Pacto entre Merkel y Macron

El acuerdo franco-alemán: ¿la llegada silenciosa de los bonos europeos?

Francia y Alemania acuerdan un enorme paso hacia delante, que contará con la oposición del norte, pero debería tener el apoyo cerrado de los que hace poco pedían eurobonos

Foto: La canciller alemana, durante su rueda de prensa virtual con Macron. (Reuters)
La canciller alemana, durante su rueda de prensa virtual con Macron. (Reuters)
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Pocas veces se ha seguido en España un debate europeo con tanta intensidad como los primeros días en que se discutió cómo responder a la crisis económica generada por el covid-19. Eurobonos sí o eurobonos no. Redes sociales ardiendo y portadas y columnas de periódicos se vieron implicadas en el pulso.

Sin embargo, cuando este lunes por la tarde Emmanuel Macron, presidente francés, y Angela Merkel, canciller alemana, anunciaron que tenían un acuerdo para proponer al resto de socios europeos la creación del fondo europeo, no hubo prácticamente ruido mediático. Y eso que Berlín había cruzado varios ‘rubicones’: aceptaba que la Comisión Europea capte en los mercados 500.000 millones, seguramente en bonos a 10 años, que no serían repartidos en forma de créditos sino de transferencias dentro del presupuesto europeo, y que no deberían ser reembolsados según quién los use, sino siguiendo la clave de capital, probablemente utilizando la renta nacional bruta de cada Estado miembro teniendo en cuenta también otros factores como el aumento del desempleo, así como aumentando los recursos propios de la UE con nuevos impuestos europeos.

El presidente galo, durante la rueda de prensa posterior a su conferencia con Merkel. (EFE)
El presidente galo, durante la rueda de prensa posterior a su conferencia con Merkel. (EFE)

Lo que se está haciendo no es abrir un camino desconocido. O sí. Esto se ha hecho en otras ocasiones y está recogido en los Tratados, y de hecho la Comisión Europea emite deuda para financiar programas como el de apoyo al empleo (SURE) de 100.000 millones de euros. También emiten el Banco Europeo de Inversiones (BEI) o el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Pero no medio billón de euros. Además, técnicamente, hay muchos puntos positivos a la espera de los detalles, siendo uno de los fundamentales el hecho de que estas emisiones no se sumarían a las montañas de deuda pública de los Estados miembros más golpeados, que a la vez son los más endeudados. Además, aquí el dinero podría ser algo secundario en el medio o largo plazo. ¿Por qué?

Lo más interesante del acuerdo está en lo que no son los números. La pregunta clave es: ¿estamos ante un cambio en el planteamiento de cómo se afrontan las crisis a nivel europeo? La idea del texto es simple: hay una crisis grave, la UE emite deuda conjunta que se gastará allí donde sea más necesario y que vamos a devolver según nuestras posibilidades y haciendo uso también de recursos propios. Si finalmente este texto saliera adelante, Alemania o Países Bajos estarían pagando más que España para devolver unos fondos de los que España ha hecho un mayor uso porque tiene más necesidad. Y eso se parece mucho a la solidaridad europea que se ha estado pidiendo.

Si este nuevo esquema mental cuajara, entonces estamos ante un cambio estructural para la eurozona y ante lo que probablemente sería el futuro de los bonos europeos. Todavía es pronto para saber cómo va a evolucionar la propuesta. Es una fórmula muy sencilla a nivel técnico, pero de una enorme complejidad en el nivel político, como demostrarán las negociaciones que se celebrarán durante las próximas semanas y en las que los nórdicos prometen no ceder en su discurso central: solo admitirán que el dinero llegue a los Estados miembros afectados en forma de créditos.

El acuerdo franco-alemán: ¿la llegada silenciosa de los bonos europeos?



Por el momento, el mensaje es que sea como sea, esto solo ocurrirá esta vez, de manera excepcional. Pero eso dependerá en realidad del éxito de la operación. Si el plan franco-alemán se mantiene y resulta ser útil, de manera que Berlín vea los frutos de sus cesiones, entonces sí se abriría un nuevo escenario. Todavía es pronto, pero el hecho de que se genere esta oportunidad es ya novedoso y merece ser destacado.

Si la idea finalmente saliera delante, Europa contaría el 'activo seguro' que la Comisión Europea y el Banco Central Europeo llevan pidiendo desde hace mucho tiempo y que parecía una idea tan adecuada como lejana. Un embrión, todavía muy prematuro, de los eurobonos que han caldeado el ambiente europeo durante los últimos meses.

Billetes de 50 euros. (Reuters)
Billetes de 50 euros. (Reuters)

¿Y si Alemania solo está jugando?

Una práctica alemana muy desarrollada durante la anterior crisis era que Alemania mantuviera un perfil relativamente bajo mientras que dejaba que sus satélites hundieran las propuestas o ideas que Berlín no veía con buenos ojos. Wolfgang Schäuble, a la sazón ministro de Finanzas alemán, no necesitaba hablar demasiado y en muchas ocasiones los demás se encargaban de apretar las tuercas al ministro de turno.

Ahora, el conservador Schäuble ya no está, y a los mandos del ministerio se encuentra el socialdemócrata Olaf Scholz. Pero hemos visto ese esquema de dejar que los demás hagan el trabajo sucio también en esta etapa. Berlín no quiere ser culpable de cargar con el derrumbe de la eurozona, pero muchas veces tampoco quiere afrontar el precio electoral doméstico que requiere evitarlo. Y el mejor ejemplo de esto es el acuerdo de Meseberg, donde Macron y Merkel pusieron las primeras piedras de un futuro presupuesto de la eurozona, que finalmente quedó reducido a un pequeño instrumento en la última fase de negociación.

Hay muchas posibilidades de que este acuerdo descarrile. Primero, porque no cuenta con el apoyo de los países en los que en muchas ocasiones se ha apoyado Berlín para imponer su visión, y que no están nada conformes con este acuerdo. Y segundo, porque los detalles están todavía en el aire. La Comisión Europea tiene que presentar su propuesta completa el próximo 27 de mayo, y habrá que ver, por ejemplo, cómo se reembolsa el dinero, la diferencia entre lo que se recibe y lo que se debe devolver.

Pero este acuerdo es diferente en el nivel de detalle. Meseberg era un texto abierto, preparado precisamente para que fuera posible hundir cualquier expectativa. Este texto es lo suficientemente concreto como para que a Merkel y su unión democristiana (CDU) les cueste caro en las urnas, y eso es una señal. Es un paso más allá de la ambigüedad que sirve para jugar a ser el policía bueno en Europa y el chico duro para la opinión pública alemana. La flecha que sale del arco nunca vuelve, y la canciller es perfectamente consciente. Ahora solo hay que ver dónde acaba la flecha.

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