La socialdemocracia alemana ha encontrado por fin su receta para ganar: no abrir la boca
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EL FIN DE LA ERA MERKEL VIII

La socialdemocracia alemana ha encontrado por fin su receta para ganar: no abrir la boca

El primero de los tres debates electorales que se celebrarán antes de las elecciones del 26 de septiembre muestra la estrategia del ahora candidato favorito, Olaf Scholz: esperar y callar

Foto: Foto: El Confidencial Diseño.
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¿Me puede decir cómo van a hacer eso que plantea?

Ustedes llevan gobernando desde hace años y aún no tienen un plan. Estaría bien que además de preguntas hicieran propuestas.

Este punzante intercambio entre el candidato de la CDU, Armin Laschet, y la verde Annalena Baerbock resume bien lo que vimos en el primer debate a tres de la historia electoral de Alemania, organizado en esta ocasión por la televisión privada RTL. Un debate a tres que en muchos momentos fue un debate a dos. Laschet y Baerbock intercambiaban golpes, mientras en una esquina el socialdemócrata Olaf Scholz, con traje y corbata negra como de funeral, esperaba que pasase el tiempo. En ese sentido, el debate fue un reflejo de la campaña. Y a Scholz le está funcionando la estrategia. De hecho, una encuesta exprés de Forsa nada más finalizar el debate le dio como ganador con el 36%, por el 30% de la candidata verde y el 25% del conservador. Esta luna de miel de austeras emociones le permite al candidato encabezar las encuestas de intención de voto en Alemania.

Alemania no cuenta con una gran tradición en organizar estos espacios de discusión entre candidatos. En la República Federal de Alemania, solo ha habido cinco debates televisados en el formato clásico. Todos en este siglo: en los años 2002, 2005, 2009, 2013 y 2017. De hecho, existe otra institución propia de la cultura política alemana con mucha más tradición. No reemplaza el debate previo a las elecciones, pero muestra el intercambio abierto entre dirigentes políticos. Se denomina 'ronda de los elefantes' y tiene lugar el día de la votación tras conocerse los primeros resultados electorales. En la ronda se habla abiertamente, se discuten posibles coaliciones o acercamientos y se expresan las primeras sensaciones poselectorales.

El primer debate televisado entre candidatos tuvo lugar en 2002 entre el último canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, y Edmund Stoiber, líder de la CSU elegido en aquella ocasión como candidato de la Unión. Antes de eso, ningún canciller en ejercicio había aceptado debatir con su retador. Schröder era un comunicador nato y se sintió lo suficientemente seguro para romper con esa lógica. Años más tarde, su sucesora, Angela Merkel, continuó con la tradición de los debates, pero aceptando solo uno por campaña.

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El primero en el que participó la actual canciller fue en 2005, cuando Schröder la desafió a dos encuentros y ella solo aceptó participar en uno “por razones de agenda”. El socialdemócrata la acusó de tenerle miedo, pero Merkel en realidad estaba siendo tan prudente como siempre. De hecho, los datos posteriores le dieron la razón en su precaución: ante la pregunta de quién ganó el debate, cuatro encuestadoras diferentes midieron que había sido derrotada por amplia diferencia. Luego la elección la terminaría ganando Merkel por un escaso margen. Ante la debilidad de la líder democristiana, Schröder intentó deslegitimarla como eventual compañera de coalición en la 'ronda de elefantes' de aquella emocionante noche electoral de septiembre de 2005, pero, a causa de su estilo arrogante, en lugar de perjudicarla la benefició. Ahí comienza la historia de Merkel como canciller de Alemania, que el 'podcast' narrativo documental 'Merkel. La canciller de las crisis' ha reconstruido paso a paso.

Dieciséis años más tarde, quien encabeza la candidatura socialdemócrata ni es ni un comunicador nato ni tiene ganas de debatir. Algunos piensan que Scholz prefiere no hablar. ¿Por qué? Porque su plan de ser el candidato más merkeliano está dando resultado. No es casual que en el primer debate fuese el que menos intervino, el más ambiguo, el que tenía menos ganas de pelear. Robin Alexander, periodista del diario alemán 'Die Welt', escribe en su libro 'Machtverfall' que el candidato siempre tuvo el mismo plan. Cuando los números de su partido estaban por los suelos, el actual vicecanciller y ministro de Finanzas no se cansaba de repetir: "Cuando los alemanes se den cuenta de que Merkel ya no estará más, me vendrán a buscar a mí. Y eso sucederá cuando en los carteles electorales ya no esté su cara". Dicho y hecho. A seis semanas de la cita electoral, momento en el cual los partidos tienen derecho a colgar su publicidad electoral en las luminarias de ciudades y pueblos, salió la primera encuesta en la que el SPD subía en intención de voto.

Aunque el primer debate no dejó un vencedor claro, Scholz puede estar contento de no haber cometido errores. Sin embargo, a diferencia del pasado, habrá tres debates en lugar de uno. Y aún hay espacio para el error y el acierto. Laschet, Baerbock y Scholz deberían sacar algunas lecciones para las dos próximas citas, que tendrán lugar el 11 y el 18 de septiembre. La primera es que los debates hay que prepararlos mucho, ensayar como si fueras a estrenar el último texto del dramaturgo Alberto Conejero. No solo es necesario trabajar los temas de los que vas a hablar, sino ensayar cómo los vas a explicar, decidir cuál va a ser tu estrategia, cómo vas vestido, si vas a responder a los ataques o simplemente a colocar tu mensaje, ensayar el minuto de oro final y prevenir preguntas típicas como la de contar algo bueno de tu rival. Preparar el debate también es entender que no siempre hay que contestar a las preguntas directas de los moderadores, por muy directas que sean. Ninguno de los tres candidatos hizo los deberes, aunque es cierto que fue más notorio en el candidato de la CDU, que ni siquiera ensayó el minuto de oro.

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Baerbock volvió a demostrar tener la energía que les falta a sus rivales, un conocimiento de los temas por encima de la media en la política alemana y la habilidad de sacarles los colores a los dos partidos que forman el Gobierno federal por los fracasos cometidos. Mejor en las réplicas y en las interrupciones que respondiendo a las preguntas de los moderadores, sigue cometiendo el error de explicar sus propuestas con más tecnicismos que valores. Según la encuesta exprés de Forsa, los espectadores premiaron su 'performance' y, después del primer debate, continúa en la carrera por la cancillería.

Por su parte, a Schoz le bastaba con no cometer errores para abandonar satisfecho el plató de la cadena RTL. El elemento relevante en este momento de la carrera electoral es que el candidato socialdemócrata crece atrayendo al votante conservador que ya no acepta a Laschet. En este sentido, ser el más merkeliano de los candidatos es la mejor táctica que puede utilizar. Es tan buena la estrategia, que hasta Angela Merkel ha tenido que salir a marcar diferencias con su ministro de Finanzas, destacando que ella nunca pactaría con Die Linke y reprochándole a Scholz que no descarte por completo esa posibilidad. Al éxito de su estrategia se suma un factor contextual que le beneficia enormemente: el fuego amigo dentro de la Unión formada por la CDU y la CSU. El ego herido de Markus Söder, líder del partido bávaro, todavía no ha cicatrizado. En lugar de mostrar apoyo a Laschet, se empeña en debilitarlo con declaraciones ambiguas e incluso directamente críticas hacia su supuesto aliado. Hay una razón que explica esto. Söder no está trabajando en la campaña de 2021. Él mira más allá. Su plan consiste en posicionarse como la única opción para el votante de centro derecha cuando el fracaso de Laschet se haya consumado.

Así como Scholz se beneficia de las disputas internas de la Unión, Annalena Baerbock también necesitaría ayuda desde fuera. El trasvase de votos desde la CDU y el SPD hacia el partido verde, que puso a su candidata en la cima de las encuestas por un par de semanas en abril, ya no existe. Ese deseo de cambio de la sociedad alemana que detectaban todas las investigaciones ha mutado en necesidad de certidumbre. Una vez más, la palabra mágica. De hecho, ahora es el candidato socialdemócrata quien está arrebatando electorado al partido verde. Especialmente en aquellos sectores más de centro. ¿Qué puede hacer que esos votos vuelvan a los ecologistas? Que Scholz se vea debilitado, por ejemplo, por cuestiones de corrupción como el escándalo financiero de Cum-Ex, del que nunca ha dado explicaciones convincentes. Teniendo en cuenta lo ajustado de las previsiones, cualquier tropiezo puede reordenar la clasificación de los candidatos.

La pregunta que se hacen todos los analistas es si Armin Laschet será capaz de frenar la sangría de votos que está sufriendo su partido. No es la primera vez que el oriundo de Aachen se enfrenta a un escenario adverso y termina saliendo victorioso. A su favor juega una variable no menor en la política alemana: es el candidato de la CDU, el partido más importante del país, el que tiene más penetración en la sociedad alemana y un aparato político más potente. Tal vez ese sea su salvavidas. En lugar de tratar de meter miedo a los electores por la posibilidad de un Gobierno del que forme parte Die Linke, los conservadores podrían apelar a la memoria de los alemanes. Admitir que no son los mejores momentos para la Unión, pero poner en valor que son el partido de las ocasiones históricas. El que se hizo cargo de la ruina de la posguerra y ostenta la paternidad del milagro económico alemán. Y el que tuvo que afrontar diferentes crisis, bajo el liderazgo de Angela Merkel. La gran pregunta de estas elecciones es si la CDU sigue siendo el partido que más se parece a Alemania. La respuesta la sabremos pronto.

Una vez reducida a la mínima la amenaza de una canciller verde, el 'establishment' alemán duerme tranquilo. El relevo de Merkel está garantizado. Scholz representa el continuismo de manera estricta. De hecho, podrían seguir gobernando la CDU y el SPD en gran coalición, está vez con los conservadores como socio menor, y nadie notaría nada. El problema es que no dan los números para eso, porque la suma de los dos partidos mayoritarios del sistema político alemán está en registros mínimos históricos. Mientras tanto, las encuestadoras alemanas nos colman de datos sobre intención de voto, pero no nos ofrecen demasiada información útil para entender mejor el terremoto que se está produciendo en la política alemana. Ayudaría saber dónde quedó aquel deseo de cambio, por qué el votante conservador está optando por Olaf Scholz en lugar de Armin Laschet y qué razones le llevan a tomar esa decisión. Sería relevante conocer si hay voto oculto a la CDU, cuánto de efecto arrastre hay en el momento feliz de Scholz y si no terminará siendo demasiado temprano y, por lo tanto, contraproducente. Lo que sí sabemos es que el 26 de septiembre se batirán récords de audiencia.

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