LAS REFORMAS PENDIENTES

El norte de Europa no se fía de España. Es el momento de recuperar su confianza

¿Qué podría hacer España para dejar de levantar tantas suspicacias en el norte de Europa y ser un socio creíble, tanto para el resto del club comunitario como para los mercados?

Foto: Pedro Sánchez y Mark Rutte, primer ministro holandés. (EFE)
Pedro Sánchez y Mark Rutte, primer ministro holandés. (EFE)

Dentro de unos años, puede que se hable del lunes 18 de mayo de 2020 como una fecha histórica para la Unión Europea. Ese día, Angela Merkel asumió un gran riesgo político al acordar con Emmanuel Macron una propuesta para crear un fondo para hacer frente a los efectos de la pandemia que contaría con medio billón de euros en forma de transferencia, captados en los mercados con una emisión de deuda conjunta. Lo imposible hace solo unos meses: España y los otros países más golpeados por el coronavirus podrían obtener fondos en forma de subvenciones —y no de créditos— y la devolución de la deuda emitida para financiarlos no la tendrían que hacer los países beneficiarios, sino que se haría de forma solidaria.

En España, más allá de en unos pocos círculos especializados y a pesar de su importancia, apenas trascendió la noticia. Dos días después de la propuesta francoalemana, el Gobierno conseguía enfadar tanto a la oposición como a los socios de la coalición regateando con una posible derogación “completa” de la reforma laboral para conseguir los votos necesarios de Bildu y aprobar una extensión del Estado de Alerta. Horas después de que Macron y Merkel anunciaran un acuerdo en el que se señala que los países beneficiarios estarían sujetos a cambios en su modelo productivo, España amagaba con destrozar una de las reformas más valoradas por los socios europeos.

Los cuatro frugales (países del norte de Europa formados por Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca) ya han rechazado la propuesta francoalemana y presentado la suya, basada en préstamos. Consideran que hay una falta de confianza mutua por una ausencia de compromiso del sur con las reformas, señalando indirectamente a Italia y España. Del pulso que tendrá lugar en las próximas semanas solo hay una cosa clara: gane quien gane, los Estados miembros del sur deberán hacer reformas. Y no serán nuevas ni les cogerán por sorpresa.

A falta de conocer la propuesta de la Comisión Europea, la pregunta es: ¿qué podría hacer España para dejar de levantar tantas suspicacias en el norte de Europa y ser un socio creíble, tanto para el resto del club comunitario como para los mercados?

Las reformas son mías y no de Bruselas

“España debería dejar de hablar de “las propuestas que le imponen desde el norte de Europa” y hacerlas suyas para conseguir que el país tenga una tasa de desempleo más baja, una economía menos vulnerable al ciclo y que se posicione en un lugar favorable en medio de un mundo tan competitivo, globalizado y digitalizado”, afirma Marcel Jansen, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y uno de los economistas que mejor conocen el mercado laboral en España. Otros como Luis Garicano, líder de Ciudadanos en el Parlamento Europeo, son aún más tajantes: “Tenemos que tener nosotros la responsabilidad de las reformas y no esperar a que nos obliguen desde fuera”.

El trabajo que ha hecho España durante las últimas décadas desde su entrada en las comunidades europeas para ponerse al nivel de desarrollo del resto de sus socios ha sido significativo. Sin embargo, desde hace años, la palabra “reforma” se ha convertido en tabú en un sistema político cada vez más fragmentado e incapaz de pensar a largo plazo por el alto coste electoral.

“España fue muy buena recortando. Sin embargo, reformar la estructura económica es más importante para asegurar el crecimiento”

“Algunos países, especialmente España, fueron muy buenos recortando en la crisis anterior. Sin embargo, reformar la estructura económica es mucho más importante para asegurar el crecimiento”, asegura Adriaan Schout, profesor de Administración Pública Europea en la Universidad de Radboud e investigador del Instituto Holandés de Relaciones Internacionales. “El porcentaje de deuda suele explicarse en porcentaje con el PIB. Es mejor aumentar el PIB (reformando las instituciones nacionales) que perseguir la austeridad así porque sí. Sí, España fue un buen alumno, pero desafortunadamente lo fue en términos de austeridad”.

Si el fondo de transferencias sale adelante, parece evidente que la condicionalidad recaerá en el cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión Europea. “La Comisión ya ha advertido que los fondos van a estar a estar condicionados a reformas. No van a dar barra libre a España”, según Jansen.

En ocasiones, afirman los expertos consultados para este reportaje, es más sencillo apurar y esperar a que Bruselas obligue a hacer los cambios que a emprenderlos uno mismo. ¿El objetivo? Culpar a otros de los efectos de los ajustes, que decidir afrontarlas y asumir su autoría. Hay dos modelos: el portugués, donde el Gobierno ha asumido las reformas como propias, o Grecia, donde se aplicaron como imposiciones y, por lo tanto, se busca en muchas ocasiones desmantelarlas cuanto antes. El Gobierno ya sabe qué reformas puede hacer porque forman parte del Semestre Europeo, y cuenta con muchas recomendaciones de expertos al alcance de su mano. Estas son algunas.

Faltan ingresos

España tiene uno de los estados del bienestar más generosos de Europa, pero somos el undécimo país con menores ingresos fiscales de la Unión Europea. Aunque ha subido un punto en los últimos dos años, España recauda a través de impuestos y cotizaciones sociales (datos de 2018) un 34,7% del PIB, frente a casi un 41% en la zona euro.

España ha ido progresando en este campo, porque hace solo una década, en 2009, solo recaudaba el 29% del PIB, lo que demuestra un avance progresivo hacia los estándares europeos. El Ejecutivo comunitario critica que, si bien los impuestos sobre la renta de las personas fijas sí que están “claramente por encima de su media anterior”, no así los impuestos de sociedades, que siguen estando muy por debajo.

“El nivel impositivo sigue siendo relativamente bajo en relación con el gasto. Como se ha señalado, según las previsiones del otoño de 2019 de la Comisión, se determinó que España tenga un déficit público estructural medio superior al 3% del PIB en 2020-2021, el más elevado de la zona del euro”, recordaba la Comisión Europea en febrero de 2020.

Por eso Bruselas cree que hay que subir impuestos o, al menos, afinarlos. Una de las claves es el IVA: España está más o menos al nivel europeo, pero recauda mucho menos. Eso se debe a los tipos reducidos y superreducidos que, en algunas ocasiones, señala el informe de la Comisión, tienen “efectos regresivos” cuando estos se aplican a restaurantes u hoteles, por ejemplo.

Por otro lado, están los impuestos medioambientales, donde España está muy por debajo de la media europea. Aquí, Bruselas apunta a la posibilidad de aumentar gravámenes sobre la gasolina, que son “especialmente bajos” en España. También pueden aumentar los ingresos recurrentes sobre los inmuebles. Pero el gran problema está en la deuda.

España tiene un problema de estabilidad presupuestaria y un alto nivel de deuda pública que ya se situaba en el 95% del PIB y que por culpa de la pandemia del coronavirus el Ejecutivo comunitario cree que se situará en el 115%, y eso que son estimaciones relativamente positivas. El déficit estructural español es muy alto, y de no haberse producido la crisis del covid-19, Bruselas habrá vuelto a tirar de las orejas al Gobierno por un déficit nominal que no cumple con las expectativas. No se han aprovechado los años de bonanza para corregir estos errores, y eso merma la credibilidad de España ante los socios europeos.

“Hemos reaccionado bien, pero lo difícil será cuando salgamos de esta, porque España tendrá mucho endeudamiento y con muchos problemas estructurales. Se están poniendo sobre la mesa muchos aumentos de gasto, pero sin clarificar cómo se va a financiar. Y la propuesta que hay se reduce, de momento, a "Esto lo pagan los ricos", recalca Marcel Jansen.

Educación, empleo y capital humano

La inversión europea en España ha sido física. Y, como apuntaba este lunes en este mismo periódico Miguel Otero, ha llegado el momento de que sea humana. El Plan de Recuperación de la Unión Europea podría ser la oportunidad para que España comience esa transición de invertir fondos europeos en lo físico a hacerlo en el capital humano, que es uno de los principales déficits de la economía española.

Pablo Iglesias, junto a Nadia Calviño, en el Congreso. (EFE)
Pablo Iglesias, junto a Nadia Calviño, en el Congreso. (EFE)

El país tiene un problema grave con la educación y está relacionado con nuestra competitividad. “España presenta una de las puntuaciones más bajas en el índice de capacidades europeo (Cedefop, 2018), lo que afecta negativamente a la productividad y a la capacidad de innovación de la economía”, señala uno de los documentos de la Comisión Europea.

Los informes señalan que España sigue teniendo altos niveles de abandono y repetición escolar, que hacen que muchos de los que entren al mercado laboral sean personas con pocas cualificaciones, al mismo tiempo que titulados superiores realizan trabajos que requieren niveles de estudios inferiores. Esto se traduce en mayor temporalidad y contratos de peor calidad. “Llevamos hablando décadas y los problemas están identificados”, señala Garicano.

Uno de los problemas más comunes es el déficit de capacidades en los niveles técnicos medios y altos, que son, además, los puestos claves para el desarrollo de la innovación de la economía. Y aquí es donde entra en juego la formación profesional, que en su modalidad intermedia es vista como poco atractiva, a pesar de que ofrece datos alentadores: el desempleo juvenil se reduce del 32,0% (la media) al 7,3% en el caso de los jóvenes en posesión de un diploma de formación profesional. Hay un plan estratégico 2019-2022 que pretende modernizar las FP y hacerlas más atractivas.

España sigue teniendo mucho empleo temporal. Y no debe justificarse únicamente con la idea de que tenemos una economía muy estacional. “La utilización generalizada de contratos temporales puede explicarse por factores institucionales y prácticas ya establecidas. El peso de las actividades estacionales en el empleo solo explica alrededor del 10% de la diferencia respecto a la media de la UE en la utilización de contratos temporales”, señala el Ejecutivo comunitario.

Y las medidas que se toman no son siempre efectivas. “El gasto en políticas activas del mercado de trabajo sigue siendo bajo y tiene eficacia limitada”, critica Bruselas, que señala que el 40% de ellas se dedica a los incentivos de contratación, que no están resultando tener “limitados efectos”.

Jubilaciones

Uno de los puntos más espinosos son las pensiones. Bruselas y el resto de socios europeos ven con cierta preocupación que España se aleje de la reforma de 2013 si no toma “medidas compensatorias”, aunque para algunas capitales esa reforma ya era demasiado débil y debería endurecerse.

El norte de Europa no se fía de España. Es el momento de recuperar su confianza

En cualquier caso, Bruselas cree que esa vinculación va a disparar el gasto público en el futuro cercano y que eso dañará a las generaciones más jóvenes, que ya han sufrido dos crisis consecutivas que han mermado sus perspectivas de futuro, y que, con ello, amenazan a la economía española.

Como en tantos otros campos, España tiene aquí un informe propio y no necesita irse al extranjero. El Comité de Expertos pidió establecer un factor de sostenibilidad que garantizara que el sistema de pensiones y recordó que el aumento de la esperanza de vida y “las tensiones demográficas del sistema de pensiones (…) constituye una amenaza potencial del bienestar económico”. “Si no se actúa con la suficiente antelación se hará descansar la mayor parte de los ajustes necesarios en el futuro sobre las espaldas de unas pocas generaciones, en lugar de repartirlos entre el mayor número posible de ellas”, explicaba el informe. Ahora el Ejecutivo se aleja de ese objetivo.

Recuerdan que la regla de vincular las pensiones al IPC ya se ha tenido que romper dos veces en 15 años, lo que demuestra que depende mucho de los recursos con los que se cuenten. Una medida efectiva, señala Garicano, sería acercar la edad de jubilación real a la edad de jubilación legal.

Un proyecto económico (verde)

Otra de las recomendaciones de Bruselas es que la inversión se centre en la transición a una economía verde y digital. España tiene un especial potencial en el primer campo, donde ya tiene un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) que cubre del 2021 al 2030 y que puede servir de guía en ese proceso. Harán falta, calcula el Gobierno, más de 240.000 millones de euros para completarlo, la inmensa mayoría provenientes del sector privado.

El proyecto H2020 Mustec señala que España sería el mayor exportador de electricidad de origen renovable de la UE si se cumplen con los objetivos de descarbonización, aunque el país tendría que aumentar de forma significativa su interconexión con Francia.

Todos los analistas consultados coinciden: España puede hacer reformas por su propia voluntad o que le obliguen a hacerlas. La opción de no realizar ajustes no está en el menú. De una actitud proactiva depende que sea el Gobierno español, y no nadie desde fuera, el que decida cómo y qué se ajusta. “Falta continuidad en las reformas y evaluación para conocer su impacto. Es la única manera de diseñar buenas políticas", afirma Jansen. "Desde que España salió del programa de rescate, se relajó el ritmo de la consolidación fiscal y se entró en una especie de procrastinación. Los partidos llegan al Gobierno, hacen tabla rasa y van dando palos de ciego”.

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