'Bolsominions' bailando la Macarena: Brasil ya vive en la dimensión paralela de la posverdad
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'Bolsominions' bailando la Macarena: Brasil ya vive en la dimensión paralela de la posverdad

La actualidad en Brasil, plagada de 'fake news', se ha convertido en un complejo juego de espejos en el que es cada vez más complicado distinguir la realidad de la ficción.

Foto: Pancarta contra Bolsonaro durante una protesta en Copacabana. (Reuters)
Pancarta contra Bolsonaro durante una protesta en Copacabana. (Reuters)

“Si no paras de decir mentiras, lo que ocurre es que el concepto de verdad simplemente desaparece”. Esta frase del filósofo y lingüista Noam Chomsky parece definir lo que acontece en el Brasil de Jair Bolsonaro. Es más que sabido que el presidente de extrema derecha y sus tres hijos políticos, auxiliados por Steve Bannon, exasesor electoral de Donald Trump, recurren de forma sistemática a la desinformación con objetivos políticos y que las 'fake news' jugaron un papel clave en su propia victoria en las presidenciales de 2018. Pero estos días, Bolsonaro está siendo víctima de sus propios enredos. Hasta el punto de arriesgarse a perder el control de sus más fervientes seguidores arrastran al país hacia una dimensión paralela.

Todo empezó por una investigación del Parlamento y la Corte Suprema sobre el uso masivo de noticias falsas que se percibe como una ofensiva contra políticos y blogueros aliados de Bolsonaro. La decisión del juez Alexandre de Moraes de dictar varios mandatos de prisión y de cortar el grifo de la financiación a varias plataformas bolsonaristas desató la ira del mandatario brasileño. Así que, con el fin de demostrar y reafirmar su poder, Bolsonaro convocó manifestaciones en Brasilia y São Paulo para el 7 de septiembre, el Día de la Independencia de Brasil. El objetivo era pedir la destitución de los dos jueces del Supremo que intentan frenar lo que califican como “impulsos antidemocráticos”.

Foto: El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, montando a caballo. (EFE)

Aquel mismo día, Jason Miller, socio de Bannon, fue arrestado por la Policía Federal en el aeropuerto de Brasilia para ser interrogado durante tres horas como parte de la investigación sobre las 'fake news'. “No fuimos acusados de hacer nada malo. Nos dijeron que querían tan solo conversar. Nosotros les informamos de que no teníamos nada para declarar y, al final, fuimos liberados”, contó Miller, creador de la red social GETTR, que pretende ser una alternativa a Twitter para la derecha global que no modera posibles contenidos falsos o de incitación a la violencia.

Mientras tanto, periodistas y analistas políticos gastaron litros de tinta y de saliva debatiendo sobre la posibilidad de un golpe. La tensa jornada de la Independencia acabó con la imagen de decenas de miles de seguidores del presidente abarrotando las calles de las principales ciudades del país y Bolsonaro amenazando a la Corte Suprema desde lo alto de un camión armado con gigantescos altavoces.

Foto: Bolsonaro con sus seguidores en Brasilia. (Reuters)

Traicionados por el líder

Dos días después, Bolsonaro optó por dar marcha atrás. Y aquí comenzó el delirio.

Asesorado por el expresidente Michel Temer -el mismo que llegó al poder tras apoyar el impeachment de Dilma Rousseff y uno de los políticos más impopulares del país-, Bolsonaro publicó un comunicado oficial en un inusual tono conciliatorio para el explosivo presidente. Según sus palabras, él nunca tuvo la intención de atacar a los poderes del Estado y justificó que sus expresiones, “a menudo contundentes”, son el resultado del “calor del momento”.

La oposición atribuyó este cambio radical de tono a un retroceso estratégico del mandatario. “Bolsonaro sintió que el 'impeachment' gana substancia y decidió reaccionar. Con su comunicado, finge que da un paso atrás para avanzar otros dos en dirección de la destrucción de nuestra democracia”, señaló el diputado Henrique Fontana, del Partido de los Trabajadores (PT).

Pero si la rectificación del presidente brasileño provocó desconfianza entre sus adversarios, entre sus correligionarios cundió la ira. Muchos de los que salieron a las calles para apoyar a su ídolo aquel 7 de septiembre ahora le declaraban la guerra en redes sociales, clamando sentirse traicionados por su líder. Centenares de camioneros bolsonaristas cortaron las carreteras en 15 de los 26 estados del país exigiendo el 'impeachment' de los dos jueces que se enfrentaron al presidente.

placeholder Manifestación de desencantados con Bolsonaro. (Reuters)
Manifestación de desencantados con Bolsonaro. (Reuters)

Acto seguido, Bolsonaro envió un audio por Whatsapp explicando, en su estilo informal de siempre, que los bloqueos afectarían a la ya maltrecha economía. “Eso provoca desabastecimiento, inflación, perjudica a todo el mundo, especialmente a los más pobres. Entonces, da un toque a esta gente, si es posible, para liberar las carreteras, ¿ok? Para seguir hacia la normalidad. Deja que lo resolvamos nosotros en Brasilia. No es fácil negociar, conversar con las otras autoridades. Pero haremos nuestra parte, vamos a buscar una solución para eso, ¿ok?”, expresó el mandatario.

Pero, en un inesperado giro de la trama, los camioneros no creyeron en la veracidad del audio. Sintiéndose víctimas de las 'fake news', lo atribuyeron al cómico Marcelo Adnet, quien suele imitar al presidente en un programa de la TV Globo. Poco importa que el mismísimo ministro de Infraestructuras, Tarcísio de Freitas, confirmase la autenticidad del mensaje. Erre que erre, los camioneros siguieron con sus protestas e incluso llegaron a celebrar un inexistente toque de queda (este sí, fake total) como si de la victoria de su club de fútbol se tratara.

En un día de paroxismo inédito incluso para las exaltadas redes sociales brasileñas, se viralizó el vídeo de un camionero llorando de emoción por una supuesta victoria política que nunca sucedió. Poco después, el cómico Adnet sí lanzó su propio audio en el que, imitando a Bolsonaro, pedía a los camioneros que siguiesen protestando y bailando La Macarena. En su página de Instagram, el humorista publicó varios videos de camioneros haciendo La Macarena. Hasta hoy, no queda claro si son reales o una parodia de la parodia.

Marchando una ración de posverdad

Todo es relativo. Ya no existe la verdad, se inventan historias todo el tiempo. Se puede ver cómo esto ha decantado directamente en la posverdad”, decía en una entrevista del filósofo británico A.C. Grayling, quien hizo campaña por la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, en contra del Brexit.

Una buena ración de posverdad le ha tocado a Marcos Antônio Pereira Gomes, conocido como Zé Trovão, el líder de los camioneros que, tras amenazar a los jueces del Supremo, se autoexilió en México alegando persecución política. Primero circularon 'fake news' que denunciaban que el susodicho ni es camionero, ni tiene permiso para conducir. El desmentido llegó en forma de vídeos mostrando el cabecilla de los camioneros dirigiendo su vehículo. Otra noticia falsa aseguraba que la Corte Suprema había emitido un 'habeas corpus' que permitiría la vuelta de Zé Trovão a Brasil. El juez Edson Fachin, del Supremo, tuvo que desmentir públicamente esta información y confirmar que tal orden de busca y captura contra nunca fue levantada.

Foto: Protesta contra Jair Bolsonaro en Sao Paulo. (Reuters)

La actualidad en Brasil se ha convertido en un complejo juego de espejos en el que es cada vez más complicado distinguir la realidad de la ficción. Mientras tanto, en los grupos bolsonaristas de Telegram circulan muchas informaciones engañosas, como que el juez Alexandre de Moraes habría huido de Brasil después de mantener una conversación telefónica con Bolsonaro.

De momento, el presidente no ha vuelto a las andadas. Sus opositores aseguran que su mayor miedo es la cárcel para él y para su hijo Carlos, que está en el ojo del huracán por su supuesta participación en la creación de una red de 'fake news'. El mandatario ha optado por un tono desenfadado. “Las 'fake news' forman parte de nuestra vida. ¿Quién nunca contó una mentirita a su novia?”, dijo recientemente. “No precisamos regular las fake news, dejemos al pueblo tranquilo”, añadió.

Del otro lado del estrado, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que los sondeos dan como ganador en las elecciones de 2022, ha apostado por una estrategia de comunicación peculiar incluso para los nuevos estándares distópicos de Brasil. Ignorado por los grandes grupos de comunicación como Globo y CNN Brasil, Lula está conversando con youtubers, artistas y periodistas independientes con el fin de conquistar votos en un terreno, las redes sociales, que parecía ser privilegio exclusivo del clan Bolsonaro.

Foto: Lula da Silva en marzo 2020. (EFE)

Quién le pone la pierna encima a Lula

Hace poco, Lula fue entrevistado por Thelma Assis, una médica negra de orígenes humildes que en 2020 fue campeona de la versión brasileña de Gran Hermano. Hoy Thelma dirige un programa en directo llamado Triangulando, donde el expresidente conversó con el personaje más querido de la edición de este año del 'reality show', Gil do Vigor, un economista del Estado de Pernambuco que acaba de empezar un doctorado en una universidad de los Estados Unidos.

“Yo estoy agradecido y emocionado de ver que vosotros llegasteis tan lejos. El papel del Estado es abrir puertas. Fui el primer hijo de una madre que tuvo ocho que consiguió alcanzar un diploma, hacer un curso técnico, comprar un coche y una nevera. La educación es una obsesión para mí”, dijo Lula.

La entrevista resultó más agresiva de lo que podría esperarse. El exmandatario de izquierdas fue confrontado por Linn da Quebrada, una artista y activista que se define como queer, trans, negra y periférica. “No todos conseguirán acceder a la educación. Los pilares de nuestra sociedad trabajan con la exclusión. Este sistema hace que algunas de nosotras lo consigamos, pero no hay garantía de autonomía. No se trata de ayuda. Es preciso que la gente rompa este ciclo. Precisamos tener acceso a la humanidad”, criticó enérgicamente la cantante ante un Lula boquiabierto.

En otra entrevista, el rapero y activista Mano Brown cuestionó el hecho de que la izquierda es blanca en un país de 213 millones de habitantes, donde el 53% se declara negro o mestizo. “La política era blanca. Las profesiones más importantes y más rentables de la sociedad eran blancas. La dirección del Partido de los Trabajadores tenía una mayoría blanca y era formada por hombres. Hay una evolución política de los negros, tanto hombres como mujeres. Un gran número de personas está adquiriendo consciencia de que no basta quedarse en el papel de víctimas. Resolvieron luchar, reivindicar su papel”, respondió Lula. Su postura desagradó a los activistas negros, que criticaron especialmente su respuesta cuando tuvo que declarar cómo se identifica de un punto de vista racial. “Yo soy negro, soy blanco, soy cualquier cosa, soy un ser humano”, dijo Lula, de 75 años.

Esta es la realidad política brasileña a día de hoy. Una con un presidente que ni sus propios partidarios saben distinguir de un imitador y con un líder opositor -antaño el mandatario más popular del mundo- forzado a recibir varapalos de cantantes en canales de YouTube. El país tropical está sumido en una realidad paralela que haría palidecer al realismo mágico de Gabriel García Márquez y por delante que un año de precampaña electoral en el que todo es posible.

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