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Ángeles González-Sinde lleva al cine cuando ETA mató al abuelo de Gabriela Ybarra
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Entrevista

Ángeles González-Sinde lleva al cine cuando ETA mató al abuelo de Gabriela Ybarra

Se estrena 'El comensal', una adaptación delicada y elegante de la novela de la escritora vasca que lleva ya 11 ediciones desde su aparición en las librerías en 2015

Foto: Gabriela Ybarra (izquierda) y Ángeles González-Sinde, durante el rodaje de 'El comensal'. (Mikel Larrea)
Gabriela Ybarra (izquierda) y Ángeles González-Sinde, durante el rodaje de 'El comensal'. (Mikel Larrea)

En 2015, una desconocida Gabriela Ybarra (Vizcaya, 1983) deslumbró a los lectores con 'El comensal' (Caballo de Troya), una novela en la que ficcionaba el secuestro y posterior asesinato de su abuelo, Javier Ybarra, por parte de ETA en 1977, y la muerte de su madre por un cáncer en 2011. Gabriela no era conocida, pero sí su familia, puntales del empresariado vasco. De hecho, su abuelo, un hombre muy religioso, incluso llegó a ser alcalde de Bilbao. La novela entusiasmó al público porque, entre otras cosas, abordaba el asunto del terrorismo desde la intimidad, desde el dolor que puede provocar en una familia. Al igual que la pérdida de una madre por un cáncer. Y lo hacía sin aspavientos, sin melodramas, sin proclamas panfletarias.

Una de las lectoras a las que atrapó aquella novela fue la guionista y directora Ángeles González-Sinde, que vio enseguida en ella una película. Entre ambas dieron forma al guion, que se rodó hace unos meses. Ahora acaba de llegar a los cines. 'El comensal' —el mismo título que el libro— habla de ETA y la violencia, y al mismo tiempo habla de otras muchas más cosas, como la forma en que cada uno afrontamos un duelo, una pérdida. Un filme muy delicado y, sobre todo, elegante, con inmensos actores como Adriana Ozores, Ginés García-Millán y Susana Abaitúa.

PREGUNTA. Angeles, ¿qué te hizo querer llevar la novela de Gabriela al cine?

ÁNGELES GONZÁLEZ-SINDE. Hay cosas que me gustan mucho del libro. El contraste entre el tono en el que habla de los asuntos que podrían ser carne de melodrama, pero lo habla con una distancia y delicadeza que a algunos les puede parecer incluso frialdad, pero que a mí me conmueve mucho. Luego está el contraste entre tener unos hechos del año 77 de gente que la narradora ni conoció porque no había nacido y cómo viaja en el tiempo. A mí eso es algo que me gustaba mucho, es una fantasía que yo tengo: viajar a la infancia de mis padres o la juventud de mis padres. La novela permitía hacer ese juego. Por otra parte, toca temas que a mí me interesan siempre como escritora y como espectadora, pero no es fácil encontrar historias que lo hilen tan bien: cómo lo grande, lo social, impacta en lo pequeño, en lo íntimo. Cómo lo político o la violencia social que vemos en los periódicos también nos ha modificado y condicionado en nuestro comportamiento o nuestra conducta afectiva. Pero quizás este es un análisis más frío que hago 'a posteriori' y en su momento fue más un flechazo, un enamoramiento. Y a veces lo que quieres es estar más tiempo en ese mundo que cuenta la novela y te inventas esta excusa de adaptarla para seguir y seguir y seguir y no salir de ese mundo.

placeholder Gabriela Ybarra y Ángeles González-Sinde. (Mikel Larrea)
Gabriela Ybarra y Ángeles González-Sinde. (Mikel Larrea)

P. ¿Y cómo fue el trabajo entre las dos con el guion?

GABRIELA YBARRA. Pues con un millón de versiones. Las primeras eran más parecidas al libro.

AG-S. Claro, fuimos alejándonos poco a poco y añadiendo cosas que no están en el libro y que hacen que la película sea complementaria a la novela y que una no anule a la otra, sino que son visiones distintas de unos hechos reales y de unos personajes que los vivieron, pero que se han ido alejando. Y siempre en ese intento de respetar lo que es la novela y lo que tiene de bonito y diferente, que es hablar de la intimidad, de cómo es la intimidad de las noticias que leemos en los periódicos.

P. Precisamente, aunque el terrorismo otee todo el tiempo, lo que muestra la película es cómo un padre y una hija pierden a un padre y a una madre de forma inesperada (un asesinato y un cáncer) y cómo cada uno afronta el duelo de una forma distinta.

GY. En el libro es algo que no desarrollo tanto, pero desde el principio para Ángeles era un tema que le interesaba mucho y a mí me parecía que era importante que si ella iba a adaptar la película, la tenía que hacer suya y propia. Y ahí hay algunas cosas que le conté como, por ejemplo, que cuando a mi padre le quitaron la escolta tuvo que volver a aprender a conducir.

AG-S. Bueno, eso también está en la novela… Lo que pasa es que a veces de una frase de la novela construimos toda una secuencia. En la literatura te puedes permitir el lujo de decir mucho con muy poco, pero en el cine enseguida tiene que cobrar sus tres dimensiones. Una frase se convierte en dos minutos de película. También hacíamos esa labor de selección de lo que podía ser más traducible al cine y lo que se nos escapaba, que es lo bonito también de la novela.

P. ¿Y cómo has visto tú, Gabriela, a los personajes que hacen de ti, de tu madre y de tu padre?

GY. Para mí es muy difícil reconocerme y tampoco buscaba que fuera exactamente igual. De hecho, una de las primeras decisiones que tomamos fue cambiar los nombres. Cuando veo la película, hay momentos en los que recuerdo que están contando una historia basada en la de mi familia, pero hay otros momentos en los que se me olvida. Y es muy curioso, es como entrar y salir de la historia. El personaje que quizás es más radicalmente diferente es el de la madre, pero la primera vez que vi la película me emocioné muchísimo viendo a Adriana Ozores y sin reconocer a mi madre en ningún momento. Es muy difícil de explicar.

Ybarra: "Hay momentos en que recuerdo que están contando una historia basada en la de mi familia, pero en otros se me olvida"

P. Esta rodada en el País Vasco y Navarra. ¿Fue difícil encontrar las localizaciones?

AG-S. Fue difícil encontrar la casa del 77. Yo soy de Madrid, de la meseta, pero siempre pienso que para la gente que pierde la relación con el mar venirse a un lugar tan desapacible como es el centro de España tiene que ser una renuncia a la que a lo mejor no se habitúan. También para facilitar que los espectadores se movieran bien en el tiempo y en el espacio quería que fuera muy distinto. Siempre verde cuando estamos en el norte y siempre mar. Y encontrar una casa donde se pudiera rodar y tuviera esos ventanales y estuviera sobre la playa de Leaga, pues eso costó, pero por suerte nuestra productora lo que se propone lo saca adelante y encontró esta casa, que nos facilitó mucho… Los espacios, igual que la radio, son un personaje de la película. El bosque, la relación con las hortensias, esa flor del norte.

P. Lo que dice la película de que las hortensias en Madrid no sobreviven es verdad.

AG-S. Sí… Pues todo ese tipo de detalles… En la novela se juega con un clavel que le ponen a la madre en el hospital cuando le dan el diagnóstico negativo. Es decir, la novela tiene semillas que se transforman en otra cosa en la película, pero siempre intentando jugar con los elementos que te da la novela.

González-Sinde: "La novela no juzga. No se mete a indagar en la parte que puede ser más cruenta, y contarlo así me parecía una buena opción"

P. La película tiene un tono poético, delicado, cierta distancia con respecto al tema del terrorismo y ETA. ¿Una forma de narrar, no sé si es el adjetivo acertado, mejor la violencia?

AG-S. La novela de Gabriela no juzga. No se mete a indagar en la parte que puede ser más cruenta y a especular cómo serían los días de cautiverio o qué decisiones toma la cúpula de ETA en ese momento en que se estaba dividiendo entre los que querían seguir como partido político y los que querían seguir como lucha armada… Podría haber sido una línea que yo hubiera explorado, pero al quedarse en el interior de la casa a mí me parecía una opción muy buena porque el fenómeno de ETA, un conflicto civil que enfrenta a vecinos, compañeros de trabajo, de colegio, es tan complejo y tiene tantos matices que o te metes en ello o eliges contar un aspecto. En una película no cabe todo, son solo 90 minutos, y a mí circunscribirlo a ese perímetro de la casa me parecía también una opción muy buena.

GY. En mi caso, cuando escribí el libro yo no quería escribir sobre ETA. Yo quería escribir sobre la muerte de mi madre y ETA apareció ahí porque al final es parte de mi vida. Siempre que quiera escribir sobre mi vida con un poco de profundidad va a aparecer el terrorismo en contra. A mí me encantaría que no estuviera ahí, qué más me gustaría, pero es inevitable. Y yo donde lo he conocido ha sido en casa. Yo nunca he visto a un etarra sabiendo que era un etarra, igual me he cruzado con alguno en el metro alguna vez de paisano, pero para mí no estaban ahí, estaban en la tele, escondidos.

placeholder Susana Abaitúa y Ginés García-Millán, la hija y el padre de 'El comensal'.
Susana Abaitúa y Ginés García-Millán, la hija y el padre de 'El comensal'.

P. Tu libro fue un éxito y lleva ya 11 ediciones. Sobre ETA se han hecho otras películas, obras de teatro. ¿Por fin está la sociedad preparada para este tipo de obras sin caer en aspavientos y posturas extremistas?

GY. Poco a poco, ¿no? Yo creo que la ficción es un buen lugar para que afloren estas historias y ayuden a la gente a elaborar el trauma, que no solo es un trauma de las personas que han sufrido directamente el terrorismo, creo que es un trauma como país el haber vivido 50 años de terrorismo. El madrugar todos los días con noticias en la tele de asesinatos cuando éramos pequeños es muy duro. Y viviendo en Madrid todos hemos pasado por sitios en donde ha habido un asesinato. En mi barrio hay placas de dos lugares en menos de 50 metros o cada vez que paso por la República Argentina o Colombia. Está muy presente en la sociedad y era una cosa casi de ciencia ficción porque estallaba una bomba, luego lo recogían todo y la vida seguía. Todos estamos en cierta manera tocados y hay un hambre por intentar procesar eso que se vivió.

AG-S. Y completar esos huecos.

Ybarra: "La ficción es un buen lugar para que afloren estas historias y ayuden a la gente a elaborar el trauma, que es también el de un país"

P. En la película aparece mucho la radio. Muchos recordamos perfectamente cuando se informaba por la mañana de un atentado. Daba impresión, pero después uno seguía su vida, se iba a trabajar, al colegio…

AG-S. Es que a la violencia te acostumbras y la integras. Nuestro sistema adaptativo hace que acabes tolerándolo todo.

P. Gabriela, ¿tu familia ha visto la película? ¿Qué opina?

GY. Esto es muy personal y las maneras que tiene cada uno de procesar sus historias son distintas. Una de mis hermanas la ha visto y le ha gustado, y la otra de momento prefiere no verla, aunque yo creo que la terminará viendo. Y mi padre pidió el enlace para verla, pero no sabemos si la ha visto o no. Él está a favor y muy ilusionado, apoyando mucho el proyecto, pero también necesita su tiempo para verlo. Igual no necesita verlo.

P. ¿Y el resto de la familia?

GY. El resto de la familia... Pues ayer [lunes] vinieron algunos al preestreno… Yo lo dejo abierto para quien quiera bien y quien no… A muchas personas les remueve e igual no les gusta verlo ahora de repente en los medios y preferirían estar pensando en otra cosa, porque ellos no han elegido que salga esto ahora. Entonces, bueno, también es complicado.

placeholder En el medio, Fernando Oyagüez, el padre de joven.
En el medio, Fernando Oyagüez, el padre de joven.

P. En la propia película se ve cómo al padre le cuesta hablar de su padre y de lo que ocurrió mientras que su hija sí quiere saber. ¿Sucede eso en el País Vasco? ¿Los padres o abuelos no quieren hablar de la violencia y los hijos o nietos sí?

GY. En mi caso, yo quería hablar, pero no sé si la gente quiere hablar. Sí sé que en la generación de mi padre, y yo diría que sigue en la sociedad en la que crecí, se da mucho valor al silencio y la discreción. Es que el silencio te salvaba la vida. Si hablabas de más te exponías. Ese silencio que utilizabas para protegerte fuera de casa luego lo acabas trasladando dentro.

AG-S. Aparte, ser víctima también era un estigma.

GY: Total, daba mucha vergüenza.

AG-S: La sensación de 'algo habré hecho'. Era estar en un bando y ya habías elegido porque eras víctima. Cuanto más callaras más fácil era sobrellevar el día a día y la convivencia. En cualquier pérdida siempre hay esas tres maneras de afrontar el duelo: o intentar elaborarlo y transformarlo en otra cosa, o bien mirar para otro lado y que quede ahí congelado y enquistado, que es lo que le pasa al padre, o bien quedarse en ese duelo, que se quedan en esa pérdida y la melancolía. Aquí enfrentamos dos maneras distintas, la del padre y la de la hija, para intentar encontrar una síntesis, pero muchas veces tú tampoco eliges qué haces ante una pérdida o una dificultad en la vida. Hay todo un operativo inconsciente que te predispone. También el contexto en el que estés te puede llevar a seguir unos ritos y unos pasos para salir o quedarte atascado.

Ybarra: "En la generación de mi padre, y yo diría que sigue en la sociedad en la que crecí, se da mucho valor al silencio porque te salvaba la vida"

P. Las encuestas recientes hechas por el Gobierno vasco y el navarro señalan que los más jóvenes, de menos de 18 años, apenas tienen conocimiento sobre ETA. Ni siquiera saben quién fue Miguel Ángel Blanco. ¿Se debería hacer algo más por la memoria a través del cine o la literatura?

GY. Eso dice mucho del silencio en las familias, lo que cuesta hablar del tema, aunque no tengas nada que esconder. Es que no podías hablar de ello en un bar, en ningún sitio, porque no sabías a quién tenías al lado.

AG-S. Sí, de todas maneras, los adolescentes viven el presente. Es una cosa casi hormonal. Tú estás viviendo en el presente y tu prioridad es integrarte en el presente que te ha tocado vivir. No es un momento de mirar atrás. Eso viene más tarde. De hecho, el personaje de Susana Abaitúa tiene 27 años cuando pierde a su madre, que es la misma edad en la que su padre perdió al suyo, y esa es otra edad. Vas dejando atrás una infancia, una juventud, y necesitas herramientas nuevas para enfrentarte a la madurez y esas herramientas vienen en la mochila que has heredado. Que los adolescentes no tengan mucha conciencia del pasado y la historia... están en otra cosa. La cuestión es que cuando quieran aprender o saber o encajar piezas, las tengan a su disposición. Y ahí sí que la narrativa, sea audiovisual o literaria, pues está para cuando necesiten echar mano.

En 2015, una desconocida Gabriela Ybarra (Vizcaya, 1983) deslumbró a los lectores con 'El comensal' (Caballo de Troya), una novela en la que ficcionaba el secuestro y posterior asesinato de su abuelo, Javier Ybarra, por parte de ETA en 1977, y la muerte de su madre por un cáncer en 2011. Gabriela no era conocida, pero sí su familia, puntales del empresariado vasco. De hecho, su abuelo, un hombre muy religioso, incluso llegó a ser alcalde de Bilbao. La novela entusiasmó al público porque, entre otras cosas, abordaba el asunto del terrorismo desde la intimidad, desde el dolor que puede provocar en una familia. Al igual que la pérdida de una madre por un cáncer. Y lo hacía sin aspavientos, sin melodramas, sin proclamas panfletarias.

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