La paradoja de los Verdes alemanes, tener razón no gana las elecciones
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Fin de la era Merkel VI

La paradoja de los Verdes alemanes, tener razón no gana las elecciones

Sabemos por anteriores crisis que no da igual quién gobierne en Alemania. Todas las miradas están puestas en el resultado que salga de las urnas el próximo 26 de septiembre

Foto: EC Diseño.
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“Hoy ya nadie se ríe de una niña cuando dice que quiere ser ministra o incluso canciller”. Cuando en noviembre de 2005 Angela Merkel se convirtió en la primera mujer en acceder a la cancillería de Alemania, le estaba abriendo la puerta a Analenna Baerbock. La hoy candidata verde cumplía 26 años y estudiaba un máster en la London School of Economics. Fue entonces cuando se afilió a los Verdes, con los ecologistas saliendo del Gobierno federal compartido durante dos legislaturas con el SPD, bajo la dirección de Gerhard Schröder. Dieciséis años después, en el fin de la era Merkel, tiene a mano llevarlos de vuelta al Ejecutivo.

El 19 de abril de este año, los Verdes tomaron dos decisiones históricas. Una fue elegir por primera vez cabeza de cartel para las elecciones federales, rompiendo la tradición de presentar siempre a un dúo. La otra, apostar por una mujer como candidata. Un día después, Forsa hizo una encuesta exprés que situaba el partido ecologista en el 28%, con la CDU en el 21% y el SPD en el 13%. La irrupción de Baerbock fue rotunda, insultante. Los alemanes la pudieron conocer mejor, les gustaba lo que veían y escuchaban y se empezaban a hacer a la idea de tener una canciller verde por primera vez en la historia. Pero cuando en 2018 Merkel afirmaba que hoy nadie se ríe de una niña cuando dice que quiere ser canciller, se le olvidó contar algunas cosas. Cosas que le hubieran venido bien saber a Analenna Baerbock. Para estar preparada.

En los inicios de Angela Merkel como líder de la CDU y canciller, nadie creía en ella. Por ser mujer y por ser del este. Fue subestimada por todos. Especialmente por el 'establishment' alemán. Por quienes deciden las cosas importantes cuando los ciudadanos han votado. Tuvo que saltar unas cuantas barreras. Tuvo que reponerse de algunos golpes. Tuvo que callar unas cuantas bocas. A Analenna Baerbock no le han querido dar tiempo para ello. Cuando Alemania trataba de acostumbrarse a verla encabezando las encuestas y recibiendo elogios aquí y allá, quienes iban a salir perjudicados por la elección de una canciller verde decidieron que no podía ser. Que sus intereses eran más importantes que el deseo de cambio en el país. Y dio comienzo la campaña sucia más sucia de la historia de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. La diana era una mujer de 40 años que simbolizaba a la perfección un nuevo país, que representaba un momento nuevo en la política alemana, tras cuatro mandatos consecutivos de la CDU de Angela Merkel. La campaña contra ella fue tan sucia, que uno de sus rivales, el candidato socialdemócrata, Olaf Scholz, pidió que terminara.

Y Baerbock se lo quiso poner fácil a quienes no querían verla de canciller. Cometió errores no forzados. Como no declarar unos ingresos extra al Bundestag, modificaciones en su currículo o citas sin atribuir en un libro que publicó para reforzar su campaña electoral. Errores impropios de alguien que presume de meticulosa, de analizarlo todo y no dejar ningún cabo suelto. Pero los dejó, y sus enemigos lo aprovecharon. En poco más de un mes, pasó de protagonizar como futura canciller todas las portadas de los medios alemanes a dedicar su tiempo a defenderse. A buscar explicaciones para sus errores, tratar de desmentir las informaciones negativas sobre ella e intentar contradecir a quienes proclamaban que no estaba preparada para asumir tan alta responsabilidad. Y la Analenna Baerbock sonriente e inspiradora pasó a ser una política a la defensiva y malhumorada. Y cuanto más a la defensiva y más malhumorada, más encajaba en la idea que históricamente se ha trasladado de los líderes del partido ecologista. Una idea que ella y su compañero de fatigas Robert Habeck se habían encargado de enterrar.

Foto: Imagen: Diseño EC.

A poco más de un mes de las elecciones alemanas, a los Verdes parece habérseles olvidado dos cosas importantes. Que el 20% de media que les dan las encuestas actuales sería el mejor resultado de su historia, doblando el 8,9% de la pasada elección. Y que todavía pueden ganar las elecciones en un escenario que se encamina al triple empate entre conservadores, ecologistas y socialdemócratas. Y hay dos razones principales para que esto sea así. Una es que nunca se creyeron de verdad que podían ganar. Nunca fueron absolutamente conscientes de que era su momento. Y es algo que se aprecia en la estructura del partido. A nivel operativo sigue siendo un partido del 9%, no uno que puede ganar las elecciones. Por eso, su equipo de comunicación no ha sabido imponer la agenda. Por eso, su candidatura en el estado federado de Sarre ha sido anulada y no podrán presentarse ahí. Por eso, desde que comenzó la campaña sucia no han sido capaces de salir de la estrategia defensiva en que sus rivales les quieren arrinconar a pesar de que en Alemania solo se habla de la crisis climática.

La segunda razón es que Analenna Baerbock no ha conseguido pasar página del escenario provocado por sus errores y la campaña sucia. Y lo tiene sencillísimo. Bastaría con aceptar la realidad. La que le ha llevado estos meses a estar arriba y abajo en las encuestas de intención de voto y valoración de los alemanes. Explicar que ha sufrido una campaña sucia como nunca había ocurrido en Alemania, donde siempre se habían respetado unas reglas básicas del juego. Y reconocer que ha cometido errores. Errores por los que ha pedido disculpas. Admitir que estuvo mal, pero también plantarse ante sus rivales. Recordarles que los errores que ha cometido la perjudicaron a ella, pero no ocasionaron ningún daño a las arcas públicas ni empeoraron la vida de los alemanes. Algo que, debería recordar Baerbock, no pueden decir los otros dos candidatos, Armin Laschet y Olaf Scholz.

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Con ese mensaje a los alemanes, podría empezar a recuperar la confianza perdida y presentarse de nuevo como la canciller que necesita Alemania para afrontar los grandes retos del país. El más evidente y urgente, la crisis climática. Que los Verdes no estén sacando provecho de eso tiene mucho que ver con que, en mitad de las peores inundaciones de la historia de Alemania, seguían hablando de limitar la velocidad en las autopistas y reducir el consumo de carne, mientras que la preocupación de la gente era poder beber agua potable. También con su evidente desánimo y resignación, a pesar de que van a obtener el mejor resultado de su historia. Los Verdes son ese amigo que necesita que le sacudan de los hombros para espabilar.

El último informe del panel de expertos sobre cambio climático de Naciones Unidas, conocido como IPCC, alerta de un código rojo para el mundo. Reitera que se están produciendo cambios que serán irreversibles durante siglos, que la subida de la temperatura está provocando eventos climáticos extremos y que no hay ninguna duda de que este proceso está causado por el hombre. La buena noticia es que, según los expertos, aún estamos a tiempo de evitar los peores escenarios, si se reducen las emisiones de forma drástica y rápida.

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Justo antes de las inundaciones que provocaron la muerte de 181 personas en Alemania, el candidato de la CDU, Armin Laschet, afirmaba que las medidas de la Unión Europea para combatir el cambio climático iban demasiado lejos y demasiado deprisa. Por su parte, el postulante socialdemócrata, actual vicecanciller y ministro de Finanzas, es una figura relevante del Gobierno que aprobó una ley de protección del clima rechazada más tarde por el Tribunal Constitucional alemán, porque no protegía los derechos fundamentales de las futuras generaciones. Los Verdes son el único partido que parece entender y querer hacerse cargo de la gravedad de la situación. Aunque hasta ahora no hayan sido capaces de explicarlo bien. De explicarse bien. ¿No es una lástima?

Una canciller verde en Alemania sería un mensaje potentísimo para la Unión Europea y el resto del mundo. Que la primera economía europea apostase por una agenda de protección del clima, la vida y la seguridad de la gente supondría el impulso necesario para cumplir con las recomendaciones de la comunidad científica, para satisfacer las demandas de los jóvenes que reclaman un planeta donde poder vivir. Los errores no forzados de Baerbock, la debilidad y el miedo de los Verdes y la demostrada incapacidad del partido en las campañas electorales no solo les perjudican a ellos, también a esa agenda de protección del clima a la que el resto de partidos no se acaba de sumar con la determinación y la honestidad necesarias.

Los alemanes acuden a votar en mitad de una pandemia, con el conflicto en Afganistán explotándole en la cara al Gobierno de la CDU y el SPD y el planeta en código rojo por la emergencia climática. Sabemos por anteriores crisis que no da igual quién gobierne en Alemania. Todas las miradas están puestas en el resultado que salga de las urnas el próximo 26 de septiembre. Los Verdes de Annalena Baerbock tienen prácticamente asegurado estar en el próximo Gobierno alemán. Lo que aún está por decidir es con qué fuerzas. Y si habrá canciller verde o tendremos que esperar a 2025.

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