EL PROCESO DE DESTITUCIÓN

El origen del 'impeachment' a Trump. ¿Qué sucedió en Ucrania con el hijo de Biden?

Al final no ha sido Rusia, sino Ucrania, el origen de este cuarto 'impeachment' en la historia de EEUU, en donde se esconde una historia turbia de ayudas, tejemanejes ocultos y presiones

Foto: Hunter Biden (i), Donald Trump y Joe Biden. (Reuters)
Hunter Biden (i), Donald Trump y Joe Biden. (Reuters)

La Casa Blanca y su oposición parlamentaria han entrado oficialmente en guerra. Los demócratas han demostrado que, en este cuento, realmente existía un lobo, el proceso de destitución. Un juicio político desencadenado por una compleja trama de zonas grises, con su filtrador, su nepotismo, sus presiones, y el supuesto uso de los poderes presidenciales para beneficio personal de Donald Trump. Al final no ha sido Rusia, sino Ucrania, el origen de este cuarto 'impeachment' en la historia de EEUU.

El origen del 'impeachment' a Trump. ¿Qué sucedió en Ucrania con el hijo de Biden?

Los sucesos se remontan a la primavera de 2014, cuando Ucrania se deslizaba por un barranco. Rusia había invadido Crimea y una insurrección prorrusa había estallado en la región industrial del Donbás. En este escenario de crisis, Estados Unidos se apresuró a apoyar al nuevo, frágil y prooccidental Gobierno ucraniano, que tomó el poder tras la huida a Rusia del jefe de Estado Víktor Yanukóvich. El vicepresidente Joe Biden se erigió como el gran abogado de este apoyo.

Al mismo tiempo, el hijo del vicepresidente, Hunter Biden, por entonces de 44 años, fue incluido en el consejo de administración de la mayor empresa ucraniana de gas natural, Burisma Holdings. Un cargo que le reportaría 50.000 dólares al mes de salario, según 'The Wall Street Journal'. Esta empresa, además, era propiedad de Mykola Zlochevsky, antiguo ministro de Yanukóvich: el presidente responsable de llevar la corrupción, incluso para estándares postsoviéticos, a cotas galácticas.

El extraño caso de Hunter Biden

Esta rara coincidencia no pasó desapercibida. La Casa Blanca se vio obligada a aclarar que Hunter Biden era un ciudadano privado, que no tenía nada que ver con el Gobierno, y que por tanto no había conflicto de interés. El propio Hunter Biden dijo que su padre había abordado este asunto con él: “Espero que sepas lo que estás haciendo”, le habría dicho el vicepresidente. Su hijo respondió que sí que lo sabía.

La capacidad de juicio de Hunter Biden, sin embargo, ha sido cuestionada más de una vez, como escribe David A. Graham en 'The Atlantic'. “Dado el accidentado pasado de Hunter Biden, y las dificultades políticas que ha causado a su padre, es dudoso que realmente supiera lo que estaba haciendo”.

El segundo hijo del actual aspirante presidencial cumple el perfil de oveja descarriada. En 2014, fue expulsado de la Marina estadounidense tras dar positivo en un análisis de cocaína; la adicción al alcohol y las drogas le ha granjeado más de un problema con la autoridad. En 2017, la policía encontró una pipa de crack en el coche accidentado de Biden. También ha generado titulares su vida sentimental. Poco después de la muerte de su hermano mayor, Beau Biden, Hunter inició un romance con su viuda y cuñada. “Compartíamos una pena muy específica”, explicó.

En el apartado público, su lucrativo empleo en la gasística ucraniana no ha sido el único negocio sospechoso de Hunter Biden, conocido por lucir como una armadura el lustroso apellido familiar; una llave que puede abrir muchas puertas. En 2013, invirtió dinero en Bohai Harvest RST, una empresa que producía tecnología utilizada por el Gobierno de Pekín para vigilar las regiones musulmanas de China, y es miembro de un rosario de organizaciones políticas y progresistas.

Presiones y tejemanejes ocultos

En los dos años siguientes al nombramiento de Hunter Biden en Burisma Holdings, el entonces vicepresidente, Joe Biden, siguió al cargo de representar a Estados Unidos en la cuestión ucraniana. Viajaba allí a menudo, hacía declaraciones y anunciaba los paquetes de ayuda al Gobierno del presidente Petro Poroshenko. Es en este periodo cuando, según Donald Trump y su aliado Rudolph Giuliani, que no han aportado pruebas al respecto, Biden habría utilizado su poder para beneficiar a su hijo.

En 2016, el vicepresidente presionó al Gobierno ucraniano para que despidiese a Víktor Shokin, un fiscal general sospechoso de no hacer nada contra la corrupción. E incluso amenazó con no aportar los 1.000 millones de dólares que la Casa Blanca había prometido; una maniobra que recuerda a la congelación de ayuda de Trump a Ucrania antes de hablar con Zelenski. “Si el fiscal no es despedido, no vais a recibir el dinero”, reconoció Biden que dijo durante una conferencia el año pasado.

Según Trump y Giuliani, despedir al fiscal Shokin, lo que ocurrió a continuación, fue la manera que tuvo Biden de que Burisma Holdings no fuese investigada y por tanto de salvar a su hijo Hunter. El objetivo de Biden, sin embargo, había sido que se eligiese a un fiscal más duro con los corruptos. Sea como fuere, Burisma finalmente no fue investigada, y Hunter Biden fue miembro de su consejo hasta este año.

Esta fue la base de la polémica llamada de Trump al presidente Zelenski el pasado julio. “Se está hablando mucho del hijo de Biden, que Biden paró la investigación y mucha gente quiere averiguar más, así que cualquier cosa que puedas hacer con el fiscal general estaría genial”, dijo el estadounidense, como recoge la transcripción editada que se publicó este miércoles. “Biden iba por ahí presumiendo de que había parado la investigación, así que si puedes echar un vistazo...”.

Un empleado secreto, clave

El contenido genérico de esta conversación había sido filtrado por un empleado de alguna de las 17 agencias de Inteligencia de Estados Unidos. Un funcionario del que sabemos muy poco; solo que está siendo representado por dos abogados que trabajan para Whistleblower Aid, una firma sin ánimo de lucro que ofrece ayuda financiera a las personas que filtran información sensible del Gobierno. Sus fundadores son antiguos cargos de la Administración Obama, Mark Zaid y John Tye; este último había denunciado el programa de vigilancia masiva del Gobierno.

Cuando se creó en septiembre de 2017, como consecuencia de los primeros escándalos de la Administración Trump (la supuesta connivencia con Rusia y el despido fulminante del director del FBI), Whistleblower Aid rodeó los ministerios de Washington con publicidad móvil, por si algún funcionario crítico o descontento se animaba a dar el paso. “Los filtradores son más importantes que nunca para mantener a nuestra nación unida bajo el imperio de la ley”, dice su página web.

Dado que en un principio el Gobierno se negó a publicar la denuncia del filtrador, los demócratas han arrojado el 'dado de hierro', como diría Otto von Bismarck, y el Partido Republicano ha tenido que montar a toda prisa un plan defensivo. Por un lado, han acusado a la líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de ceder a las presiones internas del ala más izquierdista y militante de su partido.

“En este punto, el mayor escándalo nacional no es el comportamiento ilegal del presidente”, tuiteó la congresista demócrata-socialista Alexandria Ocasio-Cortez. “Es la negativa del Partido Demócrata a imputarlo por ello”. Una declaración que está siendo esgrimida como prueba de la división interna demócrata.

“Creo que es una estrategia arriesgada por su parte”, dijo el senador republicano John Thune. “Sé que están bajo mucha presión para hacerlo, pero si tú estuvieras en el liderazgo, tendrías que pensar mucho y con mucho ahínco sobre cuáles son las implicaciones de ir demasiado lejos”.

La otra pata de las tácticas republicanas es minar la confianza en el propio filtrador. La Oficina de Consejo Legal del Departamento de Justicia publicó un memorándum en el que acusaba al funcionario de tener “prejuicios políticos” al haber hecho la filtración. Una acción realizada “en favor de un rival político” (Joe Biden).

Los seis comités demócratas se están organizando para iniciar la investigación del 'impeachment', mientras los republicanos estudian cómo detener sus golpes, y la base electoral de Trump, como temía Pelosi esta primavera, puede estar movilizándose para defender al presidente. Más allá de las especulaciones sobre por dónde discurrirá la tormenta política, el dinero ha hablado. Este martes, la campaña presidencial de Donald Trump recibió un millón de dólares en donaciones.

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