SU FRASE PREFERIDA: TENGO UN PLAN

60.000 selfis para derrotar a Trump: detrás del imparable ascenso de Warren

La cercanía de la candidata, sus planes para mejorar la vida de los estadounidenses y un toque de populismo moderado la han puesto en el pelotón de cabeza para la nominación demócrata

Foto: Elizabeth Warren. (Reuters)
Elizabeth Warren. (Reuters)

Elizabeth Warren no quiere que nadie se quede sin un 'selfie'. Más de 4.000 personas han venido a verla al Shrine Auditorium de Los Ángeles a hacerle alguna pregunta, a llevarse a casa una idea de cómo sería como presidenta de Estados Unidos y, sobre todo, entender qué posibilidades tiene de plantar cara al presidente Donald Trump en 2020. Pero la mayoría se fue con algo más: una foto con ella. Una foto "chula" que muchos pronto pasarían a lucir en sus redes sociales.

Lo de los 'selfies', que Warren repite incansable al final de cada uno de sus mítines, es un éxito. La cola se alarga hasta tres horas. Hasta la fecha, la candidata se ha hecho 60.000 fotos con posibles votantes, según el recuento que lleva su equipo de campaña. Es una anécdota, pero dice mucho de cómo plantea su candidatura esta profesora de Harvard y senadora por Massachussets desde 2013. A 10 meses de la nominación y según las encuestas, Warren está -junto con el exvicepresidente Joe Biden y el senador Bernie Sanders- en el pelotón de cabeza de una de las primarias más concurridas y reñidas de la historia del Partido Demócrata.

Es más, su consistente ascenso en los sondeos podría verse alimentado por la decisión de la líder demócrata Nancy Pelosi de activar el proceso de impeachment contra Trump -que Warren fue la primera en pedir en abril-. El ruido mediático puede acabar desgastando a Biden, su gran rival y actual favorito de las bases, y al mismo tiempo reducir la exposición de los candidatos que están más abajo en las encuestas.

¡Tengo un plan!

Warren, quizá más que otros aspirantes demócratas, se presenta como la exacta antítesis de Trump. Frente a la aparente improvisación y las ventoleras tuiteras del actual presidente, Warren tiene planes. Su frase preferida es: “Tengo un plan para eso”. Y todos parecen sensatos. De esos que la inmensa mayoría de la población tiende a pensar “pues sí, suena bien”.

Su propuesta estrella: que los multimillonarios con más de 50 millones aporten 2,0 céntimos más por cada millón para guarderías públicas, sanidad gratis para los preescolares o universidades subvencionadas. ¿Quién puede decir que no a semejante plan -salvo que seas millonario-? Sus rivales demócratas critican la falta de detalles y concreción de estos planes, mientras que en el bando republicano la han identificado como un "socialista" radical y peligrosa para la economía. Desde Wall Street, algunos han llegado a insinuar que si resulta nominada, el Partido demócrata se puede olvidar de su dinero.

Otro de los temas centrales de la campaña de Warren puede que resulte familiar: devolver la política a las familias americanas y reducir la influencia que los grandes 'lobbies', grupos de presión y corporaciones tienen en Washington. “Ya sea respecto a las armas, la sanidad, la inmigración, el sistema judicial”, enumera Warren. “Cualquiera que sea el tema a tratar, si hay una decisión que tomar en Washington, os garantizo que se va a ver influenciada por dinero”.

Y añade, en su faceta más radical: “Traigo el plan anticorrupción más grande desde el Watergate. Porque tengo malas noticias: lo necesitamos”.

Populismo sensato

Su discurso es populista pero empaquetado con dosis de sensatez y moderación. Rechaza, como Bernie Sanders, las grandes donaciones y los eventos de recaudación millonarios en favor de los actos tipo 'town hall' como el del 21 de agosto, donde el discurso electoral se combina con preguntas espontáneas del público; lleva más de 135 desde que lanzó su candidatura, hace ocho meses.

A sus 70 años, esta mujer alta, atlética y casi de cutis impecable, exuda energía y seguridad sobre el escenario, en contraste con sus principales contendientes -Biden, de 76 años, Sanders de 78 y el propio Trump, de 73-. Su lento pero constante ascenso en las encuestas se debe -dicen los expertos- a que personifica una difícil combinación en el panorama electoral post-Obama: gusta a los votantes de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, puede arrastrar a muchos de los votantes de Obama y, al mismo tiempo, forma parte de esa ala más “radical” en las políticas económicas del partido demócrata que recientemente se decantaba por Sanders.

En el Shrine Auditorium, un recinto sin butacas, parecía más una cantante o una monologuista que una candidata presidencial. La gente hace cola para comprar una cerveza y el ambiente es de concierto. Los gritos de entusiasmo -de un público compuesto en su mayoría de gente blanca de entre 30 y 60 años- ensordecen cuando Warren enumera sus propuestas.

“Le veo muchas posibilidades de ganar la nominación y, más allá, de ganar las elecciones”, afirma Laura Mannino, voluntaria de campaña en Los Ángeles. “El mensaje de Trump de trabajar por el ciudadano medio, de echar a las élites y los poderosos de Washington es un mensaje similar al de Warren. Solo que ella lo respalda con planes concretos, con integridad personal. Tiene una combinación única de moderación y progresismo", añade.

Saber lo que es no llegar a fin de mes

Un mensaje muy pulido, un lenguaje corporal trabajado y una puesta en escena llena de soltura hacen que Warren se mueva con energía adolescente ante su público, alejada de la actitud hierática de Hillary Clinton y la bonhomía cansada de Biden. La imagen de campaña es discreta pero elegante, con pantalón y camiseta siempre negros y una nota de color en la chaqueta lista. En este auditorio lleva una rebeca de punto azul claro.

Llegado el momento, empieza a contar la historia de su infancia en Oklahoma, en el seno de una familia de clase media venida a menos que, en su adolescencia, evitó el desahucio por los pelos. Su madre, ama de casa, encontró trabajo como dependienta en unos grandes almacenes. “Ganaba el salario mínimo. Y nos pudo mantener a los tres, mi padre, ella y yo. ¿Qué familia puede decir lo mismo hoy en día? Ahora el salario mínimo no saca a una familia de la pobreza”, clama Warren entre aplausos.

La historia de la desaparición de clase media americana es su tema preferido. Su biografía continúa con la historia de una joven determinada que se pagó los estudios y sacó adelante dos carreras al mismo tiempo que criaba a sus dos hijos (la primera, a los 22 años). Fue primero maestra y después se licenció en derecho para dar clases en un centro de educación superior. Se especializó en mercantil y terminó enseñando en Harvard.

En resumen: es una profesora de derecho de la Ivy League que sabe lo que es no llegar a fin de mes. Una senadora por un estado rico y liberal de la costa Este, Massachussets, que se hizo conocida por su postura frente a los grandes bancos durante la crisis financiera de 2008.

Pocahontas de armas tomar

En su discurso destaca todos los aspectos de su vida que resuenan con el público estadounidense: la cultura del esfuerzo, la capacidad de superar las dificultades y los sacrificios para sacar adelante a la familia. Su imagen es la de una 'tough cookie', una mujer de armas tomar dispuesta a enfrentarse a Trump sin amilanarse. Igual de radical que Sanders, pero sin resultar gruñona o distante como Sanders, pide sindicatos más poderosos que pongan freno al poder de las grandes empresas y apoya un aumento en el salario mínimo de los trabajadores.

Ya no podemos usar Pocahontas más. No tiene sangre india (sic). Tengo yo más que ella y eso que yo no tengo nada

Trump detesta a Warren y es famosa su obsesión con llamarla despectivamente “Pocahontas” porque la senadora, pese a su tez nívea y facciones caucásicas, repetía orgullosa que tenía ancestros nativoamericanos. Un test de ADN demostró que tan solo tenía un minúsculo porcentaje de sangre cherokee en las venas y llegó a pedir disculpas diciendo que son las propias tribus las que pueden determinar quiénes son parte de ellas.

"Ya no podemos usar Pocahontas más. No tiene sangre india (sic). Tengo yo más que ella y eso que yo no tengo nada. Así que no puedo llamarla Pocahontas más, pero creo que lo haré de todas formas", se burló Trump el año pasado en un acto de campaña, después de que se revelaran las pruebas de ADN. Lo que el magnate republicano no podrá utilizar es su machacón "lock her up" ("encerrémosla", frase que le dedicaba a Clinton) porque, de momento, a la candidata no se le pueden achacar tejemanejes ocultos.

Sin títere con cabeza

Termina discurso y Warren no ha dejado títere con cabeza: ha arremetido contra los hermanos Koch, contra el llamado 'gerrymandering' (el diseño de distritos electorales a medida); contra las leyes que restringen el acceso al voto de las minorías, contra la agenda del Tribunal Supremo, contra la sentencia de Citizens United que permite la financiación de partidos y candidatos actuales.

Ahora comienza el 'town hall', un formato en el que el candidato recibe preguntas (supuestamente sin filtrar) del público en un toma y daca colectivo. Una rifa decidió las tres personas que se harían con el micrófono. Las preguntas van desde si apoyaría la nominación de Merrick Garland, elegido por Obama para el Tribunal Supremo (“¡Por supuesto!”) hasta qué garantía de cobertura sanitaria tendrían los pacientes transexuales.

El acto termina en el mismo tono festivo con que empezó. Suena Aretha Franklin y Warren rodeada de seguidores fervientes a los que abraza frente a la cámara del móvil, sin perder la sonrisa. No parece una sonrisa falsa o cansada, sino el gesto decidido de quien se ha puesto un objetivo claro y no quita los ojos de la meta.

“Me hace sentir optimista”, asegura Mannino, guionista y padre de un hijo. “Te da la sensación de que está preparada, lo mismo que Hillary Clinton. Pero, al contrario que Clinton, no lleva a sus espaldas décadas de mala prensa, y no sientes que le deba nada a los grandes 'lobbies'”.

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