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¿Lula presidente? No tan rápido: los ases en la manga de Bolsonaro
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ELECCIONES EN BRASIL

¿Lula presidente? No tan rápido: los ases en la manga de Bolsonaro

A poco más de cuatro meses de las elecciones, Lula aparece como favorito en todos los sondeos. Pero el actual presidente no se rinde y permanece el miedo al golpe de Estado

Foto: El presidente de Brasil, Jair Bolsonar. (Reuters/Adriano Machado)
El presidente de Brasil, Jair Bolsonar. (Reuters/Adriano Machado)

Casado por tercera vez y radiante de felicidad. Esta es la imagen que proyecta el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de 76 años, que el 7 de mayo formalizó su candidatura a la presidencia del país más grande de América Latina, en busca de su tercer mandato. La escogida ha sido la socióloga Rosângela da Silva, de 55 años, conocida por el apodo de Janja. Militante del Partido de los Trabajadores (PT) desde hace más de 20 años, es de esperar que tenga un gran protagonismo en la campaña electoral de Lula. De hecho, ya aparece en todos los actos públicos al lado de Lula e incluso en la publicidad oficial del PT junto a la presidenta del partido, Gleisi Hoffmann. “Confío tanto en Brasil, que a los 76 años me caso. Porque amo a la persona con la que me caso y porque amo mi país. Pero sobre todo porque amo a este pueblo, porque este pueblo es responsable de todo lo que ha acontecido en mi vida”, dijo el ex mandatario pocos días antes de formalizar su enlace.

Foto: El expresidente Lula durante el 100 aniversario del Partido Comunista de Brasil. (Reuters/Ian Cheibub)

Lula cuenta con que su nuevo matrimonio no sea lo único que celebre este año. A poco más de cuatro meses de las elecciones, aparece como favorito en todos los sondeos. Su intención de voto oscila entre el 43% y el 46%. Otra encuesta de la empresa PoderData muestra que el líder sindical que fundó el Partido de los Trabajadores podría heredar el 18% de los electores que votaron a Bolsonaro en la segunda vuelta y que hoy se dicen arrepentidos. Para algunos analistas políticos, el expresidente podría incluso ganar en la primera vuelta si Ciro Gomes, su contrincante en los anteriores comicios, desistiese. Sin embargo, el que fue ministro de Integración Nacional durante el primer mandato de Lula se niega a transferir sus votos al candidato del PT, a pesar de las presiones.

Foto: El expresidente de Brasil Lula da Silva. (Reuters)

Pero a pesar de estas cifras alentadoras, todo puede ocurrir en Brasil. ​Un país donde la proverbial imprevisibilidad del escenario político puede reservar sorpresas incluso para los politólogos más avezados. El actual presidente de derechas, Jair Bolsonaro, que llegó a estar a 15 puntos por debajo de Lula en las encuestas, empieza a remontar. Si las elecciones se celebrasen hoy, un 32% de los electores le escogería para seguir gobernando, según el sondeo del Instituto de Investigaciones Sociales, Políticas y Económicas (IPESPE), uno de las principales del país.

Lula, acusado de corrupción y lavado de dinero en una serie de procesos judiciales que él considera como políticamente motivados, disputará el cargo de presidente el próximo 2 de octubre porque la Corte Suprema de Brasil anuló todas las condenas en segunda instancia por defectos de forma. Sin embargo, el ex mandatario no ha sido declarado inocente. Lo que ocurrió es que la máxima instancia jurídica de Brasil determinó que el tribunal de Curitiba, con el juez Sérgio Moro al frente, no tenía competencia para instruir el caso y condenarlo, revocando así la inhabilitación política que hace cuatro años le impidió ser candidato. Todavía ningún tribunal se ha pronunciado sobre una posible indemnización por haber pasado 580 días recluido en la sede de la Policía Federal de Curitiba.

Foto: Pancarta contra Bolsonaro durante una protesta en Copacabana. (Reuters)

Precisamente, la popularidad de Bolsonaro ha mejorado gracias al fracaso de Moro, que empezó la precampaña con la aspiración de ser el candidato de la llamada ‘tercera vía’. El juez, que fue ministro de Justicia de Bolsonaro, pretendía surfear la ola de popularidad conquistada gracias a la Operación Lava Jato, que le catapultó a la fama internacional como un baluarte contra la corrupción. Sin embargo, no ha conseguido consolidar su breve carrera política tras su paso por dos partidos.

Votar con la cartera

Otro factor que explica la resurrección de Bolsonaro es el paquete de ayudas sociales que ha sustituido a la famosa ‘Bolsa Familia’, el programa de Lula contra la pobreza. El nuevo ‘Auxilio Brasil’ es un programa de distribución de riqueza que otorga una renta mensual de 400 reales (76 euros) a cerca de 14,6 millones de familias de bajo poder adquisitivo. La mejora de la pandemia del coronavirus también ha tenido un papel decisivo. Con más de 665.000 muertos, Brasil es el tercer país del mundo con más fallecimientos. Hoy, con el 77% de la población totalmente vacunada, la emergencia sanitaria ha quedado atrás y el país ha vuelto a la relativa normalidad.

No obstante, las elecciones se decidirán en la caja del supermercado, según el politólogo Antonio Lavareda, responsable de la encuesta del IPESPE. Hoy Brasil tiene la cuarta peor inflación del mundo. Junto a Turquía, es el único país del mundo que reúne tres indicadores económicos negativos: la inflación, los tipos de interés y el nivel de desempleo ya superan los dos dígitos. “Las próximas elecciones serán marcadas en gran medida por lo que está ocurriendo y puede ocurrir en la dimensión económica. Son sobre todo asuntos como la inflación, el coste de vida y de los productos, el paro y el ritmo de crecimiento esperado para este año que, aunque haya mejorado recientemente, según algunos analistas, todavía está en un nivel muy bajo, del 1,3% al 1,5%”, analiza Lavareda.

Foto: Contenedores cubiertos de pegatinas con el rostro de Dilma Rousseff y el expresidente Lula da Silva, este jueves en Sao Paulo. (Reuters)

Además, por primera vez desde la crisis inflacionaria de los años 90, el salario mínimo de Brasil ha perdido poder adquisitivo. Para desviar la atención de la crisis económica, Bolsonaro se ha dedicado en las últimas semanas a atacar el sistema de voto electrónico implantado después de la dictadura militar (y que, dicho sea de paso, nunca tuvo sospechas de fraude).

La cruzada de Bolsonaro contra las urnas electrónicas comenzó el año pasado, inspirada en la batalla ideológica de Donald Trump durante las elecciones en los Estados Unidos. El presidente brasileño, que desde el inicio de su mandato ataca de forma sistemática a opositores, periodistas y jueces de la Corte Suprema, llegó a convocar una manifestación antisistema para el Día de la Independencia de Brasil, el 7 de septiembre. En aquella ocasiones, políticos y analistas denunciaron un intento fallido de golpe.

Foto: Bolsonaro con sus seguidores en Brasilia. (Reuters)

Tras atacar el Supremo desde el corazón de Brasilia, Bolsonaro decidió dar marcha atrás e intentó restablecer la maltrecha relación con la máxima tribunal del país, gracias a la mediación del expresidente Michel Temer. Sin embargo, ante la bajada de popularidad y el riesgo de perder las elecciones, el mandatario ha intensificado sus ataques contra el sistema electoral y ha anunciado que pretende contratar una empresa independiente para el recuento de votos, algo que es considerado inconstitucional. Bolsonaro también ha propuesto que las Fuerzas Armadas vigilen el trabajo del Tribunal Superior Electoral (TSE), creado en 1988, tras el fin de la dictadura militar, con el propósito de vigilar el proceso electoral. Este tribunal tiene jurisdicción para investigar los delitos electorales y supervisar la propaganda electoral.

Los militares llegaron a enviar al TSE un documento que cuestionaba en siete puntos el funcionamiento de las urnas electrónicas. Los jueces de la máxima instancia de la justicia electoral de Brasil rebatieron punto por punto este polémico documento. Este episodio añadió más tensión a la compleja relación entre poderes, especialmente teniendo en cuenta que, esde su llegada al Gobierno, Bolsonaro nombró a dedo a cerca de 8.000 militares para cargos de confianza en ministerios y otros organismos administrativos.

El fantasma del golpe

En este decisivo año electoral, cada vez más analistas políticos alertan acerca de la posibilidad de que Bolsonaro intente dar un golpe entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones. La frase más escuchada es que “el futuro de la democracia está en riesgo”. Desde su independencia en 1822, hace 200 años, Brasil pasó por al menos nueve golpes a manos de los militares. “La historia de las Fuerzas Armadas brasileñas con la democracia es suficiente para dejarnos asustados. Pero es un capítulo que se encerró en 1985 [con el fin de la dictadura militar]. Jair Bolsonaro sabe que está atizando a un bicho venenoso, peligroso, un monstruo que nuestra cultura política produjo y que todavía tenemos la esperanza de que esté enterrado. Sin embargo, es posible que Brasil sea llamado a salir a la calle para recordar a los golpistas que una persona fue elegida y que va a gobernar”, señala el periodista Pedro Doria.

En sus últimas apariciones públicas, ha quedado patente el miedo de Bolsonaro a ser encarcelado si pierde las elecciones y, por ende, el foro privilegiado. El mandatario ha citado una y otra vez a la expresidenta de Bolivia, Jeanine Añez, en prisión desde marzo de 2021 tras ser acusada de dar un golpe de Estado. “Estoy seguro de que nunca seré una Jeanine. Nunca. Primero porque creo en Dios y luego creo en cada uno de ustedes que están aquí. Nuestra libertad no tiene precio. Y digo más, como siempre he dicho: ella es más importante que nuestra propia vida”, dijo Bolsonaro.

El presidente de Brasil teme también por sus hijos. El senador Flávio Bolsonaro es investigado desde diciembre de 2018 por un supuesto esquema de malversación de dinero público en la época en que era diputado en el Parlamento de Río de Janeiro. A finales de abril, la Policía Federal abrió una investigación contra Jair Renan, el hijo más pequeño de Bolsonaro, acusado de tráfico de influencias. El joven habría recibido dinero de un empresario para reformar su oficina. La Policía también sospecha que una productora que prestaba servicios al Gobierno federal costeó la fiesta de inauguración de su empresa.

Además, Carlos Bolsonaro, quien fue asesor de campaña de su padre en 2018 y es el encargado de todas sus redes sociales, es investigado por la Corte Suprema por el supuesto envío masivo de fake news y ataques contra órganos democráticos a través del WhatsApp. El Supremo considera a Carlos Bolsonaro el responsable de gestionar una milicia digital conocida por el nombre de 'Gabinete del odio'. El propio presidente ha reconocido que su hijo Carlos ha sido “amenazado” con ser enviado a la cárcel por diseminar noticias falsas.

Foto: El pastor evangélico y secretario ministerial Ronaldo Fonseca durante una misa de la iglesia evangélica de las Asambleas de Dios en Brasilia, el 5 de agosto de 2018. (Reuters)

Como en 2018, el voto de los evangélicos será decisivo. En aquella ocasión, el 70% del electorado evangélico escogió a Bolsonaro. El presidente de Brasil sigue liderando este segmento social, con el 47% de intención de voto, frente a un 30% de preferencias para Lula. Las mujeres, que representan el 60% de los evangélicos brasileños, jugarán un papel clave, según los expertos. En este sentido, las recientes declaraciones de Lula a favor de la regulación del aborto, que definió como una cuestión “de salud pública”, podrían perjudicarle en un país con una fuerte tradición antiabortista.

Sin embargo, también para Bolsonaro es pronto para cantar victoria. En las últimas semanas, el mandatario ha sido abucheado por lo menos dos veces. Ocurrió durante un acto público en Brasilia y durante una visita al estado de Sergipe, en el noroeste, cuando la muchedumbre gritó consignas a favor de Lula. Es algo relativamente nuevo para el líder de derechas, que en el último año llegó a arrastrar a millares de seguidores en las llamadas ‘motociatas’, manifestaciones en motocicleta celebradas en las principales ciudades del país con una estética claramente mussoliniana.

Lo único que queda claro a estas alturas es que en octubre los electores tendrán solo dos opciones reales: Lula y Bolsonaro. “Hasta ahora la tercera vía no ha conseguido presentar propuestas capaces de conquistar la simpatía de los electores”, señala Felipe Nunes, director de la empresa Quaest Consultoría. Brasil, como muchos países de la región, se ve condenado a la polarización y a la crispación en una campaña que se anuncia violenta, a pesar de los intentos de Lula de contraponer el amor al odio.

Casado por tercera vez y radiante de felicidad. Esta es la imagen que proyecta el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de 76 años, que el 7 de mayo formalizó su candidatura a la presidencia del país más grande de América Latina, en busca de su tercer mandato. La escogida ha sido la socióloga Rosângela da Silva, de 55 años, conocida por el apodo de Janja. Militante del Partido de los Trabajadores (PT) desde hace más de 20 años, es de esperar que tenga un gran protagonismo en la campaña electoral de Lula. De hecho, ya aparece en todos los actos públicos al lado de Lula e incluso en la publicidad oficial del PT junto a la presidenta del partido, Gleisi Hoffmann. “Confío tanto en Brasil, que a los 76 años me caso. Porque amo a la persona con la que me caso y porque amo mi país. Pero sobre todo porque amo a este pueblo, porque este pueblo es responsable de todo lo que ha acontecido en mi vida”, dijo el ex mandatario pocos días antes de formalizar su enlace.

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