Los tres noes de EEUU a Marruecos: Washington templa las ambiciones de Rabat
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Sin consulado, sin 'lobby', sin fiesta

Los tres noes de EEUU a Marruecos: Washington templa las ambiciones de Rabat

Anthony Blinken supedita ahondar el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre esa excolonia española a que Rabat negocie de verdad con el Polisario

Foto: Encuentro entre el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken. (Reuters/Sarah Silbiger)
Encuentro entre el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken. (Reuters/Sarah Silbiger)
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Joe Biden no es Donald Trump y no va a seguir su senda en el Sáhara Occidental. Su secretario de Estado, Anthony Blinken, acaba de formular un triple no a las peticiones que le trasladó el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, durante una visita en Washington el 23 de noviembre. Un revés para las ambiciones de Rabat en plena crisis diplomática por el Sáhara con, por ahora, dos de sus socios europeos: España y Alemania.

El pasado 10 de diciembre, Trump anunció que Estados Unidos reconocía la soberanía de Marruecos sobre la antigua colonia española del Sáhara Occidental. Fue el primer país occidental y democrático en dar ese paso. 11 meses después, Bourita acudía al Departamento de Estado para solicitar a Washington que afianzase ese reconocimiento con nuevos gestos. Por ejemplo, concretando la apertura de un consulado estadounidense en Dajla (antigua Villa Cisneros), tal y como se anunció hace un año, según fuentes diplomáticas conocedoras de lo que se trató en la reunión con Blinken.

El secretario de Estado le respondió que EEUU no dará marcha atrás en ese reconocimiento, pero que solo profundizará en él si Marruecos negocia en serio con su adversario, el Frente Polisario, ahora que el diplomático italiano Staffan de Mistura acaba de ser nombrado enviado especial de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental (Minurso).

En la práctica, De Mistura desempeñará un papel de mediador en el conflicto, pero su tarea será harto difícil. Desde hace ya tres años, las autoridades de Marruecos se resisten a sentarse en la misma mesa que los representantes saharauis. Además, hace 13 meses el Polisario dio por terminado el alto el fuego y libra desde entonces una guerra de baja intensidad contra el Ejército marroquí.

Foto: Soldados saharauis en Rabuni, "zona liberada". (EFE)

Blinken respondió con una negativa a la petición marroquí de que EEUU presione a sus socios para que también reconozcan la soberanía marroquí sobre esa antigua colonia española. Bourita ya instó públicamente, el 15 de enero, a los miembros de la Unión Europea a secundar la iniciativa de Trump y el propio rey Mohamed VI insistió en este punto en el discurso que pronunció por el 46 aniversario de la Marcha Verde, el 6 de noviembre, con la que Marruecos se adueñó del Sáhara.

Ningún país europeo, ni siquiera Francia, el que mantiene la relación más estrecha con Marruecos, ha dado ese paso. Envalentonada por el respaldo de Trump, la diplomacia marroquí desató sendas crisis con España y Alemania, en diciembre de 2020 y en marzo de este año, pero sin conseguir que sus gobiernos modifiquen un ápice sus posturas sobre el Sáhara, alineadas por las de Naciones Unidas.

Foto: Vista de la playa de El Tarajal en mayo tras la entrada de miles de migrantes desde Marruecos. (Reuters)

Contentar a Rabat es más complicado para la UE ahora que hace un año después de que el pasado 29 de septiembre el Tribunal General de la Unión Europea invalidara los acuerdos de asociación y pesca con Marruecos porque incluían extensiones para el Sáhara sin que su población autóctona hubiera dado su consentimiento. El Consejo de Ministros de la UE acaba de aprobar —con el voto favorable de España—, que se recurra la sentencia. Sin embargo, lo más probable es que la Corte de Justicia la ratifique dentro de un año.

Sin invitación a la fiesta

Por último, Bourita pidió a Blinken que Marruecos fuese invitado por el presidente Biden a asistir a la cumbre virtual de las democracias que ha convocado para el 9 y 10 de diciembre. La contestación fue, de nuevo, un no. Ningún país árabe ha sido invitado a esta cita excepto Irak. La Administración Biden ha sido especialmente sensible al respeto de los derechos humanos y de la libertad de prensa en Marruecos. Todos los tuits en los que Blinken cuenta detalles sobre sus reuniones con Bourita incluyen la mención de ambos capítulos.

El portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, manifestó incluso su “decepción” por las condenas de los periodistas marroquíes Omar Radi (a seis años de cárcel), Souleiman Raissouni (cinco años) e Imad Stitou, a un año, el junio pasado. Dejó caer que sus juicios no habían sido justos. Ese pronunciamiento suscitó una reacción furibunda por parte de la prensa marroquí. Ningún Gobierno europeo, empezando por el español, ha mostrado en público la menor preocupación por el encarcelamiento de periodistas en Marruecos.

Estos pequeños nubarrones en la relación Washington-Rabat no son óbice para que los dos países sigan siendo aliados. Prueba de ello es que, por ejemplo, el Pentágono aprobó en noviembre la venta a las Fuerzas Armadas Reales de baterías de misiles de defensa antiaérea Patriot-3. Africom, el mando del Pentágono para África, también ha empezado a preparar las maniobras conjuntas militares African Lion 2022, las mayores de cuantas se desarrollan en África.

Los ejércitos de EEUU y de Marruecos son los principales protagonistas de las African Lion. Rabat intentó en junio de este año que se desarrollasen también en el Sáhara Occidental —el entonces primer ministro Saaeddine el Othmani lo llegó a anunciar en Twitter—, pero la Administración Biden se negó finalmente a ello. Por temor a que sí incluyesen a la antigua colonia, el Ejército español se abstuvo este año de participar en esas maniobras.

Joe Biden no es Donald Trump y no va a seguir su senda en el Sáhara Occidental. Su secretario de Estado, Anthony Blinken, acaba de formular un triple no a las peticiones que le trasladó el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, durante una visita en Washington el 23 de noviembre. Un revés para las ambiciones de Rabat en plena crisis diplomática por el Sáhara con, por ahora, dos de sus socios europeos: España y Alemania.

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