomado el protectorado, gran parte de Andalucía y que marchaban raudas hacia la capital, mataban y torturaban a su vez indiscriminadamente y sin juicio alguno. Camino de Madrid para asaltar la capital y antes de la liberación de el Alcázar de Toledo tomaron Badajoz, en donde se produjo una de las peores matanzas de todo el conflicto... (Continuará).

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