'Rocky Balboa' Laschet: así es el hombre con más papeletas para liderar la nueva Alemania
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SUCESOR DE MERKEL

'Rocky Balboa' Laschet: así es el hombre con más papeletas para liderar la nueva Alemania

Tras una disputa abierta de casi dos semanas, el rival Söder ha cedido y se quedará en Baviera. A Laschet le quedan seis meses para restañar heridas internas y luchar contra unas encuestas a la baja

placeholder Foto: Armin Laschet. (EFE)
Armin Laschet. (EFE)

Su nombre es Armin Laschet y es el candidato del bloque conservador alemán para las elecciones generales del próximo 26 de septiembre. Posiblemente el próximo canciller alemán. Presidente de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de Angela Merkel, y jefe de Gobierno del populoso, influyente e industrial 'Land' de Renania del Norte-Westfalia, Laschet ha logrado este martes finalmente imponerse en un pulso inusualmente público y descarnado al otro postulante, Markus Söder, presidente de la Unión Cristianosocial (CSU) y jefe de Gobierno del rico, católico y conservador 'Land' de Baviera. Le quedan seis meses para restañar heridas internas y luchar contra unas encuestas a la baja para mantener a los conservadores en la Cancillería frente al empuje de los verdes, que nombraron este lunes a Annalena Baerbock como candidata. La trayectoria política y declaraciones de Laschet hacen intuir cómo podría ser como canciller.

La guerra ha acabado en el bloque conservador. Al menos formalmente. Tras una disputa abierta de casi dos semanas, algo inusual en Alemania, Söder ha cedido y se quedará en Baviera. "La suerte está echada. Armin Laschet será el candidato de la Unión", aseguró el bávaro, que no ha tenido más remedio que poner fin a sus ambiciones (o quizá solo posponerlas hasta un mejor momento) después de que la CDU ratificase en la pasada madrugada su apoyo mayoritario (77,5 por ciento) a Laschet. La puja, sin embargo, tiene pocos precedentes entre el bloque conservador. Söder y Laschet se han batido por lograr los apoyos de cada federación, cada voz influyente de la CDU, cada cargo público, a costa quizá de la imagen del bloque y de su posible rendimiento electoral en septiembre.

Foto: Annalena Baerbock. (Reuters)

Laschet, de 60 años, es una de las más logradas expresiones del continuismo merkeliano. Es centrista, pragmático y amigo del consenso. Veterano de la política y miembro de la vieja guardia de la CDU, ha sido casi de todo entre alcalde y eurodiputado, y tiene ese punto aburrido que gusta más en Alemania que en el exterior. Es conocido también por su capacidad para tender puentes y lograr compromisos, pero defendiendo un núcleo de valores constante. El hasta ahora jefe de Gobierno de Renania del Norte-Westfalia se siente más cómodo entre bambalinas que en las tareas de comunicación, donde le falta articulación y magnetismo, y es incluso propenso a los tropiezos.

Él destaca además de sí mismo su capacidad de trabajo en equipo y su habilidad para mantener los pies en el suelo. También su perseverancia. Su trayectoria da fe de ello, no solo en esta última ocasión, para hacerse con la candidatura. Su asombrosa recuperación tras más de un revés que podía haber acabado con su carrera política llevó al semanario 'Der Spiegel' a apodarlo "el Rocky Balboa de la política".

Su recuperación tras más de un revés que podía haber acabado con su carrera llevó al 'Der Spiegel' a apodarlo "el Rocky Balboa de la política"

Entre Laschet y Merkel ha dominado la sintonía, como cuando defendieron pese a las críticas internas y externas la entrada de peticionarios de asilo en la crisis de 2015, aunque también han tenido sus diferencias. En la pandemia el renano ha defendido la reapertura de la economía cuando la canciller exigía mantener las restricciones. "Encarna la continuidad", según Ulrike Franke, analista del Consejo Europeo sobre Relaciones Exteriores (ECFR).

Más Europa y 'Realpolitik'

En el ámbito internacional mantiene el núcleo de los postulados de Merkel, aunque con quizá un ápice más de europeísmo. En una reciente entrevista con 'Internationale Politik Quarterly' se mostraba a favor de "más Europa", sobre todo en política exterior y seguridad, aunque sin dañar nunca los lazos transatlánticos. Se mostró incluso dispuesto a sacrificar los procedimientos por unanimidad para ganar pegada y se mostró sin miedo a la Europa de varias velocidades. Abogó por el diálogo con China y Rusia, en línea con la larga tradición alemana de la 'Realpolitik'. "Se trata siempre de las dos cosas: nuestros valores y nuestros intereses", afirmó Laschet, para argumentar de seguido que se puede tener una "clara brújula moral" y no dar lecciones a otros países. En el ámbito económico, considera que la emisión de deuda de la Comisión Europea (CE) por la crisis del coronavirus es una acción puntual y que los criterios de Maastricht no precisan ser reformados porque incluyen la flexibilidad adecuada para momentos de emergencia.

Su perfil contrasta con el del otro conservador que se había postulado como candidato —y que va a seguir siendo muy influyente en el bloque— con el que mantiene marcadas diferencias. Söder, de 54 años, es un salto en las formas con respecto a la era Merkel. Es más conservador y quizá no tan europeísta como la canciller, a pesar de que ha dejado bien claro que no piensa acercarse al ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD). Es elocuente, expansivo y competitivo, con un estilo llano y seguro de sí mismo que busca llamar la atención (no solo cuando en carnavales, con su 1,90 de estatura, se disfraza de Marilyn Monroe o Shrek). Amigo de cámaras y micrófonos, es personalista y con el mismo toque populista que han cultivado otros líderes de la CSU, aunque prefiera la Coca-Cola light a las jarras de cerveza. Tremendamente ambicioso, ha firmado una trayectoria en continuo ascenso, pisando por el camino a quien le ha entorpecido el paso, incluso a sus superiores. Se le ha llegado a llamar "el Maquiavelo de Franconia", en referencia a su Núremberg natal.

Foto: El candidato de la CDU a las elecciones alemanas, Armin Laschet. (Reuters)

Tras pasar toda su carrera política en Baviera, el último año le ha catapultado definitivamente a la arena nacional por sus frecuentes apariciones mediáticas junto a la canciller, donde ha abogado por las restricciones junto a Merkel, apelando a la responsabilidad. Ágil a la hora de interpretar la opinión pública, algunos observadores lo describen como falto de principios. Ha sabido pasar con éxito en los últimos años de representante del conservadurismo bávaro contrario a la inmigración a merkelista abanderado de la lucha contra el cambio climático. Su europeísmo es moderado, entre lo defensivo y lo pragmático. En política exterior, ha apostado siempre por alinear a la UE con Estados Unidos, pero no ha dudado en mostrarse cercano al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y al presidente ruso, Vladímir Putin, a los que ha visitado en varias ocasiones, más atento a las grandes inversiones de las empresas bávaras en estos países que a las tendencias autoritarias de sus líderes.

En la decisión final sobre el candidato han pesado muchos más factores que su posicionamiento ideológico y su personalidad. Söder y sus seguidores han defendido en todo momento que, pese a liderar al socio minoritario (la CDU aporta al bloque 46 escaños en el Bundestag frente a los 200 de la CDU), el líder bávaro era con diferencia el mejor valorado de los dos en las encuestas nacionales. Y que había que salir a ganar. Laschet y su equipo, por su parte, restaban importancia a los sondeos —que efectivamente no le sonríen—, confiados en su capacidad de remontada, su mayor experiencia, el peso de las siglas entre los votantes y el fuerte respaldo del aparato de su partido.

La lucha entre los dos ha sido tan dura que ahora muchos en el bloque conservador quieren enfriar la situación interna y evaluar las heridas. La CDU/CSU debe recuperar la unidad si quiere llegar en plena forma a las elecciones, las más inciertas en 16 años por el abandono de la política de Merkel y la erosión de la posición de los conservadores en las encuestas por los fallos en la gestión de la pandemia. La campaña electoral dependerá además de cómo avance la vacunación en el país, que lleva con parte de la economía cerrada desde noviembre, al haber empalmado la segunda y la tercera ola. Parte de la reconciliación interna dependerá además de la salida que se ofrezca a Laschet. En algunos medios se ha sugerido que se le ofreció la presidencia del país cuando agote su mandato el actual, Frank-Walter Steinmeier. Una digna patada hacia arriba, a un cargo protocolario, respetado y tranquilo, para cerrar una dilatada carrera política.

Movimientos preelectorales

La temperatura política está subiendo enteros en las últimas semanas en la habitualmente anodina actividad partidista de Alemania. Se percibe ya en el ambiente la tensión ante la proximidad de las elecciones generales de septiembre. Si a principios de año se daba por sentado que la CDU/CSU ganaría las elecciones y lideraría el próximo Gobierno, posiblemente en una coalición inédita a nivel federal con Los Verdes, el desplome conservador en los sondeos —casi 10 puntos porcentuales desde enero— ha abierto la puerta a otras combinaciones. Incluso sin la CDU/CSU, lo que supondría un terremoto en Berlín, y en Bruselas. La alternativa más factible —desde el punto de vista aritmético, al menos— sería una alianza "semáforo", con verdes, socialdemócratas (rojo) y liberales (amarillo), una conjunción no exenta de dificultades en lo programático. Algunos especulan, incluso, con que llegue a sumar un tripartito de izquierdas en el que al SPD y Los Verdes se sumen los poscomunistas de La Izquierda. Se trataría también de una coalición nunca vista en el Ejecutivo alemán y su elaboración de un programa de gobierno conjunto tampoco sería sencilla.

placeholder Armin Laschet charlando con Angela Merkel. (EFE)
Armin Laschet charlando con Angela Merkel. (EFE)

Según las últimas encuestas recogidas por la consultoría política Pollytix, la CDU/CSU obtendría entre el 27 y el 27,5 por ciento de los votos (frente a los 32,9 por ciento de las elecciones de 2017) si se celebrasen elecciones generales este domingo. Los Verdes lograrían entre el 20,5 y el 23 por ciento (8,9 por ciento en 2017), seguidos por el Partido Socialdemócrata (SPD), con entre el 15 y el 17 por ciento (20,5 por ciento en 2017), AfD, con entre el 10 y el 12 por ciento (12,6 por ciento en 2017), el FDP, con entre el 9 y el 10 por ciento (10,7 por ciento en 2017), y La Izquierda, con entre el siete y el nueve por ciento (9,2 por ciento en 2017).

Faltarían por presentar a sus cabezas de lista el FDP, La Izquierda y AfD, de menor relevancia porque tampoco aspiran a liderar el próximo Gobierno alemán. Los socialdemócratas, en un gesto imprevisto de cálculo conservador, optaron hace tiempo por nominar al actual ministro de Finanzas y vicecanciller, Olaf Scholz, un perfil moderado y de un gris tirando a tecnócrata. Se trata de un político veterano y sin carisma, pero con un rostro reconocible por su trayectoria y por las ayudas que ha puesto en marcha para paliar la crisis del coronavirus.

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