El mapa del poder en Alemania: CSU, el partido único del reino independiente de Baviera
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El Fin de la Era Merkel III

El mapa del poder en Alemania: CSU, el partido único del reino independiente de Baviera

La simbiótica relación entre la CSU y la CDU tiene también sus altibajos

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Foto: El Confidencial Diseño.

"Un par de escalones antes del paraíso". Así definía Baviera uno de sus presidentes en un 'spot' electoral de 2013. Sin tapujos, sin ocultar su orgullo, sin temor a parecer arrogante: su región está por encima del resto del país. Este ha sido, es y será el estilo discursivo de los gobernantes de Baviera, es decir, de los líderes de la Unión Social Cristiana (CSU). El partido más conservador de Alemania.

Un estilo locuaz y desenfrenado que encaja a la perfección con algo muy típico de esta rica región alemana: hacer política en un 'Bierzelt', una suerte de tienda o carpa en cuyo interior se despliegan extensas mesas con sus bancos y donde los políticos de la CSU dan sus discursos. Los simpatizantes, apretujados y sonrientes, escuchan al orador mientras beben jarras de cervezas de un litro, el famoso 'Maß'. No puede faltar la música tradicional bávara de fondo tocada por la banda del pueblo. Franz Josef Strauss, Edmund Stoiber, Horst Seehofer y Markus Söder. Todos los carismáticos líderes del partido han dominado el arte de la oratoria en un escenario tan simbólico para la región que lidera el consumo de cerveza por persona en Alemania.

Foto: Laschet captado por las cámaras riéndose durante una visita a las zonas afectadas por las riadas. (Reuters)

Pero este partido logra ir más allá de los localismos. Ha aprendido a construir poder por encima de las fronteras de su región. Para entender bien a la CSU es clave comprender el acuerdo que tiene con su partido hermano: la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Mientras que la primera solo presenta candidatos en Baviera, la segunda tiene presencia en cada distrito electoral del país excepto en dicho estado federado. Un pacto que se sostiene desde hace décadas y del que ambos sacan provecho.

Uno de los beneficios más importantes de esta unión es la posibilidad de contar con una fuerza que ocupe todo el espectro de la derecha. Especialmente, el más conservador y tradicional. En este sentido, la CSU puede expresar lo que para su partido hermano sería una salida de tono, algo que espante a los votantes moderados. Con los bávaros, la CDU se asegura contar con una línea dura de discurso, desacoplable en caso de ser necesario.

Pero no solo se trata de eso, sino de algo más concreto: votos. En cada elección federal la Unión cuenta con un promedio de tres millones de votos provenientes de Baviera. Es decir, unos siete puntos porcentuales que se suman a los de la CDU en el resto del país y que históricamente lo han situado como el partido más votado y poderoso de Alemania. Incluso pese a que en los últimos años la Unión ha perdido mucho caudal electoral.

El exabrupto y el dolor de cabeza

Sin embargo, no todo es ganancia en esta relación de partidos hermanos. En tiempos difíciles, la CSU se ha sabido convertir en un fuerte dolor de cabeza para la CDU. Esa tendencia de los bávaros a ubicarse más a la derecha de lo que la CDU se atrevería a ir ha complicado la relación entre ambos. Un ejemplo reciente es la crisis humanitaria de 2015, cuando se produjo la llegada de cerca de un millón de refugiados a Alemania.

Exigir el cierre de fronteras o convocar a Viktor Orbán como invitado de honor para una celebración del partido bávaro fueron acciones que buscaban debilitar la política de la canciller alemana. Mientras Angela Merkel buscaba la salida solidaria a la crisis, Horst Seehofer, entonces líder de la CSU, ponía obstáculos y pretendía una solución más restrictiva, perjudicando así la posición de Alemania a nivel europeo.

Foto: Imagen de archivo de un refugiado sirio en una tienda de Berlín. (Reuters)

Esa fue una de las tantas ocasiones en las que la CSU se sintió en condiciones de desafiar a su aliada histórica. Sin embargo, es justamente en esos momentos en los que queda en evidencia que este no es un pacto entre pares. La CDU es un partido federal que ha gobernado Alemania durante 52 de los 72 años con cancilleres como Konrad Adenauer, el primer canciller de la República Federal; Helmut Kohl, el padre de la Reunificación, o Angela Merkel, la canciller de las crisis. La CSU, en cambio, es un partido regional.

El problema es que la CSU no lo siente así. Por un lado, porque la historia de su región le impide aceptarlo. Una suerte de orgullo nacionalista fundado en aquel extinto reino de Baviera que duró poco más de 100 años. Un orgullo que habilita al jefe del partido Bávaro a insinuar que está por encima del resto de autoridades federales alemanas como sucedió en el encuentro entre Markus Söder, presidente de Baviera, y Sebastian Kurz, canciller federal de Austria en 2018. En aquella ocasión, el escenario donde tuvo lugar la rueda de prensa conjunta presentaba algunas banderas de fondo: la de la Unión Europea, la austriaca y la bávara. Solo faltaba una: la de Alemania. Posiblemente una provocación por parte de Söder, que en ese momento pretendía ganar la siguiente elección regional con un discurso antiinmigración opuesto a la visión de la canciller Angela Merkel.

placeholder El primer ministro del estado de Baviera, Markus Söder (i), y el canciller austriaco, Sebastian Kurz (d). El damero azul y blanco es la bandera de Baviera. (EFE)
El primer ministro del estado de Baviera, Markus Söder (i), y el canciller austriaco, Sebastian Kurz (d). El damero azul y blanco es la bandera de Baviera. (EFE)

A esto se le suma el hecho de que en Baviera, actualmente, es muy difícil separar partido de estado. Algo que se explica por el lugar hegemónico que ocupa la CSU allí, que ya lleva más de 60 años ininterrumpidos en el poder. Esto repercute en el discurso nacionalista que en determinados momentos incorpora elementos populistas en clave territorial como “la defensa de los intereses de los bávaros” o “la poca transparencia de la clase política de Berlín”.

A pesar de ser un partido regional, la CDU ha intentado llegar a la Cancillería. De hecho, han tenido dos candidatos: Franz Josef Strauss en 1980 y Edmund Stoiber en 2002. Ambos cayeron derrotados. Pero es preciso destacar que las dos candidaturas han tenido lugar solo por decisión, por no decir permiso, de la CDU, el hermano mayor. Una dura realidad que a la CSU le cuesta asumir. Tanto es así que, a mediados de 2018, durante una de las fases de mayor tensión entre Angela Merkel y el ministro del Interior y entonces jefe de la CSU, Horst Seehofer, este último pronunció una frase que dejó en evidencia su ego: “A mí no me va a despedir una canciller que es canciller gracias a mí”.

El ego del bávaro: "A mí no me va a despedir una canciller que es canciller gracias a mí"

Esta relación desigual ha quedado en evidencia en la carrera por la candidatura para las federales de 2021. Pese a que Markus Söder, jefe de la CSU y presidente de Baviera, tenía a su favor las encuestas, ciertos apoyos dentro de la propia CDU y el amplio favoritismo en los medios de comunicación conservadores, fue Armin Laschet, el jefe de la CDU, el que finalmente se impuso y obtuvo la nominación.

Más allá de esta frustración de la CSU por no estar al nivel de su aliada, su peso específico en la política alemana es muy relevante. Los bávaros saben que pueden aprovechar su posición y obtener beneficios y privilegios. Un ejemplo muy ilustrativo de ello es su presencia en los gabinetes del Gobierno federal y los ministerios que obtienen. Si tomamos la composición del último gabinete de Angela Merkel, conformado por una coalición entre la Unión (CDU/CSU) y el SPD, podemos observar que, de los 15 ministerios, seis son comandados por la CDU, seis por los socialdemócratas y tres por los bávaros. Estas tres carteras no son menores. Por un lado, controlan el Ministerio del Interior, la plataforma ideal para reforzar un aspecto fundamental en el discurso conservador de la CSU: la ley y el orden. Por otro, manejan el Ministerio de Transporte, con un presupuesto enorme y la posibilidad de adueñarse de los avances en obra pública visible para la ciudadanía, y el de Cooperación Internacional y Desarrollo, una suerte de servicio exterior paralelo que también cuenta con ingentes recursos.

Foto: Imagen: Diseño EC.
El fin de la era Merkel: una foto, un legado y un dilema
Franco Delle Donne Raúl Gil Benito

La CSU ha sabido transformarse en una parte muy relevante del constructo del centroderecha alemán. Juega un rol de equilibrio ideológico que procura mantener a la Unión ocupando también la derecha del espectro. La aparición y consolidación del partido de derecha radical Alternative für Deutschland (AfD), sin embargo, supone la ruptura de uno de sus dogmas: “No puede existir ningún partido legitimado democráticamente a la derecha de la CSU”. Esto ha desorientado en cierta manera al partido. Incluso algunos de sus líderes se han visto tentados a apelar a ciertos aspectos del discurso ultraderechista para evitar perder votantes conservadores, con pésimos resultados. El propio Söder ha caído en la trampa y su elección de 2018 fue de las peores de su partido desde su nacimiento. De hecho, ha reconocido públicamente su error e iniciado un proceso de “ablandamiento” en ciertos temas.

"No puede existir ningún partido legitimado democráticamente a la derecha de la CSU"

Pese a todo, es innegable que existe un nacionalismo latente en la CSU, que a sus líderes no les es difícil apelar a ciertas formas populistas en caso de ser necesario, incluso a utilizar expresiones propias de la derecha radical como 'Asyltourismus', con la que pretenden banalizar la necesidad de personas que huyen de las guerras. Es por ello que el fin de la era Merkel representa también un desafío para el partido bávaro: impedir la convergencia de su agenda con la que impulsa la ultraderecha en Europa.

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