Armin Laschet, el hundimiento del hijo de minero que quería ser Merkel
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FIN DE LA ERA MERKEL VII

Armin Laschet, el hundimiento del hijo de minero que quería ser Merkel

El candidato a suceder a Angela Merkel ha caído estrepitosamente en las encuestas y se enfrenta a una dura campaña electoral que puede mandarle a la oposición

Foto: Foto: El Confidencial Diseño.
Foto: El Confidencial Diseño.

Un lastre para las expectativas electorales de su partido. Así ve a Armin Laschet la prensa seria alemana. La otra prensa directamente le ridiculiza. Y Rezo, el famoso 'youtuber' alemán cuyo vídeo crítico con la CDU alcanzó los dieciocho millones de reproducciones, ha vuelto a sacarle los colores al partido conservador. Quien fue su rival en la elección como candidato a canciller, el bávaro Markus Söder, alerta de la grave situación del partido a un mes de las elecciones y confiesa que no tiene ganas de irse a la oposición. Y, para rematar, la investigadora FORSA situaba esta semana al SPD un punto por encima del partido de Merkel, algo que no ocurría desde hacía 15 años. A principios de julio, Laschet presumía de porcentaje de voto y casi daba por concluida la contienda electoral, con el partido verde a 10 puntos y los socialdemócratas a 15. Hoy nadie apostaría dinero por su victoria.

Inundaciones, críticas internas, campaña sin rumbo, Afganistán y sobreexposición. Si tuviéramos que elegir cinco razones para tratar de explicar la debacle del candidato Laschet, serían estas. (Dejamos fuera la pandemia, aunque, si continúa aumentando la incidencia en el país, podría acabar con todas las esperanzas del actual ministro presidente de Renania del Norte-Westfalia, región que tiene los peores números de infecciones por coronavirus). Todo empezó a mediados de julio, con las peores inundaciones de la historia de Alemania. El día anterior a la catástrofe, Laschet había declarado que las medidas de la Unión Europea para combatir el cambio climático iban demasiado lejos y demasiado deprisa. Tras el terrible suceso, que afectó especialmente a la región que él preside, cambió de opinión y expresó la necesidad de acelerar en la acción contra la crisis climática. Coherencia.

Los errores de comunicación que cometió durante esos días, incluida su escena riéndose mientras el presidente federal pronunciaba unas palabras de pésame, mostraron a un político sobrepasado e incapaz de hacerse cargo de su responsabilidad. Para salir del paso, prometió a los afectados unas ayudas de emergencia en dos semanas. Las ayudas no han llegado aún y los vecinos que se quedaron sin casa señalan con el dedo al político conservador. Su capacidad de gestión y liderazgo, muy cuestionada durante las fases más duras de la pandemia, se ve de nuevo golpeada por un hecho que entró de lleno en las televisiones de todos los hogares alemanes. La idea de que la CDU puede hacerse cargo de las crisis sigue derrumbándose y los alemanes buscan refugio en opciones que ahora ven más seguras. De ello saca partido Olaf Scholz, el candidato socialdemócrata que tira para arriba del SPD en las preferencias de voto de los alemanes, a pesar de que solo el 6% de los ciudadanos ven al partido capaz de resolver los problemas del país. Otra de las paradojas de estas elecciones, las más disputadas y entretenidas de este siglo en Alemania.

Para contribuir al desastre, la campaña electoral de la CDU de Laschet nunca ha tenido un rumbo claro. Conciliar la revisión crítica de estos 16 años de Gobierno de Merkel, para poder señalar los problemas que el país debe afrontar, con el hecho de ser el candidato del partido que ha encabezado el Ejecutivo durante cuatro mandatos consecutivos te lleva a parecer incoherente, poco creíble y le pone fácil la crítica al contrario. “Si hay tanto por hacer en la Alemania de hoy, quizás alguna culpa tiene su partido, señor Laschet”. Los conservadores quieren presumir del legado de Merkel, de hecho, su altísima valoración sigue intacta entre los alemanes, pero a la vez tratan de proponer mejoras y cambios para las cosas que no están bien. Sin hacerse daño a sí mismos, pero siendo conscientes de que con Merkel también se va el aura que la acompañaba. Esa capacidad para no verse afectada por los errores en su gestión. Para no apuntar a Merkel, los alemanes siempre han buscado otros culpables. Y a Laschet no le están perdonando ni una.

Foto: El Confidencial Diseño.

Tanto es así que le responsabilizan también de la crisis de Afganistán. Aun no estando en el Gobierno y a pesar de que el Ministerio de Asuntos Exteriores, el departamento más criticado por el errático desempeño en el país controlado por los talibanes, está ocupado por Heiko Maas, dirigente del SPD. Algo de su parte puso Laschet, con la sobreexposición mediática desde que estalló la crisis. Para instalar el mensaje de que no se podía repetir lo de 2015, la llegada de más de un millón de refugiados a Alemania, se empeñó en multiplicar su presencia pública, exponiéndose mucho más que los miembros del Gabinete a los que les tocaba dar explicaciones. Lo sucedido en Afganistán, la incapacidad de dar una respuesta a las solicitudes de ayuda por parte del personal afgano que trabajó para la misión militar alemana, es otro fracaso del Ejecutivo formado por la CDU y el SPD. Lo curioso es que Armin Laschet decidió atribuírselo, mientras que su principal rival, el socialdemócrata Olaf Scholz, pasaba de puntillas por el tema a pesar de ser el vicecanciller.

En la primera semana de julio, Armin Laschet estaba en el 30% de intención de voto. Podría haberse dejado llevar hasta el 26 de septiembre y conseguir una cómoda victoria, que le hubiera dado la legitimidad para encabezar y formar el próximo Gobierno. Pero su estrategia de sobreexposición, de estar en todas partes y opinar sobre todas las cosas, le ha penalizado mucho. Su ansiedad por llevarles la contraria a quienes piensan que fue la elección equivocada y que con Markus Söder, líder de la CSU, hubieran arrasado le ha convertido en algo que nunca se imaginó ser: un lastre para su partido. Cuanto más trata de mostrar que es el candidato adecuado, más lejos está de serlo. Y ahora ya no hay vuelta atrás. El voto por correo ya se puede tramitar y en estas elecciones optarán por esa opción casi la mitad de los electores. Un gran porcentaje de alemanes está decidiendo su voto en el peor momento para la CDU de los últimos 15 años. Laschet no sabe cómo revertir una situación que le lleva de cabeza a la oposición. Y es entonces cuando resuenan en su cabeza las palabras de su gran rival: no tenemos ganas de ser oposición.

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FORSA, la misma encuestadora que ha colocado al SPD por delante de la CDU, ha preguntado por Markus Söder como opción para canciller. El resultado es demoledor para Laschet. El presidente de Baviera sería elegido por el 38% de los alemanes, si hubiera una elección directa, frente al 21% de Olaf Scholz y el 14% de Analenna Baerbock. Cuando Laschet entra en la ecuación, es el candidato socialdemócrata quien encabeza las preferencias con el 30%, frente a un 15% de la candidata verde y un pírrico 11% del líder de la CDU. Laschet puede sentir el aliento de Söder en la nuca. Sabe que su liderazgo pende de un hilo. Si no gana las elecciones, tendrá que recoger sus cosas del despacho de presidente de la Unión Demócrata Cristiana. Pero el bueno de Armin ya salió de alguna como esta. Ganó contra pronóstico las elecciones en su región en 2017 y se impuso en el congreso de la CDU en enero de este año, cuando la opinión pública señalaba a Friedrich Merz como ganador. Gracias a su amuleto especial, la chapa de minero que le regaló su padre.

Además de en su amuleto, Laschet confía en un error de Olaf Scholz. Aún queda mucho y los socialdemócratas son expertos en pegarse tiros en el pie. Lo fía todo al miedo de los alemanes a un improbable Gobierno entre socialdemócratas, verdes y la izquierda. Espera que, al final, quienes fueron incondicionales de Helmut Kohl y Angela Merkel terminen otorgándole su confianza. Se encomienda a la influencia que todavía pueda tener la actual canciller en la sociedad alemana. Aunque para eso hace falta que ella se crea que Laschet puede ser su sucesor. Si esta vez no tiene la suerte que le acompañó en otras ocasiones, Alemania probará las mieles de la alternancia democrática. Y la Unión se irá cuatro años a la oposición a pensar sin prisas qué tipo de partido quiere ser. Uno conservador pero moderno, con capacidad de hablarle a la mayoría de la sociedad alemana, o uno de tinte nacionalista y nítidamente de derechas, para marcar diferencias con socialdemócratas y ecologistas. Para ambas opciones tendrían que buscar un nuevo líder.

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