El 'Zeitgeist' alemán es verde, pero el sucesor de Merkel es duro de roer
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La batalla por la cancillería

El 'Zeitgeist' alemán es verde, pero el sucesor de Merkel es duro de roer

El conservador Armin Laschet y la candidata verde, Annalena Baerbockel, batallan por suceder a Angela Merkel al frente de la cancillería, mientras que el socialdemócrata Olaf Scholz carece del respaldo necesario

placeholder Foto: Armin Laschet y Annalena Baerbock, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, en febrero de 2020. (EFE)
Armin Laschet y Annalena Baerbock, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, en febrero de 2020. (EFE)

La carrera por dirigir Alemania apenas está empezando, pero el panorama hacia las generales del 26 de septiembre se ha despejado con la designación de los tres aspirantes a suceder a Angela Merkel. El conservador Armin Laschet, el socialdemócrata Olaf Scholz y la en cierta forma sorprendente candidata verde Annalena Baerbock aspiran a la cancillería en Berlín. Todo puede pasar en los cinco meses que quedan para esos comicios, pero la popularidad de la única candidata mujer abre las puertas a un auténtico movimiento tectónico en la política alemana, dado que, en sus más de 70 años de historia, la Alemania de la posguerra ha estado liderada siempre por el centro derecha (cinco cancilleres) o la socialdemocracia (tres).

Todavía es muy temprano y hay que hacer algunas salvedades demoscópicas, pero a día de hoy las encuestas sugieren que los votantes están más cerca que nunca de elegir a la primera canciller salida de las filas del otrora díscolo partido ecologista de Los Verdes. Y es que pocos días después de que la directiva designara a Baerbock como su candidata, al menos dos encuestas ven la formación ecologista con la mayor intención de voto, por encima del bloque conservador, la CDU/CSU de Angela Merkel y Laschet.

Están las mencionadas salvedades, claro. Una de ellas es que no se puede descartar que el electorado germano, a menudo reacio a los experimentos cuando llega el momento de acudir a las urnas, podría decantarse una vez más por respaldar a los conservadores en septiembre, pese a cualquier desafección previa.

Foto: Annalena Baerbock. (Reuters)

Otra, por un efecto similar, es que Los Verdes podrían volver a quedar por debajo de lo que sugieren los sondeos y sus propias expectativas, como les ha ocurrido en otras ocasiones en el pasado. Además, todo resulta más volátil por el hecho de que la búsqueda de mayorías también se ha vuelto más difícil en Alemania, y aun ganando unas elecciones queda la compleja tarea de conseguir formar Gobierno. En Berlín, el único duo que parece viable es el de conservadores y verdes, el cual ni siquiera está garantizado. El primer 'tripartito' a nivel nacional parece una realidad cada vez más cercana.

Los Verdes, a por la cancillería

Salvo giros inesperados, parece seguro que Los Verdes terminarán al menos en segundo lugar, del que desplazaron a nivel nacional a los socialdemócratas en las elecciones europeas de 2019. Y el espíritu de los tiempos el 'Zeitgeist' parece jugar a su favor en la disputa por el primer puesto. El 'efecto Baerbock' ha deparado al partido un aluvión de nuevos miembros, con más de 2.000 afiliaciones la semana pasada, según medios locales. "Me presento en nombre de la renovación. El 'statu quo' lo representan otros", dijo la política la semana pasada al asumir la candidatura.

Esta viene vinculada a un importante gesto simbólico: es la primera vez que la formación medioambiental presenta una aspirante directa a canciller, un privilegio que las convenciones políticas germanas reservaban hasta ahora solo a conservadores y socialdemócratas. Al entender que no tendrán opciones de liderar el Gobierno, los partidos pequeños desisten tradicionalmente de designar un candidato a canciller (solo los Liberales se atrevieron en 2002, y les fue mal).

Foto: Armin Laschet. (EFE)

Puestos a demostrar que ven llegado su momento, los ecologistas presentaron a Baerbock con una puesta en escena modélica, más estadistas que nunca, después de que ella se impusiera en las quinielas internas al otro líder del partido, Robert Habeck. Este último era hasta el año pasado la estrella ascendente de Los Verdes y tuvo que hacerse a un lado a regañadientes debido al empuje irresistible de su compañera en los últimos meses.

Se espera que las bases confirmen en junio con un voto contundente la nominación de Baerbock. A sus 40 años, será la candidata más joven de la historia alemana en aspirar a la cancillería. Y Los Verdes parecen lejos de aquella formación caótica que, 22 años atrás, fue la responsable de que al exministro de Exteriores Joshka Fischer le explotara una bolsa de pintura roja en el tímpano en protesta por la participación alemana en la guerra de Kosovo.

La propia agenda electoral favorece a los verdes. Alemania es probablemente uno de los países industrializados donde el cambio climático es uno de los temas que más inquietan a los votantes. "Creo que con esta elección tenemos la oportunidad de cambiar las cosas", dice Nils Seifert desde Düsseldorf. Este aprendiz de repostería de 19 años tiene claro por qué votará por Los Verdes en su primera experiencia frente a las urnas. "Me gusta su propuesta para proteger el medio ambiente". De Baerbock reconoce saber poco. Su voto es por el partido.

El ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, es alcanzado por una bomba de pintura especial en el congreso del partido de los Verdes, el 13 de mayo de 1999

Lo mismo subraya Reiner Naumann, un maestro jubilado de 67 años. "Los Verdes hablan de los problemas más importantes del mundo y cuentan con gente nueva. Está claro que el cambio climático es el tema principal", afirma. "Los problemas a nivel mundial son tan serios que no veo ni a la CDU ni al SPD [los socialdemócratas] como buenas alternativas", agrega.

Turbulencias entre los conservadores

La frescura que aporta la formación ecologista a la campaña es posiblemente el mayor reto de los conservadores, que cargan con el desgaste de haber gobernado durante los últimos 16 años. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su rama bávara, la Unión Social Cristiana (CSU), son, pese a todo, casi los aspirantes naturales a la cancillería. Del bloque conservador se dice en Alemania que nunca se ha definido tanto por su programa ideológico como por su capacidad y fiabilidad para gobernar.

Esas virtudes, sin embargo, han quedado en entredicho tras la reciente batalla por la candidatura que enfrentó a los líderes de ambas formaciones, el renano Armin Laschet, por la CDU, y el bávaro Markus Söder. Al final se impuso Laschet, tras una tensa disputa que magulló la imagen pública de los conservadores y que además llamó la atención por su contraste con la madurez de Los Verdes. Los papeles invertidos quizá como otra señal de los tiempos.

Foto: Estatua de carnaval del actual líder de la CDU alemana, Armin Laschet. (Reuters)

Es posible que el duelo fraternal conservador haya dejado heridas internas que dificulten la campaña electoral. Laschet ya dispara contra la que ve como su principal rival, Baerbock: "Ella habla, yo actúo", dijo el actual ministro regional de Renania del Norte-Westfalia en una entrevista con el diario 'Süddeutsche Zeitung', para apuntar a lo que muchos ven como el punto débil de la candidata verde: su falta de experiencia política.

Otras variables, como la posibilidad de que la pandemia dé una tregua al país durante el verano y el despegue, al fin, de la malograda campaña de vacunación, podrían ser decisivos para el éxito de los conservadores.

El ocaso socialdemócrata

Los socialdemócratas, en cambio, luchan con otros problemas. El SPD designó meses atrás al actual ministro de Finanzas, Olaf Scholz, como candidato a canciller y ahora batalla contra unas encuestas que lo colocan en la última medición, con un 13% de las preferencias. En ese escenario, parece una simple ilusión el pretender liderar un Gobierno, pero desistir públicamente de tener un aspirante a la cancillería podría empequeñecer aún más a la socialdemocracia.

placeholder Olaf Scholz, candidato socialdemócrata alemán a la cancillería. (EFE)
Olaf Scholz, candidato socialdemócrata alemán a la cancillería. (EFE)

El partido experimenta desde hace años una imparable erosión de su electorado. Desde la última vez que lideró el Gobierno —bajo Gerhard Schröder, entre 1998 y 2005—, el SPD no ha conseguido regenerarse ni en la oposición (entre 2009 y 2013) ni como socio menor gubernamental en tres 'grandes coaliciones' con los conservadores (2005-2009 y desde 2013).

Los créditos de lo logrado siempre se los ha llevado Merkel, y los socialdemócratas han visto esfumarse a sus votantes. El histórico electorado obrero prefiere a La Izquierda o se ha escorado en parte hacia la ultraderecha, un fenómeno ya visto en Francia. Y los votantes de las clases urbanas progresistas han peregrinado hacia un partido más en boga con los tiempos: Los Verdes.

"Ya no reconozco al SPD", dice Dominik Schmidt, un autónomo de 44 años en el sector del 'marketing' en Berlín que desde hace algunos años vota por los ecologistas. "Fui durante muchos años votante del SPD. Sobre todo en mi juventud, antes de fijarme en Los Verdes por el tema del medio ambiente", agrega.

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