UN CENTRISTA CONTRA SANDERS

¿Es humano Pete Buttigieg? Luces y sombras del candidato revelación de EEUU

“Hay preguntas sobre Pete Buttigieg. La más importante no es si puede llegar a presidente. La más importante es: ¿es realmente humano?”, dijo el presentador de Fox News Tucker Carlson

Foto: Pete Buttigieg. (Reuters)
Pete Buttigieg. (Reuters)

El candidato nos hacía esperar. Los otros ya habían comparecido: Joe Biden, Elizabeth Warren, Bernie Sanders y Amy Klobuchar. Debido a varios errores, tardaríamos unos días en conocer los resultados de los determinantes caucus de Iowa. Pero era ya casi medianoche y Pete Buttigieg seguía sin aparecer. Cuando por fin lo hizo, la multitud de este polideportivo universitario de Des Moines enloqueció.

“¡BUT-ECH-ECH, BUT-ECH-ECH, BUT-ECH-ECH!”. Los cánticos duraron dos minutos enteros. El estruendo era enorme, así que el candidato se quedó en la tarima, bajo los potentes focos, bebiendo los vítores y aplausos del público. Por la demografía del sitio, era como una fiesta de instituto a la que los alumnos hubieran venido con sus padres. Al final, Buttigieg dio su discurso: un discurso cuidado y optimista, largo, leído en Teleprompter, con sus incisos y pausas calculadas. Los otros candidatos habían balbuceado alguna generalidad, dadas las circunstancias, pero Buttiegieg salió a dar su discurso de la victoria. Como si ya hubiera ganado las elecciones presidenciales.

¿Por qué lo hizo? Aún no se conocían los resultados. No había razón para cantar victoria. Y sin embargo ahí estaba Buttigieg, como John Fitzgerald Kennedy anunciando un nuevo amanecer. Como si hubiera estado practicando desde niño frente al espejo. Nada ni nadie le arrebatarían su noche. La culminación de una vida dedicada a ser el primero de la clase, también en política.

Un candidato ¿demasiado? perfecto

Su currículum lo tiene todo: ha estudiado en Harvard y en Oxford y habla siete idiomas en un país donde hablar dos es sinónimo de gran cultura. ¿Demasiado elitista? Buttigieg ha sido alcalde durante dos mandatos de una localidad del Medio Oeste, en Indiana, y se tomó siete meses para ir a la guerra de Afganistán como analista de inteligencia. El aspirante es joven, acaba de cumplir 38 años, pero atrae sobre todo el voto de los mayores (que lo ven, se dice, como el “nieto ideal”). ¿Y las minorías? Buttigieg es gay: el primer homosexual que gana delegados en unas elecciones primarias. Pero se casó en una catedral y es un devoto episcopaliano.

Su viaje a Afganistán, por ejemplo, dejó una variada serie de fotografías en las que se ve a Buttigieg en diferentes poses como si fuera la portada del Time

Para cualquier cosa que se le achaque, Buttigieg tiene un apartado en su currículum: una entrada lista para probar su excelencia, o su valentía personal, o su cercanía a la gente trabajadora, o su sensibilidad con las minorías, o sus credenciales urbanitas, o su conocimiento de Wall Street o su religiosidad... Entradas, además, que han sido cuidadosamente documentadas, por si hubiera alguna duda. Su viaje a Afganistán, por ejemplo, dejó una variada serie de fotografías en las que se ve a Buttigieg en diferentes poses. Imágenes muchas de ellas dignas de la portada de Time.

Algunos de sus empeños, sin embargo, chirrían entre los progresistas. El apartado del currículum referente al mundo corporativo tiene un nombre tóxico: McKinsey. Después de licenciarse, Buttigieg trabajó durante dos años y medio en esta consultora, considerada la Reina Madre de los hombres de negro y el blanqueamiento empresarial. El consultor desarrolló sus servicios para compañías privadas y públicas: desde Best Buy y la cadena de supermercados Loblaws hasta el Pentágono. Detalles que solo fueron conocidos el pasado diciembre, cuando McKinsey aceptó finalmente liberar a Buttigieg de su contrato de confidencialidad.

“Usted ha estado en el frente de las reestructuraciones corporativas. Usted ha estado en el frente de la manipulación corporativa de precios”, le dijo un reportero del 'New York Times' durante una larga entrevista. “Eh, eh, eh, lo siento, pero eso es...”, titubeó Buttigieg. Y unos segundos después añadió: “La afirmación de que he estado en el frente de la manipulación corporativa de precios es pura mierda”.

El exalcalde de South Bend, hijo de un fallecido académico maltés izquierdista, describió su experiencia en McKinsey como una ventana hacia los entresijos de las grandes multinacionales. Fue la manera, aseguró, de conocer de primera mano “cómo la gente y los bienes y el dinero se mueven por el mundo”.

Sus virtudes y defectos contra Trump

Precisamente es en esa intersección, esa juntura de los distintos universos americanos, donde los seguidores de Buttigieg ven en él al político indicado para sanar la polarización en Estados Unidos. Un candidato capaz de recibir el voto demócrata y unos cuantos votos republicanos: el imán que traiga de vuelta a los trabajadores desafectos, hechizados por las grandes promesas del trumpismo.

“Creo que es alguien ciertamente progresista, pero que sabe hablar con los moderados”, dijo a este diario una seguidora de Buttigieg, Devin Nelson, de cuarenta años. “Ahora mismo en EEUU tenemos enormes divisiones culturales. La gente puede hablar de la misma cuestión, pero usando un lenguaje que personas de otro segmento cultural no entienden. Y creo que Buttigieg es capaz de hacer eso mejor que otros candidatos. Sabe cómo hablarle a la gente respetuosamente”.

“Pienso que, cuando habla de su servicio militar o de haber trabajado en Wall Street, lo hace con humildad, no con orgullo”, declaró otro seguidor de 42 años, Simon Chunkath. “No creo que una persona obsesionada con su currículum hablaría de esa manera”.

Tres días después de su discurso kennediano se confirmaron sus esperanzas. Aunque el socialista Bernie Sanders sumó la mayoría del voto popular de los caucus de Iowa, el exalcalde de Indiana se llevó, por muy poco, los delegados: la manera tradicional de nombrar al ganador. Fue el premio por haber llegado a Iowa antes que nadie y por haber dado más mítines en más sitios. Buttigieg simplemente no puede perder.

Pero, "¿es realmente humano?"

“Hay preguntas sobre Pete Buttigieg. La más importante no es si puede llegar a presidente. La más importante es: ¿es realmente humano?”, dijo el presentador Tucker Carlson, uno de los primeros espadas del canal conservador Fox News. “¿O este llamado Pete Buttigieg es lo que parece: un holograma corporativo diseñado por el departamento de recursos humanos de Google para propósitos instructivos? Quién sabe. Pero es posible que la inteligencia artificial sea hoy tan sofisticada que estemos viendo a nuestro primer candidato presidencial robótico”.

La campaña de Buttigieg ha tenido otro valioso aliado: Joe Biden. El favorito desde hace un año en las encuestas, el candidato veterano y de consenso, el moderado que puede amalgamar una nueva coalición demócrata, se desfondó ruidosamente en apenas una semana. Y ahí estaba 'Mayor Pete' para recoger la corona centrista.

Su mayor bache en el camino para enfrentarse a Trump, aparte del torbellino Sanders, es el escaso apoyo de las minorías raciales

El joven aspirante ha ganado en Iowa y ha quedado segundo, detrás de Sanders, en New Hampshire. Dos marcas sorprendentes en alguien que hace unos meses parecía a punto de suspender su campaña. Su mayor bache en el camino, aparte del torbellino Sanders, es el escaso apoyo de las minorías raciales.

Cuando era alcalde de South Bend, Buttigieg despidió al jefe de policía, que resultaba ser afroamericano, y demostró no estar muy preocupado por las cuotas raciales a la hora de formar su equipo. Estos gestos no han pasado desapercibidos y su popularidad entre latinos y afromericanos es muy escasa. Una carencia que, como primero de la clase, Buttigieg ya está tratando de enmendar.

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