Cs cava su tumba en Andalucía tras perder a su único alcalde y con psicosis electoral
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EL GOLPE DE GRANADA

Cs cava su tumba en Andalucía tras perder a su único alcalde y con psicosis electoral

Cunde la sensación dentro y fuera de que el partido está sentenciado. Igual que en la orquesta del Titanic, Marín aparece como el protagonista del último concierto

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Juan Marín e Inés Arrimadas. (EFE)

El desenlace de la crisis de Granada es demoledor para Ciudadanos. Además de perder la única gran alcaldía que atesoraba en España, Inés Arrimadas ha dado visibles muestras de encabezar un partido fuera de control, con algunos concejales marchándose a las filas del PP y otros dando apoyo al nuevo alcalde del PSOE. La descomposición granadina se une a los nervios generalizados que desde hace tiempo viven los dirigentes naranjas en la Junta, donde la formación gobierna en coalición con el PP, y sufre fisuras cada vez más públicas. “Queda claro que no hay nadie al volante”. La frase no es de ningún adversario político, sino de un diputado andaluz que milita en el partido naranja.

Varios diputados expresan su “preocupación” por la deriva que, en su opinión, ha tomado la formación en su afán por alejarse del PP

El grupo parlamentario que encabeza Juan Marín es el mejor ejemplo de la desconfianza que existe. Varios diputados expresan sin rodeos su “preocupación” por la deriva que, en su opinión, ha tomado la formación en su afán por alejarse del PP. El futuro de los naranjas en esta comunidad es clave. Puede ser su carta definitiva, teniendo en cuenta que las próximas elecciones (salvo sorpresa) se celebrarán en Andalucía. En principio, tocarían a finales de 2022, aunque nadie pone la mano en el fuego por que Juanma Moreno agote la legislatura al completo. Si al PP le viene bien ganar tiempo, Ciudadanos lo necesita como agua de mayo. Marín aparece ahora como el protagonista del último pase, igual que en la orquesta del Titanic, mientras da la sensación de que el partido ya está sentenciado.

El golpe en Granada no tiene parangón. Después de la crisis de Murcia y la desaparición en Madrid, Ciudadanos no solo ha perdido su única gran alcaldía, sino que ha sufrido una traición sin precedentes con el exalcalde Luis Salvador y su otro concejal fiel, José Antonio Huertas, desacatando la orden de Arrimadas de votar a su propio candidato en la investidura y haciéndolo en favor del PSOE. La decisión les costará la expulsión del partido, pero a la dirigente le supone alimentar la inestabilidad que la comunidad lleva tiempo sufriendo y que ha hecho saltar todas las alarmas de buena parte de sus cargos.

Foto: Juan Espadas (i) y Paco Cuenca (d).

Las apuestas mayoritarias en el Parlamento andaluz apuntan a posibles comicios en primavera. Al presidente de la Junta el viento le sopla a favor, con Juan Espadas tratando de rearmar el PSOE y el resto de actores a su izquierda en plena guerra civil. Los populares podrían reeditar el Gobierno, pero, según todos los sondeos, necesitarían pactar con Vox (si Ciudadanos desaparece, es el único socio viable), y eso es algo que preocupa mucho.

En la dirección andaluza de Cs, siguen manteniendo la esperanza de aguantar. La semana próxima saldrá publicada una encuesta del Centro de Estudios Andaluces (Centra), equivalente al CIS, que apuntaría, según fuentes de Cs, a una subida de cuatro puntos en los últimos 15 días, posicionando el partido en un porcentaje de votos del 8,1%, lo que le permitiría aguantar unos nueve diputados. El objetivo de Marín, dicen en su equipo, es llegar al 12% a final de año. Si lo logra, la formación habría salvado los muebles y Arrimadas podría tener una oportunidad en unas generales. Pero si la imagen de descomposición que proyecta ahora mismo Cs se traduce en otro batacazo en las urnas andaluzas, su epitafio estará ya escrito.

Foto: El concejal del Ayuntamiento de Granada, Sebastián Pérez. (EFE)

En la cúpula nacional, la crisis de Granada se ha vivido con intensidad y contactos continuos entre secretarios generales, a pesar de que los puentes llevan rotos mucho tiempo. Arrimadas daba prioridad al acatamiento de no investir al alcalde del PSOE para frustrar la lectura que buscaba el PP desde hace semanas: que se produciría una reedición de lo ocurrido en Murcia, especulando con que Ciudadanos escondía un pacto con los socialistas.

Foto: Inés Arrimadas y Juan Marín. (EFE)

Por eso, la líder naranja necesitaba visualizar una última intentona de pactar con el PP, que finalmente no salió adelante. Ceder la alcaldía a Génova nunca estuvo encima de la mesa, precisamente porque no podían renunciar al único bastón de mando que los pactos de 2019 les garantizaron: la ciudad nazarí. Y dos años después, lo han perdido. La decepción con lo ocurrido y las consecuencias que tiene para el partido se siguen visualizando con bajas de excargos relevantes. La última, ayer mismo, del exdiputado en el Congreso y unos de los principales responsables del área económica en las dos legislaturas con Albert Rivera al frente Sergio del Campo.

Pérdida de poder

La pérdida de la principal alcaldía naranja coincide también con la convención nacional que está a punto de celebrarse en dos fines de semana. Como adelantó este diario, el mensaje que enviará Arrimadas a la militancia será el de aguantar, el de luchar por la autonomía del partido frente a la crisis abierta con el PP y la operación que ven orquestada por el exsecretario de Organización Fran Hervías para destruir por dentro la formación. No se debatirá una nueva estrategia política, pero sí habrá mensajes en ese sentido. La idea es implicar a la militancia y testar en qué punto se encuentran los cuadros, además de trazar una hoja de ruta programática que les prepare para futuras citas electorales.

La cuestión es que Arrimadas llega a la convención tras decisiones muy discutidas que han tenido consecuencias nefastas para el partido. La moción de censura en Murcia (cuyo principal precursor, Carlos Cuadrado, ya está apartado de la cúpula) hizo perder a los naranjas uno de sus gobiernos autonómicos, que finalmente retuvo el PP en solitario con algunos consejeros de Ciudadanos que ya no forman parte de la formación. La consecuencia directa de aquello fue la convocatoria electoral en Madrid que también llevó a los naranjas a perder el segundo Gobierno regional y más tarde a no tener un solo representante en la Asamblea de la comunidad. En este momento, el principal cargo en la capital lo ostenta Begoña Villacís como vicealcaldesa y ahora líder regional del partido.

Foto: La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)

En la Comunidad de Madrid, ostentan alguna alcaldía de localidades pequeñas como Torrejón de la Calzada, El Molar, Villarejo de Salvanés, Robledo de Chavela, Santa María de la Alameda y La Acebeda, y en otras algo más grandes como Paracuellos del Jarama (25.000 habitantes) y especialmente Valdemoro (75.000 habitantes).

Los únicos dos gobiernos autonómicos que mantienen son Andalucía y Castilla y León, donde el vicepresidente, Francisco Igea, consiguió frenar una moción de censura contra el presidente popular, Alfonso Fernández Mañueco, pero que también ha perdido el control total del grupo parlamentario. Además, Igea sigue manteniendo una oposición clara contra Arrimadas, como demostró su candidatura a las primarias del partido en 2020.

Foto: Julio Millán, junto a María Cantos, en una rueda de prensa. (Ayuntamiento de Jaén)

Es cierto que en las pasadas semanas la formación ha conseguido parar otras operaciones encaminadas a romper acuerdos de gobierno como los de Jaén, Badajoz (donde tenía que haber un traspaso del bastón de mando por el acuerdo de repartirse la alcaldía a la mitad de legislatura) y Ciudad Real, cuya autoría también achacan a la figura de Hervías y que, sin embargo, no han salido adelante, consiguiendo retener los acuerdos y el poder. Precisamente, por estos ejemplos el partido se mantiene firme en su distancia con el PP y en defender que existe un espacio político propio.

El desenlace de la crisis de Granada es demoledor para Ciudadanos. Además de perder la única gran alcaldía que atesoraba en España, Inés Arrimadas ha dado visibles muestras de encabezar un partido fuera de control, con algunos concejales marchándose a las filas del PP y otros dando apoyo al nuevo alcalde del PSOE. La descomposición granadina se une a los nervios generalizados que desde hace tiempo viven los dirigentes naranjas en la Junta, donde la formación gobierna en coalición con el PP, y sufre fisuras cada vez más públicas. “Queda claro que no hay nadie al volante”. La frase no es de ningún adversario político, sino de un diputado andaluz que milita en el partido naranja.

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