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El Gobierno mueve la ficha clave del rey Felipe para desbloquear la crisis con Marruecos
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Tiende la mano al vecino... otra vez

El Gobierno mueve la ficha clave del rey Felipe para desbloquear la crisis con Marruecos

El Ejecutivo se resistió hasta ahora a recurrir al monarca, pero ante los gestos hostiles de Marruecos, lo implica para tender la mano a Rabat

Foto: Felipe VI y la reina Letizia, durante la recepción real al cuerpo diplomático acreditado en España con Sánchez y Albares. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Felipe VI y la reina Letizia, durante la recepción real al cuerpo diplomático acreditado en España con Sánchez y Albares. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
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Trece meses después de que empezase la crisis entre España y Marruecos, el Gobierno de Pedro Sánchez ha movido, por primera vez, la ficha clave de Felipe VI para desbloquear la situación. Este paso profundiza la estrategia de acercamiento sin condiciones a Rabat que, por su parte, no ha hecho ningún gesto en los últimos cinco meses para normalizar la relación con su vecino septentrional.

Las autoridades marroquíes desencadenaron la crisis con España en diciembre de 2020 cancelando la cumbre con el Gobierno de España, prevista para el 17 de ese mismo mes. Esta se agravó después con la acogida en abril pasado de Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario que lucha por la independencia del Sáhara Occidental. Ghali estaba enfermo de covid-19 y fue ingresado en un hospital de Logroño alegando “motivos humanitarios”. Rabat respondió propiciando una ola migratoria sin precedentes sobre Ceuta.

Foto: El rey de España, Felipe VI, y el rey de Marruecos, Mohamed VI. (Archivo)

“Con Marruecos, nuestros respectivos gobiernos han acordado redefinir conjuntamente una relación para el siglo XXI, sobre pilares más fuertes y sólidos”, afirmó el monarca español durante la recepción anual al cuerpo diplomático, que reúne a unos 130 embajadores y representantes de organismos internacionales. El acto solemne, que se celebró en el Salón del Trono del Palacio de Oriente de Madrid, no contó con la asistencia de la embajadora de Marruecos, Karima Benyaich, quien permanece en Rabat desde que en mayo fue llamada a consultas, es decir, retirada de Madrid como protesta diplomática.

“Ahora, ambas naciones debemos caminar juntas para empezar a materializar ya esta relación”, añadió Felipe VI. “Se trata de encontrar soluciones a los problemas que preocupan a nuestros pueblos”, concluyó el capítulo de la alocución real dedicado a Marruecos. Los discursos del jefe del Estado son elaborados entre la Casa del Rey y el Gobierno que, muy probablemente, inspiró estas palabras del monarca. Al acto asistieron, además, el presidente Pedro Sánchez y su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Horas después, Sánchez aseguró “suscribir” las palabras de rey. “Agradecemos la colaboración estratégica que tenemos con Marruecos”, dijo, omitiendo que lleva más de un año paralizada.

La intervención de Felipe VI es muy parecida a la que hizo, el 20 de agosto pasado, Mohamed VI, en una señal que busca establecer un hilo directo entre los dos monarcas. Entonces, el rey marroquí anunció la “inauguración de una etapa inédita en las relaciones” entre los dos vecinos, que estaría basada en “la confianza, la transparencia, la consideración mutua y el respeto de los compromisos”.

Una herida diplomática que no cierra

Esas buenas palabras del soberano alauí hicieron creer al jefe de la diplomacia española que la mala racha en la relación con Rabat estaba a punto de ser superada, pero nada de lo que auguró Mohamed VI se ha cumplido. El propio Albares anunció en septiembre, desde Nueva York, que no tardaría en entrevistarse con su homólogo Nasser Bourita en suelo marroquí, pero aún sigue esperando que le dé cita. Por el contrario, las autoridades marroquíes no han parado de tensar la cuerda con España.

La lista de agravios crece con los meses. Rabat mantiene cerradas las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, apenas aceptan repatriaciones de inmigrantes irregulares llegados a España, no controlan la salida de embarcaciones de 'sin papeles' rumbo a Canarias —el 81% de los que llegaron en 2021 al archipiélago procedía de Marruecos y del Sáhara Occidental—. Además, en noviembre El Confidencial reveló que Marruecos había autorizado la instalación de una piscifactoría en aguas territoriales españolas y licitó poco después otras dos más.

El más reciente sucedió a finales de diciembre, cuando el Ministerio de Sanidad marroquí acusó a las autoridades españolas en un comunicado de “amenazar la salud de los ciudadanos marroquíes” porque eran negligentes en los controles sanitarios que se efectuaban en los aeropuertos de España. Así justificó que no hubiera vuelos entre ambos países y que los marroquíes que desearan regresar a su país debieran hacerlo a través de Lisboa.

Foto: El ministro marroquí de Sanidad, Khalid ait Taleb. (EFE/Javier Otazu Elcano)

Lo más grave es, sin embargo, que un abogado de Torremolinos con vínculos familiares con Marruecos y otro de Valencia con clientes que mantienen estrechos lazos con ese país hayan denunciado a la exministra de Asuntos Exteriores Arancha González Laya y a su jefe de gabinete, Camilo Villarino. Ambos están imputados desde septiembre por prevaricación y encubrimiento por un juez de Zaragoza por organizar la entrada de Ghali en España, autorizada por el propio presidente Sánchez. Bastaría con que desde Rabat se diera un toque a ambos letrados para que, probablemente, retirasen sus denuncias. En opinión de fuentes diplomáticas independientes, “el asunto quedará pronto en nada desde un punto de vista jurídico”.

La baza real

En Moncloa, se habían resistido hasta ahora a implicar a Felipe VI en la crisis bilateral, pese a que su mano tendida siempre será bien recibida por Mohamed VI. González Laya sí sondeó la disposición de EEUU a involucrarse para resolver el conflicto hispano-marroquí cuando, a principios de junio, mantuvo una conversación telefónica con el secretario de Estado, Antony Blinken.

No parece que esa gestión haya dado resultados, aunque Blinken sí enfatizó entonces “el compromiso de EEUU con la inmigración desarrollada a través de cauces regulares y seguros, ordenados de manera humana”. Esas palabras se interpretaron como una leve desaprobación —no una condena— de la entrada de unos 10.000 inmigrantes irregulares en Ceuta el 17 y 18 de mayo, alentadas por las propias autoridades marroquíes.

Foto: Encuentro entre el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken. (Reuters/Sarah Silbiger)

En la anterior gran crisis con Marruecos, la del islote Perejil en 2002, el entonces presidente José María Aznar impidió a don Juan Carlos jugara papel alguno, pese a que su empatía con los líderes árabes era mucho mayor que la de su hijo. Prohibió incluso a la familia real española acudir a los festejos de la boda de Mohamed VI, el 12 de julio de ese año, y no les dejó hacerle un regalo. El obsequio era un cuadro del pintor valenciano Manolo Valdés que no llegó a ser embarcado en un avión rumbo a Casablanca.

Aznar, que mantenía una estrecha relación con el expresidente estadounidense George W. Bush, sí recurrió con éxito a la mediación norteamericana. Tras el desalojo de los infantes de marina marroquíes apostados en Perejil por los 'boinas verdes' españoles, el entonces secretario de Estado, Colin Powell, llevó a cabo una labor de buenos oficios que desembocó en una vuelta al 'statu quo' en el islote. Era exactamente a lo que aspiraba el jefe del Gobierno español.

Foto: Control militar de Marruecos en Guerguerat. (EFE/Mohamed Siali)

La crisis con España persiste, mientras la que mantenía Marruecos con Alemania se ha cerrado en Navidades. El motivo era, como en el caso de España, la posición de la diplomacia alemana sobre el conflicto del Sáhara Occidental. Han bastado dos pequeños gestos para superarla. Primero, en diciembre, la titular de Exteriores alemana, la verde Annalena Baerbock, mandó cambiar un texto sobre Marruecos en la web de su ministerio. En él se afirma ahora que con la “presentación de su plan de autonomía presentado en 2007, Marruecos hizo una importante contribución a un acuerdo de paz” en el Sáhara.

Después, el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeir, felicitó el Año Nuevo a Mohamed VI y le invitó a efectuar una visita oficial a Berlín, resaltando que la oferta marroquí de autonomía constituía una “buena base” para resolver la disputa -un plan que respalda desde hace tiempo Francia, otro actor estratégico de Marruecos-. Esas palabras han bastado para que el palacio real marroquí pase página.

Mohamed VI y su entorno, quienes ostentan el poder ejecutivo en Marruecos, saben que España, alineada con la postura oficial de Naciones Unidas, no puede seguir los pasos del expresidente Donald Trump, quien reconoció en diciembre de 2020 la soberanía marroquí sobre la excolonia española, con una superficie es similar a la del Reino Unido y recursos minerales y pesqueros. Sí pretenden, sin embargo, que Madrid dé un espaldarazo a la propuesta de autonomía marroquí, pese a que dista mucho de ofrecer a los saharauis un estatuto equiparable al de las más modestas comunidades autónomas de España. El Gobierno de Pedro Sánchez se resiste, por ahora, a dar ese apoyo al vecino marroquí.

Trece meses después de que empezase la crisis entre España y Marruecos, el Gobierno de Pedro Sánchez ha movido, por primera vez, la ficha clave de Felipe VI para desbloquear la situación. Este paso profundiza la estrategia de acercamiento sin condiciones a Rabat que, por su parte, no ha hecho ningún gesto en los últimos cinco meses para normalizar la relación con su vecino septentrional.

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