Cuando EEUU resolvió, a favor de España, la crisis provocada por un "peñasco"
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El incidente de la isla de Perejil

Cuando EEUU resolvió, a favor de España, la crisis provocada por un "peñasco"

El secretario de Estado estadounidense Colin Powell forjó en 2002 un acuerdo entre los dos países vecinos que daba satisfacción a las exigencias del Gobierno de José María Aznar

placeholder Foto: La bandera española ondea en la isla de Perejil durante el incidente de 2002. (EFE)
La bandera española ondea en la isla de Perejil durante el incidente de 2002. (EFE)

“Tienes que arreglar mi problema”. La entonces ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, llamó en la tarde del 17 de julio de 2002 a su homólogo estadounidense, Colin Powell, para pedirle que mediara para zanjar el conflicto hispano-marroquí a propósito del islote de Perejil. Horas antes, los soldados del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra habían desalojado de Perejil a media docena de infantes de marina marroquíes allí instalados desde el 11 de julio para, en teoría, utilizar el islote en el marco de la lucha contra el narcotráfico.

Situado a tan solo 250 metros de la costa marroquí y a ocho kilómetros de Ceuta, el islote deshabitado está en una situación jurídica ambigua. No pertenece a Marruecos ni a España —no quedó incluido en el estatuto de autonomía de Ceuta— y por eso ambos países se abstenían de colocar allí símbolos de soberanía y de mantener en permanencia tropas o fuerzas de seguridad. En Perejil sí había entonces unas cuantas cabras de las que se ocupaba una cabrera marroquí que utilizaba un barquito para sus traslados.

Foto: El secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken. (EFE)

Tras la operación Romeo Sierra, como se llamó el desalojo de Perejil por los “boinas verdes” españoles, el presidente José María Aznar quería volver al 'statu quo', a que el islote no fuera español ni marroquí aunque las fuerzas de seguridad de ambos países sí pudieran puntualmente desembarcar allí para asegurarse de que los delincuentes, sobre todo narcotraficantes, no se aprovechaban de su cueva como refugio o almacén.

Los contactos entre los gobiernos de España y Marruecos estaban cortados, como también sucede ahora desde que, el 17 de mayo, una oleada migratoria sumergió Ceuta. Aznar no podía contar con la Unión Europea porque el presidente Jacques Chirac, el más promarroquí de los jefes de Estado franceses de la V República, había vetado que fuese solidaria con España.

Por eso Aznar encargó a Palacio que se pusiera con contacto con Powell para que desarrollara una mediación. Aznar mantenía con el presidente de EEUU, George W. Bush, una relación cordial, pero la actitud de Chirac en la crisis hispano-marroquí le incitó a ahondar aún más sus lazos con la Administración republicana. Del desarrollo de la mediación estadounidense en 2002 hablaron, años después, la ministra Palacio con este periodista y Powell en una larga entrevista publicada en 2004 por la revista 'GQ'.

Powell: "¿Te das cuenta de que tienes al secretario de Estado de EEUU pendiente desde hace 24 horas de un peñasco que nos ha costado encontrar en los mapas?"

Powell se puso manos a la obra y el jueves 18 de julio remitió a españoles y marroquíes un borrador de acuerdo, que garantizaba la vuelta al 'statu quo' de la isla, y que debía de ser firmado “inmediatamente”, según rezaba el texto. “¿Puedes poner que se firmará en una fecha concreta?”, le pidió Palacio a su homólogo estadounidense. “¿Cuál es la diferencia?”, le preguntó Powell desconcertado a su interlocutora. “Es un problema cultural”, le contestó sin entrar en detalles. Palacio dejaba así caer que para los marroquíes esa inmediatez podía alargarse y ella tenía prisa por zanjar la crisis.

Powell acabó exasperándose en alguna de la decena de conversaciones telefónicas sobre la “islita estúpida” —así la describió en 'GQ'— que mantuvo esos días con Ana Palacio. “¿Te das cuenta de que tienes al secretario de Estado de EEUU pendiente desde hace 24 horas de un peñasco que nos ha costado encontrar en los mapas?”, le espetó a su homóloga. “Como si me dices que llevas 36 horas”, le contestó la ministra española.

El secretario de Estado tuvo también sus dificultades por el lado marroquí. Había enviado el borrador del acuerdo al ministro de Asuntos Exteriores, Mohamed Benaissa, pero Rabat no contestaba. Benaissa acabó confesando que solo el rey Mohamed VI podía dar la luz verde al documento, pero el monarca no acababa de ponerse al teléfono. Estaba, al parecer, viajando por carretera y no quería mantener una conversación delicada desde el automóvil.

Foto: Control de pasaportes en la frontera de Beni Enzar tras la decisión de Marruecos de cerrar la aduana comercial. (EFE)

Powell se puso firme a mediodía del viernes 19 de julio. Le dio a Benaissa 10 minutos para ponerle con el rey al teléfono o, de lo contrario, él se iría a jugar con sus nietos el fin de semana y, por supuesto, “los españoles no abandonarán la isla”. Consiguió entonces que el soberano descolgase el teléfono y aprobase el acuerdo. “Es una historia tonta, pero ilustra muchas cosas”, comentó a manera de conclusión a 'GQ'.

“Restaurar y mantener la situación de la isla previa a julio de 2002”, en la que Perejil no era español ni marroquí. Ese era el objetivo del acuerdo alcanzado que entró en vigor el sábado 20 de julio de 2002 a las 22:00, hora de Madrid. Se procederá, por tanto, a la “retirada y ausencia de fuerzas militares o funcionarios del Estado, con o sin uniforme, y la retirada y ausencia de puestos militares y banderas u otros símbolos de soberanía”. “Las actuaciones de ambas partes en este ámbito no prejuzgarán sus respectivas posiciones en relación con el status de la isla”, concluía.

Para tratar de salvar la cara al soberano alauí, el Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí difundió esa noche un comunicado en el que achaca la salida de los españoles de Leila, como llaman en Marruecos al islote, a “los intensos contactos desarrollados por Su Majestad el rey Mohamed VI, que Dios le guarde, con la Administración norteamericana”. Fue el Gobierno de Aznar el que tomó la iniciativa de contactar con Powell, con quien el monarca solo habló una vez.

Como Aznar estaba satisfecho por el resultado de la mediación, quiso hacer un gesto con las autoridades marroquíes. Envió a Palacio a Rabat a firmar el acuerdo el lunes 22 de julio. La ministra sabía de antemano que el recibimiento iba a ser gélido y preguntó, antes de viajar, a la dirección general de protocolo, hasta dónde podía tragar los previsibles desaires de Benaissa.

Foto: El rey Felipe y el monarca marroquí Mohamed VI, en 2019. (EFE)

Le contestaron que podía aceptar ser recibida en el aeropuerto de Rabat por un mero jefe de protocolo, pero el desplante fue más allá, porque en la puerta del Ministerio de Asuntos Exteriores tampoco estaban esperándola Benaissa ni su adjunto, Taieb Fassi-Fihri. Solo se les encontró a la salida del ascensor en la planta noble del ministerio donde se desarrolló la reunión.

Entre el aeropuerto y el ministerio, Ana Palacio quiso hacer una parada en la Embajada de España para saludar a su personal que, durante la crisis, había pasado un mal rato. “¿Qué cara pongo dentro de un rato con mis interlocutores?”, preguntó a un diplomático español con el que tenía confianza. “Ministra, deje correr su 'yo' natural”, le contestó. Sabía que Palacio era de un natural más bien adusto.

La reunión en Rabat fue tensa y larga porque Benaissa desaparecía de vez en cuando para, presumiblemente, hablar por teléfono e informar a Mohamed VI de lo tratado. Benaissa también propuso interrumpirla para que ambas delegaciones almorzasen. “Los españoles compartimos con los marroquíes los símbolos de la mesa y del mantel”, le respondió la ministra. “Esperemos que firmemos pronto y, si es así, lo festejaremos juntos”, añadió. Ambas delegaciones compartieron, por fin, mesa a las cuatro de la tarde.

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