Es noticia
Menú
Cheque en blanco, corrupción y amenazas: ¿puede Lula volver a conquistar Brasil?
  1. Mundo
CarnaLula vs. Dios, patria y Bolsonaro

Cheque en blanco, corrupción y amenazas: ¿puede Lula volver a conquistar Brasil?

Brasil se prepara para las elecciones de este domingo con unos sondeos que dan una estrecha ventaja a Lula da Silva frente al actual presidente, Jair Bolsonaro

Foto: El expresidente y candidato a la presidencia, Luiz Inácio Lula da Silva, en un mitin en Curitiba, Brasil. (Reuters/Ueslei Marcelino)
El expresidente y candidato a la presidencia, Luiz Inácio Lula da Silva, en un mitin en Curitiba, Brasil. (Reuters/Ueslei Marcelino)

"¡Olé, olé olé olá, Lula Lula!". Miles de personas vestidas de rojo desfilan al son de una batucada por el Aterro do Flamengo, una especie de Central Park carioca. Es domingo de CarnaLula, un evento callejero en el que algunas comparsas carnavalescas reúnen a quienes apoyan al expresidente y candidato Luiz Inácio Lula da Silva para 'virar o voto', es decir, conquistar a los indecisos. A una semana de los comicios, quieren que Lula gane en la primera vuelta de las elecciones más reñidas desde el fin de la dictadura militar, en 1985. Su argumento es que la democracia brasileña está en juego.

Casi todos los sondeos dan al fundador del Partido de los Trabajadores un porcentaje de intención de voto cercano al 50%, mientras que el actual mandatario, Jair Bolsonaro, estaría en el 32%. Si el próximo 2 de octubre Lula consigue imponerse en la primera vuelta sobre los 10 candidatos que, junto a él, concurren a la presidencia, será algo totalmente inédito en la joven democracia brasileña.

Foto: Jair Bolsonaro y Lula da Silva son los candidatos en las elecciones presidenciales de octubre en Brasil. Ueslei Marcelino / REUTERS

"Compañeros y compañeras, acudan a las urnas a votar para que puedan cuidar de su país. Vamos a volver a sonreír y a tener esperanza", gritó Lula al finalizar el acto en la escuela de samba Portela, en la periferia de Río de Janeiro. El líder de izquierda, que en 2010 dejó la presidencia con el 87% de popularidad, escogió visitar de nuevo el feudo electoral de Bolsonaro en la recta final de la campaña, en busca del voto de aquellos que en 2018 optaron por la abstención, o el voto nulo o en blanco. Fueron cerca de 42 millones de brasileños, es decir, uno de cada tres electores.

Todo vale en campaña

Lula llegó a Madureira, un barrio muy popular y muy 'afro' de Río de Janeiro, poco antes de las 10 de la mañana. Desde muy pronto, músicos y bailarines se exhibían al ritmo de la percusión en una de las calles más emblemáticas de la ciudad, donde se encuentra la sede de una escuela de samba histórica, que este año cumple 100 años. Pasadas las nueve de la mañana, toda la manzana estaba a rebosar. No cabía ni un alfiler. Hasta algunos periodistas se quedaron fuera, sin la mínima posibilidad de atravesar la marea de banderas rojas que se aglomeraba cerca de la entrada principal.

Aun así, el evento quedó muy lejos de la magnitud de la celebración del bicentenario de la independencia de Brasil. El 7 de septiembre, Bolsonaro consiguió reunir a una discreta muchedumbre en la playa de Copacabana. Decenas de miles de seguidores, ataviados con camisetas y banderas verdes y amarillas, inundaron la avenida Atlántica para mostrar apoyo a su líder. Posteriormente, Bolsonaro fue acusado de haber secuestrado una fecha patriótica con fines electorales y de convertir un evento de Estado en un acto de campaña.

Foto: 'Olho da Rua', de Jonathas Andrade. (La Casa Encendida)

El Tribunal Superior Electoral (TSE) llegó a investigar el caso y prohibió a su equipo usar las imágenes de aquel día en lo que queda de campaña. Pero esto no impidió que muchos bolsonaristas se reafirmasen en la idea de que el actual presidente es el verdadero favorito en las próximas elecciones y que todos los sondeos han sido manipulados. Es una de las 'fake news' que sus colaboradores han divulgado, además de las supuestas irregularidades de las urnas electrónicas, que hacen de Brasil uno de los países más rápidos del mundo en divulgar los resultados de las elecciones.

"Si consigo menos del 60% de los votos, algo anormal habrá pasado en el TSE", dijo pocos días después Bolsonaro desde Londres. El mandatario acudió al entierro de la reina Isabel II junto a su esposa, Michelle, y al pastor evangélico Silas Malafaia, uno de los líderes religiosos más influentes de Brasil. Su sonrisa de oreja a oreja, poco acorde con el ambiente fúnebre, y su discurso electoral desde la residencia oficial del embajador brasileño generaron mucho malestar dentro y fuera del Reino Unido. Un jubilado inglés echó una bronca monumental a un grupo de bolsonaristas durante el funeral, pidiendo a gritos un poco de respeto.

El miedo a perder la democracia

La alusión de Bolsonaro a un posible fraude electoral fue percibida como una amenaza velada de golpe por muchos de sus detractores. Desde hace meses, analistas políticos y miembros de la oposición muestran públicamente su preocupación ante una más que posible derrota de Bolsonaro en las urnas. Hay quien incluso teme una versión brasileña del asalto al Capitolio de Washington, que sorprendió al mundo el 6 de enero de 2021. "El golpe puede ser dado la noche del 2 de octubre [en la primera vuelta] o la noche del 30 de octubre [en la segunda vuelta]. Tal vez no tenga éxito, pero la intención es real y debe ser tenida en cuenta por todos los que valoran la democracia", vaticinó en mayo el columnista Ricardo Noblat.

Foto: El expresidente Lula durante el 100 aniversario del Partido Comunista de Brasil. (Reuters/Ian Cheibub)

Para Miguel Lago, politólogo y profesor de la Universidad de Columbia, más que un golpe, Bolsonaro estaría preparando una revolución. Sería una especie de "insurrección liderada por las fuerzas policiales, mientras los camioneros —de los cuales la inmensa mayoría está a favor de Bolsonaro— cortan las carreteras como hicieron en 2018, causando estragos". Este analista manifiesta su temor de que las Fuerzas Armadas, aunque no participen directamente, eviten reprimir un motín patrocinado por el propio presidente del país más grande de América Latina. No se puede obviar un dato: más de 6.000 militares trabajan en su Gobierno, ocupando puestos civiles.

Al margen de las especulaciones sobre el futuro inmediato de Brasil, la campaña por el voto útil lanzada en los últimos días por Lula para ganar en la primera vuelta ha dejado un mal sabor de boca, especialmente en los candidatos minoritarios, que se han quedado muy lejos de los dos favoritos. Es el caso de Ciro Gomes, exministro de Lula y representante de centro izquierda. "Soy víctima de una gigantesca y virulenta campaña, a nivel nacional e internacional, para que retire mi candidatura. Tomen nota y lean mis labios: nada detendrá mi voluntad de seguir adelante y denunciar a los corruptos, farsantes y demagogos que tratan de engañar a la fe popular con sus falsas promesas", afirmó.

Foto: Jair Bolsonaro. (Reuters)

Esta es su réplica a la carta abierta redactada por varios intelectuales y políticos latinoamericanos, que exigen a Gomes que desista de su candidatura y apoye a Lula por el bien de la democracia. Entre ellos, están el expresidente de Ecuador Rafael Correa, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez y la senadora colombiana Piedad Córdoba. "Mi candidatura está en pie para defender Brasil bajo cualquier circunstancia. Y mi nombre sigue en pie, como opción firme y legítima, para librar a nuestro país de un presente cobarde y de un futuro temible", asegura Ciro Gomes.

La corrupción, siempre protagonista

De antiguo aliado de Lula, Gomes ha pasado a ser su archienemigo. En 2018, en las semanas anteriores a la segunda vuelta, se refugió en París para evitar manifestar su apoyo a Fernando Haddad, el sustituto de Lula que se enfrentaba a Bolsonaro. Muchos brasileños todavía le culpan de haber contribuido a la ascensión al poder del presidente de ultraderecha. Su animadversión es tal que Gomes ha hecho de los ataques a Lula la seña de identidad de su estrategia electoral. Le acusa de corrupción, a pesar de que la Corte Suprema de Brasil haya anulado todas las condenas. Gomes alega que fue por vicios formales y que la máxima instancia judicial del país no entró en el fondo de la cuestión, es decir, nunca llegó a declarar a Lula inocente.

Aunque con menos protagonismo que hace cuatro años, las acusaciones de corrupción siguen impregnando la campaña electoral en un Brasil devastado por la pandemia del covid y la crisis económica, que ha devuelto el país al mapa del hambre de la FAO. Bolsonaro, que suele referirse a Lula en público con el epíteto de 'expreso', suele jactarse de que acabó con la corrupción en su Gobierno. Lo repitió inclusive en su último discurso ante la ONU.

Foto: Regina Casé en un momento de 'Tres veranos'. (Elamedia)

Sin embargo, la prensa brasileña se ha dedicado a destacar posibles trapos sucios del clan Bolsonaro, como la supuesta compra de hasta 51 inmuebles con dinero en efectivo. Publicado en el portal UOL, el reportaje firmado por la periodista Juliana dal Piva, autora de un libro sobre Bolsonaro, denuncia una trama de corrupción y el desvío de fondos públicos a través de asesores fantasma, además del reciclaje de dinero sucio con hasta 107 transacciones inmobiliarias.

Un juez de Brasilia censuró el reportaje de la discordia tras una petición de Flávio Bolsonaro, el hijo senador del presidente, que está en el ojo del huracán por acusaciones de malversación de dinero público y la compra de una mansión valorada en seis millones de reales (1,15 millones de euros). Pero, como suele suceder en Brasil, otro juez de la Corte Suprema anuló esta sentencia y permitió la divulgación del texto. Este juez es André Mendonça, el magistrado evangélico fichado a dedo por Bolsonaro en un intento de tener más control sobre el Supremo. Para muchos analistas, se ha tratado de un verdadero tiro en el pie, porque la fallida censura ha acabado dando más visibilidad a la polémica.

Lula pide 'un cheque en blanco'

A estas alturas, es difícil decir si Lula podrá capitalizar esta historia para su campaña. Las sospechas de corrupción todavía planean sobre su cabeza y muchos izquierdistas moderados le van a votar con cierto recelo. Si gana el próximo 2 de octubre, se espera que será con un margen pequeño, lo que puede comprometer la gobernabilidad de un país que se ha polarizado mucho en la última legislatura.

Foto: La ambientalista Marina Silva se reconcilia con Lula. (EFE/Sebastiao Moreira)

Cabe hacer una última reflexión. A pocos días de los comicios, Lula se resiste a desvelar su plan de gobierno y, sobre todo, lo que piensa hacer para reflotar la economía. La planificación inicial preveía el lanzamiento del programa a lo largo del mes de septiembre, pero la estrategia ha cambiado. La justificación oficial es que los coordinadores aún están recibiendo sugerencias para incluirlas en la propuesta final, pero algunos periodistas brasileños sospechan que los responsables de la campaña de Lula quieren evitar polémicas en la recta final hacia la primera vuelta.

Lo que está haciendo Lula es básicamente pedir un cheque en blanco a la población, basándose en todo lo que hizo en sus dos mandatos: crecimiento económico, inclusión social y reducción del hambre, entre otras cosas. La obsesión de una parte de los brasileños por quitarse a Bolsonaro de en medio parece eclipsar una cuestión de fondo. Nadie sabe lo que hará (y lo que le dejarán hacer desde el Parlamento) el candidato de izquierda, quien, a pesar de sus 76 años, asegura tener la energía de un treintañero.

"¡Olé, olé olé olá, Lula Lula!". Miles de personas vestidas de rojo desfilan al son de una batucada por el Aterro do Flamengo, una especie de Central Park carioca. Es domingo de CarnaLula, un evento callejero en el que algunas comparsas carnavalescas reúnen a quienes apoyan al expresidente y candidato Luiz Inácio Lula da Silva para 'virar o voto', es decir, conquistar a los indecisos. A una semana de los comicios, quieren que Lula gane en la primera vuelta de las elecciones más reñidas desde el fin de la dictadura militar, en 1985. Su argumento es que la democracia brasileña está en juego.

Brasil Lula da Silva Jair Bolsonaro
El redactor recomienda