Cuando Tres Cantos era una potencia de los microchips: así perdió Europa el tren tecnológico
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Cuando Tres Cantos era una potencia de los microchips: así perdió Europa el tren tecnológico

Todo el lío en torno a los semiconductores vuelve a poner a Europa frente al espejo. Ha perdido la batalla del 'hardware' y ahora maniobra para no perder la del 'software' y la economía digital

placeholder Foto: Imagen actual de la planta industrial situada en Tres Cantos. (P.G)
Imagen actual de la planta industrial situada en Tres Cantos. (P.G)

"Se hizo una inversión millonaria. Aquella fábrica se inauguró en 1987. Para que te hagas una idea, entonces no había una política medioambiental consolidada en España y se utilizó la normativa de California, que era la más restrictiva del mundo". Esto lo cuenta Pedro García Carro, hijo de Eugenio García, el hombre que en la década de los ochenta recibió un encargo inaudito en aquel momento: construir la primera instalación de microchips de la multinacional AT&T Electronics fuera de Estados Unidos. El lugar escogido fue un enorme páramo de un millón de metros cuadrados de la localidad madrileña de Tres Cantos.

"Aquello fue un antes y un después para la ciudad. La puso en el mapa, como quien dice", opina. García Carro todavía recuerda las visitas de clientes internacionales que venían a conocer el lugar antes de hacer los pedidos de obleas y otras piezas en una instalación que era una referencia en Europa. "Era de lo más avanzado que había en el país".

Con el paso de los años, fue cambiando de manos en los 90. Primero fue Lucent, también una firma de ultramar, la que cogió el mando y posteriormente pasó a estar bajo el control de Agere, una escisión del negocio participada mayoritariamente por la anterior. Todo se torció en 2001. La dirección dijo que se vendía o se cerraba. No importaba que entonces se contase con un millar de empleados de alta cualificación o la calidad de la maquinaria instalada.

El motivo fue la caída de los encargos de chips: para llegar a los pedidos solo necesitaban una cuarta parte de su músculo productivo. El curso anterior se había facturado 30.000 millones de pesetas, de los que una décima parte fueron beneficios limpios. Ese curso se dieron pérdidas. La competencia del mercado asiático empezaba a dar muestras de madurez y ponerse al día suponía una inversión de cerca de 2.000 millones de dólares, cuatro veces más de lo invertido hasta entonces. BP acudió al rescate. Adquirió el edificio de 30.000 metros cuadrados y los terrenos aledaños, hizo modificaciones y convirtió aquello en una meca productiva de paneles solares.

"Es silicio al fin y al cabo, ¿no? Consiguieron que fuese nuevamente un sitio súper puntero hasta que en 2009 tuvieron que cerrarla", recuerda García Carro, que apunta que eso "lleva abandonado", vigilado apenas por dos guardias, todos estos años. "Es una imagen que resume bastante bien lo que se está viviendo ahora", explica este hombre que ha adquirido el espacio con el fin de poner en marcha un nuevo proyecto verde.

placeholder El padre de Pedro García, junto a los Reyes Eméritos en la inauguración de la planta. (P. G)
El padre de Pedro García, junto a los Reyes Eméritos en la inauguración de la planta. (P. G)

La historia de Tres Cantos discurre en paralelo a la relación que ha tenido España y Europa con la tecnología. Nunca fue el epicentro, pero hubo un momento en el que consiguió tener cierto protagonismo, entre los 80 y el comienzo de este siglo. Sin embargo, se le acabó escapando fruto entre otras cosas de la gran deslocalización industrial que se produjo hacia países como Taiwán, China o Corea del Sur, por citar algunos. La gran crisis de los 'semiconductores' ha puesto de nuevo al Viejo Continente frente al espejo.

El aviso de los tamagochi

No es la primera que se produce una sequía similar. En el verano de 1997 el 'boom' de los tamagochi provocó también un cuello de botella. La diferencia es que los semiconductores tenían su importancia pero no era la de hoy en día, algo provocado por el auge de la electrónica de consumo, 'smartphones', 5G, coches eléctricos o internet de las cosas. El poco margen de maniobra de Europa y su escasa soberanía productiva en este sentido ha hecho que el fantasma de la irrelevancia tecnológica sobrevuele la región por enésima vez. No es que se haya abierto este melón, sino que hace tiempo que se dejó al fondo de la nevera mientras se picoteaba de lo que ofrecían EEUU o Asia. El problema es que ahora quizás sea demasiado tarde para hincar el diente y reengancharse a una carrera que se va perdiendo en sus dos vertientes. Porque ahora se vuelve a hablar mucho de componentes y de 'hardware', pero desde tiempo atrás se viene señalando la excesiva dependencia existente también en lo que se refiere a 'software' y grandes corporaciones como los GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon o Microsoft) en esta materia.

Pero ¿tan escaso es el peso de Europa en esta industria global y sus diferentes vertientes? Según un estudio de la consultora Kearney, existe una patente "vulnerabilidad tecnológica" que les impide llevarse una generosa porción de un mercado que anualmente mueve 1,2 billones en todo el mundo. El documento arroja cifras llamativas. De 21 sectores clave, solo en ocho de ellos alguna firma de países de la UE o Reino Unido aparece entre los cinco primeros.

En el top 10 de grandes empresas tecnológicas no hay ningún representante de los países de nuestro entorno. La primera en aparecer es SAP, el gigante alemán del 'software' corporativo, que se sitúa en torno al puesto 16 (puede oscilar la clasificación, dependiendo del año que se tome como referencia). En algunos nichos hay excepciones como Ericsson o Nokia, algunos de los representantes más importantes en la fabricación de equipos de radio para el despliegue de redes de telecomunicaciones. Pero esta categoría, como otras tantas, está liderada por una empresa china: Huawei. Por eso desde Kearney alertan no ya solo del perjuicio económico, sino también de los riesgos para la soberanía o la independencia geoestratégica.

La nube y el 5G

Hasta que ha estallado el problema de los semiconductores quizás los dos frentes donde más se han visto las debilidades europeas eran el 'cloud computing' y la quinta generación de internet, más conocida como 5G. En el primer caso, la mayoría del pastel del almacenamiento en línea se lo reparten entre tres actores. En primer lugar, Amazon con Web Services, su división más rentable. Le sigue Microsoft y su 'nube' Azzure. Y en tercer lugar, Google con Cloud. Más distanciada aparecen IBM o Alibaba, que de momento se limita al sudeste asiático. A partir de ahí SalesForce, Oracle o Tencent. Entre estos nombres suman una cuota de mercado superior al 70%.

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Foto: Google.

La sensación es que todo este pulso se empezó a perder a partir del año 2000. Entonces, las autoridades prefirieron abrir las puertas de par en par a los nuevos señores digitales sin regulaciones que tutelasen su influencia, sin ser capaces de prever cómo podían acabar fagocitando el mercado comunitario, convirtiéndose en algo difícilmente reemplazable con el paso de los años. La decisión de ponerse de perfil supuso, como quien dice, la llave en mano del negocio que se construye en torno a los datos personales a las mayores empresas norteamericanas.

Eso es algo similar a lo que ocurrió, precisamente, con el despliegue del 3G, 4G y recientemente con el 5G. Huawei entró como un elefante en una cacharrería, principalmente por sus bajos precios (fue investigada incluso por 'dumping'). Las operadoras, en un negocio que cada vez deja menos márgenes, optaron masivamente por firmar con ellos para aligerar costes. La elección fue el balance económico, dejando la soberanía tecnológica de lado. El problema ha venido con el veto de EEUU a esta compañía. Aunque había opciones como Nokia o Ericsson, la operación no está resultado fácil. Por la amplia presencia de la multinacional china en las redes de comunicación pero también por la influencia del régimen de Pekín.

Foto: Huawei cuenta con tres CEO rotatorios. En la imagen, Ken Hu, el directivo que ocupa el cargo ahora mismo.  (Imagen: Learte / EC Diseño)

"Se percibe claramente que la geopolítica de los 20 o 30 años que vienen va a estar presidida por esta pugna tecnológica", dice Emilio Ontiveros, economista y autor de 'Excesos', un libro en el que dedica parte a este asunto. "Más que una carrera, yo creo que se puede hablar de guerra fría. Se abrió hace cinco años con el tema del 5G, pero ahora se ha llevado a un plano mayor por las implicaciones que tiene el sector tecnológico en lo militar", añade.

El corsé europeo

Ontiveros tiene bastante "claro" que Europa maneja un "retraso importante" y que parte en una posición de desventaja, acentuada desde la crisis de 2008. "Ya existían algunas diferencias históricas. Pero de cara a productos y mercados clave como el 'cloud computing' esta brecha se ha profundizado porque Bruselas ha estado más preocupada del adelgazamiento de las cuentas públicas desde entonces. Mientras tanto EEUU y China han estado incentivando y apuntalando con subvenciones e inyecciones bajo esa idea de complicidad público-privada que se ha demostrado esencial", comenta el experto, que subraya también el reciente cambio de mentalidad que se ha producido en los últimos tiempos con los fondos 'Next Gen'.

"Se ha impuesto en ese tiempo un corsé presupuestario que ha limitado mucho asignar partidas a esto", comenta. "Eso sí, Europa tampoco ha perdido el tiempo. En los últimos años ha hecho un trabajo muy importante en materia regulatoria, en derechos digitales... Todo para tratar de ponerle coto a algunas de estas empresas".

Se calcula que la inversión en I+D en Europa, a pesar de ser el mayor mercado mundial, es un 25% menor a lo que se invierte en cada una de las dos primeras potencias mundiales. Otro buen termómetro es el número de patentes. A principios de siglo, la región manejaba un 22% de estos registros, según el estudio 'Science, Research and Innovation Performance of the EU 2020'. El documento, elaborado por la Comisión Europea, lo cifra ahora mismo en un 17%. En ese tiempo, China ha pasado del 5% al 24%, muy cerca de EEUU, que maneja un 26%.

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Foto: Reuters.

El economista señala también como se ha producido un cambio de paradigma en el "campo del conocimiento", algo necesario para crear los nuevos productos tecnológicos tanto de 'hardware' como de 'software'. "Era algo que tradicionalmente no les correspondía y estaba en Occidente, pero China se ha convertido en el principal productor de ingenieros y el principal exportador de estudiantes en centros de referencia como el MIT", añade. Un estudio reciente de IFTT recogía como aquel país había desbancado recientemente a la UE como líder mundial en lo que se refería a investigaciones publicadas sobre Inteligencia Artificial.

China tiene cada 5,5 millones de nuevos trabajadores STEM. Europa, 1,3

Se estima, tal y como se recoge en el informe arriba mencionado, que cada curso en aquel país hay 5,5 millones de nuevos profesionales formados en carreras STEM, frente a las 1,3 que hay en Europa. Además, se produce una extraña paradoja. Al haber menos industria tecnológica, también "hay menos capacidad" de absorción y oferta de trabajo y hay probabilidades de que ese talento "acabe" fuera.

El manido 'Silicon Valley' europeo

Esa idea de falta de ecosistema ha estado muy presente en los últimos años. Es lo que se esconde tras la manida expresión de lograr un 'Silicon Valley europeo'. "Aunque tuviésemos el ejemplo de Nokia en su momento o Philips en sus primeros años, en lo que se refiere a electrónica Europa nunca ha tenido una gran tradición ni una masa crítica que le empujase a centrar sus esfuerzos en ello. Eso sí que ocurrió en la industria automovilística, que lleva cien años aquí y en el que somos una potencia", explica David Carrascal, director de Tecnología de PWC Consulting.

Opina Carrascal que el de los coches es gremio que resulta "muy intensivo" en mano de obra tanto de forma directa como indirecta, algo que les ha facilitado convertirse en un importante 'lobby' y convertirse en un objetivo de bandera para muchos países occidentales, que han impulsado esta industria con ayudas públicas y subvenciones durante décadas. "Si sumas los trabajos que genera, un menor nivel de robotización y, por tanto, un menor volumen de inversiones, se entiende porque alrededor de este negocio si se ha impulsado la creación un ecosistema y, por ejemplo, en el de los semiconductores no".

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Foto: EFE.

Un síntoma de esto, es como la UE sí que movió ficha anteriormente para reposicionar la potente industria automovilística continental en la carrera por el coche eléctrico. La pieza que parece que va a decantar el éxito de esta nueva generación de vehículos son las baterías de litio. Pero nuevamente no tiene un protagonista de referencia en la materia. La práctica totalidad están instaladas en diferentes países de Asia, especializados en la materia, como son Corea del Sur o Japón. Por ello, hace ya dos años, aportó una línea de financiación de más de 3.200 millones de euros (espera movilizar otros 5.000 por parte de la iniciativa privada) para un proyecto que involucraba a varios estados miembro para crear una línea de producción. Además, la Comisión 'suavizó' las condiciones para que estos gobiernos pudiesen subvencionar este desarrollo sin caer en prácticas contra la competencia.

Cree este experto que la actual posición de Europa se debe a un conjunto de factores, entre los que se incluye la menor inversión en I+D, la ausencia de una masa crítica de grandes empresas y en menor medida "todo influye", dicela fragmentación del mercado natal frente a EEUU o China. "Eso hace que no se genere ese circulo virtuoso en el que el talento fluya entre compañías locales, estas se fortalezcan, se funden 'startups' nuevas o accesorias a su alrededor... Es lo que ha ocurrido en Asia con los componentes y eso es lo que ha ocurrido en Silicon Valley en los últimos años con las plataformas digitales. Incluso es lo que se está viendo con Israel, que se está convirtiendo en un imán para empresas de ciberseguridad", añade este analista. "Nos encontramos con casos de empresas de cierto tamaño que tienen que 'autoformar' su talento y este se acaba escapando a una multinacional de otra región para seguir creciendo".

No solo fabricar, diseñar

En el caso concreto de los semiconductores, David Carrascal hace varias observaciones. "Tenemos ciertas joyas como ASML, una empresa holandesa que es clave en la producción de los equipos para fabricar chips de cinco nanómetros. Sin embargo, es solo una pequeña joya. Si tuviéramos más, otro gallo cantaría", argumenta. Otro de los apuntes que hace es que es importante diferenciar entre la fabricación y el diseño. "La primera, la de la fabricación, es una carrera que EEUU también está empezando a perder, aunque el plan de estímulo de Biden pretende revertirlo con inversiones dirigidas", comenta.

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Foto: Reuters.

Pero al otro lado del Atlántico hay actores importantes en el gremio de los procesadores como son Nvidia o Qualcomm, que conceptualizan los chips pero no les dan forma. "Eso es lo que ha faltado en Europa y es donde hay una mayor oportunidad para engancharse a la primera línea. Primero, porque la inversión es mucho menor, como una décima parte de lo que supone poner en marcha una fabrica y el plazo para rentabilizar el capital es menor", defiende.

Recuerda también los importantes centros de investigación que firmas de la talla de Intel tienen en colaboración con universidades de nuestro entorno. "El conocimiento está. ARM, por ejemplo, nació en Reino Unido". Para el que no conozca que es ARM, se trata de una arquitectura que se utiliza en todos los procesadores móviles del mundo y es el patrón que ha utilizado Apple, por ejemplo, para crear sus M1.

¿Hay salida?

En lo que se refiere a la fabricación, la UE pretende que en 2030 uno de cada cinco chips que se utilice en su territorio sean producidos autóctonamente. Un objetivo bastante ambicioso por las grandes barreras de entradas y el gasto en capital que conlleva. "No hay que equivocarse. De lo que ahora se está hablando tanto es de los chips de última generación, de 3 o 5 nanómetros, que ofrecen gran rendimiento y buena gestión energética. Hay una gran demanda porque es lo que requiere la tecnología militar, los centro cloud, las redes 5G... Pero también hay que hacer piezas de electrónica de potencia. Hay que hacer los semiconductores, por ejemplo, para las lavadoras. Dejan menor margen, pero también hay menos obstáculos para entrar en el mercado porque no requiere que equipos tan punteros".

Las claves: más I+D y patentes, empujar la creación de gigantes y dirigir el talento

En este sentido, los expertos consultados coindicen en que la estrategia de Europa para recortar distancias pasa por varios puntos clave: elevar el gasto en I+D, empujar el registro de patentes, recuperar soberanía productiva y coordinar el talento con las necesidades empresariales. Otra cosa que señalan los expertos es la necesidad por una parte de crear gigantes locales, favoreciendo que se fusionen o facilitando compras; y protegerlos ante los intereses de Washington o Pekín. Es lo que ha hecho, por ejemplo, el regulador británico con ARM. Desde Londres se ha frenado, por ejemplo, la adquisición por parte de Nvidia, al que se le han pedido más información al respecto con el fin de ponderar la idoneidad de la operación para los intereses patrios.

"Yo le veo algún matiz a toda esa idea de que Europa se ha quedado tan atrás en la carrera tecnológica. Es cierto que en todo lo que se refiere a fabricación como lo que hemos visto con los semiconductores ha perdido mucha fuerza", explica Gonzalo Trigo, de la consultora VASS. "Sin embargo, creo que sí que ha conseguido ser líder en algo: la utilización de esa tecnología", remata. Reconoce este experto que Occidente ha visto cómo Asia le ha superado en eficiencia productiva pero hay muchos otros campos en donde el Viejo Continente sigue marcando el paso y por eso hay que hacer un análisis algo más optimista. "En ciberseguridad, infraestructura o digitalización estamos en vanguardia", añade, afirmando que no muchos países tienen "la infraestructura de fibra óptica que tiene España", con lo que eso supone para la generación de negocios. "A nivel de uso de la tecnología, la banca, los seguros o las telcos han conseguido ser referencias mundiales y estar mucho más avanzadas que otros territorios", explica.

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