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Un lapsus de Estado: ¿debemos empezar a preocuparnos por el estado mental de Biden?
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"¿dónde está jackie?"

Un lapsus de Estado: ¿debemos empezar a preocuparnos por el estado mental de Biden?

La preocupación por el estado cognitivo de Biden ya ha penetrado en el riego sanguíneo del sistema electoral y será una baza a jugar en las urnas en las próximas elecciones legislativas

Foto: Joe Biden, en la Casa Blanca. (EFE/Shawn Thew)
Joe Biden, en la Casa Blanca. (EFE/Shawn Thew)
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La anécdota parece haberse convertido en patrón, y el patrón en preocupación. Una preocupación que puede acabar definiendo el futuro curso político de Estados Unidos. Hablamos de los rumores sobre el estado cognitivo del presidente norteamericano, Joe Biden, un hombre cuyos continuos lapsus ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación y en el criterio de los votantes.

“Me gustaría daros las gracias a todos los que estáis aquí por incluir cargos electos de ambos partidos, como el representante McGovern, el senador Braun, el senador Booker, y la representante... Jackie, ¿estás aquí? ¿Dónde está Jackie?”, preguntó Biden, de 79 años, durante un acto dedicado a las maneras de acabar con el hambre en EEUU. El único problema era que Jackie —en referencia a la representante republicana de Indiana, Jackie Walorski— está muerta. Falleció en un accidente de tráfico hace menos de dos meses, junto a dos de sus empleados.

Y Biden lo sabía. Poco después del siniestro, él y su mujer, la primera dama, Jill Biden, mandaron una carta de condolencias a la familia de la congresista. Las banderas de la Casa Blanca ondearon a media asta en su memoria, y este viernes Biden tenía previsto recibir a la familia de la siniestrada, dado que se propone firmar una ley en su honor. Aun así, ayer preguntó si esta se encontraba en la sala.

El problema para Biden, y para el Partido Demócrata en su conjunto, es que no se trata de la primera vez que sucede algo así. Una cosa son las ocasionales salidas de tono de Biden, una marca de la casa desde hace 50 años, o los episodios de balbuceos, nada raro teniendo en cuenta que a veces se asoma algún trazo de la tartamudez que padeció de niño, y otra los lapsus cada vez más habituales y pronunciados de los que es protagonista.

Un señor muy mayor

Casi semanalmente aparecen vídeos del presidente afeándole el gesto a alguien que no se digna a darle la mano, olvidándose de que esa misma persona se la había estrechado cinco segundos antes. O lo tienen que agarrar del brazo y dirigirlo cariñosamente, como a un señor muy mayor, hacia una silla. O se cae, o está como perdido, sin saber qué hacer, sobre un escenario, después de dar un discurso. Congelado como un robot, dubitativo entre aplausos. Todo envuelto en un flujo creciente de mala vocalización, deslices y declaraciones altisonantes que luego tienen que corregir, en notas y ruedas de prensa, los miembros de su equipo.

Algunos medios conservadores influyentes, como Fox News o 'The New York Post', llevan años dedicándole una amplia cobertura a este tipo de gazapos, compilando vídeos muchas veces tramposos y atacando personalmente a Biden. Pero los patinazos del presidente ya duelen también en las filas demócratas. Los progresistas no quieren perder el poder en 2024, y menos contra Donald Trump. Desgraciadamente para ellos, la preocupación por el estado cognitivo de Biden ya ha penetrado en el riego sanguíneo del sistema electoral y será una baza a jugar en las urnas.

Un sondeo del 'New York Times' y Sienna College refleja que el 64% de los votantes demócratas quiere a otro candidato presidencial para 2024. Es decir: casi dos de cada tres progresistas no quieren que Biden se presente a un segundo mandato. Y la primera razón que dan para ello, precisamente, es la edad del comandante en jefe.

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Otra encuesta, elaborada por la Universidad de Harvard y la agencia The Harris Poll, recoge que, para el 62% de los estadounidenses, “Biden se ve demasiado mayor para ser presidente”. Una proporción que sube al 72% entre los votantes independientes, un electorado que suele inclinar la balanza de los comicios. Según un sondeo de 'Politico' y Morning Consult, el número de votantes que creen que Biden “no está en buenas condiciones mentales” no deja de crecer desde el año 2020, hasta haber llegado al 48% del electorado.

Las implicaciones políticas están claras. Si Biden se presenta de nuevo en 2024, con una baja popularidad y con estas dudas arreciando en la mente de los electores, y ante la perspectiva de que termine su segundo mandato a la edad de 85 años, Donald Trump podría gozar de la ventana política que necesita para volver. O al menos este es uno de los grandes miedos de buena parte de los norteamericanos. Además del horizonte electoral, Washington está ante un momento especialmente desafiante en la escena internacional con la invasión rusa de Ucrania o las crecientes tensiones con China por Taiwán.

Foto: Donald Trump, junto a dirigentes de Israel, EAU y Baréin, tras la firma de los Acuerdos de Abraham, en 2020. (Reuters/Tom Brenner)

Los republicanos lo saben y redoblan sus ataques personales contra el presidente. El pasado julio, más de 50 republicanos firmaron una carta solicitando a Joe Biden que se hiciese un test cognitivo. Los congresistas citaban al periódico progresista de referencia, 'The New York Times', en un artículo donde recogía las crecientes preocupaciones sobre el estado mental de Biden, a raíz de sus actuaciones públicas.

"Está por ver"

Mientras tanto, la Casa Blanca ignora, explica o quita importancia a estas percepciones. La portavoz de Biden, Karine Jean-Pierre, no contestó directamente a ninguna de las preguntas que le hicieron los reporteros acreditados en la rueda de prensa del miércoles. Jean-Pierre dijo que la congresista fallecida había estado en la mente del presidente, ya que se trataba de un proyecto que ella había codirigido; pero no aclaró si el hecho de buscarla en la sala había sido un error o un despiste.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden, abandona la Casa Blanca rumbo a la umbre de las Américas. (EFE/Yuri Gripas)

A la pregunta de si Biden se presentará de nuevo en 2024, el demócrata ha dicho oficialmente que “está por ver”; lo cual deja, potencialmente, el campo abierto a candidatos más nuevos y más jóvenes. En cabeza de lista se hallaría la vicepresidenta, Kamala Harris, pese a tener una popularidad bastante mellada. El secretario de Transporte, Pete Buttigieg, es otro claro presidenciable: ya se presentó en 2020, y su cuidadísimo currículo está tan pulido, es tan exquisitamente perfecto, que sus intenciones están claras desde que era un adolescente.

Además, suenan con fuerza los gobernadores de California y Michigan, Gavin Newsom y Gretchen Whitmer, respectivamente; los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders, aunque este último superaría en edad a Joe Biden, y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, quien habría cumplido los 35 años que se exigen para presentarse al más alto cargo.

La anécdota parece haberse convertido en patrón, y el patrón en preocupación. Una preocupación que puede acabar definiendo el futuro curso político de Estados Unidos. Hablamos de los rumores sobre el estado cognitivo del presidente norteamericano, Joe Biden, un hombre cuyos continuos lapsus ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación y en el criterio de los votantes.

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