España y Marruecos: buenas palabras, pero la reconciliación no arranca
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El estancado entendimiento

España y Marruecos: buenas palabras, pero la reconciliación no arranca

El Gobierno y el PSOE han multiplicado los gestos para normalizar la relación con Rabat, pero esta espera algo más, una modificación de la postura sobre el Sáhara Occidental

Foto: El rey de España, Felipe VI, y el rey de Marruecos, Mohamed VI. (Archivo)
El rey de España, Felipe VI, y el rey de Marruecos, Mohamed VI. (Archivo)

Mucho ruido y pocas nueces. Buenas palabras por ambas partes, España y Marruecos, pero pocos hechos concretos por el lado marroquí que permitan avanzar en la resolución de una crisis que empezó hace ya más de diez meses, cuando Rabat canceló la cumbre entre los dos gobiernos convocada para el 17 de diciembre, y se agravó en abril cuando el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, fue hospitalizado en La Rioja.

Hace ya dos meses que, el 20 de agosto, el rey Mohamed VI de Marruecos expresó en un discurso su voluntad de "inaugurar una nueva etapa inédita" en la relación con España. Volvió a la carga el 12 de octubre manifestando, en un mensaje enviado al rey Felipe VI, su "gran satisfacción" por las "excelentes relaciones" entre los dos países vecinos.

placeholder El rey de Marruecos, Mohamed VI. (Getty)
El rey de Marruecos, Mohamed VI. (Getty)

Por el lado español abundan también las buenas palabras. El más prolijo es el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, afanado quizás en demostrar que es capaz de lograr esa reconciliación que su predecesora, Arancha González Laya, no pudo ni esbozar. Empezó el mismo día de su toma de posesión, el 12 de julio, y desde entonces persiste en el empeño. "Todas las señales" que llegan de Marruecos son "buenas" declaraba, por ejemplo, el 6 de octubre, a 'El Periódico de Cataluña'. Son tan buenas que él no ha conseguido celebrar una reunión presencial con su homólogo marroquí Nasser Bourita. Su única cita conocida fue telemática y muy breve.

La mejor prueba de que las relaciones distan mucho de ser excelentes, en contra de lo afirmado por el monarca alauí, es que la embajadora de Marruecos en Madrid, Karima Benyaich, que fue llamada a consultas a finales de mayo por Rabat, aún no ha regresado a su puesto. 'Maghreb Confidentiel', una publicación francesa especializada en la región, vaticinaba incluso el 7 de octubre que el rey dejará la embajada vacante para "dejar claro que la crispación diplomática no se ha disipado".

Por el lado del Gobierno abundan, en cambio, los gestos apaciguadores con Marruecos. La salida del Ejecutivo, en julio, de la ministra González Laya fue el de más calado. Se había convertido en la "bestia negra" de las autoridades marroquíes porque fue la que apostó por acoger en España, por razones humanitarias, a Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario enfermo de covid.

Foto: Manuel Albares recibe la cartera de manos de su predecesora, Arancha González Laya. (EFE)

Otros gestos han sido los anuncios en prensa de Albares y de su colega de Agricultura, Luis Planas, de que España impulsará el recurso contra las sentencias, del 29 de septiembre, del Tribunal de Justicia de la UE que invalidan los acuerdos entre Marruecos y la Unión Europea porque incluyen al Sáhara Occidental; el veto, el 8 de octubre, a que un equipo de TVE viaje a los campamentos de refugiados saharauis para entrevistar a Ghali; el voto, el 14 de octubre, de los eurodiputados socialistas españoles, a una propuesta de Vox para impedir que la activista saharaui Sultana Khaya fuese nominada al premio Sakharov de derechos humanos que otorga el Parlamento Europeo.

Si, como se lo han pedido al presidente Joe Biden diez senadores de peso, EEUU trata de ampliar el mandato del contingente de Naciones Unidas (MINURSO) desplegado en el Sáhara Occidental para que abarque los derechos humanos, la diplomacia española tendrá otra oportunidad de ayudar a Marruecos. La prórroga del mandato se votará a finales de mes. A principios de 2013, España y Francia ya disuadieron a la Administración de Barack Obama de que solicitase una modificación del mandato de la MINURSO pese a que es la única fuerza de paz sin competencias para vigilar el respeto de los derechos humanos.

Foto: Foto: EFE.

El cierre por Argelia, el 31 de octubre, del gasoducto Magreb-Europa, que transita por territorio marroquí, priva a Marruecos del gas argelino, que utilizaban dos centrales de ciclo combinado, pero brinda al Gobierno de Sánchez otra ocasión de socorrer al vecino del sur. Hace tres semanas se entablaron conversaciones entre la vicepresidencia tercera, Teresa Ribera, y el ministerio de Transición Energética marroquí, que encabeza Leila Benali, con vistas a revertir el gasoducto para reexportar gas, probablemente de algún país del Golfo, de España a Marruecos.

Por el lado marroquí solo ha habido un gesto de calado con España, la aceptación en agosto de la repatriación de parte —unos 700— de los menores que se colaron a nado en Ceuta en mayo. El torpe diseño de la operación para devolverles del ministro Fernando Grande-Marlaska ha hecho que la Justicia la paralice. Solo medio centenar de adolescentes marroquíes regresaron hasta ahora a su país.

Rabat formuló una exigencia: que modifique su postura sobre el Sáhara en la dirección de Trump

Rabat no permite tampoco, desde marzo pasado, la repatriación de inmigrantes irregulares adultos y eso que entre los 13.118 llegados hasta septiembre pasado a Canarias (un 114% más que durante el mismo periodo del año pasado) un buen porcentaje es marroquí. No autoriza además que los ferris que cruzan el Estrecho lleven pasajeros mientras que los que enlazan Argelia con Alicante y Almería sí lo harán dentro de unos días. Los marroquíes que desde Europa quieren viajar en barco a su país, para llevar su coche a bordo, solo pueden hacerlo desde Francia o Italia.

La exministra de Exteriores y el que fue su jefe de gabinete, Camilo Villarino, han sido imputados por un juez de Zaragoza por haber organizado la entrada en España, el 18 de abril, de Brahim Ghali. Fueron denunciados por prevaricación y encubrimiento por un abogado de Torremolinos, un empresario de origen marroquí afincado en Valencia y un exdiputado del PP. Todos tienen fuertes vínculos con el reino alauí, familiares o empresariales, por lo que probablemente bastaría que se les diese un toque desde Rabat para que retirasen sus denuncias. Hasta ahora no se les ha dado.

Cuando tensó la cuerda con España, Rabat formuló una exigencia: que modifique su postura sobre el Sáhara dando pasos en la dirección marcada por el presidente Donald Trump que el 10 de diciembre reconoció la soberanía marroquí sobre esa antigua colonia española en la que un mes antes se había reactivado la guerra.

Foto: El Rey de Marruecos en una fotografía de archivo. (Reuters)

Tras recordar que Marruecos siempre defendió la "soberanía nacional y la integridad territorial" de España amenazada por el independentismo catalán, la diplomacia marroquí dejó claro, en un comunicado del 31 de mayo, cuál era el precio de la reconciliación. "¿Cómo restablecer la confianza tras un error tan grave?", se preguntaba aludiendo a la acogida de Ghali. "Marruecos espera que España haga otro tanto", añadía el texto, es decir, que se pronuncie con relación al Sáhara como Rabat sobre Cataluña. Las dos situaciones no son comparables. El primero es un territorio no autónomo pendiente de descolonización, según la ONU.

El Gobierno español no ha dado, al menos en público, ni un paso en la dirección anhelada por Rabat. En el discurso que pronunció, el 23 de septiembre, el presidente Pedro Sánchez ante la Asamblea General de Naciones Unidas, reiteró la necesidad de alcanzar "una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable". En línea con sus alocuciones anteriores no mencionó "el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui", pero también omitió la propuesta marroquí de conceder una autonomía al territorio para resolver el conflicto.

Si en aquel momento ya era difícil para el Gobierno dar públicamente un espaldarazo a Rabat en la cuestión del Sáhara ahora lo es aún más. Seis días después de la intervención de Sánchez dos sentencias contundentes de la Justicia europea confirmaron que el Sáhara Occidental no pertenece al Reino de Marruecos y que su población autóctona debe de ser consultada antes de que se suscriban los acuerdos que le afectan.

Berlín ya hizo algún gesto amable, pero no ha modificado su postura sobre un territorio

El soberano alauí y el círculo muy reducido de colaboradores que le asesoran consideran que han hecho grandes esfuerzos, fomentando incluso una invasión pacífica de Ceuta, para renunciar a obtener réditos de su ofensiva diplomática en el Sáhara, según fuentes conocedoras de la relación hispano-marroquí. Aún conservan la esperanza de conseguir algo y por eso la relación con España no vuelve a su cauce.

Otro tanto sucede con Alemania, la potencia europea con la que Marruecos desencadenó una crisis, a causa del Sáhara, el 1 de marzo y la ahondó el 7 de mayo llamando también a consultas a su embajadora en Berlín, Zohour Alaoui. Berlín ya hizo también algún que otro gesto amable, pero no ha modificado su postura sobre un territorio que, según su embajador ante la ONU, Christoph Heusgen, está bajo "ocupación" marroquí. Ahí tampoco se vislumbra reconciliación alguna.

Foto: Efectivos de la Policía Nacional vigilan la verja que separa Ceuta de la localidad de Fnideq (Castillejos), el 18 de mayo. (EFE)

Marruecos está crónicamente enfadado con Argelia, en crisis con España y Alemania y mantiene ahora una tensa relación con Francia a causa de la reducción al 50% de los visados concedidos a sus ciudadanos. El presidente Emmanuel Macron quiso así sancionar a Rabat por su nula colaboración para repatriar a sus ciudadanos en situación irregular.

La relación de Marruecos con Rusia nunca ha sido cordial estos últimos años porque este país es un aliado de Argelia y sigue abogando por la autodeterminación de los saharauis. Es posible que se deteriore aún más. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, suspendió la semana pasada, sin dar explicaciones, el foro que reúne a Rusia y a los países árabes y que debía celebrarse en Rabat el 28 de octubre.

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