Semiconductores, la crisis que ha roto las costuras industriales y nadie sabe cómo arreglar
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UN SECTOR CLAVE EN POCAS MANOS

Semiconductores, la crisis que ha roto las costuras industriales y nadie sabe cómo arreglar

Taiwán vive una sequía histórica y a ti te sube el precio del ordenador que ibas a comprar. Las grandes potencias mundiales se han dado cuenta de lo vital de los chips

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Ilustración: Raquel Cano.

En enero de 2020, un extraño virus que tiene como supuesta zona cero un mercado de animales obliga a cerrar Wuhan y 12 meses más tarde no puedes comprar la última PS5 o la Xbox. Una sequía histórica amenaza la remota isla de Taiwán y al día siguiente el riesgo es que ese ordenador que tenías pensado comprarte puede subir de precio. Los mineros de criptomonedas empiezan a hacer acopio de tarjetas gráficas y las semanas siguientes se van sucediendo las noticias de que fabricantes de coches como Ford, Tesla o Mercedes tienen que poner al ralentí e incluso parar algunas de sus líneas de producción.

Todos estos pasajes son capítulos de un mismo problema: los chips se están agotando. No se echa en falta algo hasta que no está. La de los semiconductores ha pasado de ser una industria invisible, cuya eficacia se daba por descontada, a suponer una incomodísima china en el zapato de Estados Unidos, Japón, la UE o Reino Unido, por citar algunos de los grandes afectados. Realmente, cualquier país del mundo podría estar en esta lista, ya que estos componentes son esenciales para un gran número de sectores como el de la automoción, pero también para la electrónica de consumo o el sector militar. El asunto se ha convertido incluso en uno de esos pulsos geopolíticos que las dos primeras potencias mundiales mantienen entre bambalinas.

La pandemia ha dejado al descubierto y tensionado hasta el extremo las costuras de un gremio que ya estaba empezando a sentirse acalorado antes de que apareciese el covid-19 debido al auge de tecnologías como el 5G, los coches eléctricos... Cuando el virus puso en jaque las economías de todo el globo, empezó el efecto dominó. Millones de empresas mandaron a los suyos a teletrabajar aceleradamente, se disparó la demanda de equipos informáticos y, 'voilà': se ha producido un cuello de botella que nadie sabe cuándo ni cómo se va a solucionar y del que pocos, ni las empresas con más pulmón financiero, están pudiendo escapar.

placeholder Los iPads y los MacBooks de Apple también sufren la escasez de chips. (Reuters)
Los iPads y los MacBooks de Apple también sufren la escasez de chips. (Reuters)

Bengalas rojas de Apple y Samsung

El último al que parece haberle pasado factura es a Apple que, según las últimas informaciones, habría decidido pausar la producción de sus nuevos MacBooks y sus iPads debido a que no puede acceder a todos los 'ingredientes' que necesita. No sería la primera vez que la manzana ve alterados sus planes: el pasado año, ya tuvo que hacer malabares con el calendario de los iPhones y otros lanzamientos por las restricciones derivadas del coronavirus en las grandes fabricas del sudeste asiático donde monta sus aparatos, aunque su solvencia económica le permitió afrontar la situación mejor que otros.

Samsung también está sufriendo estas estrecheces. DJ Koh, uno de los mandamases de la compañía, anunció que se retrasaba 'sine die' el próximo Galaxy Note, su buque insignia, que suele ver la luz en la mitad de año, y lanzó una bengala de aviso. "Tenemos problemas con el suministro de piezas cada mañana", comentó ante los accionistas de la multinacional surcoreana. "Es difícil decir cuándo se va a resolver al 100%".

Sus palabras constituyen una alerta mayúscula. Samsung es uno de los mayores fabricantes de semiconductores del mundo. Es la punta de lanza de Corea del Sur, una de las naciones que más semiconductores fabrica cada año. A día de hoy, este país de 40 millones de habitantes es capaz de producir el mismo número cada 12 meses que EEUU y Europa juntas. Solo le supera un país como Taiwán, una isla de 23 millones de habitantes. Entre ambos suman el 43% de la capacidad mundial de producción. Si se le suma el 15% que actualmente maneja China (se espera que sea el principal actor en menos de una década) y el otro 15% de Japón, nos encontramos que más de 7 de cada 10 chips salen de ese rincón del mundo.

"Es tal la concentración que hay en estos países que recuerdan mucho a la OPEP, los países productores de petróleo. Cualquier decisión o suceso que allí ocurra va a tener consecuencias", asegura Ignacio Mártil, catedrático de electrónica de la Universidad Complutense de Madrid. Esto es lo que explica, por ejemplo, que la sequía de Taiwán pueda influir en el precio de un portátil que se vende en España. La isla está sufriendo una escasez de lluvias notable y el gobierno ha empezado con planes de racionamiento, limitando el consumo en algunas zonas industriales. Una de estas zonas es donde se encuentra, por ejemplo, las instalaciones de Micron, una empresa especializada en memorias DRAM. Estos procesos de fabricación utilizan millones de litros de agua a diario, así que las consecuencias son evidentes. "Hace unos años ocurrió lo mismo con los discos duros magnéticos, que mayormente se fabrican en Tailandia. Hubo unas inundaciones exageradas y aquello afectó a la oferta de estos equipos".

Muchos piensan, pocos fabrican

Otras firmas de aquel país, como TSMC, también han dado la voz de alerta y han pedido ponerse en el "peor de los escenarios" en las próximas semanas. TSMC no es una empresa cualquiera. Probablemente esta compañía y los movimientos que ha venido realizando son la clave para entender lo que está ocurriendo.

Esta factoría da forma, según CounterPoint Research, a uno de cada tres semiconductores avanzados del mundo. Es lo que se denomina, en el argot especializado, un 'pure fab'. No diseñan, no conceptualizan. Solo fabrican. El problema es que cada vez son menos los que se dedican a la manufactura. "Esto viene de años atrás. Hace dos décadas teníamos grandes fabricantes de circuitos integrados que hacían ellos todo el proceso. A día de hoy, sin embargo, cuando hablamos de fabricar chips para móviles, la cosa está repartida entre tres actores básicamente. Por una parte, TSMC, que solo fabrica. Por otra los que hacen todo el proceso, que son Samsung e Intel, que no se han descalabrado pero que tienen que andar con ojo. La cuarta gran empresa es Global Foundries, pero esta sí se ha descalabrado y ha perdido muchísimo peso", explica Mártil.

placeholder Una fábrica de TSCM. (Reuters)
Una fábrica de TSCM. (Reuters)

Probablemente hayan oído hablar de empresas como Nvidia o Qualcomm. ¿Ellos no hacen también procesadores? La diferencia es que son lo que se conoce como 'fabless', que son mucho más numerosos que otro tipo de empresas. Ellos diseñan el procesador, la tarjeta gráfica de turno... y externalizan su fabricación. Esta figura se ha multiplicado en los últimos años. También se han dado casos de empresas como Apple o Huawei que han decidido hacer lo propio con los motores de sus equipos.

Pero, si tantas manos faltan, ¿por qué no hay más firmas que hagan todo el proceso o que fabriquen? Aquí hay varios factores que lo explican. El más conocido es la 'ley de Moore', vigente desde hace varias décadas, que viene a decir que cada dos años se dobla el número de transistores que caben en un chip. Ahora estamos en la franja de los cinco nanómetros y la industria pelea por llegar a los tres.

Diseñar los chips es más barato y rentable que darles forma, por eso faltan fabricantes

"Hablamos de trabajos que se realizan a escala casi atómica. Las técnicas que se utilizan son extremadamente punteras, pero también muy caras", explica Xavier Ferrás, profesor de Esade. Esto obliga a desembolsar un importante dinero cada poco tiempo para mantener los equipos, actualizarlos o comprarlos para estar en la carrera de los semiconductores más vanguardistas.

Por eso, en situaciones como la actual, actores como los 'pure fabs' prefieren centrarse en los chips más avanzados, que suponen un menor volumen, pero dejan más margen en sus cuentas. "Eso ha hecho, por ejemplo, que se prioricen los pedidos de compañías tecnológicas por encima de los de los automóviles".

"Muchos decidieron que no les salía a cuenta. Incluso Intel, que tiene sus propias plantas, ha externalizado parte de su producción a TSCM", comenta Mártil, que menciona que el modelo 'fabless' requiere menos inversiones y personal. "Tampoco se puede obviar los materiales altamente tóxicos y venenosos con los que trabajan, como la fosfina. Hay una sensibilidad diferente en unos países y en otros hacia este tipo de instalaciones", añade el catedrático.

Tanto Ferrás como Mártil comparten otro diagnóstico común: crear una planta para fabricar chips no está al alcance de todos. Una instalación de tamaño medio puede salir fácilmente por una inversión inicial de "10.000 o 12.000 millones" y hay que esperar tres o cuatro años para "tenerla plenamente operativa". Por eso, países que desde tiempo atrás activaron políticas industriales, con incentivos o atractivo para este tipo de actividad, están muy posicionados o lo van a estar, como es el caso de China si se cumplen las predicciones.

EEUU vs. China: enésimo pulso

El 'shock' en la cadena mundial de suministro parece haber despertado las inquietudes de Estados Unidos. El presidente Joe Biden ha puesto sobre la mesa una inyección de 50.000 millones de dólares para fomentar este sector y depender en la menor medida posible de terceros actores. En mayo del pasado año, ya consiguieron que TSMC optase por montar una planta en Arizona y Samsung está cerrando los detalles de una instalación similar. Washington ha firmado también acuerdos con Japón para realizar acciones conjuntas en este campo. Ambas potencias se sitúan en el lado opuesto del tablero que Pekín y no quieren que ocurra, por ejemplo, lo que ha pasado con el 5G o la producción fotovoltaica, donde la industria china ha logrado hacerse con una grandísima parte del mercado.

placeholder Joe Biden. (Reuters)
Joe Biden. (Reuters)

Sin embargo, la propuesta de Biden no parece haber convencido a todos. Desde el frente republicano varios han sido los que han alzado la voz y han venido a decir que la industria de los 'chips' es solvente y que no se necesita empujón alguno a costa de las arcas públicas. "Aquí hay un componente político importantísimo", recuerda Ferrás, también ingeniero de telecomunicaciones y doctor en administración de empresas. "Hay que recordar cómo EEUU supo comprender después de la II Guerra Mundial que la tecnología y la ciencia iban a ser el motor de la prosperidad. Esa idea dio pie a los esfuerzos de la carrera espacial y muchas otras cosas".

Lo estratégico de los semiconductores también ha sido percibido por Pekín, que puso un ambicioso plan en marcha llamado 'Made in China 2025'. Con esta hoja de ruta pretendía que el 70% de estas piezas que se utilizasen en el país para ese año tendría que tener origen patrio. El país asiático se ha encontrado, por ejemplo, que empresas clave como Huawei han sufrido muchísimo por su dependencia de proveedores o tecnología extranjera cuando EEUU ha querido ponerles en aprietos con vetos y sanciones.

EEUU y países como Japón miran con preocupación el avance chino en la materia

Esta pelea de gallos geopolítica también ha ayudado a profundizar en la falta de oferta. En agosto del pasado año, SMIC, el principal fabricante del gigante asiático, fue incluido por el Departamento de Comercio estadounidense en una lista negra. Aunque no apretaron tanto el puño como en otras ocasiones, lo cierto es que hubo más dificultades para la compra de materiales necesarios, así como la exportación a clientes como Qualcomm, uno de los principales proveedores de componentes para las empresas de telefonía móvil en todo el mundo.

Europa: irrelevante, pero no tanto

Entre el empuje asiático y el intento de resiliencia norteamericano, se coloca la UE, que en tres décadas ha pasado de ser una región con peso en este sector a ser un actor de reparto en lo que se refiere a la producción de chips de última generación. "Es consecuencia de una falta de política industrial. Toda Europa, con ciertos matices, cayó en ese mantra de que los mercados elegían las ubicaciones más eficientes para la industria y que no había que intervenir. Eso puede cumplirse si todos hacen lo mismo, pero no es caso", comenta Ferrás. "La de los semiconductores es una industria olvidada más. Pero nos ha pasado con las baterías para coches eléctricos, con la biotecnología... No se ha incentivado como creo que se debería haber incentivado", sentencia.

placeholder Operarios montan una máquina de ASML en Taiwán. (Reuters)
Operarios montan una máquina de ASML en Taiwán. (Reuters)

Desde Bruselas se ha dejado entrever que se ha tanteado a un gigante como TSMC para que tome tierra por estas latitudes. Algo que no parece fácil, entre otras cosas, por el coste de la mano de obra. Los fondos europeos parecen también ver una oportunidad para intentar reengancharse a esta industria. En varios países —también en España, de la mano de Ametic— se está trabajando con la idea de que, si los líderes del sector se están centrando en las tecnologías más vanguardistas, hay espacio para hacer negocio con tecnologías ya maduras, que siguen estando muy demandadas.

Un buen ejemplo de esto es cómo un chip que simplemente cuesta un dólar está profundizando esta crisis. Los controladores de pantalla, esenciales para 'smartTV', portátiles, 'smartphones', GPS..., están escaseando porque las empresas que los producen, simplemente, no llegan a cubrir la demanda o se centran en productos más rentables.

La única empresa que fabrica las máquinas clave para fabricar chips es holandesa

También cabe señalar que Europa no está sumida en la más absoluta irrelevancia. "Ahí está Infineon, una 'spin-off' de Siemens, que tiene mucha importancia, pero en otros sectores como electrónica de potencia. Tiene más de 40.000 empleados por todo el mundo, así que pequeña no es. Lo que pasa es que no juega en esta liga", resume Mártil.

Más importante aún es una empresa holandesa llamada ASML. Ellos, sin entrar en vericuetos técnicos excesivos, son los mayores productores de las máquinas que se necesitan para fabricar semiconductores. "Por ejemplo, son los únicos que producen los equipos con litografía ultravioleta extrema, indispensable para crear chips de cinco nanómetros. Cualquier incidente en su cadena o en su entorno puede condicionar al resto de la industria", remata. Una buena muestra es lo ocurrido cuando EEUU, en su campaña contra SMIC, ralentizó una serie de permisos de exportación a ASML, algo que impactó en la producción de la firma china. "Para comprender los movimientos que se están haciendo hay que comprender que este negocio es global e interconectado. Y que todos, en mayor o menor medida, dependen de todos".

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