Arrimadas entrega Cs en Andalucía a Marín para tratar de salvar el partido del naufragio
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Arrimadas entrega Cs en Andalucía a Marín para tratar de salvar el partido del naufragio

El vicepresidente se rodea de su núcleo de confianza, releva a los críticos, aguanta una cascada de dimisiones y emprende una campaña de venta de la gestión naranja en la Junta

Foto: La líder de Cs, Inés Arrimadas, y el vicepresidente de Andalucía, Juan Marín. (EFE)
La líder de Cs, Inés Arrimadas, y el vicepresidente de Andalucía, Juan Marín. (EFE)

Ciudadanos en Andalucía ha pisado el acelerador para culminar su estructura orgánica antes de que acabe agosto y comenzar el nuevo curso con un objetivo: que los problemas internos dejen de darles dolores de cabeza y puedan concentrarse en salvar el partido en las próximas elecciones autonómicas. “Es que no hemos tenido ni seis meses de paz, que nos den un tiempo sin trifulcas internas, hasta diciembre, veremos cómo somos capaces de volver a una intención de voto del 10 u 11%”, señalan desde la dirección del partido en la comunidad.

Para muchos, Juan Marín es el director de la orquesta del Titanic y Cs se dirige a un naufragio insalvable, cegado por el poder de la vicepresidencia andaluza y sin ser capaz de analizar la dura realidad. Las numerosas dimisiones y salidas atestiguan que hay muchos dirigentes saltando del barco. Pero en absoluto, claro, es esa la hoja de ruta que maneja la dirección del partido en la comunidad ni el análisis que transmiten. Saben que las próximas elecciones autonómicas serán clave, que se juegan su supervivencia, pero manejan escenarios mucho menos apocalípticos, aferrados a una tabla de salvación: conservar su presencia en el Parlamento regional y ser definitivos, de nuevo, para formar Gobierno con el PP de Juan Manuel Moreno.

Foto: El presidente de Andalucía, Juanma Moreno (d), y el líder del PP, Pablo Casado. (EFE) Opinión

De hecho, el equipo de Marín se aferra a la última encuesta del Centro de Estudios Andaluces (Centra), el barómetro que indica que Cs puede recuperarse en la comunidad tras la debacle de Madrid. “Desde ese, todos los sondeos nos dan margen para remontar”, apuntan desde las filas naranjas. Esa prospectiva señala que Cs alcanzaría un 8,7% de los votos, lo que supondría sobrevivir en la Cámara autonómica con siete u ocho diputados. En los últimos comicios, alcanzó 21 representantes y el 18,27% de los sufragios. La debacle es importante, pero lo urgente ahora mismo es conservar la representación en la región y poder seguir sumando con el PP para formar Gobierno, admiten fuentes del partido.

Madrid cierra filas

El giro interno es considerable. Juan Marín ha pasado de tener la indiferencia pública de Inés Arrimadas a contar con su apoyo absoluto. Queman los últimos cartuchos. En enero de este año, la líder de Cs eludía públicamente respaldarle como candidato, pero siete meses después, todo ha cambiado. Tras la moción fallida de Murcia, el salto al PP de Fran Hervías, eterno enemigo interno del vicepresidente andaluz, y la derrota en Madrid, la nueva dirección del partido ha dejado claro que Marín tiene el control absoluto en la comunidad. Esto ha permitido realizar cambios que llevaban meses pendientes y emprender una nueva etapa que tiene que ser definitiva para tratar de salvar la formación del incendio interno.

El relevo más sonado se produjo en el grupo parlamentario durante el último periodo de sesiones en el Parlamento autonómico. La salida de Sergio Romero, que él aseguró que había pedido meses atrás por falta de confianza y roces con los dirigentes, dio paso a un equipo de la máxima confianza de Marín. Ya en octubre de 2020, el diputado Julio Díaz, ahora premiado con un sitio en la dirección del grupo, pidió a Romero que diera un paso a un lado si no cerraba filas con la cúpula andaluza y seguía mostrando sus diferencias. Esa crisis se atemperó, pero nunca llegó a cerrarse. La desconfianza y recelos mutuos fueron a más hasta que Marín, con apoyo de la dirección nacional, tomó el mando. Apuestan, explican desde su entorno, por gente de máxima confianza. “No hay ninguna duda sobre ellos”, zanjan, dejando claro que sí las había sobre los que han sido relegados, junto a Romero el diputado Fran Carrillo. Todos, por cierto, con lazos con Hervías.

placeholder El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín. (EFE)
El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín. (EFE)

En general, fuentes de Cs confirman que, ante los nuevos nombramientos, es Marín quien manda una terna de dos o tres candidatos a la dirección nacional y entre ambos consensúan a los nuevos responsables orgánicos en Andalucía. Hasta ahora no había sido así. El descalabro interno es difícil de recomponer, aunque en eso están. La dimisión de Mónica Moreno como secretaria de Acción Institucional, en el organigrama número dos del partido, y con ella la salida de seis de los ocho responsables provinciales de esa área evidenciaron la fragilidad de la formación. Marín apostó por poner en ese cargo a Javier Loscertales, secretario general de Ordenación de la Formación de la Consejería de Empleo. A esa salida se sumó la del coordinador provincial de Cs en Sevilla, que conserva su acta de edil y la portavocía municipal, Álvaro Pimentel. Su relevo se aprobará, informan fuentes del partido, en los próximos días. También se apostó por un alto cargo de la Junta, en concreto por el secretario general de Administración Local, Joaquín López-Sidro, para relevar a Luis Salvador, el exalcalde de Granada que permitió que los socialistas volviesen a gobernar en la ciudad.

Marín, mientras la cascada de dimisiones y ceses airea la descomposición del partido, apuesta por altos cargos del Gobierno de su total confianza para afrontar la recta final de la legislatura andaluza. “La apuesta es por gente sólida y solvente, que no haga agua por muy mal que venga la cosa”, informan desde las filas naranjas. Son ‘los últimos de Filipinas’, los elegidos para defender la última posición del partido en Andalucía. Su misión, además, es vender la gestión de Cs en el Gobierno autonómico en las áreas de regeneración y turismo, de lo que se encarga el propio vicepresidente con las auditorías a los entes públicos y los datos de una temporada que, pese al covid, no se ha ido al traste, también en educación, economía y empleo.

Foto: Juan Espadas (i) y Paco Cuenca (d).

Marcar distancias con el PP

La consigna es marcar diferencias con el PP, tras llegar al convencimiento de que sus socios rentabilizan mucho mejor los logros del Ejecutivo del cambio en Andalucía. Mantener las distancias sin crear tensiones internas ni permitir a los críticos asegurar que el Cs de Arrimadas y Marín se acerca al PSOE. Este viernes, la foto más buscada en las tradicionales carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda fue la del vicepresidente con el alcalde de Sevilla y nuevo líder de los socialistas en la comunidad, Juan Espadas.

El otro frente que le queda a Marín es la consejera de Igualdad, Rocío Ruiz, con quien dicen que se han reconducido “algo” las relaciones tras meses muy tensos. Ruiz aún no ha despejado si se presentará o no a las primarias para ser candidata, incluso sin tener el favor de Arrimadas. En el partido, no descartan que al final ambos se enfrenten por el cartel electoral en Andalucía. La consejera declaró días atrás, en una entrevista en Europa Press, que aún queda tiempo para esas primarias, dejando en el aire si optará o no. “El partido, como siempre, lo dejará para el final, cuando haya convocatoria electoral”, admiten en la dirección andaluza. El calendario contempla la campaña de salvación de Cs hasta la primavera. Si Moreno cumple su palabra y agota la legislatura hasta noviembre, serán meses ganados para tratar de seguir remontando.

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