Hay otro 'islote Perejil' bajo el mar y está lleno de tierras raras: el negocio olvidado de España
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UN MERCADO DOMINADO POR CHINA, ¡CÓMO NO!

Hay otro 'islote Perejil' bajo el mar y está lleno de tierras raras: el negocio olvidado de España

La UE quiere romper la dependencia de China en minerales críticos y la geografía nacional, desde Canarias a Galicia, está salpicado de posibles 'manantiales'. Sin embargo, muchos proyectos para explotarlos están en punto muerto

placeholder Foto: Vista de la costa canaria. (EFE)
Vista de la costa canaria. (EFE)

Lo que llamamos tierras raras no lo son tanto. En realidad, no son tierras, son óxidos magnéticos. Estos 17 elementos de la tabla periódica indispensables, especialmente por sus condiciones magnéticas, para la creación de tecnología, vehículos, dispositivos médicos o armamento es probable que se encuentren en el subsuelo sobre el que ahora mismo posa sus pies. El problema, lo verdaderamente extraño, es que se encuentren en una cantidad suficiente como para que merezca la pena explotarlos. Lo chocante también sería que viniesen de otro lugar que no fuese China, que acapara prácticamente 7 de diez gramos que se extraen en el mundo. Esa cantidad fue mayor hasta que otras potencias como Australia, EEUU, la India, Brasil o Japón trataron de meter mano a ese cuasi monopolio del dragón asiático. Tal es su valor, que Pekín ha impuesto la asepsia política con el nuevo régimen de los talibanes a cambio de poder explotar los yacimientos afganos.

Foto: Aeropuerto de El Prat de Barcelona. (EFE) Opinión

¿Y la UE? Como en otras tantas áreas, por ejemplo, los semiconductores, la pandemia parece haberles quitado la venda de los ojos y parecen dispuestos a reducir su dependencia en la materia del sudeste asiático. En Bruselas ya se plantean movilizar fondos para crear una industria local que ayude a reducir el 98% de estas materias primas que se ven obligados a importar desde China. Y en esa hoja de ruta aparecen lugares clave como Suecia, Finlandia, Groenlandia y... España. La geografía patria, según diversas investigaciones y exploraciones, cuenta con varios reservorios que podrían convertir al país en un proveedor clave para cubrir las necesidades de sus compatriotas europeos para impulsar la transición a las energías limpias o los coches eléctricos.

El tesoro del Tropic

El problema es que a la hora de explotarlas aparecen múltiples obstáculos. El más común es el 'green deal' europeo, así como una legislación y una conciencia ciudadana más ecológica que nunca, un movimiento que ha ido arrinconando la minería durante años. Pero hay muchos más. A veces, algunos de los yacimientos se encuentran a miles de metros de profundidad o en zonas en disputa con otros países. Es el caso del Tropic, un monte submarino al sur de Canarias, en aguas cuya soberanía reclaman tanto Marruecos como España.

Un nuevo 'islote Perejil' que emergió antes de la pandemia, cuando un estudio liderado por investigadores británicos encontró en este lugar un gran nivel de tierras raras, especialmente teluro. Los científicos del Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido, que utilizaron submarinos robotizados para tomar las muestras, estimaban que había más de 2.600 toneladas de este material, necesario para crear las placas solares, en dicha montaña. Bram Burton, líder de la expedición, disparó rápidamente al centro del asunto. "Necesitamos materiales para la transición verde y tienen que venir de algún sitio", explicó en una entrevista a la BBC. "O los sacamos de tierra firme, con un gran agujero, o lo sacamos del fondo marino, utilizando un agujero comparativamente más pequeño".

El debate está servido: o minas a cielo abierto que perturben el entorno en el que vivimos o explotaciones bajo el mar con el riesgo que conlleva para la flora y la fauna de las laderas de ese monte, a 3000 metros de profundidad. Guillaume Pitron, periodista galo especializado en geopolítica de materias primas y autor de 'La guerra de los metales raros' aseguró que Canarias "podría abastecer durante una década la demanda mundial", pero que el coste sería enorme en referencia al impacto ambiental. Este experto, además, criticó la doble postura de los ecologistas, a los que definió "como personas preocupadas por el medio ambiente" en nuestro entorno que no reconocen que la revolución verde necesitará que esas explotaciones se lleven a cabo a costa de países subdesarrollados.

"Si se diesen las circunstancias y se optase por la vía de explotar montes submarinos en Canarias se tardaría décadas en activar las explotaciones porque entre otras cosas tendríamos que diseñar la maquinaria necesaria para hacerlo a dichas profundidades", explica José Mangas, catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global. "En los montes submarinos como el Bimbache, que pertenecen al grupo conocido como las 'abuelas de Canarias', sería todo más fácil porque están en nuestras aguas. Pero en el caso del Tropic se complica todo porque tendríamos que ponernos de acuerdo España, el Frente Polisario y Marruecos, que se ha adjudicado la zona de mar unilateralmente". España solicitó en 2014 aumentar su plataforma continental de forma que ese monte quedaría en su terreno. La petición no se ha resuelto todavía y Rabat recientemente las reclamó como suyas, incluyendo aguas de titularidad del Sáhara Occidental.

La vía japonesa

Mangas ha dirigido un equipo de investigación durante casi una década que ha encontrado pruebas de que Canarias puede ser un 'maná' de estas materias. "Y esto ha sido un estudio universitario con un presupuesto corto, de apenas 60.000 euros", agrega, aunque explica que sus avances se sitúan en una fase muy inicial de todo el proceso que hay que llevar a cabo.

Su trabajo identificó, tal y como cuenta a Teknautas, tres tipos de yacimientos en el archipiélago. "En un primer lugar, tenemos las rocas magmáticas félsicas, que pueden tener concentraciones de hasta 1,5 kilos o más por tonelada. El problema es que la mitad de la isla, como quien dice, es parque natural y zonas protegidas", explica. Aunque en menor volumen, también hicieron encuentros similares en Fuerteventura. Sin embargo, allí se toparon con las carbonatitas, que pueden tener hasta 10 kilos por tonelada. "Hay que tener en cuenta que el suelo normal puede tener unos 150 gramos por tonelada. El aumento es considerable", apuntilla.

Mangas habla de una tercera vía, que denomina como "la vía de los japoneses". Este catedrático empezó a estudiar hace varios cursos unas costras de manganeso que se forman en los costados de los montes submarinos, entre otras cosas gracias "al impacto de las corrientes profundas". "Aquí estaríamos hablando de una concentración de unos 2 o 3 kilogramos por tonelada. Una cantidad similar a la que se podría encontrar en los sedimentos depositados en el fondo del mar", comenta. La referencia a los nipones viene porque estos en 2013, ante una crisis diplomática en la que China cortó el grifo, empezaron a explorar el fondo marino del Pacífico. Entre los sedimentos dieron con reservas muy atractivas. Las cifras se multiplicaron cuando analizaron Minamitorishima, una isla remota a 1.700 kilómetros de Tokio, pero que está dentro de su jurisdicción. "Empezaron a investigar hace ocho años con decisión y están a punto de poner en marcha el sistema de extracción que han diseñado. Es un buen ejemplo para España", explica. "Sería una forma bastante menos intrusiva de explotarla. Pero sea como sea, la actual normativa deja muy poco margen".

Aunque el sector minero español ha sido conocido tradicionalmente por el carbón, lo cierto es que la geografía patria ofrece ingentes reservas de cobre (somos el segundo país exportador del mundo) litio, plomo, coltán o zinc, entre otras tantas. También hay reservas de tierras raras. En España se han identificado algunos posibles yacimientos. Uno de ellos es de Galiñeiro, en Galicia, especialmente rico en monacita. El problema es que se encuentra en un área de especial valor natural, lo que dificulta tremendamente alcanzar un consenso sobre si acometer el proyecto por su impacto medioambiental.

El no a Matamulas

Hay evidencias de otros grandes 'caladeros' en Castilla y León o en Andalucía, pero solo hay uno en Ciudad Real que podría entrar en funcionamiento en un plazo muy corto si se recibe luz verde por parte de la Justicia. "En 10 o 12 meses, podríamos estar funcionando", explica a este diario Enrique Burkhalter, de Quantum Minería, la empresa que ha intentado poner en marcha desde hace años el complejo de Matamulas (Ciudad Real).

Pero si en Canarias acceder a estas reservas es una lucha contra la técnica por crear herramientas submarinas o geopolítica en el caso del monte Tropic, en la Península el asunto de las tierras raras se ha convertido en un asunto legal. Matamulas lleva años atascado después de que la administración regional con la llegada de García Page al Gobierno de Castilla-La Mancha cambiase de postura, tras la presión de varios colectivos de la zona. Los técnicos autonómicos resolvieron con un informe de impacto medioambiental desfavorable y desde entonces, la compañía ha recibido varios reveses judiciales. Ahora mismo están pendientes de un recurso de casación interpuesto ante el Supremo, que todavía no tiene fecha de resolución.

Burkhalter explica que el yacimiento, además de ponerse en marcha rápidamente, contiene interesantes volúmenes de "neodimio y praseodimio" incrustados en monacitas. "Podríamos cubrir la demanda europea durante varios años". Además, desde Quantum Minería apuntan a que hay muchas ideas equivocadas en torno a Matamulas. "Esto no es una mina a cielo abierto. El proyecto sería casi invisible y el impacto limitado. Se irían cavando zanjas y según se abre una se rellena otra con el exceso de piedra restante. Nada de balsas de barro ni nada así".

Solo hay un 'caladero' en Ciudad Real que podría entrar en funcionamiento pronto

Algo que no comparten los detractores del proyecto aglutinados en torno a la plataforma 'Sí a las tierras vivas' que lograron un gran respaldo social en la zona y una gran movilización. Ellos fundamentan su oposición en la gran cantidad de agua que necesitaba la instalación, el daño a especies protegidas como el lince ibérico, el águila imperial o el milano real, así como a los cultivos de la zona. Argumentos que se vieron refrendados por las autoridades locales y, posteriormente, por los tribunales.

"Hay una imagen deteriorada de la minería por herencias del pasado. Tanto en la UE como en España, tenemos probablemente los estándares más altos de protección medioambiental cuando se van a realizar este tipo de explotaciones, por tanto, la seguridad está garantizada. Esto no va ser como en China u otro país. Hemos visto como España es un gran exportador de cobre y que se hace en condiciones en completa normalidad".

Burkhalter hace otro apunte. "Son materiales necesarios para el futuro y para los objetivos de industrias claves en la transición verde como es el coche eléctrico o la energía renovable. Durante esta pandemia, la sociedad se ha dado cuenta de lo delicado de las cadenas de suministros y las materias primas, así como de la brutal dependencia existente. Y esto, al menos lo vemos así, sería una apuesta de país que quiere reposicionarse y relanzar su tejido industrial".

"Es paradójico lo que vivimos. Queremos vivir bien y avanzar tecnológicamente, pero bloqueamos proyectos mineros que nos ayuden a obtener esos recursos", opina Manuel Reguerio, presidente del Colegio de Geólogos. "Obviamente hay que actuar sobre el medio, pero como lo hemos hecho para levantar ciudades".

"La minería tiene un pasado sí. Pero eso era antes de la legislación", reconoce. "Nosotros somos los primeros que tenemos que recuperar el medio por ley una vez terminamos la explotación. Y existen ejemplos muy buenos como el de la mina de Pontedeume que pasó de ser una fuente de carbón al lago más grande de España", añade.

Regueiro insiste en que tanto en España como en Europa existen herramientas y cautelas para mantener el equilibrio entre economía y medio ambiente. "En aquellas zonas donde el equilibrio es posible, no podemos cerrarnos así por así. A la hora de la verdad, del más de medio millón de kilómetros cuadrados que mide España, menos del 1% está ocupado por minas o canteras", defiende. Sobre el exceso de piedra, una de las principales críticas que hay sobre la extracción de tierras raras, es meridianamente claro: "Las empresas mineras son las principales interesadas en reutilizarlo. Se puede utilizar vendiéndolo a terceros, pero también para regenerar el paisaje una vez el trabajo se termina".

Lo que llamamos tierras raras no lo son tanto. En realidad, no son tierras, son óxidos magnéticos. Estos 17 elementos de la tabla periódica indispensables, especialmente por sus condiciones magnéticas, para la creación de tecnología, vehículos, dispositivos médicos o armamento es probable que se encuentren en el subsuelo sobre el que ahora mismo posa sus pies. El problema, lo verdaderamente extraño, es que se encuentren en una cantidad suficiente como para que merezca la pena explotarlos. Lo chocante también sería que viniesen de otro lugar que no fuese China, que acapara prácticamente 7 de diez gramos que se extraen en el mundo. Esa cantidad fue mayor hasta que otras potencias como Australia, EEUU, la India, Brasil o Japón trataron de meter mano a ese cuasi monopolio del dragón asiático. Tal es su valor, que Pekín ha impuesto la asepsia política con el nuevo régimen de los talibanes a cambio de poder explotar los yacimientos afganos.

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