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La 'generación del mollete': una infancia en los 90 para una revolución andalucista
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EL DÍA DE ANDALUCÍA

La 'generación del mollete': una infancia en los 90 para una revolución andalucista

Les enseñaron que el 28-F tocaba himno con flauta y pan con aceite en el colegio, pero han acabado dando un paso más. Encarnan un huracán sociocultural, escrito en 'andalú'

Foto: Jesús Jurado. (Cedida)
Jesús Jurado. (Cedida)

Hay una generación, nacida a finales de los 80 y en los 90, en una Andalucía que ya era una autonomía plena en democracia, que, año tras año, vivía el 28 de febrero, día de la comunidad, tocando el himno en la flauta y desayunando mollete con aceite en el colegio. No era un día reivindicativo, sino de vacaciones. Esos niños y niñas son hoy treintañeros, muy formados, universitarios en muchos casos, vapuleados por la crisis y la pandemia y cuyas expectativas se han pinchado, aunque ellos han podido ir de Erasmus a las ciudades en las que sus abuelos fueron emigrantes. Y encarnan un renacido andalucismo.

Quienes se criaron en el desarrollo de los 90, en el 'boom' del ladrillo, en los fastos de la Exposición Universal del 92, esa que dejó claro que Andalucía podía hablarle de tú a tú no solo al resto de España sino al resto del mundo, los que no han conocido hasta hace poco otro gobierno que no fuera del PSOE en la Junta, forman parte de lo que el politólogo Jesús Jurado llama en su libro, una crónica del nuevo andalucismo, 'La Generación del Mollete' (Editorial Lengua de Trapo). Un interesante ensayo sobre la eclosión de un nuevo sentimiento andaluz, que está de moda. "Una mirada a una identidad o una nueva sensación de pertenencia muy marcada por el prisma generacional", cuenta su autor.

Foto: Califato 3/4 (Adri Offdelcampo)

Jurado (Málaga, 1986) estudió Ciencias Políticas en Granada y Relaciones Internacionales en Sevilla, fue Erasmus en Lisboa e investigador en Burdeos. Tuvo una carrera investigadora fallida y trabajó, tras vivir con plenitud el 15-M, como asesor en las campañas electorales de Podemos, donde formó parte de los órganos de dirección del partido en Andalucía. Dejó la política en 2018. Opositó y hoy es funcionario del Ministerio de Hacienda, en Madrid. Escribe en primera persona y por eso su lectura se hace especialmente interesante. Hay momentos de los últimos diez años en Andalucía que con sus lentes y en sus letras toma un cariz diferente, se reviven de otra manera y se resignifican.

En los colegios de la comunidad nunca se ha estudiado el proceso de la creación de la autonomía. Estos jóvenes cuentan que tardaron mucho en saber cómo de épico fue el camino de Andalucía hacia una autonomía de primera, con los andaluces tomando las calles, un agónico referéndum y hasta un 'mártir', García Caparrós, nombrado Hijo Predilecto de la comunidad junto a Antonio Banderas en 2013, 36 años después de que un disparo lo matara en las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977. Una fecha que llegó a caer en el olvido hasta que las fuerzas más de izquierda la volvieron a poner en boga.

El nuevo imaginario

El renacido andalucismo que describe Jurado en su libro está atravesado por muchos momentos y dos ejes: una crisis que hacía trizas la Andalucía democrática y los sueños de estos jóvenes, la de 2008, y un movimiento cultural "por la redefinición, la modernización y la dignificación de la identidad andaluza". Todo al compás del 'procés' en Cataluña y el nacionalismo convertido en independentismo en aquella comunidad, no aquí. En Andalucía, es lo más llamativo, no solo es política. Hay referentes socioculturales poderosos que arman todo este movimiento, que sigue en ebullición, y que trasciende las siglas partidistas.

El fenómeno sociocultural impregna la música, el cine, la literatura y hasta hay un movimiento genuino en redes sociales, porque como explica Jurado, el fenómeno de Malacara @malacarasev, un perfil de humor en Twitter—, no usa las nuevas tecnologías para difundirse, sino que "nace y se desarrolla con las redes como instrumento". Hoy su cuenta tiene 149.000 seguidores que disfrutan de sus 'Andalusian Quotes', escritas en genuino 'andaluz'. Sus tuits se han convertido en lemas que se imprimen en camisetas, que han acabado formando también una seña de identidad de esta corriente. Aunque el 'andalûh' es otra cosa y hay también un transcriptor, desarrollado por Andalugeeks.

Metan en una lavadora rap, rock, marchas de Semana Santa, electrónica 'breakbeat', hiphop y folklore andaluz y aprieten el botón de centrifugado sin miedo. Porque ahora está de moda el folklore, ahí están las gallegas Tanxugueiras o el asturiano Rodrigo Cuevas, pero hace ya años que en Andalucía hay jóvenes que veneran sin problema y presumen de Lola Flores o Rocío Jurado como iconos. Gata Cattana, la rapera y poeta Ana Isabel García Llorente (Córdoba, 1991-2017), es referente de ese movimiento. Califato ¾, Rocío Márquez, Rosario La Tremendita, Volante de la Puebla, Los Voluble... ponen música a esta generación. Series como 'La Peste' o 'Malaka' marcan una diferencia con el acento. Rodadas íntegramente en Andalucía y "donde no solo se deja a los andaluces hablar, sino que se pide a los que vienen que hablen en andaluz", explica Jurado. Es el salto cualitativo. Un habla que se ha convertido en el argumento central de campañas de publicidad y que es ahora un reclamo comercial.

Foto: Pablo Molinero y Paco León en un momento de 'La peste'. (Movistar+)

La escritora Cristina Morales (Granada, 1985), que alcanzó con 'Lectura fácil' (Anagrama) el reconocimiento de ser una de las jóvenes con mayor talento en la literatura española, es una imprescindible para esta generación 'mollete'. Como Juan Manuel López, Juarma, (Deifontes, Granada, 1981), escritor, dibujante y referente del cómic underground. Su primera novela, 'Al final siempre ganan los monstruos' (Blackie Books), empezó como un experimento en 2017 y acabó convertida en uno de los bombazos de 2021. Durante un tiempo condensó la trama de su novela en una idea: no hay futuro.

¿Es 'neorrancio'?

En este movimiento del andalucismo 'millennial' hay trazos de la nostalgia que ha llevado a una parte de la izquierda a emprender una cruzada contra la escritora Ana Iris Simón. En el epílogo de su libro, Jurado da una cambiada por respuesta y pasa de pisar el charco porque deja claro que ese no es su debate. A él eso de que una parte de la izquierda quiera volver al campo y mire con desprecio a quienes desayunan tofu y aguacate no le convence nada porque recuerda que, como niño de la Axarquía malagueña, ese fruto está muy presente en su infancia, iba a recogerlos en el campo frente a donde veraneaba y a su madre le regalaban kilos y kilos que debían consumir con esfuerzo. "Quiero decir con esto que un 'millennial' malagueño como yo puede sentir por el aguacate el mismo apego sentimental que un jiennense por su aceite de oliva o un almeriense por sus tomates... no es ajeno a mi terruño o mi patria".

"Maricones, vivid lo vuestro como lo que es: vuestro y parte de vuestra cultura"

En este movimiento, hay mantillas travestis con total naturalidad por mucho que Instagram censure la foto por incitar al odio. Ocurrió en 2019, cuando el bailarín Carlos Carvento (Córdoba,1995) se paseó por su ciudad en Jueves Santo vestida de riguroso luto. "Yo también soy Semana Santa, soy parte de esto y también la siento como vosotros. Yo también tengo derecho a vivir mi fe. Yo también soy Andalucía le pese a quien le pese. Maricones, vivid lo vuestro como lo que es: vuestro y parte de vuestra cultura. Nadie puede quitaros eso", dejó escrito en sus redes. El bailarín poco después pondría en pie con éxito 'Maricón de España', un proyecto de danza contemporánea que persigue "dignificar la historia LGTBIQ+ de España" a través del folclore.

Foto: Belial Naranjo, Carlos Carvento y José A. Barrera. (Fernando Ruso)

En la 'generación mollete' hay una parte política, sin duda. Adelante Andalucía, la plataforma de Podemos e IU en confluencia con las fuerzas andalucistas, con Teresa Rodríguez al frente, escarba por primera vez en este sentimiento y lanza una campaña muy pegada a este movimiento en diciembre de 2018. Justo cuando Vox, una fuerza de extrema derecha que niega las autonomías y la identidad propia de la comunidad, surge con fuerza en la región y celebra mítines con la música de Rosalía. "Plaza de la Marina, Málaga, 17 de noviembre de 2018, primer día de campaña de las elecciones andaluzas. Un multitudinario mitin de Vox cierra al ritmo de Malamente, el último y polémico éxito de Rosalía". Así comienza el libro.

Un caudal político por ver

"Quiero pensar que sí, que este andalucismo de izquierdas coge fuerza y sube como vacuna a ese nacionalismo españolista de extrema derecha que representa Vox", apunta el autor, pero "su dimensión aún está por ver", admite. Sí es un hecho que hay un resurgimiento de un sentimiento andalucista que llevaba años adormecido tras la defunción del Partido Andalucista, que se convirtió en la muleta del poder en manos de un socialismo que se llevó 37 años ininterrumpidos en la Junta. Ahora todos los partidos, incluido el PP de Juan Manuel Moreno, reivindica en su discurso el andalucismo y las señas de identidad de la comunidad. Todos se pelean por esa bandera que durante años estuvo monopolizada por el PSOE y que dejó de agitarse para ondear en los mástiles institucionales.

El pasado jueves, la periodista Reyes Calvillo tocó con flauta el himno de Andalucía en el programa donde trabaja, 'Mesa de Análisis', de Canal Sur. Dejó constancia de esa generación que creció celebrando el 28-F en las escuelas. La misma, ella es un gran ejemplo, que ahora es un referente de ese nuevo andalucismo. Pisan fuerte, hablan con acento marcado, sus camisetas lanzan proclamas, son 'otaku', pero en andaluz, y "no tiene vergüenza en llevar a Andalucía a todas partes", como ella misma hace. Quizás lo del 28-F en los colegios, pintando con colores blanco y verde la bandera, desayunando un mollete con aceite, tocando el himno en la flauta... echó raíces: hay una nueva cantera de andalucismo 'millennial' que pide paso a ritmo del 3x4 del carnaval.

Hay una generación, nacida a finales de los 80 y en los 90, en una Andalucía que ya era una autonomía plena en democracia, que, año tras año, vivía el 28 de febrero, día de la comunidad, tocando el himno en la flauta y desayunando mollete con aceite en el colegio. No era un día reivindicativo, sino de vacaciones. Esos niños y niñas son hoy treintañeros, muy formados, universitarios en muchos casos, vapuleados por la crisis y la pandemia y cuyas expectativas se han pinchado, aunque ellos han podido ir de Erasmus a las ciudades en las que sus abuelos fueron emigrantes. Y encarnan un renacido andalucismo.

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