El desfibrilador de la socialdemocracia alemana: así fue el inesperado auge de Scholz
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El moderado superviviente de crisis

El desfibrilador de la socialdemocracia alemana: así fue el inesperado auge de Scholz

El antaño joven antisistema que señalaba al capitalismo como el peor de los males puede ahora llegar a canciller con la estrategia de no molestar a nadie

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Ilustración: EC Diseño.

"Cuando los alemanes se den cuenta de que Merkel ya no estará más, me vendrán a buscar a mí. Y eso sucederá cuando en los carteles electorales ya no esté su cara". Robin Alexander, periodista de 'Die Welt', le atribuye a Olaf Scholz esta frase en su libro 'Machtverfall'. Parece que el candidato socialdemócrata sabía lo que decía, porque justo en el momento en el que los diferentes partidos empezaron a llenar de carteles las calles de los pueblos y ciudades de Alemania, su intención de voto comenzó a crecer, llevándolo a encabezar las encuestas tras quince años en los que el SPD estuvo mirando a la CDU desde abajo.

A un día de la histórica jornada electoral en Alemania, el actual vicecanciller y ministro de Finanzas tiene muchas posibilidades de llevar a su partido a la victoria, veinte años después de aquel pírrico triunfo del canciller Gerhard Schröder, al que solo le separaron seis mil votos del bávaro Edmund Stoiber, entonces candidato de la Unión. Pero ¿quién es este socialdemócrata moderado cuya mayor virtud es parecerse más que nadie a Merkel? Para conocerlo mejor, tenemos que remontarnos a lo que ocurrió en el año 1958 en Osnabrück, ciudad del estado de Baja Sajonia, al oeste del país.

Olaf Scholz nació un 14 de junio de 1958, año en el que se fundaba la Comunidad Económica Europea, en Estados Unidos nacía la NASA y Alemania estaba gobernada por el canciller Konrad Adenauer en su último mandato. Es el mayor de tres hermanos y sus padres trabajaban en el sector textil. La familia se muda pronto a Hamburgo, donde residen en un barrio que en aquella época era considerado problemático. Scholz es hanseático y de Hamburgo por encima de todo, aunque nació en Osnabrück y ahora viva en Potsdam, donde se presenta como candidato por el distrito electoral número 61, el mismo por el que es candidata Analenna Baerbock. Fue alcalde de la segunda ciudad más grande de Alemania durante dos legislaturas y ahí comenzó su carrera política en las grandes ligas. Pero hay que remontarse a los años setenta para conocer mejor sus orígenes.

Foto: Un cartel de Olaf Scholz. (Reuters)

El joven de pelo largo

En 1975, con diecisiete años, se afilió al SPD, y cinco más tarde logró ser el número dos de los Jusos, la organización juvenil del partido socialdemócrata alemán, que cuarenta años después fue clave en la derrota que Scholz sufrió frente a Saskia Esken y Norbert Walter-Borjans en la disputa interna por el liderazgo del partido. Pero en los años ochenta Olaf presumía de pelazo y de posiciones muy a la izquierda de las que defiende ahora. Proponía superar la economía capitalista, se refería a la OTAN como una organización agresiva e imperialista y defendía que la República Federal de Alemania era el último bastión del gran capital en Europa. Nada mal para el más moderado de los moderados.

El joven Scholz fue haciéndose mayor y perdiendo pelo. Eso le permitió entrar al Bundestag con 40 años, ganando el mandato directo en el distrito 16, Hamburgo-Altona, donde repetiría victoria en 2002, 2005 y 2009, hasta que en 2011 asumió el reto de ser alcalde de su ciudad. Fue la mayor victoria de su carrera política. Obtuvo el 48,4% de los votos y con ello la posibilidad de gobernar en solitario gracias a su mayoría absoluta. Cuatro años más tarde volvió a imponerse, pero esta vez tuvo que pactar con Los Verdes para seguir dirigiendo los destinos de Hamburgo. Su gestión como alcalde está llena de claroscuros.

El lado oscuro del alcalde

El aplastante triunfo de Olaf Scholz en 2011 puso fin a lo que hasta entonces se describía como un experimento: la coalición kiwi. Es decir, una alianza gubernamental entre la Unión Demócrata Cristiana y los ecologistas de la Grün-Alternative-Liste (GAL), que a partir de 2012 pasarían a denominarse Bündnis 90/Die Grünen, igual que en el resto de Alemania. Si no hubiese registro de los resultados, pocos creerían que el SPD consiguió catorce puntos más que en la elección previa tres años antes. Tampoco que la CDU perdió más de veinte. Fue una victoria arrasadora y no sólo le dio la mayoría absoluta al líder socialdemócrata en el parlamento regional, sino que consiguió una legitimidad inesperada. Sin embargo, no todo es color de rosa.

En 2020, dos medios de comunicación alemanes, NRD y 'Die Zeit', dan a conocer que en su tiempo al frente de la alcaldía de Hamburgo, Scholz tuvo sospechosos encuentros con el dueño del Warburg Bank. Dicha entidad financiera debió haber pagado 47 millones de euros a la oficina fiscal de Hamburgo, pero esta última nunca se lo exigió. Scholz dijo no recordar qué pasó en esas reuniones y el actual candidato pudo salir relativamente ileso del escándalo. Esta historia se conoce como el caso Cum-Ex, que aún hoy persigue al actual ministro de Finanzas.

Otro momento difícil para el entonces alcalde fue en 2017, durante la cumbre del G20 en su ciudad. El caos se adueñó de Hamburgo. Hubo destrucción, saqueos y enfrentamientos con la policía. Frente a los exigencias de renuncia y la evidencia de que la planificación había fallado rotundamente, Scholz defendió su decisión de permanecer en el cargo diciendo: "si hubiera habido muertos, habría renunciado". Tampoco se hizo cargo de las denuncias contra el exceso de violencia en la acción de la policía, algo que el entonces alcalde rechazó de plano. Lo paradójico es que estos sucesos tuvieron aún más impacto por las propias declaraciones de Scholz antes de la celebración de la cumbre. Él había asegurado que todo estaba absolutamente preparado y que la seguridad estaba garantizada. Se atrevió a decir que al terminar la cumbre la gente se sorprendería de que ya hubiera pasado todo. No sólo se enteraron los vecinos de Hamburgo, sino que toda Alemania se estremeció con las imágenes de aquellas caóticas jornadas.

Foto: Foto: El Confidencial Diseño.

Pero a Scholz le acompaña la polémica desde antes de su etapa como alcalde. En 2001 fue durante unos meses responsable de Interior del Ayuntamiento de Hamburgo, donde autorizó el uso de laxantes para conseguir pruebas relacionadas con el narcotráfico en la ciudad, decisión por la que recibió la reprobación del colegio de médicos de la ciudad, dados los riesgos para la salud que la decisión entrañaba. Otro hecho que marcó su carrera política y las críticas que todavía hoy recibe, es que era el número dos del partido socialdemócrata en los años de la aprobación de la Agenda 2010 del canciller Gerhard Schröder, un paquete de reformas considerado por muchos como la traición del SPD a sus votantes tradicionales: la clase trabajadora. Con la Agenda 2010 se institucionalizó la precariedad laboral a través de los conocidos como 'minijobs', contratos de trabajo sin protección social, y se optó por relegar a una parte de la sociedad a la dependencia de la ayuda social conocida como Hartz IV.

En una entrevista en el año 2003 con el periódico berlinés 'Der Tagesspiegel', Scholz aseguraba que las medidas eran parte de una política socialdemócrata, y ante la pregunta sobre las quejas de las organizaciones sociales por el recorte en el seguro de desempleo, el político declaró que las aprobadas eran reformas razonables y equilibradas. Esa afirmación le persigue hasta el día de hoy. Por el apoyo que dio en su momento a la Agenda 2010, Scholz sigue recibiendo críticas desde Die Linke y colectivos de izquierda. Críticas a las que responde con su propuesta de subir el salario mínimo hasta los 12 euros. Con esa medida, defiende, los alemanes podrían vivir de su trabajo. El problema seguiría siendo qué ocurre con quienes no encuentran trabajo o si lo encuentran es en forma de 'minijob', el contrato sin derechos sociales de hasta 450 euros al mes que simboliza la precariedad en Alemania. En la primera economía de la Unión Europea y la cuarta del mundo hay ocho millones de personas con contratos así. Y al socialdemócrata Scholz no se le ha escuchado ninguna idea para terminar con esa situación de precariedad.

Scholz dejó su responsabilidad en el partido tras la dimisión de Schröder como presidente de la formación, uniendo su destino al del entonces canciller. Tras unos años con responsabilidades menores y fuera de los focos, fue nombrado ministro de Trabajo y Asuntos Sociales a mitad de la primera legislatura de la canciller Merkel. Un traje a la medida de quien empezó su actividad profesional como abogado laboralista. De su paso por el ministerio se recuerda su apuesta por el 'Kurzarbeitergeld', durante la crisis del euro, especialmente en el castigado sector de la automoción. Este es un instrumento similar a los ERTE en España, que permite a las empresas no tener que hacer despidos en momentos de crisis y garantiza un porcentaje del 60% del salario a los trabajadores, llegando hasta el 67% en caso de tener hijos. En abril de 2020, al comienzo de la crisis por el coronavirus, llegó a haber seis millones de trabajadores en Alemania acogidos a este subsidio estatal. De nuevo un ministro de Trabajo socialdemócrata, en esta ocasión Hubertus Heil, haciéndose cargo de la grave situación.

Saber elegir a tus asesores

En su atinado vídeo electoral, la mejor pieza de esta decepcionante campaña a nivel de comunicación, se recuerda su paso por un departamento con competencias sobre temas clave de la agenda socialdemócrata como el salario mínimo o las ayudas sociales. Un departamento que en el último Gobierno de Gran Coalición ha sido de los pocos que ha funcionado bien. En ese mismo vídeo hay otras dos escenas muy destacables. Escenas que explican bien quiénes son los referentes políticos del candidato del SPD. La pieza se inicia con el juramento como canciller de Helmut Schmidt, socialdemócrata y hanseático como Scholz, y considerado uno de los dirigentes que supieron ir más allá de la lógica de su partido para interpelar a más segmentos de la sociedad que a su electorado. De hecho, no era muy bien valorado por los votantes más de izquierdas. El eterno fumador Schmidt, fundador del semanario 'Die Zeit', es el espejo donde se mira el actual vicecanciller, que comenzó a participar en política al año siguiente de la llegada a la cancillería del sucesor de Willy Brandt.

En la otra escena, aún más intencionada, Scholz mira a una pantalla en la que se emiten imágenes de la firma del acuerdo de coalición entre la CDU/CSU y el SPD, en marzo de 2018, en la que el protagonista de esta historia estampa su firma en representación del histórico partido. Scholz mira a la pantalla, dice que han conseguido cosas, deja atrás a esa imagen presidida por Angela Merkel, y concluye que ahora toca conseguir mucho más. Una obra de arte de la comunicación política a la que no nos tienen acostumbrados los partidos alemanes. Pero Olaf Scholz siempre se supo rodear de buenos creativos.

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Imagen de campaña electoral de Olaf Scholz para su reelección como alcalde de Hamburgo.

En su batalla por la reelección como alcalde de Hamburgo, que tuvo lugar en 2015, sorprendió a propios y extraños con una campaña innovadora y atrevida, muy alejada de la tradición de la comunicación política alemana. En la propuesta se veía un primerísimo plano del candidato, del que solo se mostraba el rostro de nariz para abajo, acompañado del lema "Hamburgo, (más) adelante". La idea fue del conocido consultor Frank Stauss, ligado al partido socialdemócrata y autor de las mejores campañas electorales de la formación, entre ellas la de Klaus Wowereit a la alcaldía de Berlín en 2011 o las de Hannelore Kraft en Renania del Norte-Westfalia. Para su campaña como candidato a canciller, Scholz decidió optar por otra agencia de Hamburgo, Brinkert Lück, especializada en marketing deportivo. El candidato del SPD ingresó en la ilustre lista de clientes de la empresa dirigida por Raphael Brinkert, en la que se encuentran futbolistas de la selección nacional como Leon Goretzka y Joshua Kimmich.

Hubo críticas en sectores de su partido y algunas burlas en la prensa, que no entendían la decisión. Pero el tiempo le ha dado la razón a quien tuvo la idea de entregar las esperanzas socialdemócratas a los creativos de Hamburgo. La campaña del SPD, sin ser tampoco una joya de la comunicación política, ha mostrado algunos aspectos muy interesantes: una narrativa clara basada en cuatro o cinco mensajes repetidos hasta la saciedad, una imagen moderna y llamativa en la que el candidato es el mensaje, y la apelación directa y constante a los alemanes que votan por correo, uno de cada dos en estas elecciones, por medio de imágenes de Scholz blandiendo el sobre que se utiliza para votar en esa modalidad típica alemana.

Foto: El candidato del SPD, Olaf Scholz. (Getty)

Su último mensaje de campaña es "Olaf Scholz, canciller para Alemania". El mismo que Angela Merkel usó en 2013 cuando estuvo a punto de lograr la mayoría absoluta en el Bundestag. La estrategia de campaña es obvia: posicionar a Olaf Scholz como el relevo natural de la actual canciller. La continuidad al frente del gabinete. El garante del valor supremo de la certidumbre en tiempos convulsos. Una copia de la mujer con la que los alemanes han dormido tranquilos durante dieciséis años. Se trata de una idea sin fisuras, a la que han contribuido las desastrosas campañas electorales y los errores de sus contrincantes, Armin Laschet, candidato de la Unión, y Analenna Baerbock, candidata de Los Verdes. Scholz debería aumentar la retribución variable de la agencia responsable de su campaña, pero el verdadero agradecimiento tiene que dárselo a sus dos rivales. Si de las urnas sale un resultado que allana su camino a la cancillería, habrá sido en buena parte gracias a ellos. Quién lo iba a decir, teniendo en cuenta que hace menos de dos años, el 6 de diciembre de 2021, sucedía algo que parecía significar el fin de la carrera política del político de Hamburgo.

placeholder Cartel de campaña para la cancillería de Olaf Scholz. (EFE)
Cartel de campaña para la cancillería de Olaf Scholz. (EFE)

Milagros inesperados

La cara de sorpresa de Scholz cuando se enteró del resultado se grabó en la retina de sus colegas presentes. Apenas el 22% de la militancia de su partido lo prefería como presidente de la formación. Ser el actual vicecanciller y ministro de Finanzas, haber conseguido una mayoría absoluta en Hamburgo y tener un certificado de experto en ganar elecciones, al menos a nivel regional, no fue suficiente para granjearse el apoyo de sus compañeros de partido. Pero después de unos minutos, Scholz y su equipo lograron salir del asombro y se tranquilizaron. En ninguna cabeza cabía la posibilidad de que los relativamente desconocidos contrincantes se impusieran en la segunda vuelta de la votación interna.

No había ninguna oportunidad de que Saskia Esken, una diputada rasa del grupo parlamentario, y Norbert Walter-Borjans, un exministro de Finanzas de Nordrhein-Westfalen en el ocaso de su carrera, pudiesen representar una amenaza para el todo poderoso vicecanciller. De hecho, no lo creían ni ellos. Ni siquiera lo veía posible Kevin Kühnert, el líder de los Jusos y promotor de la denominada revolución de los enanos, por ser protagonizada por los jóvenes del partido, que puso en jaque a los dirigentes de la formación cuando tras las elecciones federales de 2017 discutió la continuidad de la gran coalición.

Pero los milagros existen. También en Alemania. Y así fue como contra todo pronóstico, lógica y cálculo racional, Scholz se quedaba sin la jefatura del SPD y los nuevos líderes, referentes de ala más izquierdista, se preparaban para dar batalla. Sin embargo, la euforia se apagó tan rápido como la tristeza del actual candidato. Fue cuestión de unos pocos meses hasta que sucedió nuevamente lo inesperado. Esken y Walter-Borjans, secundados por Kühnert, tomaron una decisión vital de cara a las elecciones federales. Pese a haber dicho en público que Scholz no representaba al partido, que no era un verdadero socialdemócrata, los flamantes jefes de la formación decidieron que él era el mejor candidato que el SPD podía ofrecer. 'Believe it or not'.

Foto: El Confidencial Diseño.

El ala izquierda del partido, formada por los intransigentes de principios innegociables y capaces de hacer tambalear un acuerdo de coalición, mutaba en un grupo de líderes realistas y pragmáticos. Y se rendían a los pies de aquel que semanas antes calificaban de intruso en sus filas. Y es que Olaf Scholz siempre estuvo del lado de los moderados en el SPD. De hecho, cuenta con el respaldo del Seeheimer Kreis, el ala conservadora de la formación socialdemócrata. El grupo tiene ese nombre, porque en los años 70 y 80 se reunía en el centro de formación de Lufthansa de Seeheim, ciudad situada en la región de Hessen. No es casualidad que el primer dirigente que dio carta de naturaleza a ese sector del partido fue Helmut Schmidt, nombrando a varios de sus integrantes como ministros en sus diferentes gobiernos. Ese grupo de carácter conservador fue el único que apoyó abiertamente la Agenda 2010 del canciller Gerhard Schroeder. Cuando se habla de la posibilidad de una coalición de izquierdas en Alemania, un pacto entre el SPD, Los Verdes y Die Linke, es importante recordar esta historia.

Con la capa de la izquierda

Pero de vez en cuando Scholz se pone la capa de héroe de la izquierda. Como cuando en una reunión del G-7, en la que participó como ministro de Finanzas, impulsó la aprobación del impuesto mundial a las grandes empresas de Internet y le decía en su cara a Facebook que tendrían que pagar. O como cuando repite hasta la extenuación que la solución a muchos de los problemas en Alemania es que la gente pueda vivir de su trabajo, y que por eso hace falta subir el salario mínimo a 12 euros, que en la actualidad está en 9,60. Esa idea de poder vivir de tu trabajo es de alguna manera una respuesta a la que popularizó Owen Jones, activista y pensador británico cercano al laborismo, que lamentaba el hecho de que millones de personas se tuvieran que levantar cada día para ir al trabajo a ganarse su pobreza. Poder vivir de tu trabajo, idea revolucionaria donde las haya. Tanto como otra en la que el candidato socialdemócrata se centró al principio de la campaña electoral, la idea de respeto. Así la explica el propio Scholz: "Ante los desafíos que tenemos por delante, mi objetivo es trabajar por una sociedad donde reine el respeto. Practicar el respeto hacia el otro y hacerse respetar. Eso significa percibirnos como iguales y que nadie mire a los demás por encima del hombro".

Las ideas de Scholz encajan muy bien en el este de Alemania

Y aquí es obligado citar el ensayo 'La tiranía del mérito. ¿Qué ha salido del bien común?', escrito por el filósofo estadounidense de origen judío Michael Sandel. Scholz quedó muy marcado por la lectura de ese libro. En sus mensajes se percibe la influencia del pensador norteamericano. Como cuando repite que es falso creer que el éxito proviene solo del esfuerzo individual, que no existe ayuda colectiva para lograrlo, o que ese mérito es exclusivamente de las personas que logran éxito económico o académico. Scholz defiende que no solo es falso, sino que además es una falta de respeto a los trabajadores que se han esforzado al máximo para dar lo mejor de sí mismos, aunque no hayan logrado subir tanto en el escalafón social. Estas ideas encajan muy bien en el este de Alemania, donde hay una parte muy importante de la población que se siente estafada, ciudadanos de segunda clase olvidados por los políticos y las instituciones. Gente que considera que ha hecho todo lo posible para progresar, pero el sistema y el dominio del oeste se lo impide. Por eso le irá bien al SPD en las regiones del este. Por eso y porque su propuesta de aumentar el salario mínimo, que subiría de manera automática los ingresos de diez millones de personas en Alemania, tiene especial incidencia en el este del país, donde el salario medio es inferior. Quién iba a pensar que la gente pudiera querer votar a un candidato que propone cosas que tratan de mejorarle la vida.

Próximo canciller de Alemania

Si las encuestas no se equivocan, Olaf Scholz tiene todos los números para ser el próximo canciller de Alemania. Para garantizar la continuidad del legado de Angela Merkel. Y para representar también el cambio, en una esperable alianza con Los Verdes y los liberales del FDP, tras dieciséis años de gobiernos encabezados por la Unión. Tendrá que saber negociar y mostrarse flexible. Como cuando en mitad de la pandemia se saltó el dogma alemán del 'Schwarze Null' (déficit cero), para poner en circulación el mayor volumen de gasto público de la historia reciente del país y presentarse ante la opinión pública como el salvador de la economía y los puestos de trabajo en Alemania. Los problemas durante las negociaciones le vendrán de sus potenciales socios, pero también desde dentro de su propio partido. La paz interna que ha reinado en la formación socialdemócrata en los últimos tiempos, y que está siendo clave para sus buenas expectativas electorales, puede saltar por los aires si retornan las viejas disputas entre moderados e izquierdistas. Scholz ya ha señalado a Los Verdes como socio preferente y sueña con el acompañamiento de los liberales para una coalición semáforo. La dirección del partido prefiere mirar a la izquierda y darle a Die Linke la oportunidad de demostrar que puede ser un partido confiable a nivel federal.

Foto: El Confidencial Diseño.

Aquel joven antisistema que señalaba al capitalismo como el peor de los males puede llegar a canciller con la estrategia de no molestar a nadie. Esquivando los diferentes escándalos que le han acompañado tanto en su etapa como alcalde de Hamburgo, Cum-Ex, como en la de ministro de Finanzas, Wirecard. En eso también se parece a Merkel, impermeable a los errores de gestión y casos de corrupción que han afectado a su gobierno, especialmente en los últimos tiempos. Los alemanes dormían tranquilos con Angela Merkel al frente del país. Y Angela Merkel dormirá tranquila si quien la sucede en tan alta responsabilidad es su actual vicecanciller. Aunque sea del equipo rival, aunque en un par de ocasiones se haya visto forzada a criticarlo por la desesperación electoral de sus compañeros de partido.

Un aviso a navegantes antes de la votación de mañana. Si, como parece, gana Olaf Scholz, seguramente con menos distancia sobre sus rivales de la que señalan las encuestas, no tiene nada que ver con un resurgir de la socialdemocracia. Ni en Alemania, ni menos en el resto de Europa. Si gana Scholz, es porque ha hecho algunas cosas bien, no ha cometido errores y sus rivales sí, y es claramente el candidato que más se parece a Angela Merkel. Eso que ahora es una gran oportunidad, se tornará amenaza cuando la sombra de la canciller de las crisis aceche en cada decisión que tome Olaf Scholz para tratar de afrontar los enormes desafíos que Alemania tiene por delante. Para exorcizar a los espíritus, Olaf colocará una imagen del canciller Helmut Schmidt enfrente del escritorio de su despacho. Y entonces será cuando todo cierre.

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