Marruecos anuncia que la crisis será larga: su embajadora no tiene fecha de vuelta a España
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CONFLICTO MIGRATORIO

Marruecos anuncia que la crisis será larga: su embajadora no tiene fecha de vuelta a España

El ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, responde a Margarita Robles. Justifica la oleada migratoria en Ceuta por el cansancio policial tras el Ramadán

placeholder Foto: La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita, en un encuentro en Rabat (Marruecos) en enero de 2020. (EFE)
La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita, en un encuentro en Rabat (Marruecos) en enero de 2020. (EFE)

La crisis diplomática entre España y Marruecos será larga, pero la ola migratoria que a principios de semana sumergió Ceuta no guarda ninguna relación con la tensión bilateral. Veinticuatro horas después de que Marruecos cerrase su frontera con Ceuta, Rabat dio, por fin, el jueves por la tarde, una explicación a la entrada de 8.000 inmigrantes irregulares a nado en la ciudad autónoma, una cifra que triplica el anterior récord alcanzado en noviembre de 2020 en Canarias.

Nasser Bourita, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, convocó a un reducido grupo de medios de comunicación, entre los que figuraba la agencia de prensa oficial marroquí MAP y la española EFE. Algunos diarios digitales marroquíes interpretan la cita improvisada como una respuesta a la ministra de Defensa de España, Margarita Robles.

En sendas entrevistas a La Sexta y en RNE, Robles afirmó que Marruecos sometía España a un “chantaje” y su actitud constituía una “amenaza”. Acusó a Rabat de utilizar a menores de edad “saltándose así cualquier regla del derecho internacional”. Ningún miembro del Gobierno español se había, hasta el momento, expresado en términos tan duros sobre la llegada masiva de 'sin papeles' a Ceuta. El más conciliador en sus intervenciones ha sido el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Foto: La ministra de Defensa, Margarita Robles. (EFE)

La oleada migratoria es solo achacable, afirmó Bourita, “al contexto de cansancio de la policía marroquí tras las fiestas del Ramadán”, el mes de ayuno de los musulmanes que concluyó el 13 de mayo con la celebración del Aid el Fitr, cuatro días antes de que empezasen a llegar los 'sin papeles' a la ciudad. Omitió los testimonios de jóvenes marroquíes que contaron a las ONG que les atendieron cómo fueron alentados en sus aldeas y barrios a viajar a Ceuta porque allí verían a Cristiano Rolando y a Messi o, en el caso de algunos diabéticos, se podrían curar de su enfermedad.

El jefe de la diplomacia marroquí denunció de paso lo que calificó de “total inacción de la policía española” en la frontera porque por cada 100 agentes marroquíes España solo desplegó a uno. Las imágenes grabadas en la frontera hispano-marroquí de El Tarajal muestran cómo a ratos las fuerzas auxiliares marroquíes, que son las que suelen estar presentes en la zona, hacían la vista gorda cuando los jóvenes se echaban al agua para nadar hasta Ceuta o incluso se ausentaban del área. A la Guardia Civil y a la Policía se añadió el martes el Ejército en la frontera de El Tarajal.

placeholder Soldados del Ejército vigilan a primera hora de este jueves la frontera de El Tarajal, que separa Ceuta de Marruecos. (EFE)
Soldados del Ejército vigilan a primera hora de este jueves la frontera de El Tarajal, que separa Ceuta de Marruecos. (EFE)

Bourita lamentó que Europa “no da ni el 20% del costo que asumimos para luchar contra la emigración clandestina”. El despliegue policial alrededor de Ceuta “lo asume en un 99% Marruecos y en un 1% España”, subrayó. El portavoz de la diplomacia francesa recordó este miércoles que la Unión Europea y sus Estados miembros habían entregado a Marruecos desde finales de 2018 343 millones de euros para controlar sus fronteras y costas, una cantidad que no incluye los 30 millones adicionales que el Consejo de Ministros español aprobó el pasado martes.

Argelia, el vecino de Marruecos, ha ejercido un control relativamente eficaz de sus costas, por lo menos hasta 2018, sin solicitar ningún tipo de ayuda internacional. Por eso, en la década pasada, numerosos argelinos emigraban a España desde el norte de Marruecos o a Italia desde Túnez y Libia.

Las palabras de Margarita Robles son “agresivas”, según Bourita, y “muestran que es España la que tiene complejos con relación a Marruecos”. “Algunos círculos en España deben actualizar su visión de Marruecos”, añadió aludiendo a la ministra. “Marruecos rechaza las intimidaciones basadas en clichés del pasado”, subrayó. “¿Chantaje?”, se preguntó. “¿Por qué lo haríamos? ¿Con qué fin?”.

La diplomacia española está convencida de que Rabat practica un chantaje con España para conseguir su respaldo en el conflicto del Sáhara

Aunque no lo dice abiertamente, como sí lo hizo Robles, la diplomacia española está convencida de que Rabat practica un chantaje con España para conseguir su respaldo en el conflicto del Sáhara Occidental, un territorio que fue colonia española hasta 1975 donde desde mediados de noviembre el Ejército marroquí guerrea con el Frente Polisario, cuyo secretario general es Brahim Ghali.

Rabat empezó a tensar la cuerda con Madrid el 10 de diciembre pasado, cuando solicitó aplazar 'sine die' la cumbre bilateral con el Gobierno español prevista para el 17 de ese mismo mes. Para Bourita, en cambio, el arranque de la crisis se remonta al 18 de abril, cuando Ghali ingresó en un hospital de Logroño en el que fue admitido, según la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, por “razones estrictamente humanitarias”. Está enfermo de covid y en el hospital militar argelino en el que fue inicialmente tratado consideraron que estaría mejor atendido en Europa.

"¿Por qué no nos avisaron ni siquiera 48 horas después [de su entrada en España]?", se preguntó indignado el jefe de la diplomacia marroquí. Es verdad que el Gobierno español trató que la estancia de Ghali en La Rioja pasase inadvertida, pero no tardó en ser detectada por los servicios secretos marroquíes. Rabat tomó, sin embargo, estos últimos años decisiones que afectan de lleno a España, como el cierre de la aduana comercial de Melilla y la ampliación de sus aguas territoriales y de su zona económica exclusiva, sin comunicárselo al Gobierno de Pedro Sánchez. Marruecos no reconoce, por ejemplo, aguas territoriales a Ceuta ni a Melilla.

La tensión en Ceuta se traslada al otro lado de la frontera

“¿Por qué este señor [Brahim Ghali] no ha sido aún molestado por la Justicia española?”, continuó Bourita, tras recordar que tiene causas pendientes en la Audiencia Nacional, ante la cual ha sido denunciado por torturas, violación e incluso genocidio. El ministro omitió que el juez Santiago Pedraz ha citado a Ghali el 1 de junio en Madrid, aunque no está aún claro que su estado de salud le permita desplazarse desde Logroño.

El caso Ghali no fue el detonante de la crisis. Desde que el presidente Donald Trump reconoció, el 10 de diciembre, la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, la diplomacia marroquí está empeñada en que España, e incluso el conjunto de la UE, modifique su postura sobre este conflicto. Así lo solicitó, incluso, el propio Bourita al término de una conferencia celebrada en Rabat el 15 de enero. Instó a Europa a “salir de su zona de confort” para seguir el ejemplo estadounidense o, por lo menos, el de Francia, que respalda la propuesta marroquí para resolver el conflicto concediendo a los saharauis una autonomía muy limitada.

Marruecos retiró el martes a su embajadora en España, Karima Benyaich —la llamó a consultas, según el lenguaje diplomático—, coincidiendo con el anuncio del viaje del presidente Sánchez a Ceuta y Melilla. Tal y como temía el Gobierno de España, no hay fecha para su reincorporación. “No regresará mientras las causas de la crisis perduren”, anunció Bourita. Para que esas causas se disipen, Rabat espera un gesto de España con relación al Sáhara que, por ahora, el Ejecutivo no parece dispuesto a hacer.

Foto: El ministro de Exteriores marroquí, Nasar Burita. (EFE)

Bourita dio cita a la prensa poco después de que terminase el Consejo de Gobierno, la reunión semanal de todos los ministros marroquíes. El Consejo publicó un comunicado en el que no menciona la crisis con España, poniendo así de relieve que no es un asunto de su competencia, sino del ministro de Asuntos Exteriores, elegido por Mohamed VI y que rinde cuentas al monarca y no al jefe del Gobierno.

El jefe de la diplomacia marroquí dedicó buena parte de su intervención a arremeter contra “la campaña de hostilidad mediática” de la prensa española. Se está desarrollando “una movilización de todos los medios de comunicación contra Marruecos en unos términos inaceptables y con la intervención, a veces, de altos funcionarios” que la alientan. “Madrid debe hacer gala de una mayor transparencia con su opinión pública”, recalcó.

A diferencia de otras crisis bilaterales, en esta ocasión ha habido medios de comunicación españoles que se han hecho ampliamente eco, de manera totalmente acrítica, de los argumentos esgrimidos por Marruecos. Algunos han publicado incluso tribunas de opinión de personalidades marroquíes vinculadas a los servicios secretos, como atestigua una sentencia judicial. Ese mismo articulista fue también condenado en 2011 por haber difamado al expresidente José María Aznar.

De puertas para adentro, las autoridades marroquíes sí que deben estar inquietas por algunas de las imágenes captadas en Ceuta

“No es nuestra imagen lo que me preocupa, sino su vehículo: esa agresividad mediática y política para manchar nuestra imagen (…) fruto de viejos reflejos ya superados”, concluyó Bourita. De puertas para adentro, las autoridades marroquíes sí que deben estar inquietas por algunas de las imágenes captadas en Ceuta, de las que, por supuesto, las televisiones de Marruecos no se han hecho eco.

Quizá por eso el diario digital 'Hespress', el más leído del país, aseguraba que la foto del guardia civil Juan Francisco Valle, que el lunes rescató del agua a un bebé marroquí, era antigua y se correspondía con una tomada hace años en Turquía. Otro diario, 'Le 360', considerado como el más afín al palacio real, publicó el jueves un reportaje en el que varios marroquíes que habían sido devueltos desde Ceuta contaban que fueron “maltratados y humillados” por las fuerzas de seguridad españolas, que les apalearon con porras y les dispararon con pelotas de goma.

“Nos robaron todo, nuestras cosas, nuestros teléfonos”, aseguraba ante la cámara un hombre que se presentó como Mohamed Chellaf. Sus testimonios pretenden desacreditar a la Policía y a la Guardia Civil y no se corresponden con lo que pasó en Ceuta a principios de semana.

La crisis diplomática entre España y Marruecos será larga, pero la ola migratoria que a principios de semana sumergió Ceuta no guarda ninguna relación con la tensión bilateral. Veinticuatro horas después de que Marruecos cerrase su frontera con Ceuta, Rabat dio, por fin, el jueves por la tarde, una explicación a la entrada de 8.000 inmigrantes irregulares a nado en la ciudad autónoma, una cifra que triplica el anterior récord alcanzado en noviembre de 2020 en Canarias.

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